domingo, 24 de mayo de 2009

En Colombia cada loro en su estaca: a la derecha se le cayó el muro y punto

La guerrillerada en cambio sigue creciendo, combatiendo, aprendiendo día a día, y hoy más viva que nunca, combate cotidianamente al fascismo criollo, cuyas bajas no se reportan porque es bueno que la gente piense que se va ganando la guerra.

Al final de los ochentas, después del derrumbe del llamado socialismo real y la caída del muro de Berlín, la derecha internacional lanzó las campanas al vuelo para posesionar la idea de que todo estaba perdido para las ideas socialistas. Había llegado el fin de la Historia. Muchos dieron un paso al lado, algunos cercanos y otros no tanto, condiscípulos de la academia y compañeros de tropeles, y conspiraciones varias “saltaron la talanquera” como dicen nuestros hermanos venezolanos.

Todos ellos, sin claridad ideológico-política renunciaron a hablar de revolución, y ciertas palabras como resistencia y lucha armada fueron borradas de su léxico. Permeados con la ideología neoliberal que se imponía con todos sus aparatos ideológicos, se dedicaron a hablar de resolución de conflictos y de las bondades de la constitución del 91. Estos importaron teorías para leer nuestra realidad con su cantaleta de escenarios y actores de conflictos, la violencia se les volvió una contadera de muertos y el conflicto un problema policial. Su imaginación los llevó a crear varias ONGs y en medio de la lucha por la supervivencia se refugiaron en cuanto proyecto emanó de estos cantos de sirena. Eran las últimas migajas del estado de bienestar. Para ellos habían llegado las condiciones, según las cuales desde la institucionalidad se podían echar el discurso y transformar el país, la lucha de clases le dio paso a sus análisis de la cultura ciudadana, de la participación comunitaria y del famoso empoderamiento.

Muchos de ellos quemaron los libros rojos de sus bibliotecas e incluso empezaron a hablar del postconflicto. Otros se incrustaron en la administración burguesa y por ahí, los hemos visto frente a los desalojos de las comunidades negras, al frente del SMAD. Al otro lado de la orilla, bebiendo las mieles de algún nombramiento politiquero.
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Mientras estas teorías se imponían, por otro lado, ciertas comisiones de alto nivel se crearon para convencer a la insurgencia de que había llegado la hora del desarme. “Se cayó el muro”, escucharon decir más de una vez los viejos, quienes atónitos escuchaban los argumentos de los tres gurúes enviados para tan loable misión.

“Camarada” dizque dijeron, después del sancocho de gallina que los guerrilleros le habían preparado para semejante cita histórica. “El análisis de la situación actual, no deja espacio para la lucha armada, la fuerza militar debe estar bajo nuestro mando para prepararnos a la solución política, nosotros venimos a asumir la dirección política”, dijeron. El viejo quedó de una pieza. “Camaradas”, les dijo después de mirarlos a los ojos – con el mismo respecto que sintió siempre por los comunistas – “si ustedes quieren ser comandantes, ahí hay un fusil, unas botas, un machete y un camuflado, si quieren, pueden hacer la escuela de cuadros. Quiero que sepan que aquí, los mandos se ganan las charreteras pero peleando, aquí los grados no son por decreto como en el ejercito burgués”. Los ilustres visitantes salieron por la misma trocha por donde llegaron, con la sensación del deber incumplido.

El tiempo pasó, los tres ilustres personajes han visto como el fin de la historia no llegó en ciertas regiones del país y no logró permear a ciertos hombres y ciertas ideas construidas cotidianamente en la lucha de clases. Ellos en cambio se desgastaron, el tiempo dio cuenta de ellos. Uno goza de un exilio no glorioso, con una pensión de Estado, vegeta en el tiempo y es un cadáver político. El otro, desde pionerito quiso ser secretario, hizo carrera para ello, pero cuando llegó al último eslabón se despertó sin partido. El otro se mantiene nostálgico, escribe su memorias pero sin putas tristes.

