
Julio Aguilar
Tras recibir el Nobel, inicia su época diplomática, dice su biógrafo Gerald Martin. En la vida de Gabo la actividad política ha sido tan preponderante como la literaria. Esta es una de las tesis que Gerald Martin documenta en la monumental biografía sobre el Nobel que ya circula en Gran Bretaña. Pero Gabriel García Márquez: A Life, de 688 páginas, es sólo la síntesis de una investigación de 2 mil 500 páginas que Martin espera publicar en el futuro, en la que profundiza en la vida pública, privada y secreta del autor.
Desde Londres, Gerald Martin dio a conocer en una entrevista detalles del contenido político de su libro que, según el autor, causará molestia en sectores de Latinoamérica:
—Hace tiempo dijo que el libro iba a causar malestar en muchos lados, ¿por qué?—Seguramente va a causar algún malestar en Colombia porque el libro detalla las confrontaciones que ha tenido con sus compatriotas, sobre todo con los de Bogotá y por el exilio, que obviamente fue un momento muy dramático, muchos colombianos pensaron que era una especie de espectáculo para vender su libro; además, como muchos, él es menos profeta en su propio país que en otros.
— ¿Qué mitos se derrumban sobre Gabo en el libro?— Que García Márquez, el famoso hombre supuestamente prepotente, narcisista, al contrario, es un hombre normal, común y corriente, simpático, que lleva una vida normal. También hay muchos clichés, muchos estereotipos en cuanto a la obsesión de Gabo por el poder, como si articular esa frase resolviera un problema. No. El problema empieza con cuál es la relación de García Márquez con el poder. ¿Para qué busca a los poderosos? ¿Porque sencillamente es cortesano de Fidel Castro? ¿O Gabo tenía intereses sicológicos, políticos, proyectos, intenciones, cosas que él quería hacer una vez cerca del poder? Creo que la realidad, lo que cuento, es mucho más interesante. La gente va a estar sorprendida cuando lea sobre la relación de Gabo con el poder, con ciertas misiones, con ciertos objetivos.
— Las confabulaciones que él menciona medio en broma… Leer todo el artículo— Las conspiraciones que le encantan tanto. Él siempre da la impresión de que a veces habla de cosas que exagera su importancia para ocultar otras que realmente está haciendo; es un hombre muy, muy sutil. Sus enemigos creen que es bastante ingenuo y en cierto sentido bastante obvio, pero no he conocido a nadie más sutil que Gabo.
— La relación más famosa de “Gabo” con el poder es con Fidel Castro, pero ha tenido otras. ¿Aborda sus relaciones con las élites mexicanas?
— Sí, aunque no tanto. A mediados de los 70 se relacionó con Luis Echeverría, pero no mucho; era un momento muy importante porque Echeverría era supuestamente un gran presidente tercermundista y tenía que tener buenas relaciones con Cuba. Gabo siempre ha tratado de hacer realidad las supuestas buenas relaciones entre México y Cuba. Cuando llegó Carlos Salinas de Gortari participó por primera vez en las ceremonias, en las fiestas. La de Salinas fue una relación muy importante que seguramente muchos mexicanos ahora criticarían.
— He oído decir a “Gabo” que la fama es una responsabilidad, ¿ha visto que él ha encaminado bien esa responsabilidad?
—Yo creo que sí. Estoy simplificando mucho, pero diría que desde 1967 hasta el Premio Nobel de Literatura es su época plenamente política: se compromete con Cuba, apoya lo que hace en África, funda una revista de izquierda, trabaja en derechos humanos.
Cuando gana el Nobel empieza a ver su misión de otra manera y comienza lo que yo llamaría la época diplomática, en que mantiene sus objetivos políticos que son defender a Cuba y su imagen de independencia y libertad en América Latina. Puedes estar de acuerdo o no, pero para él es muy importante. Al mismo tiempo busca la paz en Colombia. Estos han sido sus dos objetivos dentro de un latinoamericanismo tan importante para él como para Castro. Pero él lo ha hecho de otra manera, diplomáticamente, teniendo buenas relaciones con Felipe González y con Miterrand en Europa, y con presidentes liberales como Carlos Andrés Pérez y con Salinas en México, para conseguir sus fines. Por ejemplo, tuvo gran influencia en Contadora que la gente no sabe, no comprende.
— La prueba de fuego: ¿Gabo ya leyó el libro?
—Quién sabe, pero tuvo el manuscrito hace meses. Se ha dicho que está contento, pero quién sabe. Yo no he hablado con él porque un biógrafo no llama a su biografiado para decirle “oye, Gabo, qué tal, ¿te gustó?”. Es éticamente difícil. Algún día espero sentarme a tomar con Gabo un whisky y discutir su reacción a lo que ha leído.
El Universal, 31 – 10 – 08
La Quinta Pata
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