viernes, 15 de mayo de 2009

El violador de Mendoza: lo horroroso de la “instancia privada”

Alberto Atienza

Armando Lucero, el degenerado que violó a su hija durante 20 años, con la que tuvo descendencia (siete vástagos), homónimo de un grande del teatro mendocino cuyo nombre llevaba una de las desaparecidas salas de Cultura en los altos de la secretaría de Turismo. Por un lado esas dos palabras que identifican a un hombre, fueron enaltecidas por “El Viejo” como le decían cariñosamente sus alumnos o “Armandito” Por parte del otro, funcionan los dos vocablos como sinónimo de brutalidad, de esa cosa enferma, dañina, que espanta en su manifestación.

La muy tardía captura de este sujeto, luego de 9 denuncias que no prosperaron por esas fallas de un texto legal que considera al tipo de delito cometido por ese individuo como de “instancia privada” le permitió continuar con su derrotero de daño y violencia.

El ciudadano común, el hombre de la calle, se pregunta ¿Qué tiene de privado el accionar de un pervertido en perjuicio de sus hijas? ¿Por qué debe ser la víctima con su denuncia la que movilice al aparato judicial? ¿Por qué, si precisamente por su rol de víctima, de sojuzgada, casi siempre está tan intimidada que se siente presa de una cárcel de horror? ¿Por qué tanta desesperación para modificar la Constitución y eternizarse en cargos públicos? Sería mejor que nuestros gobernantes, que en sus maratónicos informes sobre sus logros hacen parecer a Mendoza como a un cantón suizo, se ocupen de esas fallas, esos resquicios judiciales.

La legislatura provincial tomó el caso hace casi nueve meses. Todo ese tiempo demoró la investigación. El mismo lapso que le habría permitido al aberrado tener otro hijo con su hija. Eso sí, los diputados que tomaron el problema se convirtieron de pronto en estrellas mediáticas. Salen a cada rato hablando por todos los canales y radios en rol casi de héroes. Como “Enamorados del magnesio” los conocían antes. Más en nuestros días, cuando abren la heladera familiar para sacar algo dicen: “Quiero anunciarle a toda la prensa…” Confunden la luz del refrigerador con la lámpara de las cámaras de TV.
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Se demoraron esos legisladores casi un año, mientras el sujeto seguía en su particular mundo de impunidad, debido a que la principal víctima no se avenía a formular la denuncia contra su padre. Por miedo. Él le había dicho que si lo involucraba en una investigación les quitaría a sus hijos. Nadie le informó a esa pobre mujer que si el sujeto caía en las manos de la ley, como ocurrió, no podría quitarle nada, porque perdería todo su poder.

Especulaciones basadas en el sentido común determinan, acaso contrariando a textos legales muy específicos, que no haría falta la declaración de la mujer. Si se sabía, por dichos de terceros, que existen siete hijos emergentes de esa relación incestuosa, la solución era una compulsa de ADN. ¿Puede un juez ordenar algo así? ¿Ninguno se animó a hacerlo? Ante la determinación de la paternidad hubiera sobrevenido de modo automático la prueba de la primera de las violaciones, ya que el sujeto abusó de su hija cuando ésta aun era menor. Después, la detención, la habilidad para interrogar o el descenso, ya liberada, de la hija con la verdad asentada en actas daría la base necesaria para el inicio de la instrucción judicial.

Si un código penal inhibe con uno de sus artículos la investigación de hechos que son verdaderos, ese artículo no sirve. Si ese apéndice frena el esclarecimiento de graves delitos hay que sortearlo y originar nuevas jurisprudencias. Claro que para hacerlo hay que contar con valor e ingenio. Y no temerle a la pérdida del cargo.

El aberrado está preso. En una celda para él solo, un privilegio en la penitenciaría provincial. Los otros internos se lo quieren comer crudo. Si algo odian los convictos es a los violadores y a los policías. Lo cuidan como a una flor de invernadero. Y encima pide perdón, como si extraviado, compelido por las circunstancias, se hubiera equivocado una sola vez y no consumado delitos a lo largo de años.

