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domingo, 9 de noviembre de 2014

¡A mí ya no me la podés contar, Mordisquito!

Ricardo Nasif*

Juan Domingo Perón reconoció en una entrevista que su reelección como presidente en 1951 se debió a dos razones fundamentales: el voto femenino y Mordisquito. De la gravitación de la primera participación electoral de las mujeres se sabe bastante, mucho menos –o casi nada- del personaje radial creado por Enrique Santos Discépolo.

Discepolín, no está demás decirlo, fue uno de los más grandes poetas de toda la historia del tango. Autor de Cambalache, Yira Yira, Uno, Esta noche me emborracho, Fangal, Martirio, Malevaje, entre otros memorables tangazos. Además nadie como él ha pintado magistralmente la crudísima crisis política, económica, social y moral de las primeras décadas del siglo XX y especialmente de la Década Infame de los años ´30, cuando el mundo se venía a pedazos.

Como él mismo dijo alguna vez, fue un artista que vio el dolor en todos los que tenía adelante, se posesionaba de sus situaciones, comprendía cuales eran sus problemas y enseguida se ponía en el lugar del otro. Sentía como si fuese suyo el sufrimiento ajeno -le dolía la cicatriz de los otros- y, desde allí, escribió decenas de tangos absolutamente populares y profundos y asumió un compromiso hasta los tútanos con esa realidad social, cuestionándola, aunque sin dejar de intentar la búsqueda de un hilo de esperanza.

La Quinta Pata

domingo, 12 de octubre de 2014

A 20 años de la muerte de Jorge Abelardo Ramos

Político, historiador, periodista, extraordinario escritor y figura relevante de la Izquierda Nacional, corriente ideológica y política de gran influencia intelectual en América Latina, particularmente en Argentina, Bolivia, Uruguay y Chile.

Ofrecemos este documento histórico de la Radio Pública documentado el 08 de agosto de 1974, durante La asamblea multisectorial que se desarrolló en el salón blanco de la Casa de Gobierno, con la presencia de la presidente María Estela Martínez de Perón.

Nació en 1921 en el barrio porteño de Flores. Profesor universitario, historiador, periodista, político, editor y conferencista itinerante de numerosas universidades, fue uno de los más brillantes intelectuales que inspiraron el pensamiento nacional latinoamericano en el siglo XX.

El “Colorado” Ramos, disponía de un admirable sentido del humor, una fulminante respuesta irónica y una capacidad oratoria inigualable. Su enorme creatividad para elaborar síntesis sorprendentes –especie de epigramas- que enriquecían los apasionados debates.

La Quinta Pata

domingo, 24 de agosto de 2014

Amor prohibido y fusilamiento

Rosario Fernández

Transitaba diciembre de 1847 cuando sobre la ciudad de Buenos Aires se echó a correr como reguero de pólvora la noticia sobre la escandalosa huida de los enamorados Camila O’ Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez. Ella, integrante de una familia patricia, educada, inquieta, dueña de una gran personalidad solía cautivar con sus encantos en las tradicionales fiestas de la aristocracia de Buenos Aires. Él, joven y sensible, venía a Buenos Aires a continuar con su carrera eclesiástica, sobrino del gobernador de Tucumán pronto fue nombrado párroco de la Iglesia del Socorro. La unión y fuga de ambos, provocaría la sanción cruenta de la Iglesia y el “restaurador de las leyes”.

Su amor nació y se consolidó en la actual Iglesia del Socorro ubicada en la intersección de las calles Juncal y Suipacha. Camila y Ladislao no dudaron en dar rienda suelta a su pasión y el 12 de diciembre de 1947 huyeron a caballo a Corrientes. La provincia era gobernada por opositores al régimen rosista. La idea era llegar a Río de Janeiro pero el dinero nos les alcanzó y se instalaron en Goya. Ya allí con nombres falsos de Máximo Brandier y Valentina San, abrieron una escuela, la primera en el pueblo, para poder subsistir y, a la vez, jugaron un importante rol social. Pero la tranquilidad duro poco, en agosto del año 1848 su paradero fue descubierto, y el sacerdote irlandés Michael Gannon los delató. Ambos fueron trasladados a Buenos Aires para su juzgamiento.

La Quinta Pata

lunes, 14 de julio de 2014

Juan Domingo Perón (1895-1974)

Foto: Juan Domingo Perón, luego de recibir un reconocimiento
de la escuela superior técnica de la armada, en Buenos Aires,
el 21 de septiembre de 1951 (Reuters)
José Steinsleger

El coronel Perón ya era viejo cuando en octubre de 1945 los trabajadores argentinos lo pusieron al frente del mayor movimiento de masas de América Latina. Tenía 50 años, 35 de carrera militar y el pueblo que le brindó su apoyo cargaba con 70 años de librar heroicas, sangrientas y frustrantes luchas políticas.

Perón era viejo en el sentido de conocer buena parte de los cuentos que Mefistófeles acostumbra introducir en el imaginario de los hombres ávidos de poder. Las mujeres no votaban entonces, y aquel terremoto que se llamó Evita tampoco había revuelto aún (pero ya mero) las sábanas del hombre que cautivó su corazón, al tiempo de partió en dos la historia política de los argentinos.

La Quinta Pata

domingo, 6 de julio de 2014

Cuatro textos mendocinos en torno a un mundial

Ricardo Nasif*

Luego del desahogo por el triunfo de la selección argentina contra Suiza el martes pasado, leí en mi Facebook un posteo que me llevó sin escalas de la sensación de la alegría futbolera circunstancial al más profundo sentido histórico de la realidad.

La compañera Natalia Galamba había escrito:

“Ustedes perdonen, pero me resulta inevitable y a la misma vez absolutamente necesario comparar los momentos. Hoy puedo disfrutar de un mundial, del fútbol, de la gente usando los colores de la bandera, del repentino y ferviente patriotismo que aparece en muchos cada cuatro años. Hoy puedo gritar los goles de Argentina. Hoy me siento orgullosa de mi país. Hoy el fútbol no se usa para tapar torturas y muertes. Hoy el fútbol argentino tiene un torneo que se llama NIETOS RECUPERADOS y los futbolistas nos ayudan a seguir buscando. A mi viejo lo desaparecieron en el operativo G78, armado previo al mundial. Una placa con su nombre y el de 10 compañeros está puesta en el estadio mundialista. Es un recordatorio para que NUNCA MÁS vuelva a pasar. Ni siquiera en el fútbol.”

La Quinta Pata

domingo, 27 de abril de 2014

Las Masacres de Adana: la etapa previa al genocidio armenio

Luciano Andrés Valencia

La denominada “doble masacre de Adana” de 1909 forma parte de un proceso histórico de persecuciones y discriminación contra el pueblo armenio. Junto con las “masacres hamidianas” de 1894/1896, en las que el Sultan Abdul Hamid II fue responsable del asesinato de 300 mil armenios por parte del Ejército Otomano, bandas civiles y paramilitares kurdos [1], constituyen matanzas previas a modo de pruebas experimentales –como las denomina Rita Kuyumciyan- para el Genocidio Armenio de 1915-1923 en el que fueron brutalmente asesinadas mas de un millón y medio de personas [2].

Para explicar el proceso que llevó al genocidio debemos situarnos históricamente. El pueblo armenio es originario de la Península de Anatolia, habitando desde la antigüedad en las laderas del Monte Ararat. Por su parte, el pueblo turco es originario del Turan, en Asia Central, desde donde comenzaron a expandirse conquistando Asia Menor en el siglo XI y el Imperio Romano de Oriente en 1453 con la caída de Constantinopla. El Imperio Otomano siempre estuvo obsesionado por su competencia con las potencias europeas, lo que se exacerbó en el siglo XIX debido a pérdidas territoriales, como la ocurrida durante la Independencia de Grecia (1821- 1830). Hacia fines del siglo la doctrina del Otomanismo, que proponía una “nueva nacionalidad” fundada en la fusión entre los pueblos cristianos (eslavos, griegos, asirios, armenios) y musulmanes (turcos, kurdos, árabes) que componían el Imperio, fue desplazada por el Panturquismo o Panturanismo, que proponía la unión de todos los turcos desde el Bósforo hasta China eliminando a pueblos como el armenio que representaban un obstáculo a este objetivo. Pero el régimen corrupto y débil de Abdul Hamid era incapaz de ejecutar este programa [3].

La Quinta Pata

domingo, 17 de noviembre de 2013

Pilatos y judas enmascarados de peronistas

Ramón Ábalo

"El momento fue aquel de don Alberto Martínez Baca, efímero por cierto (marzo del 73 - junio del 74), su nominación para la gobernación impulsada, según se sabe, por la organización Montoneros, la Juventud Peronista, la Tendencia Revolucionaria, la Patria Socialista, la lucha armada, pero, como veremos, quizás ninguno de ellos.”

"Martínez Baca era bonaerense de nacimiento, pero se había afincado desde joven en San Rafael, era medio socialista a lo Alfredo Palacios, es decir no tan amarillo, y se abrazó a la causa peronista en el mismo instante en que el todavía Coronel Perón se afirmaba en la Secretaría de Trabajo. Su proyecto de poder comienza con el entramado del primer pacto social nativo entre una burguesía escuálidamente nacional, los obreros y los "cabecitas negras" del interior, emergentes de una clase de laburantes inédita en la Argentina. El pacto los alineó armónicamente y fundaron (o quisieron fundar) la República de la justicia social, la soberanía política y la independencia económica. No duró mucho el intento argentino del Estado de Bienestar, tal vez uno de los primeros después de la Segunda Guerra Mundial. El pacto se resquebrajó ni bien los fundadores descubrieron las falacias que supone la colaboración de clases, uno los estandartes de la doctrina de la Tercera Posición. No podía ser, menos cuando la burguesía exigía cada vez más prebendas al Estado y se desanacionalizaba. Por su parte, los obreros seguían exigiendo una mayor porción de la plusvalía que su fuerza de trabajo dejaba en las arcas de los patrones.

