sábado, 23 de mayo de 2009

Pobreza, ‘epidemia’ que mata en Centroamérica

Pobreza en Centroamérica

Esperan latigazo mortal de influenza

Con casi la mitad de sus 40 millones de habitantes subsistiendo en niveles de pobreza, los países de Centroamérica se preparan a contrarreloj para enfrentar “una nueva ola” de la gripe AH1N1, que podría hacer estragos en esta pequeña región azotada por sismos, huracanes y epidemias.

“Las epidemias tienen una expresión de clase, siempre atacan a los pobres”, dice en entrevista con DPA el médico Edmundo Sánchez, uno de los funcionarios clave del Ministerio de Salud (Minsa) de Nicaragua en la campaña preventiva del Gobierno frente al nuevo virus.

La pobreza —afirma— es el factor común en estos países donde miles viven en hacinamiento y sin acceso a los servicios básicos. Donde no hay agua, hay dengue, porque la gente acumula agua en barriles y allí se reproduce el mosquito transmisor Aedes aegypti.

“Y si además de eso no tengo una vivienda digna, estoy desempleado y sobrevivo con un dólar al día, mi organismo está debilitado. Por eso el dengue no ataca a los ricos”, resume Sánchez, un conocido epidemiólogo ahora a cargo de la Dirección de Vigilancia de la Salud del Minsa.

En su computadora se procesan los “partes” (informes) epidemiológicos diarios que envían los distintos centros de salud y hospitales, con las cifras de los casos atendidos por enfermedades respiratorias en las últimas semanas.

También se recibe la información de la cámara térmica instalada en el aeropuerto internacional Sandino de Managua, para detectar a los pasajeros con fiebre superior a los 39 grados, uno de los síntomas del peligroso virus.

Contra los rumores, Sánchez asegura que Nicaragua no tiene un solo caso confirmado de la gripe AH1N1, pero admite que apenas han realizado pruebas a 25 casos sospechosos. “No estamos conformes, debemos hacer más muestras”, señala.

El temor de los especialistas radica ahora en que descubrieron que el virus de la nueva gripe ya es “autóctono”, es decir, puede surgir en un pueblo de un determinado país sin un nexo aparente con enfermos, sino como resultado del contagio por terceras, cuartas o quintas personas.

Casos autóctonos
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Sánchez admite que “es posible que en nuestros países ya tengamos casos autóctonos” y por eso los jefes de Epidemiología de Centroamérica se reunieron de urgencia a mediados de mayo en El Salvador para intercambiar información y técnicas preventivas.

Allí se acordó ampliar el “anillo” de vigilancia por laboratorio, cubriendo no sólo a personas que hubieran viajado a países afectados o tenido contacto con enfermos, “sino a todo aquel que presentase síntomas similares a los del AH1N1”, explica.

También dispusieron reforzar el control sanitario en las fronteras terrestres y compartir información mediante teleconferencias, y acordaron que los países con mayor capacidad técnica en laboratorio (Nicaragua, Panamá y Costa Rica) apoyarán la realización de pruebas de diagnóstico en el resto de la región.

“Estamos pensando que va a venir una segunda ola del virus cuando se presenten las condiciones, o sea cuando empiece a llover en Centroamérica y el sistema inmunológico de la gente se debilite”, advierte el jefe de Epidemiología.

El virus de la nueva gripe A “no tiene nada que ver con las epidemias de dengue” que azotaron Centroamérica en años pasados, insiste Sánchez, y agrega con severidad: “Creemos que el primer caso de AH1N1 que entre a Nicaragua va a provocar una explosión”.

A su juicio, la mejor estrategia para enfrentar una epidemia es que el sistema de salud pública se apoye en una organización comunitaria, donde “el pueblo sane al pueblo”.

En Nicaragua, un país con larga experiencia en organización comunitaria, se capacitó en pocas semanas a casi 100 mil promotores voluntarios de salud que trabajan en cuadras, barrios y municipios, encargados de atender los casos sospechosos del virus y reportarlos al Minsa.

También, la gratuidad del servicio de salud vigente desde hace dos años se ha reflejado en una mayor afluencia de pacientes a los centros asistenciales, con lo cual ha aumentado la atención de las enfermedades respiratorias agudas, agrega Sánchez.

DPA, 23 – 05 – 09

La Quinta Pata

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