El miércoles 6 de mayo se realizó el “Foro participativo de consulta pública sobre la Propuesta de Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual” en la Universidad de Buenos Aires.
Durante el desarrollo de este Foro las posiciones de los expositores transitaron por tres carriles bien definidos. Los que defendieron el proyecto como un paquete cerrado que no está sujeto a ningún tipo de crítica (yendo más allá, incluso, de la propia convocatoria del gobierno a que este “borrador” sea “enriquecido, corregido y mejorado”), aquellos que lo descalificaron sin ningún tipo de propuesta (con el argumento de que es parte de la política de este gobierno) y quienes, asumiendo que venimos desde hace años pidiendo una nueva ley, presentamos todas las críticas que alcanzamos a elaborar luego de su lectura, conjuntamente con propuestas.
El proyecto presentado por el gobierno, de ser aprobado, será también de los gobiernos que le sucedan. Por eso lo debatimos y proponemos modificaciones; porque no nos es indistinto cualquier proyecto; como tampoco que se siga con la actual legislación que ha sido manipulada y violada durante todos los gobiernos post dictadura.
Quienes nos vienen gobernando, no nos han garantizado nunca nada por motus propio. Todo se ha logrado a través de la lucha y la organización. No creemos que deba esperarse a que se nos garantice el derecho a la libertad de expresión y a la construcción de una comunicación popular, sin batallar constantemente por esto. Y meterse en este debate es una batalla más; ni la única ni la última. Solo una más.
Quizás por eso en casi todas las intervenciones escuchadas, más allá de los intereses particulares que defendieron, se remarcó que la participación y la movilización popular será la garantía, no solo de que se pueda parir una nueva ley verdaderamente democrática y plural, sino que la misma se ponga en práctica y no quede, como en muchos casos, en letra muerta.
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Durante el desarrollo de este Foro las posiciones de los expositores transitaron por tres carriles bien definidos. Los que defendieron el proyecto como un paquete cerrado que no está sujeto a ningún tipo de crítica (yendo más allá, incluso, de la propia convocatoria del gobierno a que este “borrador” sea “enriquecido, corregido y mejorado”), aquellos que lo descalificaron sin ningún tipo de propuesta (con el argumento de que es parte de la política de este gobierno) y quienes, asumiendo que venimos desde hace años pidiendo una nueva ley, presentamos todas las críticas que alcanzamos a elaborar luego de su lectura, conjuntamente con propuestas.
El proyecto presentado por el gobierno, de ser aprobado, será también de los gobiernos que le sucedan. Por eso lo debatimos y proponemos modificaciones; porque no nos es indistinto cualquier proyecto; como tampoco que se siga con la actual legislación que ha sido manipulada y violada durante todos los gobiernos post dictadura.
Quienes nos vienen gobernando, no nos han garantizado nunca nada por motus propio. Todo se ha logrado a través de la lucha y la organización. No creemos que deba esperarse a que se nos garantice el derecho a la libertad de expresión y a la construcción de una comunicación popular, sin batallar constantemente por esto. Y meterse en este debate es una batalla más; ni la única ni la última. Solo una más.
Quizás por eso en casi todas las intervenciones escuchadas, más allá de los intereses particulares que defendieron, se remarcó que la participación y la movilización popular será la garantía, no solo de que se pueda parir una nueva ley verdaderamente democrática y plural, sino que la misma se ponga en práctica y no quede, como en muchos casos, en letra muerta.
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