La Quinta Pata

domingo, 20 de octubre de 2013

El F.I. y el mito de Mendoza conservadora I

Ramón Ábalo

Las movilizaciones de sectores de trabajadores mendocinos por sus reivindicaciones en épocas en que el trabajo en nuestros países americanos era semiesclavo, o directamente esclavo, fue frecuente en los finales de los años del siglo XIX, como asimismo al comienzo del siguiente. La jornada de "sol a sol" no era, claro que no, un mito, como asimismo lo mísero del salario Pero antes, en pleno colonialismo godo, cuando aún Cuyo era dependencia de la Capitanía de Chile, desde donde se implementó la invasión a estas tierras y su dominio colonial, el flagelo de la esclavitud se profundizó. Sin embargo, en el 1600, aproximadamente, los españoles de la Capitanía estuvieron a punto de levantar sus tropas por el acoso permanente que sufrían por parte de los huarpes y demás tribus de estos pagos. No obstante, como tantos otros mitos, la historia oficial impuso la versión de que estos pueblos originarios, eran sumisos a los intentos depredadadores de los invasores, casi al revés de los demás pueblos del resto de América. Por el contrario, está corroborado históricamente que el colonialismo español lograba su política de rapiña mediante el exterminio. Los pocos viejos, mujeres y niños que quedaban eran sometidos por la imposibilidad biológica de la resistencia.

La Quinta Pata

domingo, 19 de mayo de 2013

Mayo y julio, revolución y plan de operaciones

Ramón Ábalo

Ya lo hemos afirmado, el mayo del 25 de aquel 1810, fue una revolución tal como lo proclamaron sus impulsores como Mariano Moreno, Belgrano, Castelli y otros más dispuestos no solamente a romper con el yugo colonialista español sino también a profundizar el anhelo y, de ahí en más, a construir una nación realmente independiente, pero que contenga a una población, a un pueblo que sea el constructor de su propio destino, a ser el único usufructuario de los frutos y la riqueza de su tierra, sin esclavitud alguna y la destrucción de todo lo inquisitorial del régimen oscurantista del pasado.

Y a doscientos años, aquellas señales libertarias adquieren contemporaneidad como pocas veces antes. Enfrente, un enemigo poderoso, el de los oligopolios internacionales, el de las corporaciones financieras y mediáticas, pero en decadencia y crisis, en peligro su esencia ideológica, o sea el capitalismo, que lo hace más peligroso y, por lo tanto, planificando sojuzgar al mundo entero a como sea. En el esquema de dominio aparece Latinoamérica como la gran reserva natural, o sea el agua, la tierra, el alimento. El subsuelo de su estrategia de dominio.

Y para ello cuenta con la materia que todo lo puede, según su visión monopólica y financiera: el dinero, la caja fuerte y los personeros que son dóciles a la dolarización de sus conciencias. Lo vemos con fuerza en nuestro entorno nacional y latinoamericano con oscuras acciones y gestos de ese enemigo, dispuesto a la violencia militarizada llegado el momento o momentos que lo exija el flagelo de su propia crisis. Y aunque su estrategia se quebranta en los diversos frentes en que se ha metido, o sea Asia y África, el "destino manifiesto" de dominio mundial no se borra de su agenda.
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Nos envuelven las gestas de aquel mayo y las muchas más, como aquel julio de 1816, ahora en nuestra propia piel de argentinos y latinoamericanos: La libertad de nuestros pueblos no se ganó con súplicas. Los patriotas de mayo y julio no se anduvieron con chicas al momento de enfrentar el colonialismo español: "Escribieron sus proclamas en La Gazeta de Buenos Aires, trazaron en la clandestinidad un Plan de Operaciones que Maquiavelo hubiese aprobado; colgaron de un poste a Martín de Álzaga y fusilaron a Santiago de Liniers, dos de las cabezas más prestigiosas de la contrarrevolución; fundaron regimiento, liberaron esclavos, pardos y morenos y con ellos conocieron la derrota en Huaqui, Vilcapugio y Ayohuma y triunfaron en Tucumán y Salta, en Florida, Chiquitos y Chacabuco. Y llegado el momento, no rehusaron ser implacables. Nicolás Rodríguez Peña, que habló por los que no tenían fortunas ni vacas ni tierras, supo responder a los hipócritas, a los saciados y conversos: "Castelli – dijo - no era feroz ni cruel. Obraba así porque así estábamos comprometidos a obrar todos. Cualquier otro, debiéndole a la Patria lo que nos habíamos comprometido a darle...Qué fuimos crueles.. ¡Vaya el cargo! Mientras tanto, ahí tienen ustedes una Patria que ya no está en compromiso de serlo…" (Texto de Andrés Rivera de junio de 1990).

La Patria, esta Argentina que nos cobija, no es una abstracción para los discursos conmemorativos. Es lo que somos como seres de carne y hueso, de sangre y espíritu, en un pedazo del planeta que es este pedazo de tierra donde existimos, trabajamos, nos educamos, y morimos. Una realidad concreta es la Patria, que somos todos. Una Patria, una realidad que ya es.

La Quinta Pata

domingo, 12 de mayo de 2013

La lucha es por y con las ideas, pero...

Ramón Ábalo

Siempre lo fue, aunque muchas veces acompañadas por la violencia, o sea la lucha armada. Y esto se produce cuando los pueblos ven cerrados los caminos de la institucionalidad democrática y republicana. Ello ocurrió en varios momentos de nuestra historia, pero el más expresivo lo fue en las décadas del ‘60 y ‘70, en las que surgieron las organizaciones populares armadas, pero con una rica sustancia política e ideológica como nunca antes. Claro, fue una respuesta a la persecución que propinó al pueblo argentino y sus organizaciones políticas y sociales la dictadura del ‘55, la de Aramburu y Rojas. Pero también encontraremos situaciones similares de persecución política e ideológica en nuestra historia, como las que se pueden contar desde el costado de las primeras etapas del radicalismo y del anarquismo precedidas por las luchas intestinas del periodo de la anarquía y el de los enfrentamientos de unitarios y federales. Todas se desplegaron a partir de las políticas del poder, institucional o no, ejerciendo el despotismo contra los sectores más representativos de los intereses populares.

Otro ejemplo anterior al de la persecución al peronismo fue la lucha del radicalismo, que nació en junio de 1891 para enfrentar al republicanismo unipersonalista de la oligarquía vacuna posterior a la constitucionalidad de 1853. El precursor fue Alem, caudillo civilista de nuevo cuño, superador del caudillismo de la anarquía pre constitucionalista y que se expresa después de la batalla de Pavón cuando es derrotado Juan Manuel de Rosas, emblemático representante del caudillIsmo federal. El radicalismo inaugural de Alem lo es en representación de las clases bajas, incluidos los de las corrientes migratorias, a las que el líder representaba por ser "compañeros desposeídos". Desde el mismo momento de su aparición en el escenario político, el radicalismo se instaló como una especie de ariete contra las prácticas antipopulares y antidemocráticas en nuestro medio.

En 1889, los sectores populares son víctimas de versiones actualizadas de la pobreza extrema y la exclusión, como asimismo de la presencia del estado por medio de sus gobiernos. Todo a consecuencia de una grave crisis económica, con baja de salarios, desocupación, persecución política, lo que desata la rebeldía social expresada en numerosas y continuas huelgas. Recordar que ya en 1878 se había registrado el primer gremio obrero en el país, el de los trabajadores de la imprenta, al que le siguieron de inmediato otros más, dando comienzo a las luchas reivindicativas de los derechos del trabajador, incipiente pero que se extendía, incluso al interior del país, como en Mendoza. Es el momento en que la UCR, con el liderazgo de Alem y sus "cívicos", protagonizan, el 1 de setiembre de ese 1889 la llamada Revolución del Parque que no llega a buen término pero prolonga la rebeldía que tiene otro hito armado en 1890, y que causó la caída del gobierno de Juárez Celman, quien fue reemplazado en la presidencia por el vice, Carlos Pellegrini. El radicalismo, entonces, levanta como banderas programáticas la libertad política, la honradez administrativa, la impersonalidad de la coalición y el sentimiento nacional.
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Al llamarse a elecciones para presidente, el radicalismo lleva como candidato a Bernardo de Irigoyen. Pero días antes de la fecha de la jornada comicial, Carlos Pellegrini que ejercía la titularidad del ejecutivo nacional, inventa y "descubre" un complot radical, por lo que inmediatamente decretó el estado de sitio. Son detenidos los líderes radicales más conocidos, y las elecciones se realizan el 2 de abril de 1892, ganando, obviamente, el caballo del comisario, en este caso Roque Sáenz Peña. Y como respuesta, el radicalismo inicia otra acción armada el 30 de julio de 1893, convencido Alem y sus seguidores que en el marco del poder político conservador se le impediría siempre las posibilidades legales o institucionales de acceder al gobierno, y lanza como proclama doctrinaria de que en adelante la acción política será el "de la intransigencia radical". Como consecuencia, el 30 de julio de 1893 inició una nueva insurrección que se extendió hasta octubre, en que fue vencida, y Alem detenido.

En medio, se suceden al interior de la UCR una serie de crisis, especialmente entre Alem e Yrigoyen, que era su sobrino. Puede que la sumatoria de frustraciones revolucionarias y electorales, como este enfrentamiento, muy serio, es que Alem tomó la decisión y concretó el suicidio. A partir de ese momento dramático, asume el liderazgo su sobrino Hipólito, y en el mismo camino que su tío por el poder político, en 1905 dirigió otra acción armada que también fracasó - en el único lugar que triunfó fue en Mendoza - pero fue más que una advertencia para el conservadorismo en el poder. Y es entonces que Sáenz Peña logra que el congreso apruebe su propuesta del voto universal, secreto y obligatorio, con el cual el radicalismo impuso electoralmente, en ese marco, a Hipólito Yrigoyen en la presidencia de la nación. Fue en 1916.

