
Mónica Maristain
A los sesenta años, es uno de los escritores más populares de su país. Destacado autor de novelas negras y de historias de personajes famosos, prefiere no cobrar adelantos por ninguno de sus libros.
Tiempos de juventud. Paco Ignacio Taibo tiene sesenta años, pero se siente de cuarenta. Lleva publicados más de medio centenar de libros policiales, biográficos e históricos.
Paco Ignacio Taibo II nació el 11 de enero de 1949 en Gijón, la misma ciudad donde en 1987 fundaría La Semana Negra, un encuentro ya clásico del género policial. Hijo del fallecido periodista y escritor Paco I, vive casi con júbilo el haber heredado de su ilustre progenitor la pasión por la escritura. “La presencia de mi padre siempre fue un inmenso estímulo en mi vida. Era un gran compañero, muy cuidadoso de no imponerte opinión alguna, de no obligarte a andar por sus mismos caminos y de reconocerte tu autonomía”, dice .
“Además, era más alto, más guapo, más simpático y escribía mejor que yo. No tengo ningún problema en reconocerlo”, afirma uno de los autores más prolíficos de la literatura mexicana. Con más de cincuenta títulos publicados entre novelas, libros de cuentos, cómics, reportajes periodísticos, ensayos de historias y biografías, traducidos muchos de ellos a varios idiomas, Taibo II ha recibido numerosos premios a lo largo de su carrera.
Son tres los títulos que ha presentado recientemente: Arcángeles, Bolcheviques y Tony Guiteras, en una muestra de su incansable compromiso con el oficio literario. En Bolcheviques, Taibo II reseña la creación del Partido Comunista mexicano, formado por “un grupo de militantes que pretendió ser la vanguardia de una clase trabajadora y no lo logró”. “El PC tiene unos orígenes muy bellos. Eran personas románticas y soñadoras: el fundador era un príncipe hindú vegetariano, el secretario general pertenecía a la embajada de los Estados Unidos, y todos organizaron la primera huelga de prostitutas en México”, evoca.
En Arcángeles, el escritor relata doce historias de “revolucionarios herejes” del siglo XX, personajes clave en la política y en la sociedad del siglo pasado.
Leer todo el artículoDesde el austríaco Friedrich Adler y el pintor Diego Rivera, hasta Larissa Reisner o Durruti, “todos fueron ateos sediciosos sin cuya participación el mundo sería un lugar mucho más hostil”, asegura. Tony Guiteras, un hombre guapo, en tanto, es la biografía del revolucionario cubano de 1930, un personaje casi desconocido que fue asesinado en 1937.
Su libro biográfico Ernesto Guevara, también conocido como el Che sirvió de base para la realización de la película de Steven Soderbergh sobre el guerrillero que protagonizó el puertorriqueño Benicio del Toro. Recientemente, el autor participó de un documental sobre Pancho Villa. Todo eso, a sus primeros sesenta años cumplidos hace unos meses.
–¿Cómo le han caído sus primeros sesenta años?
–Me desconcertaron. Creía que era algo importante; luego lo único que pasó es que me mandaban felicitaciones y me bloquearon mi correo electrónico. La verdad, la verdad, en lo profundo de mi corazón, tendré sesenta, pero me siento como de cuarenta y espero llegar a los noventa.
–Y escribe con la energía de quien tuviera veinte.
–Básicamente eso sucede porque le dedico mucho tiempo a la escritura, que es lo que más me gusta hacer en la vida. Hace muchos años, alguien me preguntó por qué producía yo tanto. Y respondí: porque soy abstemio; pertenezco a una generación repleta de escritores que vivían borrachos. Porque soy monógamo, y además lo soy con gusto; por lo tanto, no he dedicado tiempo a ligarme las esposas de mis compañeros y porque el placer de escribir me inunda.
–¿Es un buen lector?
–Soy un lector sistemático, de esos que leen todos los días y que calculan los viajes por la cantidad de libros que tiene que poner en la maleta. Siempre me angustia la idea de quedarme varado en un aeropuerto o en una tormenta de nieve sin libros para leer. Soy un lector obsesivo y curioso cuando los temas me interesan y me apasionan. Gozo leyendo.
–Frente a sus propios libros, usted parece muy seguro de sí mismo. ¿Esto es cierto?
–Sí. Entre otras cosas, porque siempre escribo sobre lo que quiero escribir, nunca acepto un contrato por encargo con alguna editorial. No escribo por obligación ni por contrato. Tengo diez proyectos abiertos en forma simultánea, de historia, de historia narrativa, de ficción, de aventuras, de ensayo, de trabajo periodístico… y todos los días me levanto preguntándome acerca de qué me apetece escribir para empezar el día y voy de uno a otro sin urgencias, no tengo fechas de entrega. No hipoteco mi tiempo porque ¿qué sentido tiene haber llegado libre a los sesenta años para luego condicionar mi libertad por razones económicas?
–¿Ese grupo nutrido de lectores que lo sigue le permitió negociar con más ventaja con sus editores?
–Sí, sin dudas. Entre otras cosas porque no existe el editor que pueda ponerme arriba de la mesa algún elemento de presión. Si me presionan, me cambio de editorial y listo; siempre encontraré una editorial dispuesta a publicarme. Además, no acepto adelantos por los libros que escribo. Parece un delirio, pero prefiero pelear ardorosa y vigorosamente mis derechos de autor.
–Es un poco al revés, ¿no?, porque muchos autores piden adelantos ya que a menudo las regalías son fantasmales…
–Fíjate que descubrí que los adelantos editoriales son una trampa muy grande. La diferencia entre éxito y fracaso, desde el punto de vista editorial, estriba en las expectativas que hayan puesto sobre el libro. Si les pides un peso por derecho de autor a la hora de firmar un contrato, si vendes cuatro mil, el editor y tú van a estar muy felices, pero si pides 100 mil dólares por ese mismo libro, si no vendes 70 mil ejemplares, va a ser un fracaso. Un libro puede ser un fracaso, desde el punto de vista de los adelantos, aun cuando venda 65 mil ejemplares. Es muy peligroso para un escritor crear expectativas económicas desmesuradas. Mis libros se venden mucho a lo largo de mucho tiempo; muchas veces no tengo respuesta inmediata.
El campeón mundial de videojuegos
–¿Cuándo fue consciente de ese placer de escribir?
–Es que nunca viví la escritura como sufrimiento. Excepto cuando fui “escribidor”, esos momentos de la vida en que tienes que hacer cosas horribles por encargo para poder sobrevivir. Entonces escribía sobre los bosques de Chihuahua para una empresa que yo sabía que estaba formada por ladrones, escribía programas de televisión en la época en que todavía no apreciaba la música ranchera. Hubo momentos en que se me salían las lágrimas por estar obligado a escribir cosas que no quería, pero en cuanto pude escribir lo que quiero, jamás tuve una sensación de sufrimiento, de padecimiento. Toda esa cosa de la hoja en blanco, de la literatura como autocastigo, me parece ajena. De vez en cuando, me dan ganas de decirles a quienes tienen esa retórica: “Pues dedícate a la carpintería, mano”.
–¿Qué otras cosas hace además de escribir?
–Soy buenísimo jugando videojuegos. A cual más complicado, esos de estrategia, más me gustan. Debo de estar entre los primeros puestos del ranking mundial de jugadores de videojuegos.
Crítica digital, 16 – 05 – 09
La Quinta Pata
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