Se repite la historia, cambiar algo para que todo siga igual. Es lo viejo vestido de nuevo. El pueblo argentino tiene una rica historia que le da títulos para terminar con este sistema gatopardista. Muchas veces lo ha puesto en marcha y ha dado pruebas suficientes para ser artífice de su propio destino.Que se vayan todos: fue el clamor general pero todos se quedaron, y los nuevos fueron la reproducción de lo viejo; hoy están como perros a los que se les arroja un trozo de carne y se pelean por ver quién se lleva la mayor parte. Y nosotros los constructores de nuevas posibilidades, nos transformamos en espectadores del circo que funciona todo el día en los medios de difusión, en la gran pista del Congreso de la Nación donde los "arlequines" se dedican a hacer cabriolas en medio de las necesidades de la gente que ya no espera, y que ha tomado las calles protestando y exigiendo un nuevo sistema distributivo comunitario que sea abarcativo, que alcance a todos para que se termine con los gestos y se empiece a distribuir lo que nos pertenece.
Es hora de cambiar el rumbo: el neoliberalismo dominante nos condena al empobrecimiento, el desempleo y la mayor desigualdad social y, como si esto fuera poco nos colocan una espada de Damocles sobre nuestras cabezas, siguiendo con el pago de la deuda externa, que nos hace cada vez más dependientes del imperio, y que periódicamente nos hace pagar las crisis que ellos mismos producen.
Ahora es el momento: debemos sacudirnos la dependencia de este siniestro sistema; no podemos decir que no se puede, otros pueblos amigos lo están emprendiendo asumiendo el timón y recuperando las reservas estratégicas con que cuentan. Nosotros también podemos, el pueblo lo reclama en las calles, en pueblos y ciudades, nos corresponde a nosotros tomar la iniciativa y ponernos al frente, sin tutores ni caudillos.
Nuestra mayor debilidad: es el olvido y entonces dejamos pasar la oportunidad frente a nuestra puerta, sin recordar que esta no vuelve.
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