Y claro, fueron las ideas que reclamaban un país realmente democrático e igualitario las que motorizaron también las acciones violentas - revoluciones y lucha armada - para enfrentar a la prepotencia e ilegitimidad de los gobiernos conservadores fraudulentos, quienes daban a esa ilegitimidad los condimentos de la violencia institucionalizada.

Nuestro compañero y comandante Fidel ha proclamado que la lucha por el poder popular es por - y con - las ideas. Es la esencia del socialismo siglo XXI proclamado por el igualmente compañero y comandante Hugo Chávez. Es una construcción política e ideológica que tiene como base las experiencias de lo que fue el llamado socialismo real de la Europa oriental y la Unión Soviética, las revoluciones nacionalistas del África colonizada, aquellas de Argelia, Egipto, el Congo de Lumumba y la de Bolivia de 1952, que dan continuidad a las nuevas experiencias de lucha de los pueblos en pleno desarrollo libertario como el nuestro de Latinoamérica. En primer lugar las ideas para el rescate de la conciencia colectiva, pero -lo estamos destacando- la historia nos exige que estemos alertas, porque es el enemigo el que transita por el andarivel de la violencia. La puntada final para el triunfo del socialismo siglo XXI rechaza desde ya, nos lo dicen esas experiencias históricas, cualquier manual del maquiavelismo capitalista elaborado para horadar esa conciencia con el cuento de los cambios pacíficos, los que se debieran dirimir en mesas de discusión, sin gestos ni lenguajes altisonantes. Es decir aquello de que hay que cambiar para que no cambie nada.

La Quinta Pata

domingo, 5 de mayo de 2013

El 1º de mayo y los mártires de Chicago

En mayo de 1886, la clase obrera norteamericana es parte de una lucha del proletariado mundial por las 8 horas de trabajo. En una manifestación, tras un hecho confuso, estalla una bomba dando muerte a agentes policiales. Los dirigentes anarquistas son apresados y, a través de un juicio cargado de pruebas falsas, condenados a la horca. Los invitamos a mirar los videos que siguen, con relato de Osvaldo Bayer:



Cortesía de Nora Brucoleri

La Quinta Pata

domingo, 28 de abril de 2013

Las masacres hamidianas: el primer genocidio armenio (1894-1896)

Luciano Andrés Valencia
*

El 24 de abril se conmemoró un nuevo aniversario del comienzo del genocidio armenio de 1915 llevado a cabo por el Imperio Otomano. Como en otros artículos me he ocupado de este tema (1) he querido en esta oportunidad referirme a un hecho histórico menos conocido, pero que constituyen un antecedente del genocidio: las masacres armenias llevadas a cabo durante el gobierno del sultán Abdul Hamid II a fines del siglo XIX.

El Sultán Abdul Hamid II, "carnicero de los armenios", según una caricatura francesa.

La derrota del imperio otomano durante la guerra ruso-turca de 1877-1878, produjo varias consecuencias que lesionaron la convivencia entre las distintas naciones del imperio. Una de ellas fue la llegada masiva a la península de Anatolia de inmigrantes circasianos y tártaros expulsados de Rusia y los Balcanes, que fueron ubicados en las provincias de mayoría armenia como Erzerum, Van, Bitlis, Diarbekir, Mamuret ül Aziz y Sivas. Estos inmigrantes encontraron amparo en leyes retrógradas del imperio como la Haffir o derecho de pillaje contra poblaciones cristianas y la Hamidiyé que establecía que "cualquier musulmán puede probar su sable en el cuello de un cristiano" (2).

A esto se le suma la acusación de que los armenios colaboraban con las tropas rusas que ocupaban las provincias otomanas de Batún, Ardahán y Kars. Como respuesta a esto, paramilitares kurdos, circacianos y tártaros saquearon viviendas armenias masacrando a quienes oponían resistencia, ante la pasividad y complicidad de las autoridades del imperio. Esto llevó a la internacionalización de la cuestión armenia y el tratado de San Stéfano del 3 de marzo de 1878 establecía en su artículo 16º que los rusos dejarían los territorios ocupados a cambio de que la población armenia no fuera maltratada. Pero durante su firma el 13 de julio en Berlín, los otomanos invirtieron el artículo 16º por el 61º que no especificaba cuáles serían las mejoras para los armenios.

Otra de las causas fue la creación de partidos políticos armenios tales como el Armenagans fundado en la Armenia otomana en 1885, el Partido Social Demócrata (Hentchak) fundado en Ginebra en 1887, y la Federación Revolucionaria Armenia (Tashnak) en la Armenia rusa en 1890, que reclamaban mayores cuotas de autogobierno. No obstante es necesario aclarar que a diferencia de los griegos, los armenios no disponían de ningún estado-santuario, por lo que sus reivindicaciones estaban fundadas en nociones de igualdad y libertad cultural dentro del imperio otomano sin exigencias de independencia (3).
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El creciente descontento de la facción gobernante, que temía la descomposición del imperio mientras las demás potencias imperialistas aumentaban su esfera de influencia, fue el caldo de cultivo de un pensamiento nacionalista propiamente turco-otomano que divulgaba un sentimiento de superioridad y un deseo de que todas las naciones del imperio se sometieran al dominio de los gobernantes turcos. A partir de entonces las minorías nacionales comenzaron a ser vistos como colaboracionistas de intereses extranjeros y como germen de la lucha de clases. Los armenios quedaron como víctimas del enfrentamiento entre potencias en una época de expansión de los imperialismos.

En la década de 1890 se produjeron rebeliones y acciones de protesta por parte de la comunidad armenia. Los levantamientos de Erzerum (1890), Marsovan (1892) y Tokat (1893) fueron duramente reprimidos, marcando el inicio de las masacres que se darían en los años posteriores. En otros lugares las revueltas sirvieron para proteger a los pueblos de los castigos colectivos por parte de las autoridades imperiales.

Pero fue a partir de la insurrección de Sasún en 1894 que se da comienzo a las masacres llevadas a cabo durante el gobierno de Abdul Hamid II. Sasún era un cantón que reunía a 100 pueblos y dependía administrativamente de la provincia de Siirt. A comienzos de ese año, tres villas resistieron a la doble cotización de impuestos que debían pagar a los señores feudales o los jefes tribales, y a los funcionarios del estado. Los habitantes de Sasún preferían pagar al poder central ya que sus impuestos les resultaban menos onerosos.

En medio de este clima de protestas, el Hentchak alentó una insurrección armada que reunió a 400 personas bajo el mando de Hampartsoum Boyadjian. Los tashnak por su parte, armaron a los pobladores de la región. A mediados de junio unidades del ejército imperial y tropas irregulares kurdas se congregaron en la villa de Dalvorik. Los primeros combates se desencadenaron en esa zona de montaña y se extendieron a los pueblos con numerosas bajas en las tropas gubernamentales en un primer momento. Pero en los combates siguientes las fuerzas rebeldes fueron cercadas y perseguidas, quedando los pueblos indefensos a las represalias del ejército. El 15 de agosto unos 200 combatientes armenios se rindieron ante la promesa de perdón, pero fueron fusilados en Semal. El 22 de agosto fueron rodeadas y masacradas las últimas fuerzas que aún resistían.

Con estos hechos se puso fin a la rebelión de Sasún, pero no a la represión que el ejército desató en las aldeas y pueblos donde se produjo el levantamiento. Se calcula que 3 mil de los 12 mil armenios que habitaban en Sasún fueron asesinados durante esta represión o debieron huir a las montañas. En una carta de Mr. Hagopian, presidente de la Sociedad Patriótica Armenia de Londres, dirigida al ministro británico Lord Kimberley con fecha 9 de octubre se denuncia que "no se ha tenido compasión alguna con la edad, masacrándose los niños y los ancianos; en un punto, 300 mujeres han sido descuartizadas con los sables- bayonetas; en otra parte 200 mujeres que lloraban pidiendo piedad, fueron entregadas a merced del comandante de las tropas, quién después de ordenar que fueran ultrajadas, las hizo degollar a todas. Cita entre otros casos el de 60 jóvenes niñas que se habían refugiado en una iglesia y que allí mismos fueron violadas, siendo luego fusiladas junto con el sacerdote al lado mismo de la iglesia" (4). En más de treinta aldeas se quemaron viviendas con los habitantes en su interior. Surbezy sostiene que si bien no hubo orden formal para la represión, se actuó bajo la autorización tácita del gobierno otomano (5).

Gran Bretaña exigió la apertura de una comisión investigadora formada por delegados británicos, franceses y rusos. El gobierno del sultán accedió a llevarla a cabo, pero con el objetivo de investigar la "conducta criminal de los bandidos armenios". El castigo a los culpables se saldó con la condecoración del mufti de Mus y el comandante del cuarto cuerpo del ejército que dirigió los asesinatos Zekki Pashá (quién más tarde recibiría la medalla de la orden Liyakat "por lealtad y valentía"). Gran Bretaña y Francia mostraron su disconformidad ante esto, pero no exigieron el cumplimiento del tratado de 1878 lo que muestra que su preocupación por la causa armenia era meramente declarativa.

A fines de ese año un armenio anarquista fue detenido mientras intentaba atentar contra la Sublime Puerta, sede del gobierno otomano. El 3 de enero de 1895 el bajá Jaschin, gobernador de Bitlis, fue muerto por un armenio que luego se suicidó con la misma arma.

El 30 de septiembre de 1895 el Hentchak convocó a una manifestación en Constantinopla para protestar por los resultados del informe oficial y reclamar por los derechos civiles de la población. Como había sucedido con el levantamiento de Sasún, el Hentchak esperaba llamar la atención de los países europeos para forzarlos a intervenir en la causa armenia, lo cual mostró ser una mala estrategia ya que ninguna de las potencias actuó para ponerle fin a las masacres.

