sábado, 21 de febrero de 2009

Pardo Lazo: mucha publicidad mala, y poca literatura buena

El único libro mostrado en este “lanzamiento” fue la antología La ínsula fabulante

Ernesto Pérez Chang

La Habana. En algún momento pensé que no debí asistir a la triste (re)presentación a la que fui invitado; pero algunos de los que estuvimos en el lugar, fuimos con deseos de entendimiento y diálogo con quien nos fuera cercano en un pasado reciente. No obstante nuestras distancias ideológicas, buscábamos insertarnos en lo que podía haber derivado en un conversatorio loable desde el cual alcanzar a comprender —escuchando de boca de los organizadores y no a través de la prensa o del farfullo posterior— si alguna razón de fondo había movido aquella evidente provocación. Pero, recordando el intercambio de palabras con algunos del grupo —siempre desde el respeto y la cordialidad (pocos se enfadan con los comediantes) —, me he convencido de que debimos ser muchos más los que presenciáramos aquel circo, no solo para ayudar a Orlando Luis en su consagración como el simulador que a gritos, frente a las cámaras (extranjeras), pidió ser para nuestra historia literaria, sino para demostrar con nuestra presencia que por parte de los organizadores de la Feria no hubo obstáculos para que hiciera lo que anunció hacer como provocación. Fui porque quise ir y nadie me lo impidió. Pero al verlo hacer piruetas sobre el césped, embriagado por la mala fe de su histrionismo precario, comprendí cómo se puede pasar de masturbarse sobre un símbolo patrio a unir las manos y sermonear como un santurrón. Nadie lo niegue, todo tiene que ver con la publicidad y casi nada con la literatura que, evidentemente, siempre fue una pose para él.

Quisiera entender que no existen razones para dejar de publicar a un escritor. Creo que incluso aquellos que pudieran ser considerados como pésimos ejemplares de una casta, deben contar con un espacio editorial, porque solo el tiempo juzgará si lo que escriben lleva más de utilidad que de borrajo. A muchos nos faltarán luces para desglosar con acierto y en sincronía lo bueno y lo excusable, en estos tiempos donde a veces parece valer todo porque la escritura asume formas tan revueltas como cuanto de complicada suele ser la naturaleza humana.
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Reinaldo Escobar y Ciro, son los primeros en llegar. Nadie les ha hecho caso.Pero, en una actualidad difícil de ignorar, a ese ecumenismo donde todos publican todo, se opone, primero, la imposibilidad material de realizar en plenitud y perfección dicha utopía; y luego, junto a muchas otras cosas, el derecho de cada espacio a establecer principios éticos y estéticos que lo definen. Solo hay que ser muy tonto para no darse cuenta de que ningún espacio cultural o político del planeta que habitamos carece de tales demarcaciones, hoy mucho más que necesarias si de salvar nuestro proyecto social se trata, así que cuando escucho a un escritor, que en determinado momento consideré profundo, rebelde, performático, y al que veíamos alzarse libro a libro (todos publicados y premiados en Cuba), quejarse ante determinados medios (des)noticiosos, del rechazo dizque “sufrido” por parte de nuestras editoriales, y de la maniobra de exclusión de la cual se declara una víctima inocente, debo pensar que, o sufre de una bipolaridad severa, o de una pérdida de memoria, o que actúa en una maniobra de transformismo planificada y oportunista, en una treta maquiavélica donde recita lo que es obligatorio para que su ego, disminuido por las insatisfacciones personales, se engorde en las primeras planas y en los titulares que el oficio simple de escritor no le aseguran, al menos en una Cuba distante de esos mercados foráneos, en su mayoría mucho más interesados en los rendimientos por venta, que en la genuina trascendencia de la obra literaria. Son estas malas actuaciones frente a las cámaras, las que me llevan a pensar que detrás de aquella escritura inquieta aunque harto descuidada, siempre estuvo la mueca del verdadero figurante de segunda, del hipócrita que hoy clama por una tolerancia y una paz que no le han faltado.

Ya estamos en escena. Con las manos en posición de rezo: el “censurado”.Le había visto a Pardo, días antes, recorrer la Feria sin que nadie lo obligara a abandonar el lugar, semanas atrás había ultrajado un símbolo que para la mayoría de los cubanos —revolucionarios o no, fidelistas o no, de “adentro” y de “afuera”— resulta sagrado, y son estas acciones vejatorias, unidas a la mentira y al espectáculo, por indignantes, las únicas que, comprensiblemente, han derivado en un justo rechazo. Ofender a la nación, suceda en Cuba o en cualquier otro lugar del mundo, es un crimen, aunque las leyes en ocasiones le dejen impune con su benevolencia. Que vaya entonces y que publique bajo cualquier otra bandera, las forasteras, para las que simulará una obediencia, porque bajo la nuestra, manchada por su irrespeto, ya no lo dejaremos hacer.

Muy amarga y fugaz será la trascendencia si por esta vía del espectáculo callejero y mentiroso se le busca. Ya sabemos de la indignación que agitó al cubano, y lo moverá al odio por siempre, aquella imagen de unos marines sobre la estatua del Apóstol. Ya vislumbramos, en las imágenes del payaso del Lazo Pardo, la perpetuidad del aborrecimiento que habrá de provocar su actuación en todo intelectual genuino.

Señoras y señores… llegó el circo, que nos disculpen los cirqueros


Y. P. Fernández

La Habana. Luego del despliegue a blog y platillo de la presentación de un libro “censurado”, cuyo original fue retirado por su autor de la Editorial Letras Cubanas, sobre las dos y 45 minutos de la tarde llegó Orlando Luis Pardo Lazo a la intersección que une los accesos a la fortaleza del Morro y La Cabaña, bien distante del lugar promovido, con un pequeño circo de bufones, saltimbanquis y marionetas con las cuerdas bien visibles, acompañado por su hada madrina: la premiadísima Yoani Sánchez.

¡Qué raro!, acudieron cámaras y reporteros que generalmente ignoran a los escritores cubanos, la mayoría con una obra mucho más sólida y extensa que la de Pardo Lazo. Vale, para que nos volvamos a enterar de que el interés de tan ágiles reporteros no es la literatura.

El esperado terror ante los anuncios de los promotores de que quizá correría sangre y habría golpiza, devino en el ambiente que rodea al circo: música infantil y cientos de niños empinando papalotes. En el bucólico entorno de un césped bien cortado, los ilesos aspirantes a mártires de la libertad de expresión comentaron la “trascendental” obra de quien el pasado septiembre se masturbara sobre la bandera cubana. El promocionado libro se trastocó en unos pocos discos. ¿Entenderían algo los corresponsales extranjeros sin noticia y sin libro? ¿Se habrán percatado de que han sido víctimas de un timo publicitario?

¡Qué divertido!, sonrisas y discos en el césped.Pardo Lazo está feliz de incluirse en el staff de la fauna contrarrevolucionaria que promociona el diario español El País, que una hora antes de que comenzara la función, calificó de “oficial” toda la literatura cubana y extranjera presente en esta Feria. No os asombréis de nada, es el mismo periódico donde hace unas semanas presentaban a Juan Padrón como el autor del "vampiro Elpidio Valdés". Por cierto, en su inmediata cobertura de los hechos, El País sólo dio voz a Yoani, Pardo Lazo ni así logró que el periódico del Grupo PRISA le diera la palabra. Nada, que nadie sabe para quién trabaja.

La Jiribilla, 21 – 02 – 09

La Quinta Pata

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