Ceremonia pagana
de Luis Felipe FaderHabían iniciado su turismo de aventura en Latinoamérica, desde Europa sin transición.
Viajaron hacia el sur y vieron las grandes catedrales coloniales, sus ceremonias y vestiduras recamadas en oro y plata.
Más adelante pasaron por Oruro y sus diabladas. Se asombraron de máscaras y bailes.
Filmaron la ceremonia de la Pachamama en Humahuaca.
En fin. Observaron de cerca ese mundo distinto, desconocido, impenetrable, con idiomas y dialectos imposibles de comprender.
Todo era impactante, pero siempre estaban rodeados de otros como ellos, manejados eficientemente por guías que les explicaban en detalle y en su idioma cada gesto, cada danza. En realidad, parecía un documental más vívido que los muchos que vieron, previo al viaje, en el video de su departamento.
Leer todo el artículo - CerrarDecidieron separarse del grupo y alquilaron un vehículo todo terreno. Siguieron solos el camino.
A medida que viajaban más hacia el sur, se iba perdiendo aceleradamente lo autóctono de las costumbres y el paisaje, y crecía el desencanto.
Cuando dejaron atrás las últimas serranías, el llano los abrumó. Miles y miles de hectáreas cultivadas, solo interrumpidas aquí y allá por pequeños montes y casas aisladas, con su molino.
Su desaliento era casi total. Las posibilidades de aventura y experiencias extrañas se reducían momento a momento.
De repente, a los lejos y bordeando un bosque, vieron una reducida y curiosa procesión: tres figuras se destacaban sobre el fondo verde de los árboles. Movidos por la curiosidad y queriendo por fin ser testigos y partícipes de algo desconocido, bajaron del coche, saltaron el alambrado y, semiescondidos, cruzaron el campo cultivado hacia el encuentro de su objetivo.
A los pocos metros se desarrollaba una extraña ceremonia: uno de los oficiantes se inclinó frente a un pequeño altar y mientras practicaba una profunda genuflexión, inyectaba humo en su base. Los restantes esperaban, uno a cada lado.
Advertidos de la presencia de los turistas, comenzaron entonces una frenética danza, evidentemente de rechazo, sacudiendo los brazos y repitiendo un mantra, desesperados y a grito pelado que, a los pocos segundos, fue entendido en esencia por los extranjeros, aunque ya era demasiado tarde:
--¡Guarda con las abejas! ¡Guarda con las abejas! ¡Guarda con las abejas!
Luis F. Fader: Córdoba, 1952- Mendoza 2001. Buen jinete, lector apasionado, agudo observador de la condición humana, volcó en sus particulares cuentos en experiencias de vida, amor a la tierra y buen humor. Firmó sus obras siempre con el seudónimo “Ischilín”. Tradujo al alemán textos de Fernando Fader. Este cuento se incluye en la colección Literatura de Mendoza del siglo XX, N° 7, ECM y EDIUNC, Mza., 2006.


No hay comentarios :
Publicar un comentario