De todos modos la movilización significó un acontecimiento histórico ya que congregó entre tres mil y cuatro mil personas no pertenecientes a la población musulmana, que marchó rumbo a la Sublime Puerta. Pero cuando la policía se interpuso para impedirles llegar, se produjeron enfrentamientos en los que cayó muerto un oficial. Esta fue la señal para que se desencadenara una brutal represión, no solo contra los manifestantes, sino contra todos los armenios residentes en la capital o personas "sospechosas de pertenecer a esa raza" como señalan cables diplomáticos extranjeros.

El 1º de octubre se produjeron nuevamente enfrentamientos entre armenios y la policía cerca de la tumba del Sultán Mahmud, en donde murió un comandante de gendarmería turco. El 2 de octubre la policía asesinó a decenas de armenios junto con transeúntes que pasaban por el lugar. En Trebisonda el ejército incentivó a la población local para que cometieran asesinatos y saqueos en los barrios armenios.
También se llevaron a cabo masacres y saqueos contra la población armenia en Erzindjian, Bayburt, Marasch, Sivas y Malatya. En Diarbekir muchos armenios se refugiaron de bandas kurdas en el consulado de Francia. En Zeitun tomaron una fortaleza desde donde resistieron con éxito a la ofensiva hasta que desalojaron luego de llegar a un acuerdo con el gobierno central que aceptó perdonar la vida de los sublevados, rebajar los impuestos y ocupar cargos públicos con población local (con excepción de los jueces y las fuerzas armadas). En la capital las iglesias sirvieron como lugar de refugio.

Todas estas masacres tuvieron la complicidad del gobierno imperial y de los gobernantes locales, que no solo permitieron que se llevaran a cabo, sino que también actuaron a través de sus órganos de represión.

En 1896 se produjeron nuevos levantamientos armenios como respuesta a la represión sufrida a principios de año (continuación de las comenzadas el año anterior) y del asesinato de un misionero italiano de apellido Salvatore luego de ser detenido por el ejército.

A partir de marzo comenzaron a darse los saqueos de poblados y asesinatos de armenios en varias provincias. En Van, centro de la cultura y civilización armenia, los partidos Hentchak, Tashnak y Armenagans organizaron un movimiento de resistencia que hizo frente al ejército otomano y a las tropas irregulares kurdas.

El 14 de agosto un grupo de armenios tomaron el Banco Otomano en Constantinopla, y amenazaron con volarlo si no se producían las reformas prometidas. Este hecho era un llamado de atención no solo hacia el gobierno otomano sino también hacia las potencias extranjeras que dominaban financieramente la institución. Finalmente se entregaron sin detonar la bomba, pero detonaron la furia del sultán que ordenó matanzas de población armenia en las zonas aledañas a la capital. Cables diplomáticos informaban que los cadáveres se amontonaban en las calles, algunos de ellos desnudados y mutilados, o desfigurados por los golpes (6).

Los disturbios que se produjeron en Egin durante varios días culminaron con una masacre de armenios y destrucción de hogares ordenadas por el gobernador de la provincia.

Una de las peores atrocidades se produjo cuando la catedral de Urfa, en la que tres mil armenios se habían refugiado, fue incendiada causando la muerte de sus ocupantes.

En 1897 el sultán declaró que la cuestión armenia estaba cerrada: se clausuraron las sociedades armenias y se restringieron los movimientos políticos dentro de la Armenia otomana.

Se calcula que el número de armenios asesinados durante las masacres de 1894-1896 fue de 300 mil personas. No fue el primer genocidio llevado a cabo por el imperio otomano ya que entre 1820 y 1890 se llevaron a cabo masacres de armenios, griegos y búlgaros que provocaron la muerte de 100 mil personas. Pero se diferenció por la magnitud en que se llevó a cabo en un periodo tan corto de tiempo, y se utilizaron métodos de exterminio que serían aplicados en posterior al genocidio armenio de 1915 a 1923, y en las masacres de griegos y asirios durante la Primera Guerra Mundial.


Agradecimiento:
A la historiadora Nélida Boulgourdjian, por haberme facilitado la bibliografía y la documentación para la realización de este artículo.

Notas:
(1) Valencia, Luciano Andrés; "El genocidio negado. 91 años de la Masacre del Pueblo Armenio", en: Caldenia , suplemento cultural del diario La Arena , Santa Rosa, 16 de abril de 2006; y "El genocidio armenio: del silencio a la lucha por el reconocimiento", en: Semanario Alternativas , N° 216, http://www.semanario-alternativas.info/archivos/2012/5%20mayo/217/archivos/2012/5%20mayo/216/PORTADA/paginas%20portada/Articulos/GENOCIDIO_ARMENIO.html, Montevideo, 4 de mayo de 2012.
(2) Granovsky, Sulim; El genocidio armenio: el exterminio silenciado , e-book disponible en www.exterminioarmenio.com.ar, pp. 12- 13.
(3) Mutafian, Claude; El genocidio de los armenios , Buenos Aires, Akian Gráfico Editora S.A, con el permiso Consejo de Coordinación de las organizaciones armenias de Francia, 2008, p. 4.
(4) Según cita el diario argentino La Prensa , del 18-11-1894, en: Boulgourdjian, Nélida Elena; Otero, Leticia; Gitz, Pedro; Cortese, Claudia y Piñeiro, Alberto; El genocidio armenio en la prensa argentina , tomo I: 1890- 1900, Buenos Aires, Plus Ultra, 1988, p. 39.
(5) Surbezy, François; Les Affaires D`armenie et le interventión des puissances européennes de 1894- 1897 , tesis doctoral de 1911 disponible en www.imprescriptible.fr/documents/surbezy.
(6) Citados en: Boulgourdjian, Nélida Elena; Otero, Leticia; Gitz, Pedro; Cortese, Claudia y Piñeiro, Alberto; El genocidio armenio… , pp. 319- 321.


Fuente:
http://www.semanario-alternativas.info/archivos/2013/4%20abril/262/PORTADA/Articulos/Las_masacres_hamidianas.html
http://www.alejocaivanoabogado.blogspot.com.ar/2013/04/las-masacres-hamidianas-el-primer.html

* valencialuciano@gmail.com

Cortesía de Nora Brucoleri

La Quinta Pata

domingo, 21 de abril de 2013

El gueto de Varsovia, la solución final

Ramón Ábalo

En este 70° aniversario del levantamiento del gueto de Varsovia, cuya recordación aquí en Mendoza se llevó a cabo la noche de viernes en el Centro Cultural Israelita, fue inevitable, por parte de los panelistas comparar y aproximar la realidad vivida durante la dictadura genocida argentina, en cuanto a la metodología de exterminio, con aquel suceso conmovedor. En el panel estuvieron el doctor Daniel Rafecas, abogado y juez que interviene en las causas de Campo de Mayo por delitos de lesa humanidad, y autor del libro "La historia de la solución final", una indagación de las etapas que llevaron al exterminio de los judíos europeos; Marcelo Stern, miembro del instituto de derechos humanos de la UNCuyo; y Mario Roitman, miembro de la comisión directiva de la institución.

Hubo coincidencia en afirmar similitudes con lo que los nazis llamaron "la solución final", es decir el método de exterminio físico a la despersonalización por intermedio del terror de la tortura y la humillación. En los campos de concentración en la Argentina se puso en marcha esa "solución final" del exterminio físico y psicológico. En el caso nazi, el exterminio respondía a la concepción ideológica, la superioridad racial - ellos, los arios - y la inferioridad de la del judío, por lo tanto excluyente del concepto humano, incluso ético, porque el judío era un ser mísero de cuerpo y alma. Por lo tanto, el judío era el enemigo de esa superioridad racial, física, intelectual. Y lo estratégico era el exterminio, la solución final. Para los genocidas argentinos, ese enemigo, vituperable, enemigo del "ser nacional", una entelequia de la identidad nacional en el marco de las virtudes de "dios, patria y hogar", era el subversivo, su familia, sus amigos, su entorno político, sindical y social, por lo que la "solución final" era el exterminio de unos y otros.

Ese plan para el exterminio del pueblo judío era sencillo: primero establecer guetos para vigilarlo y luego enviarlos a los campo de concentración y muerte. Uno de los más importantes fue el de Varsovia, que se conformó en 1940, con una población que llegó a ser de unos 6.000 judíos, niños, jóvenes, mayores y ancianos, hombres y mujeres, hacinados en una mínima superficie, permanentemente hostigados, impedidos de desplazarse fuera de los límites trazados, siempre acosados, maltratados, faltos de alimentos, salud. Asesinados.
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Los sufrimientos y la degradación física a que fueron sometidos como único destino presente y futuro, por el contrario, potenció la fortaleza moral colectiva, y casi con los últimos hálitos, se dieron a la tarea de organización, no tanto para resistir como para reiterar la épica de la rebeldía, esencia de la condición humana y libertaria. Y se convirtieron en partisanos en la Organización Combatientes Judíos (Z.O.B), y en la Organización de Milicias Judías (Z.Z.W.).

Como homenaje a estos héroes compartimos el siguiente poema de Hirsh Glik:

Canción de los partisanos

Nunca digas: Esta senda es la final
Cielo plomizo al cielo azul para ocultar
Nuestra hora tan ansiada llegará
Resonará con nuestro paso: henos acá

Desde las nieves hasta el verde palmeral
Estamos con nuestro dolor, nuestro pesar
Y donde nuestra sangre salpicó
Brotará allí el heroísmo y el valor

El sol que llegue hoy al presente dorará
Con el ayer nuestro verdugo se hundirá
Y si demora el alba en aflorar el sol
Sea consigna para siempre esta canción

Escrito fue con sangre y plomo este cantar
No es un dulce canto de ave en libertad
Tiene un pueblo que entre ruinas y el dolor
Con las armas en las manos lo cantó

Pues nunca digas: esta senda es la final
Cielo plomizo al cielo azul puede ocultar
Nuestra hora tan ansiada llegará
Resonará con nuestro paso: henos acá

La Quinta Pata

domingo, 31 de marzo de 2013

Burnichón

Luis Scafati

Alberto Burnichón desarrolló una importante tarea cultural a través de la edición de libros y plaquetas de autores alejados de la gran urbe porteña, de ese modo permitió en muchos casos el ingreso a la letra de molde de jóvenes que con el tiempo serían figuras centrales de la literatura nacional. Según denunciara tempranamente el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales), el 24 de marzo de 1976 un grupo armado irrumpió en su domicilio, “secuestrando al padre, a su esposa María Saleme y a sus hijos David y Soledad, de 15 y 17 años respectivamente. La señora Burnichón y su hija fueron liberadas pocas horas después, pero, al día siguiente, fue hallado [con siete disparos] el cadáver de Alberto Burnichón, de 58 años, en un aljibe de una finca de las afueras de Mendiolaza, provincia de Córdoba. Del joven David no se ha sabido nada más”.
La siguiente es la evocación que hace su amigo, el artista plástico mendocino Luis Scafati que ha autorizado gentilmente a La Quinta Pata para reproducirla.
Eduardo Paganini

Corrían los años 70, yo exponía mis dibujos en una galería en Mendoza cuando un día apareció una persona que quería conocerme, se llamaba Alberto Burnichón, gastaba algunos años más que yo, usaba una barba candado, el pelo ensortijado y canoso, siempre colgaba de su cuello una cámara fotográfica y llevaba un portafolios negro cargado de libros.