“Chacal” lo bautizó la prensa local, dándole el nombre de un cánido silvestre, cazador de presas pequeñas, solitario. Ocasionalmente en jaurías ataca a ganado menor. “Chacal” en desmedro de ese animalito que los antiguos egipcios elevaron al rol de deidad: Seth y Anubis. Apelativo ya instituido por una novela, luego película de Frederick Forsyth. Usado además en otro film chileno sobre un caso real, un asesino “El chacal de Nahueltoro” Y también es un alias de “Carlos, el chacal” un guerrillero venezolano cuya vida para nada chacalesca también fue llevada al cine. No se les ocurrió otro nombre en lugar del común que identifica al “canis adustus” Pensar a veces es difícil.

Que los niños y adultos que ese sujeto mantenía en su férula de horror no se hayan animado a denunciarlo, excepto una hija que se fue a vivir con una familia vecina en Maipú, asqueada por lo que veía, es comprensible. Lo que no se entiende es cómo su esposa, una mujer instruida, conocedora de las leyes (es oficial de justicia del Poder Judicial) le haya permitido a lo largo de los años el despliegue de sus aberraciones. ¿Lo hacía por amor? ¿Por miedo? Cuentan que el sujeto se la pasaba viendo televisión, que trabajaba esporádicamente. Ella entonces, con su sueldo, le financiaba la “dolce vita” al depravado.

Ahora sobreviene la sorpresa, el espanto. Cómo eso fue posible. Seres humanos con sus vidas arruinadas. Y acaso, Dios quiera que no, con algunas sorpresas ingratas generadas por la consanguinidad. Según la doctora Iris Rojas Betancourt, especialista cubana en genética, “los parientes de primer grado, como los padres e hijos y los hermanos carnales, tienen la mitad de sus genes comunes. Luego a mayor grado de parentesco en la pareja, mayor probabilidad de que alguno de los genes defectuosos que portamos sea transmitido por ambos padres a los hijos”

Sin dudas ese ser elemental, desconocía los peligros de la consanguinidad directa. Si lo sabía no lo tuvo en cuenta. Pensaba todo el día en sí mismo. En cómo alcanzar plenitud a través del sexo.

“De acuerdo con estudios poblacionales – agrega la doctora Rojas Betancourt en una entrevista realizada por “Gramma” se sabe que el riesgo de malformaciones y muertes infantiles entre los parientes de primer grado está aumentado en un 30% con respecto a la población general no consanguínea. Entre primos hermanos este incremento es del 3%”

Y agrega la profesional, más posibles emergentes de esas relaciones incestuosas:
—Niños con malformaciones congénitas, muertes infantiles y enfermedades hereditarias graves que cursan con retraso mental y otras discapacidades. Ellas son debidas a lo que en Genética se denomina trastornos con herencia autosómica recesiva, es decir: cuando la persona afectada ha recibido dos copias de un mismo gen defectuoso, una de cada progenitor.
—De acuerdo con nuestra experiencia clínica, los más frecuentes son los llamados errores congénitos del metabolismo, así definidas las enfermedades debidas a trastornos en las funciones químicas del organismo que originan acumulación de sustancias que pueden convertirse en tóxicas. Estas enfermedades se caracterizan por ser graves y cursan con retraso mental y otras discapacidades.

Le queda ahora al Estado provincial efectuar el seguimiento de la descendencia del ahora preso casi VIP. Además, se sobreentiende, brindar asistencia a todas sus víctimas, su hija a la que fecundó en varias oportunidades y al resto de la familia que vivió durante años en un clima de anormalidad incomprensible.

La situación de su esposa, la oficial de justicia, amerita una investigación aparte.

La Quinta Pata, 15 – 05 – 09

La Quinta Pata

1 comentario :

HArendt dijo...

Tremebunda historia, amigo Alberto, sobre todo, para mi, en lo que hace referencia a esa esposa a la que aludes en tu artículo. Imposible imaginar racionalmente que pasó, que pasaba, por la mente de esa mujer...
Un abrazo. Y felicidades.

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