Ella siempre le pedía que cerrara la ventana.
Entonces él, riéndose, la estrechaba entre sus brazos y le repetía que era hermoso estar juntos y ver los jazmines bajo los tilos. Entre besos y caricias calmaba su frío y su miedo.
Cada noche, cada mañana, ella insistía. Y él volvía a rechazar amorosamente la idea.
Paulatinamente, los jazmines llegaron a su máximo esplendor, luego empezaron a marchitarse. Al fin, murieron.
Con la primera lluvia de otoño, él no tuvo a quién abrigar. Recién entonces comprendió que ella nunca había tenido frío ni miedo. Solo se resistía, por amor, al llamado natural que sienten los pájaros por la libertad.
Beatriz Baudizzone
Mendoza, 1954. Lic. En Comunicación social, Universidad Juan Agustín Maza. Ha publicado La voz de oro, poesía, 1980, editorial Martín Fierro. Es miembro de la academia de Ciencias Sociales de Mendoza en el área Humanidades. Presidenta de SADE, Mendoza, durante dos períodos. Tiene narrativa y poesía inéditas.

6 comentarios :
Este cuento es muy bonito y seguro que hay mucha gente qu ese identifica con esa sensacion de libertad.
un relato que nos hace pensar en nuestras ganas de volar.
Me gustó mucho, es bueno que nos hagan pensar en la libertad que gozamos día a día.
Un relato poetico que refleja la gran sensibilidad y el buen hacer literario de la escritora en unas pocas lineas. Encierra una moraleja implicita: es frecuente perder el tren que conduce al Paraiso y darnos cuenta demasiado tarde.
Un relato poetico que refleja la gran sensibilidad y el buen hacer literario de la escritora en unas pocas lineas. Encierra una moraleja implicita: es frecuente perder el tren que conduce al Paraiso y darnos cuenta demasiado tarde.
Un preccioso relato poetico que refleja la sensibilidad y buen hacer literarioo de la escritora. Encierra una moraleja implicita: es frecuente darnos cuenta demasiado tarde de haber perdido el tren que conduce al paraiso
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