Fue así como lo conocí y en el transcurso de algunos años nos hicimos amigos. Cuando pasaba por Mendoza me visitaba, en aquella época mi estudio y casa estaban en el centro de la ciudad, era un lugar muy visitado, allí crecían mis hijos Matías y Florencia, era el punto de encuentro de muchos estudiantes.

Burnichón, oriundo de Córdoba , recorría el país vendiendo libros, alguna vez me contó que su vocación fue el teatro, tenía algo artístico que lo expresaba en su vida, en sus amigos artistas y en la edición de unas pequeñas carpetas con dibujos y poemas de jóvenes que recién comenzábamos a romper el cascaron: el Crist, el negro Fontanarrosa, Federico Aymá, Peiteado, a todos ellos los editaba en esas singulares carpetas, “burnichetas” las bautizó Crist a quién publicó una muy original impresa en servilletas de papel.
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Mientras tanto el país entraba en un cono de sombras cada día más denso, una siniestra organización de asesinos llamada triple A sembraba el terror, grupos paramilitares que perpetraban atentados a diario. La sangre comenzaba a correr.

Recuerdo que un día lo acompañé a San Rafael en su furgoneta Citroën, a la cual Fontanarrosa llamaba “el bólido de acero y lona”, ese viaje fue inolvidable, nunca imaginé que alguien condujera tan mal y a tan alta velocidad, íbamos a la casa del Ciro Bustos, un pintor que había estado con el Che en Bolivia.

Cuando llegamos la mujer de Bustos nos mostró una carta recién llegada de las tres A donde lo amenazaban de muerte, por lo tanto se había escondido (entró en la clandestinidad, se decía en esos días). Al anochecer y en una calle suburbana donde aguardábamos con Burnichón vimos aparecer una figura alta al mejor estilo milico, era el legendario Ciro Bustos, recuerdo que nos pidió que retiráramos unos cuadros de su estudio y los lleváramos a Mendoza a un lugar seguro.

Burnichón ponía fervor en esas plaquetas que elaboraba con empeño y repartía gratuitamente entre sus conocidos, siempre traía algo impreso de un poeta salteño o de un dibujante tucumano o santafecino que no conocíamos. Fue así que realizó una con mis dibujos a la que llamamos Los infiltrados (esta era otra palabra muy en boga por esos días.)

El 24 de marzo del ’76 un grupo comando del ejército argentino fue a buscarlo en su casa en las sierras de Córdoba. Se lo llevaron, lo mataron y lo dejaron abandonado en un pozo en el campo.
Se llamó Alberto Burnichón, un tipo valioso que los chacales no pudieron extirpar de nuestra memoria.

La Quinta Pata

Huáscar: el último inca

Mary Ruiz de Zárate

Quito, la ciudad equinoccial, antigua metrópoli de los shyris, fue conquistada por el inca Huayna Cápac, pero el pueblo vencido de los caras conquistaría a su vez al gran guerrero a través de una mujer: Paccha, la hija de Huelcopo, el rey que resistió hasta morir la invasión quechua.

Y Paccha, representando el espíritu cálido de su tierra, recibió en su seno la simiente de los hijos del sol y aún cuando aceptó al marido inca, le impuso al hijo Atahualpa, el rencor de los caras humillados, y el amor por la tierra de la eterna primavera, que florece rodeada de volcanes.
Este hijo y el desmesurado amor que le tuvo su padre, llevaron a la ruina al Tahuantinsuyo y propició la conquista por los españoles.

La poligamia de los incas
El matrimonio obligatorio para todos los habitantes del Tahuantinsuyu era monogámico en la clase de los runa-cunas y de carácter endogámico dentro de su comunidad denominada llacta.
En las clases altas se practicaba la poligamia, reglándose el número de mujeres que habría de tener un curaca, un sinche, un apos, un capac. A la primera mujer le daban el nombre de mamamchu en algunas regiones y en otras tacya-huarmi, que quiere decir en lengua quechua “mujer fina”. Luego el resto de las mujeres, las supais se consideraban concubinas.
En la familia real, la mamamchu era elegida entre las mujeres de pura sangre solar, efectuándose la elección a veces en una hermana o en algunas de las ñustas del ayllú de Hurin o Hanan-Cuzco, o sea los descendientes de Manco Cápac y Mama Ocllo. Esta era la coya; ea resto de las esposas de los incas se les llamaba pallas cuando eran de ayllús cuzqueños y, cuando provenían de otras regiones, mamma-cunas.
Acorde con la rígida ley sucesoria, establecida por el primer inca, solo podían ser soberanos incas los hijos de la coya y este sistema era respetado escrupulosamente, convirtiéndose los hermanos del heredero en sus más valiosos y firmes pilares.
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Educación de un inca
El día que nació el hijo unigénito de Huayna Cápac, este dispuso una gran raymi – fiesta – y mandó fundir a los más afamados orfebres una gigantesca cadena de oro macizo, tan ´pesada que cada eslabón debía ser cargado por un hombre. Esta cadena, llevada por los familiares incas, daba la vuelta a la ciudadela real.
Luego, Huayna Cápac se ausentó en pos de sus éxitos de guerra y Huáscar, creció alejado de su ilustre padre, aunque eso no impidió que, acorde con la tradición recibiera la esmerada educación política, cultural y militar que se impartía a los que habían de gobernar un estado tan fuertemente centralizado como “el ombligo del mundo”.
Hábil descifrador del lenguaje de los nudos – quipus – Huáscar, bajo la tutoría de amautas y haracuíus de fama, fue iniciado en la historia y el estudio de las leyes sabias del inkario, en la astronomía y geografía y en las lenguas más importantes de sus inmensos territorios.
Como a todo joven de la casa de los incas, se le hizo trabajar en la agricultura, en los andenes de Calicampata, y aprender un oficio. Él eligió la orfebrería.
Incansable atleta, se le hizo, desde pequeño, realizar enormes caminatas y ejercicios bélicos, no descuidando su tío el apos Cápac-Inca-Atoc, escatimarle dificultades a fin de entrenarlo eficientemente.
Finalmente, y como descendiente de aquel gran amante que fue Pachacutec, e hijo de ese otro conquistador de la guerra y de mujeres, Huayna Cápac, antes de cumplir los treinta años ya la fama de Huáscar, su gallardía y su virilidad, “le habían dado siete veces la vuelta al Tahuantinsuyu”, dice su pariente el Inca Garcilaso.

Testamento del gran inca
Huayna Cápac, en vísperas de la muerte, tomó una decisión que en modo alguno se concilia con la de un estadista y conquistador como él. Violando las leyes del imperio y quebrando la tradición unitaria de los incas, junto a su orden de enviar su cadáver embalsamado a El Cuzco, y dejar su corazón en el santuario al sol en Vavirac, Quito, para que en su día se uniera al de Paccha, separó la esmeralda simbólica del poder de las naciones ecuatorianas, del llautu colorado, insignia de majestad de los incas y dejó a Atahualpa los reinos quiteños y a Huáscar, como no podía despojarlo, los reinos del Tahuantinsuyu, con la demarcación que tenía antes de conquistar las naciones caras.
Con Atahualpa quedaron los mejores y antiguos generales de su padre, que eran fieles al niño que habían visto crecer en sus campamentos, cuando acompañaba al inca a la guerra.

La profecía de Viracocha
Atahualpa, ambicioso de poder, empujado por su vengativa madre y por sus generales, solo anhela ceñirse el llautu inca, envidia a Huáscar, es despótico y cruel. Soberbio, no acude a su hermano a rendirle homenaje el día de su elevación al imperio. Luego le provoca, atacando a los súbditos cañaris del Tahuantinsuyu.
La guerra estalló al invadir Atahualpa ayllús cañaris de Huáscar, y este, siguiendo la costumbre ancestral, designó como supremo general al que entre sus parientes tenía más prestigio militar, que fue su tío, el general Cápac-Inca-Atoc.
Los chasquis recorrieron los dominios del inca, desde las riberas del Maule, en los límites araucanos, hasta los ayllús de los chachapoyas y se convocó a los guerreros con señales de fuego puestas en los picachos andinos.
En Tumipampa, los ejércitos de Huáscar destrozan a los de Atahualpa, e incluso una flecha envenenada de los yungas – indios que untaban con saliva de serpiente la punta de sus armas – hirió al príncipe invasor en una pierna. Todo el imperio respondió a Huáscar.
Pero el astuto general Rumiñahui comenzó a hacer labor de zapa y a socavar las fuerzas del inca, afirmando que Viracocha había hablado a Huayna Cápac y le había predicho el triunfo y el reinado de Atahualpa.
La superstición y la leyenda se conjugaron entonces con la perfidia y la traición en la lucha entre los hijos del sol y entonces tomaron un horrible significado para los indios, que abatidos aflojan sus ímpetus.

