Roberto Vélez
*Estamos frente a otro caso de gatillo fácil. Aunque al gobernador le cueste mencionar las palabras y aceptar la realidad.
Estos hechos que conmueven a la sociedad periódica y sistemáticamente, no constituyen casos aislados. Es moneda diaria que presuntos delincuentes aprehendidos por la policía, sean objeto de golpizas y torturas. Lo mismo ocurre en las cárceles.
Viejas prácticas que tienen un significativo hito en la etapa de terrorismo con apoyo estatal de Santuccione. Sugerido como jefe de policía por el ex gobernador Carlos Mendoza, designado por Cafiero, sostenido por Luis Marcó del Pont y ratificado por el General Pedro León Lucero. En otras palabras, fue el justicialismo el que sostuvo prácticas que el terrorismo abierto continuó.
La asociación del PD con la dictadura y la presencia de represores en las primeras líneas de todos los gobiernos constitucionales evidencian el parentesco entre represión y política local. Y explica mucho de los padecimientos de la sociedad que devienen de la inseguridad pública, de los atropellos policiales y de la ineficacia estatal que no garantiza ni la seguridad ni la vida de las personas.
El que le pega a un indefenso, el que lo tortura es un potencial asesino.
Ni los ruidos molestos, ni las “fiestitas caseras”, ni las gorritas, ni las “caripelas”, ni si bailaban en los techos, ni si estaban borrachos, justifica que la policía apremie.
La policía no debe tocar a nadie. Mucho menos torturarlo y asesinarlo.
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