
Alfredo Saavedra
La prensa calificó de superestrella al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a su llegada a la capital del país, Ottawa, este jueves en una visita de seis horas que le costó al estado, solo en medidas de seguridad, la suma de dos millones de dólares y el esfuerzo por evitar una sospechada aglomeración multitudinaria, ante la abrumadora simpatía que el primer mandatario negro de la poderosa nación ejerce sobre una inmensa mayoría de canadienses.
Aunque fueron colocadas barreras de contención en la vía que lleva a la casa de gobierno en Ottawa, unas tres mil personas, desafiando un frío de diez grados bajo cero y la vigilancia estricta de la policía, se congregaron frente al edificio, que alberga al parlamento federal, con fotos del visitante y pancartas dándole la bienvenida. Los medios informaron que fue utilizada toda la policía de la ciudad para cuidar de la seguridad del presidente Obama, quien se reunió con el primer ministro canadiense Stephen Harper, como principal fase de la visita.
En esa reunión, de manera fundamental, se discutieron aspectos sobre la economía, en especial el proceso de intercambio comercial, pero también con énfasis en el actual estado de recesión, sin dejar por un lado la guerra en Afganistán donde Canadá tiene tropas en apoyo a la OTAN y Estados Unidos unos 15 mil soldados en combate con la insurgencia Talibán. Otro aspecto importante de la reunión fue la discusión sobre las intenciones de los dos gobiernos por resolver el problema ambiental mediante el control de la emisión de gases industriales, tópico sobre el que el anterior presidente George W. Bush, fue renuente a colaborar, aunque el primer ministro canadiense no se había manifestado muy entusiasmado tampoco.
Leer todo el artículoFue significativo que el recibimiento en el aeropuerto, a las diez y treinta de la mañana, estuviera a cargo de la gobernadora general, Michaelle Jean, una mujer negra de ascendencia africana como el visitante, entablándose entre ambos una aparente congenialidad, manifestada en la prodigalidad con que sonrieron. Ya de hecho la prensa ha dicho de Obama que es el caballero de la eterna sonrisa. Luego de una conferencia de prensa en la que el presidente estadounidense declaró su amor por Canadá, el visitante fue convidado a un almuerzo cuyo menú fue dado a conocer por la televisión pero compuesto por platos condimentados con recetas indescifrables en donde lo único posible de reconocer fue el postre arreglado con miel de maple que es una golosina de gloria nacional.
Poniendo sumamente nerviosos a sus guardaespaldas, el presidente Obama al salir de la casa de gobierno se encaramó en el estribo de su limosina para alzar un brazo en saludo a la multitud que lo aclamaba enfrente del edificio parlamentario, donde antes desde un segundo nivel con ventanal blindado había saludado a la muchedumbre acompañado del primer ministro Harper, quien se aprovechó de los saludos que nunca se le han prodigado a él con tal entusiasmo.
Un poco más tarde, antes de abandonar el país a las 4.30 PM, rompiendo el protocolo, el presidente Obama pidió pasar al ByWard Market, un mercado de venta de chucherías y artículos para turistas, donde compró una bufanda para su esposa y unos confites de maple a sus pequeñas hijas. El vendedor de esto último no quiso aceptar el importe de la compra por lo que Obama, agradeciendo con su proverbial sonrisa, se guardó el dinero. No fue ese el caso del que vendió la bufanda pues dijo que conservaría el billete de la compra como un amuleto de buena suerte. Fue de júbilo en ese lugar para empleadas jóvenes que pidieron al presidente retratarse con ellas, a lo cual Obama accedió gustoso y hasta les pidió a algunas tímidas más, que se unieran al grupo.
El carisma del nuevo presidente quedó demostrado de nuevo en Canadá donde la gente, en particular dentro de la población negra, le tiene una simpatía que jamás presidente de los Estados Unidos ha tenido, en el país más importante política y estratégicamente para esa potencia mundial. En esa población, arrebatada por ese carisma, muchos ven al presidente Obama como un Mesías, pero una revista de supermercado dijo que algunos consideran que puede ser el Anticristo, aunque no se diera explicación del porqué de esa apreciación.
Como sea, el expresidente Bush ni en sueños pudo haber tenido la quimera de un recibimiento como el tributado al presidente Obama y, por el contrario, lo que sucedió hace dos años, cuando se habló de su probable visita a Canadá, fue que se hicieran preparativos para demostraciones de repudio, al grado de que un activista político de origen salvadoreño estuvo ensayando gritarle en español de manera estentórea y hasta con megáfono ¡hijo de puta! lo cual ya no ocurrió, pues el por entonces presidente de Estados Unidos por suerte canceló su viaje, lo cual libró de una carceleada al presunto gritón y a Bush de una humillación más, habida cuenta que hubiera entendido el insulto pues sabe bastante del hermoso idioma cervantino.
Redacción
La Quinta Pata, 21 – 02 – 09
La Quinta Pata
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