Yo te maldigo, perro bastardo de la “quilacu”, tú no tienes sangre del generoso sol en tus venas…
Así murió a flechazos amarrado a un árbol, el general Cápac-Inca-Atoc, tío de los contendientes y hermano de Huayna Cápac, maldiciendo al destructor, al traidor y asesino de su estirpe, dice Garcilaso de la Vega.
Y este quebrantamiento de las normas de la guerra, de respeto al vencido, la generosidad habitual de los incas, horrorizaban aún más al pueblo, pero no a Huáscar, que se enfurece con la cólera terrible de sus antepasados, grandes soldados, cuya sangre llevaba intacta en sus venas, y reorganizando sus fuerzas, sale a defender al Tahuantinsuyu, su régimen comunitario, sus leyes, su floreciente agricultura, su alta civilización que tantos años costara edificar a su pueblo.
Personalmente, al frente de sus soldados, dando ejemplo de valor, Huáscar peleó dos días seguidos denodadamente. Hasta que, rodeado, fue capturado por Chalcuchima que, temeroso de derramar sangre sagrada le respetó la vida.
Entonces, a la llegada a El Cuzco de Quizquiz, general quiteño, con instrucciones expresas de Atahualpa de exterminar a toda la familia descendiente de Manco Cápac, se inicia una orgía de sangre.
Todas las mujeres preñadas del Ayllú imperial fueron degolladas, los hijos-niños de Huáscar, todos sus tíos y parientes asesinados, salvándose solo unos pocos que huyeron a las montañas.
Así vengaban los caras la conquista de Huayna Cápac y este fue el resultado del testamento: la destrucción del Tahuantinsuyu, la aniquilación del inkario y la desaparición del régimen comunitario. Pizarro ya estaba en marcha…

Juventud Rebelde, 07 – 08 – 72

La Quinta Pata

domingo, 24 de marzo de 2013

24 de marzo: 1976 - 2013

Ramón Ábalo

Nuestra mirada desde la perspectiva de 37 años atrás, cuando se dio el golpe genocida, profundiza en la realidad actual. Y porque todo tiene que ver con todo, aquello que nos enseña el materialismo dialéctico, o la leve teoría del vuelo de la mariposa, nos traslada a los tiempos más remotos del que deviene un hilo conductor que nos liga al momento que nos detenemos para analizarlo y sacar conclusiones.
Decimos entonces, que siempre una comunidad fue sometida por una clase dominante y minoritaria. Pero siempre también estuvo la rebeldía del dominado. Aquí nomás, en este entorno, en esta tierra de arena y vientos (Lavalle), el mito de que nuestros ancestros huarpes conformaban un pueblo manso, sumiso ante el invasor español. Lo que ha escondido la historia oficial es la otra, la real, la que reafirma la lucha frontal contra el enemigo. Y por ello la Capitanía de Chile, desde donde partían las columnas colonizadoras con la cruz y la espada, allá por el 1600 y pico estuvo a punto de retroceder en sus designios usurpadores ante la resistencia heroica del pueblo huarpe. Y por ello redobló sus esfuerzos y poder belicista hasta el extremo del exterminio. Nuestro pueblo no fue sometido sino exterminado, como toda la América india. No menos de 40 millones de hermanos originarios fueron exterminados, nunca sometidos. Tal vez fue el más dramático y masivo genocidio de la historia universal.

Y desde entonces la lucha de los pueblos, como el argentino, es consecuente con esa rica herencia libertaria, con hitos como aquel de 1806 y 1807, en que el invasor inglés hocicó su prepotencia pirata en la todavía Buenos Aires colonial. Y de la Revolución de Mayo, Moreno, Belgrano, Castelli, Monteagudo, el Plan de Operaciones Revolucionarias, el éxodo jujeño, la asamblea del año XIII, la abolición de la esclavitud, la destrucción de los instrumentos de torturas, la libertad de vientres, el ejército de Los Andes, el reparto de las tierras. Todo Cuyo como sujeto principal de una nación en armas, todo el pueblo cuyano en misión libertaria. Y ese hilo conductor y revolucionario en versión contemporánea, repitiendo los claro oscuros de toda historia, de los hechos que hacen la historia, porque la realidad es materia en movimiento, perpetuo cambio. Todo lo contrario de lo que pretenden imponer las dictaduras, los usurpadores de la soberanía popular.

No hubo imperio que se eternizara: el romano duró más de 500 años, pero ya no existe. No ha habido dictadura que haya impuesto sus objetivos esclavizantes. Onganía, en 1966 afirmó que la llamada Revolución Argentina venía para cumplir planes y no tiempos. Y una poblada como el Cordobazo lo mandó al olvido. Es que en el universo de claroscuros, la claridad sucede a las tinieblas. Dialécticamente es la unidad de los opuestos. Pero es la claridad la que ilumina.

La Quinta Pata

domingo, 10 de marzo de 2013

Héroes malditos y excomulgados

Agustín Sur

Desde siempre los héroes, los grandes de verdad, incluso algunos santos, fueron demonizados por la santa iglesia católica y el poder corporativo de la economía, las finanzas y la política. Los héroes americanos, los que enfrentaron el colonialismo oscurantista de España, muchos de ellos fueron condenados a la excomunión y el cadalso. Y otros, como San Martín y Belgrano, en el Río de la Plata, para lograr la adhesión de las poblaciones, tuvieron en claro que gran parte de la subjetividad de esas masas estaban ganadas por la religión, la católica en especial.

Visionarios de un mundo mejor, por el cual peleaban en los campos de batallas, también lo hacían en los demás ámbitos donde transcurría la vida cotidiana de los pueblos, entre ellos la iglesia. Cuando, reiteramos, San Martín y Belgrano, y otros revolucionarios americanos encomendaron patronazgos a santos y vírgenes, lo hicieron por táctica (hablamos de la guerra). Las fibras íntimas de las comunidades originarias, cooptadas por deidades ajenas a sus raíces (lo es el catolicismo) debían, forzosamente, emparentarse y así asegurar la adhesión y participación vital con la revolución anticolonialista. Pero el poder católico nunca aceptó socios en los caudales subjetivos de las feligresías. No aceptó, mucho menos el discurso antisistema de los que proclamaban la lucha contra el poder que los tenía – la corona española – como socios y partícipes de suculentos dividendos espirituales y crematísticos. No se aceptan competencias cuando se tiene el monopolio de los réditos. Un ejemplo que detalla objetivamente la reacción cuando el monopolio se siente acosado. El siguiente texto lo hemos transcrito de un capítulo del libro Defensa del Diablo, del escritor mendocino José Luis Menéndez: Decreto de excomunión de Manuel Hidalgo, prócer de la independencia americana (emitido por Manuel Abad y Queipo, Obispo de Michoacán, en 1811)

Por autoridad del Dios Omnipotente, El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo y de los santos cánones, y de las virtudes celestiales, ángeles, arcángeles, tronos, dominaciones, papas, querubines y serafines; de todos los santos inocentes, quienes a la vista del santo cordero se encuentran dignos de cantar la nueva canción, y de los santos mártires y santos confesores, y de las santas vírgenes, y de los santos, juntamente con todos los santos y electos de Dios: Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, ex-cura del pueblo de Dolores.▼ Leer todo
Lo excomulgamos y anatemizamos, y de los umbrales de la iglesia del todo poderoso Dios, lo secuestramos para que pueda ser atormentado eternamente por indecibles sufrimientos, justamente con Dathán y Habirán y todos aquellos que le dicen al señor Dios: ¡Vete de nosotros, porque no queremos ninguno de tus caminos! Y así como el fuego es extinguido por el agua, que se aparte de él la luz por siempre jamás. Que el Hijo, quien sufrió por nosotros, lo maldiga. Que el Espíritu Santo, que nos fue dado a nosotros en el bautismo, lo maldiga. Que la Santa Cruz a la cual Cristo, por nuestra salvación, ascendió victorioso sobe sus enemigos, lo maldiga. Que la santa y eterna madre de Dios, lo maldiga. Que San MIguel, el abogado de los santos, lo maldiga. Que todos los ángeles, los principados y arcángeles, los principados y las potestades y todos los ejércitos celestiales, lo maldigan. Que San Juan el precursor, San Pablo y San Juan Evangelista, y San Andrés y todos los demás apóstoles de Cristo juntos, lo maldigan. Y el resto de sus discípulos y los cuatro evangelistas, quienes por su predicación convirtieron al mundo universal, y la santa obra se encuentran aceptables al Dios omnipotente, lo maldigan. Que el Cristo de la santa Virgen, lo condene. Que todos los santos, desde el principio del mundo y todas las edades que se encuentran ser amados de Dios, lo condenen. Y que el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos, lo condenen. Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, en donde quiera que esté, en la casa o en el campo, en el camino o en la vereda, en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o en la muerte, en el comer o en el beber, en el ayuno o en la sed, en el dormir, en la vigilia y andando, estando de pie o sentado, estando acostado o andando, mingiendo o cantando, y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus manos y en sus dedos. Que sea condenado en su boca, en su pecho y en su corazón y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas y en sus muslos, en sus caderas, en sus rodillas, en sus piernas, pies y en las uñas de sus pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo, desde arriba de su cabeza hasta la planta de su pie; que no haya nada bueno en él. Que el hijo de Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga. Y que el cielo, con todos los poderes que en él se mueven. se levanten contra él. Que lo maldigan y lo condenen. ¡Amén! Así sea. ¡Amén!

Hugo Chávez enfervorizaba su fe revolucionaria, la construcción del socialismo del siglo XXI, con una sincera, profunda y sana fe cristiana, la de Cristo, el que echaba de los templos a los mercaderes de todos los tiempos, a los mercaderes del dolor y el sufrimiento de las mayorías. Nunca se lo vio en los templos de la religiosidad del poder.