La guerrillerada siguió en cambio creciendo, combatiendo, aprendiendo día a día, y hoy más viva que nunca, combate cotidianamente al fascismo criollo, cuyas bajas no se reportan porque es bueno que la gente piense que se va ganando la guerra.

A la oligarquía internacional y a sus lacayos locales, se les cayó el muro. Ahora andan en busca del reencauche ideal para su discurso. Con la crisis financiera y su mundo especulativo cosecharon lo que sembraron. Su modelo de producción se desgastó como propuesta, ya que centralizó sus ganancias en las bajas materias primas, pero sobre todo en los miserables salarios, en la explotación sin piedad de la fuerza de trabajo. La contradicción capitalista está ahí, si los salarios bajan, quién les compra sus productos/mercancías. La magnitud de la crisis pretende ser presentada como algo pasajero, como una crisis normal dentro del ciclo del capitalismo. Ellos saben que mienten.

Muchos están comprando y releyendo los libros rojos, otrora vituperados, estos se reimprimen de nuevo. Marx demuestra que hoy por hoy, es más vigente que nunca. La crisis les ha escupido la cara a los capitalistas y los ladrillos de su muro ideológico se esparcen en las migajas de su derrota implacable. La paradigmática contradicción de clases sigue vigente.

La respuesta a la crisis es la resistencia activa; en Europa los obreros toman como rehenes a sus patrones. Los estudiantes salen a las calles para expresar su descontento. Muchos desempleados se suman a las marchas. La derecha asustada se expresa en el fascismo, prohibición de partidos, recorte de derechos ciudadanos, cámaras de vigilancia, cacería de brujas, como en la guerra fría.

En América Latina, el fascismo se expresa en el terrorismo de estado y en los delirios de dictadorzuelos de pacotilla. Los oligarcas soberbios frente al pueblo y sumisos frente al imperio imploran su inserción en la lógica de explotación mundial. Para ello, vende a huevo nuestras materias primas y permiten que pisoteen, lo que aún nos queda de soberanía.

Por su lado, esa insurgencia, que muchos soñaron comandar y que otros soñaron desmovilizada asimila los golpes recibidos – que hacen parte del quehacer cotidiano de la guerra contra el fascismo criollo – se reorganiza y asestan diariamente certeros golpes al ejército burgués. La insurgencia mil veces acaba, mil veces activa y combativa sigue existiendo a pesar de los deseos oligárquicos de quedarse sin contradictor político-militar.

Esos partes de guerra que no publican los diarios oficiales, o que no figuran en los partes oficiales son desmentidos por los hechos reales de cómo la resistencia se repliega y golpea, golpea y parte. Es la guerra de guerrillas en su máxima expresión.

De otro lado, los generales de escritorio mandan desde Bogotá, traduciendo en Terrorismo de Estado los apetitos politiqueros de la clase oligarca. Soldados de un ejército indigno que se comporta como un ejército de ocupación contra su mismo pueblo. No se preocupen, la justicia popular se construye desde la resistencia para juzgarlos por los crímenes cometidos y cuando ese momento llegue, ningún oligarca llorará su muerte. Los soldados del ejército burgués son idiotas útiles de la oligarquía colombiana ya que esta nunca envía sus hijos a la guerra. Las mujeres pobres siguen pariendo hijos para la guerra.

Hoy el tiempo nos ha dado la razón, el fascismo denunciado hasta el cansancio muestra su rostro macabro. Mientras ello ocurre el heroico pueblo colombiano sigue organizándose desde todas las formas de lucha, resistiendo con dignidad a la tirana oligárquica. Mientras tanto el pueblo en armas sigue creciendo cualitativamente como prueba de que las banderas que provocaron la primera marcha, hace ya 45 años, siguen aún vigentes.

Honor y gloria a los que juraron vencer.
Venceremos.
El fascismo no pasará.

ANNCOL, 23 – 05 – 09

La Quinta Pata

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