La Quinta Pata

domingo, 24 de febrero de 2013

Las leyes del inca (II)

Mary Ruiz de Zárate

Tribunales militares
En el ejército, los jefes a sus respectivos niveles, dependientemente de sus funciones netamente militares, tenían otras tareas parecidas a las de los chunca camayú, pues descubierto un delito, instruían inmediatamente la causa, procesando al presunto culpable. Los juicios se efectuaban con los soldados de pie, en la plaza del campamento. Cada sentencia se llevaba en cuenta por quipus y, además se enviaba referencia de ella por este mismo sistema al chunca camayú civil de la decuria a que pertenecía el infractor.

Resultaban severamente sancionados los que se atrevían a destruir sembrados, aun cuando estos fueran propiedad del enemigo, los que saqueaban pueblos y los que se atrevían a violar mujeres. La insubordinación a los superiores jerárquicos se castigaba con la pena capital, al igual que la deserción frente al enemigo (…)

En general, tanto para el ejército como para la organización civil se mantenían siempre de recorrido unos funcionarios especiales del inca que visitaban los diversos distritos, pesquisando y viéndolo todo. Estos funcionarios, que ejercían unas funciones parecidas a las de los inspectores de hacienda, eran llamados los tucuy ricoc.

Leyes agrarias
Después de conquistado un territorio y de asimilado este al imperio, se enviaban ingenieros a la región para que construyesen acequias de agua. Estos ingenieros, como el famoso Apu-Allpa-Rimachi, inmediatamente planificaban los trazados de nuevas ciudades, encargándose los agrónomos del estudio del suelo y su mejoramiento para su utilización.
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Los maestros de obras sacaban las acequias necesarias, según las tierras aprovechables, resultando por consiguiente que las porciones áridas y secas se convertían en floridos vergeles por la mano del hombre. Otras veces se abrían las acequias para regar dehesas cuando el otoño detenía sus aguas, tratando de asegurar el pasto para su cuantioso ganado – llamas, vicuñas, alpacas y guanacos, estos últimos más difíciles de domesticar.

Sacadas las acequias, las ponían por cuadros para que los campos recibieran bien el riego. En los cerros y laderas de las montañas hacían andenes para allanarlas, echando tres muros de cantería fuerte, uno por delante y dos por los lados. De esta forma iban ganando el cerro, poco a poco, hasta que lo cultivaban por completo.

La ley establecía que, una vez terminadas las obras de mejoramiento del terreno, se repartiesen estas en tres partes: una para el sol – valga decir el estado – otra para el inca y una para el pueblo natural de la zona. La división se efectuaba con el propósito capital de que cuando creciera el pueblo, pudiera disminuirse la parte del inca o la del sol.

Se repartían otros terrenos – de secano – para el cultivo de la papa, la que deshidrataban después de cosecharla por un curioso sistema, para que sirviese en la temporada seca como alimento. La coca, la quinua y el añus, por sus cualidades alimenticias, también eran cultivados en terrenos extras.

Las tierras se otorgaban en usufructo uno o dos años y las que necesitaban rotar cultivos las dejaban descansar para evitar su total empobrecimiento.

Las tierras para el maíz se sembraban todos los años, pues las abonaban con estiércol y en las regiones costeras con pescados frescos: sardinas.

A cada indio le daban un tupu que equivale a una fanega – medida agraria de Castilla que equivale a 65 á y 596 má – para sembrar maíz. También se llamaba tupu a la medida que produjera en vino una fanega. El agua igualmente se medía por tupus.

La semilla para los cultivos siempre la aportaba el estado de los almacenes o depósitos del sol, entregándolos por pocchas, medida de cantidad.

Un tupu bastaba, según la ley, para el sustento de un hombre casado y sin hijos. Luego que los tenía, le daban al agricultor un tupu adicional por cada hijo varón y medio tupu por cada hembra. Cuando el hijo se casaba, el padre le entregaba el tupu recibido a su nacimiento. Si se casaba la hembra, entonces su padre entregaba su medio tupu al estado.

El abono de guano de aves lo recibían los agricultores del estado, que lo recolectaban en las islas cercanas a la costa, donde lo depositaban millones de aves migratorias todos los años. Estaba terminantemente prohibido matar alguna de estas aves, por temor a que se espantasen del lugar.

El agua para el riego se controlaba por funcionarios del inca y la medían cuidadosamente, ya que por experiencia sabían el espacio de tiempo necesario para irrigar una porción de terreno y no podían desperdiciar el valioso líquido.

El riego diario se efectuaba a horas fijas y se castigaba al vago o negligente que descuidara regar su tierra.

Ninguna tierra se poseía en propiedad, pues todas se consideraban como reales dominios del sol, que las entregaba para su usufructo a sus hijos. Cuando un hombre fallecía, las tierras pasaban al estado nuevamente.

La contribución sobre los productos no existía pues se pagaba con trabajo que todos estaban en la obligación de prestar a la comunidad, por ley.


La comunidad labraba la tierra de los impedidos
La labranza y cultivo de la tierra también se encontraban reglamentados por la ley. Primero se roturaban las del sol; luego de cosechados sus productos, estos pasaban a almacenes estatales, donde se destinaban a proveer las necesidades de los ejércitos y al intercambio de productos artesanales. Todo se revertía en beneficio popular, pues se daban, merced a este canje, productos artesanales, lana y algodón a los labradores.

Luego de roturadas las tierras del sol, se trabajaban las de las viudas y huérfanos, las de los impedidos por vejez o incapacidad física y también las de las mujeres de los soldados en guerra.

Responsable de que se cumplimentase esta disposición eran los llactacamayu, que debían permanecer vigilantes de la buena marcha de todo el proceso agrícola.

Determinados días de la semana, el llactacamayu efectuaba un llamamiento a los vecinos subiéndose a un elevado torreón y tocando una trompeta. Una vez reunidos los labradores, se les notificaba qué faena les correspondía y se le señalaban los campos a cultivar. Resultaba de obligatorio cumplimiento que cuando los trabajadores fuesen a hacer sus labores en terrenos de viudas, huérfanos e impedidos llevasen su comida del día pues no debían resultar gravosos.

Terminadas las labores en las tierras de viudas e impedidos, cada uno labraba las suyas, ayudándose los unos a los otros, como se dice: a tornapeón; luego, finalmente cultivaban las tierras del curaca y la del inca.

En tiempos de Huayna Cápac en un pueblo de los Chachapoyas, un llactacamayu antepuso las de su pariente, el curaca, a las de una viuda y lo ahorcaron por quebrantar la ley del inca. La horca se alzó en tierras del curaca.

Los miembros de la familia real del inca no se hallaban exentos de la prestación personal del trabajo en todos los órdenes y en cuanto a la agricultura se era muy riguroso en el exacto cumplimiento de las tareas tanto para los hombres como para las mujeres, pues las ñustas y las pallas (mujeres de la casa real) debían concurrir también.

A este efecto, y dedicados a los incas, existían en el Cuzco unos andenes llamados callcampata, situados en las laderas de un cerro.

El Tahuantinsuyu, primer territorio americano regido por un sistema comunitario de gobierno, no conoció los pobres mendicantes pues los bienes y frutos se repartían equitativamente. Con una estricta legislación que prohibía la vagancia, considerada delito igual que el adulterio, que castigaba los vicios con severidad, pueden considerarse los incas, sin lugar a dudas, como los más grandes legisladores de América y situarse entre los primeros del mundo en establecer leyes de carácter socialista.

Para restaurar las perdidas instituciones incaicas y las sabias leyes, un descendiente de los doce reyes; Túpac Amaru II, alzó las banderas de la rebelíón contra el bárbaro invasor destructor de su ancestral cultura.

Hoy, en el pueblo peruano pervive el saludo que les legara Manco Cápac, el primero de los incas: Ama sua (no seas ladrón), Ama kjella (no seas ocioso), Ama Llulla (no seas mentiroso)

Juventud Rebelde 03 – 06 – 70

La Quinta Pata

domingo, 17 de febrero de 2013

Las leyes del inca (I)

Mary Ruiz de Zárate

Ama Sua (no seas ladrón), ama kjella (no seas ocioso), ama llulla (no seas mentiroso).

Manco Cápac, fundador de la ciudad del Cuzco, fue un extraordinario organizador social que llegó a aglutinar en un solo haz las varias nacionalidades dispersas en el altiplano andino, en las costas de las islas del mar Pacífico, en la inmensa selva y la vasta llanura, que limitan al sur con las riberas del río Maule, y por el norte con el río Angasmayo cubriendo con su dominio los territorios que van desde Pasto hasta Chile.

Sinchi Roca, hijo y sucesor de Manco Cápac, amplía aún más la órbita de su naciente estado. Luego, el inca Viracocha, y más tarde el inca Pachacutec, notables legisladores, dejan sentada la superestructura jurídica de su imperio.

Los incas dividieron sus dominios en cuatro partes que llamaron el Tahuantinsuyu, que quiere decir las cuatro partes del mundo. Como centro situaron a la ciudad del Cuzco que en la lengua particular de los incas – la casta imperial hablaba entre sí una lengua desconocida para el resto del pueblo y considerada sagrada – significa ombligo de la tierra.

Llamaron a la parte del oriente Antisuyu, a la de poniente, Cuntisuyu; a la del norte Chinchasuyu, y la región del mediodía la llamaron Collasuyu.

Registro de estado civil
En todos los pueblos era de obligatorio cumplimiento para los habitantes empadronarse por decurias – ayllú – o sea, de diez en diez, y uno de ellos fungía como responsable de los otros nueve, como Chunca Camayú, que tenía dos obligaciones básicas con los de su decuria ayllu: una era de hacer de procurador para socorrer con su diligencia y actitud en cuantas necesidades se ofreciesen, dando cuenta de ellas al curaca – gobernador – o a cualquier otro ministro a cuyo cargo estuviese el proveerlas, como pedir oportunamente las semillas para la siembra, o solicitar determinados alimentos, o bien la lana o el algodón necesario para los vestidos de su decuria; el otro oficio que desempeñaba el chunca camayú era convertirse en fiscal o acusador, según el caso de cualquier delito que cometiese algún miembro de su decuria.
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El chunca camayú tenía una doble función. Era registrador de los nacimientos que ocurriesen en su ayllu, y de las defunciones, incluyendo a las que sucedían en la guerra. Para verificar este extremo existía siempre un contacto con los jefes del ejército.

Al fin del año se elevaba al inca un censo total de los habitantes del imperio, por edad y sexo inclusive.

Este censo anual posibilitaba a los ministros del inca efectuar los repartimientos del trabajo en obras públicas, que por lo común estaban obligados a hacer por provincias los habitantes del imperio. Ningún ciudadano escapaba, por alta que fuese su condición, a la prestación de servicio en la construcción, además de los deberes militares en determinada época del año. Los incapaces no se hallaban exentos del cumplimiento, pues según su condición, trabajan en los servicios de manutención de guerra en los depósitos, y otros.

Sistema de derecho procesal
Los incas poseían un sistema de derecho procesal penal y civil muy avanzado, cuyo proceso se caracterizaba por ser público, oral e inmediato.

Representaba al ministerio público el chunca camayú a nivel de decuria, el que debía instruir la causa, tan pronto tuviese conocimiento de la comisión de un delito, en un término no menor de cinco días, pasados los cuales se imponía un juicio, al que asistía regularmente toda la comunidad. En este juicio se dictaba sentencia definitiva. Existían tribunales para delitos menores y otros para delitos mayores, los que aplicaban estrictamente la ley sin dar cabida al arbitrio judicial, ni a interpretaciones por el juez. Este sistema evitaba radicalmente la posible venalidad y el soborno de los funcionarios judiciales.

El hecho que ex-officio (“por deber de su cargo”) las funciones del acusador recayesen obligatoriamente en el chunca camayú siempre dejaba la iniciativa por el estado, sin necesidad de instancia de parte, evitando que muchos ofendidos, no queriéndose quejar, para evitar venganzas dejasen de hacerlo, o a veces con el propósito de castigar por propias manos el agravio.

Para obtener la continuidad de los procesos, estos se ejecutaban en una sola sesión. Para evitar la dilatación excesiva, no existían las apelaciones.

La sentencia dictada se ejecutaba inmediatamente, pues las leyes establecían que la demora en el cumplimiento de la sanción invitaba a delinquir nuevamente.

Existía otra clase de jueces para los litigios fronterizos entre provincias, pese a que los límites se marcaban. Estos jueces eran nombrados especialmente por el inca en cada caso específico.

Todos los tribunales que se constituían contaban con el chunca camayú y dos miembros de la comunidad, que por lo regular eran pertenecientes a las decurias de las partes presentes en el litigio. Estos tribunales tenían un carácter eminentemente popular en su estructura.

En caso de incendio o que se destruyesen por fuerza de la naturaleza las viviendas de los miembros de una decuria, correspondía al chunca camayú velar para que los funcionarios del inca responsables de esas ramas de construcción suministrasen vivienda a los perjudicados.

Muy interesante y justiciero resulta que cuando un individuo retiraba su querella contra otro en un juicio, eso tenía efectos en cuanto al ofendido en particular, pero no en cuanto a la acción de la justicia que seguía su curso hasta llegar a la sentencia, por constituir interés principalísimo del estado que ningún delito quedase impune.

Nunca aplicaron penas pecuniarias ni de confiscaciones de bienes (…) pues estimaban que, castigar en la hacienda y dejar vivos a los culpables no era desear limpiar de malos el país.



Atenuantes
Cuando se iba a dictar sentencia, consideraban la minoría de edad para disminuir la pena y en algunos casos la consideraban eximente.

En los casos de ancianidad, la edad constituía atenuante o causa de inculpabilidad. Es preciso resaltar que en el caso del menor, al que castigaban severamente era al padre o responsable civil, por no haber adoctrinado y corregido a su hijo a tiempo.

La sentencia que los jueces ordinarios dictaban en los pleitos, tanto civiles como penales, pasaban a una relación que había que hacer por los chunca camayú, a sus superiores, cada luna – mes – y estos jueces superiores, según la gravedad de los asuntos, las enviaban al inca.

Esta fiscalización se efectuaba para comprobar la recta aplicación de la justicia. La manera de relatar estos juicios era a través de quipus – cuerdas de nudos equivalentes a la escritura, que variaban de color según la materia.

Al juez que hubiese aplicado torcidamente la ley, le imponían la misma pena que alcanzaba el delito en cuestión y, además, le sumaban el delito de negligencia, cuando no el de mala fe. Muchas veces el castigo era la pérdida de la vida, pues no podía tolerarse que el que había sido escogido para hacer justicia hiciese maldad ni que cometiese delito el que estaba para castigarlo.

(continuará)
Juventud Rebelde, 03 – 07 – 70

La Quinta Pata

domingo, 10 de febrero de 2013

Decisiones libertarias de la asamblea del XIII

Ramón Ábalo

La gesta del 25 de mayo de 1810 fue realmente una acción revolucionaria. Las jornadas de la semana de mayo estuvieron signadas por el afán de cambio de Moreno, de los Rodríguez Peña, Belgrano, Castelli y otros. Y no obstante algunas voces que niegan ese hálito de aquella épica, los hechos le dan esa entidad porque inmediatamente de la proclamación del primer grito de libertad fueron las columnas de tropas hacia el interior - "los correos" - para llevar la voz de la revolución.

En simultáneo, la muerte de Moreno en alta mar, de la que se considera responsable a la derecha antirrevolucionaria, tiene todas las aristas de un crimen político con signo regresivo. Debe recordarse, no solamente que fue el autor de la Representación de los hacendados, defendiendo los intereses de las incipientes economías locales ante el monopolio de España, sino que fue también el autor, fundamentalmente, del Plan de operaciones, elaborado a pedido de la Junta, una especie de cartilla cuyo contenido se aproxima a una versión anticipada de la praxis revolucionaria de decenas de años posteriores, aunque ya se tenía en cuenta lo de la revolución francesa. En esa misma línea, en 1811, Castelli parte a Córdoba con una columna de montoneros, y detiene en Cabeza de Vaca a Liniers, el vencedor de los invasores ingleses, ex virrey, y mandó fusilarlo al que podía considerarse el héroe de aquellos combates. Igualmente, con la orden de ejecutar a los opositores que encuentre, parte a Paraguay con una columna Manuel Belgrano.

Y la asamblea del año 13, a pesar de que la mayoría de los revolucionarios del 10 ya no estaban o habían perdido poder. Sin embargo, el evento logró reafirmar la esencialidad de la jornada aquella, con medidas igualmente revolucionarias, propias del espíritu fundante de la que después de 1816 se convertiría en la hoy nación Argentina. Tan sólo el listado de las decisiones de dicha asamblea marcan la impronta revolucionaria inaugurada en 1810: declaración de hacer efectivo el principio de la soberanía popular y, consecuentemente, la declaración de la independencia, libertad de vientres de las esclavas; fin del tráfico de esclavos; supresión del mayorazgo; supresión de los títulos de nobleza; supresión del servicio personal de los indios en encomienda, mita y yanaconazgo; la liberación del pago de tributos por los indios; la abolición de la inquisición; la declaración de la libertad de cultos; la supresión de la práctica de la tortura y la quema de los instrumentos respectivos; el decreto de la libertad de imprenta; la proclama de la teoría de la representación política; el principio de la soberanía del pueblo; la libertad de las provincias rioplatenses; el establecimiento como símbolos patrios del escudo, la escarapela y la moneda propia nacional y la declaración como fiesta cívica nacional el 25 de mayo.
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El que llegó a ser uno de los más influyentes revolucionarios de entonces, Bernardo de Monteagudo, tuvo participación en las decisiones más drásticas que tomó la asamblea para romper con el legado despótico de la colonización española. Estuvo fuertemente vinculado al general San Martín en la gesta libertadora de Chile y Perú, como un decidido revolucionario, considerándoselo como un real jacobino.

Con una débil oposición, más que nada de la comunidad ibérica, Mendoza adhiere a la revolución de mayo casi inmediatamente de ser proclamada la libertad. Desde el mismo 1813, la provincia participa activamente con la organización del ejército de los Andes, y la población, que incluye a todo Cuyo, por decisión política de San Martín, se convierte en plenitud "como nación en armas". No hubo ni un solo mendocino, ni un solo cuyano que no cumpliera con el mandato institucional y patriótico de defender el suelo patrio y ser partícipe de la gesta libertaria de Chile y Perú, gesta que tuvo su anticipación en las decisiones políticas de la asamblea del año 13. El gobierno de San Martín adopta la totalidad de las decisiones, fundamentalmente en lo que hace a la libertad de los indígenas, incluso de los negros, con presencia numerosa en la comunidad cuyana y que además formaron parte del ejército libertador.

Los avatares del mismo San Martín en lo político, que lo obligaron al autoexilio, desataron desde la década del 20, sino antes, las luchas fratricidas de los caudillos federales y unitarios, y las masas montoneras como instrumentos de batallas sangrientas.

Después de la institucionalidad de la nación argentina, la lucha por el poder transcurre en los ámbitos políticos, hasta la llegada al gobierno de quien fuera designado gobernador, el caudillo radical José Néstor Lencinas. Y fue prácticamente el primer decreto de su gobierno la abolición de los instrumentos de tormentos como el cepo, los grillos y la barra y otras acciones de carácter social, como fue la aplicación de las 8 horas de trabajo y el salario mínimo. Históricamente fue el primer lugar en la Argentina y en Latinoamérica, reflejo de una lucha de los trabajadores de todo el mundo que estuvo sembrada de represiones sangrientas.

Con altos y bajos, al igual que en todo el país, desde su fundación en aquella jornada del 25 de mayo de 1810, Mendoza siempre estuvo a tono con las batallas militares y políticas, muchas de ellas victoriosas, para el logro de un pueblo libre y soberano. Aunque se podría acordar, que dichos logros todavía pueden considerarse que lo son a medias.

La Quinta Pata