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domingo, 18 de mayo de 2008

Recordatorio

Compañeros desaparecidos, mes de abril

ANTOLINI, Osvaldo
BENITEZ GÓMEZ, Ofelia
BEROHIZA, Rolando Gastón
BOSICH, Danilo Oscar
BLANCO, Roberto
CASTILLO, Oscar Silverio
DOMÍNGUEZ ASSOF, Walter Hernán
FONSECA, Gloria
FRESNO BUSTO, Elba Inés
GARCIA, Roberto Rodolfo
GARCIA, Rodolfo
GUTIERREZ LILLO, Manuel Alberto
GUTIERREZ GÓMEZ, Ángeles Josefina de Moyano
GUTIERREZ FERNÁNDEZ, María Eva
HERNÁNDEZ ZAZPE, Juan Humberto
HUNT LEO, Billy Lee
HIDALGO PEREYRA, Juan Aristóbulo
JOSÉ, Jorge Alberto
JOSÉ, Mará del Carmen Laudani
LÓPEZ MUNTANER, Luis César
LOPEZ, Hugo Osvaldo
MOYANO, María del Carmen
MONTECINO, Carlos Miguel
MORAL, Ana María
MUÑÓZ VELÁZQUEZ, Luis Gonzalo
PACHECO REBOLLO, Miguel Julio
PATRONI, Aldo Enrique
PÉREZ PEREYRA, Jorge Albino
PONCE SGATTONI, Pedro Ulderico
RIQUELME GANGAS, Jaime Nury
TENENBAUM MARKSTEIN, Gisella Lidia
VARGAS, Victor Manuel
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!!

La Quinta Pata

La voracidad de los intocables

Los insaciables

Eduardo Aliverti

Los signos son muy contradictorios, o eso parece. Se fueron encima “el campo” y los frigoríficos, falta combustible, se reconoce oficialmente la suba de precios de los alimentos y se le contesta con nuevas leyes de control, las declaraciones son cada día más calientes. En el otro rincón, las reservas del Banco Central alcanzaron el record histórico con más de 50 mil millones de dólares, la economía creció en enero en números más grandes que los chinos y el desempleo es el menor de los últimos 15 años. Algo no funciona. O, muy al revés, funciona bien, pero algunos actores sociales interpretan lo contrario; y el Gobierno los aprovecha para, a falta de oposición política, seguir inventando/generando/aprovechando un enemigo, en una batalla que –para el propio Gobierno– se sabe cómo empieza, pero no cómo termina.

Ordenemos. En 2001/2002, cuando se pesificaron las deudas so pena de que no se cobraran más, el Estado se hizo presente para salvarles la ropa a bancos y grupos concentrados mediante una serie de instrumentos financieros. “El Estado” quiere decir que toda la sociedad “financió” a las clases privilegiadas, para que pudieran “recuperarse” de su propio festín durante el sultanato menemista. Lo más probable es que el sistema, en términos globales, ya tuviera descontado lo que en algún momento le saldría la orgía de estas pampas. Pero no viene al caso. Lo concreto es que, por vía de la devaluación más grande de la historia del mundo (o sea, un sinceramiento acorde con el festín), la economía argentina empezó a recuperarse. Fue ayudada por el precio internacional de las materias primas agrarias, con los chinos a la cabeza incorporándose a una revolución alimentaria que nutriera su necesidad de mano de obra. El Estado argentino aprovechó la volada para acumular divisas, permitir el despegue de los grandes conglomerados exportadores en una economía extranjerizada, e inyectar liquidez para favorecer el consumo. Entran divisas, suben las reservas y el crecimiento de los pesos circulantes aumenta la capacidad de consumo.
Leer todo el artículo - CerrarEl problema, igual de claro, es que esa reactivación –producto de factores que no son sólo económicos sino también ¿y fundamentalmente? políticos y culturales– va más rápido que el desquicio dejado por el remate del país durante la rata. La recuperación es más ligera que la infraestructura productiva capaz de sostenerla. Y entonces empiezan a dividirse las aguas entre los unos, que vuelven a decir que los dejen hacer y que hay que “abrir” la economía para atraer inversiones y que la copa derrame desde el exceso de los ricos; y los otros, el Gobierno, que dice que ya que están levantándola en pala, bajo protección del propio Gobierno, se aguanten alguna apropiación de la (su) renta para controlar el conflicto social. Los dos, los unos y los otros, pertenecen o representan a la misma clase. Pero el choque por la tasa de ganancia es inevitable, en tanto los unos sólo quieren ganar más; y los otros tienen que administrar políticamente la apetencia de los unos, manteniendo a la vez una base de consenso popular. La “sojización” acurruca al “campo” en el Paraíso y se quejan de lo que les retiene el Estado, como si eso les perjudicase gravemente la fiesta más espectacular de su historia. No están dispuestos a resignar nada de nada. En 2001/2002 pedían a gritos el salvataje del Estado; y apenas volvieron a las grandes mordidas le piden al Estado que se retire para producir un “círculo virtuoso” en el que todo lo determine el Mercado, que son ellos.

Bajo extorsiones de este tamaño se termina prefiriendo el pistolerismo de Guillermo Moreno antes que las pretensiones de estos tipos. Pero el detalle, el inmenso detalle, es que no parece que el Gobierno esté amparándose en un modelo socialmente inclusivo y expansivo, de largo aliento, capaz de soportar con total seguridad los embates de esto que históricamente se llamó “la oligarquía” y que hoy mutó al “mercado”, por obra de la victoria cultural de la derecha. No hay visos firmes de que el Gobierno avance contra la fenomenal concentración de la economía en muy pocos emporios, entre los cuales brillan en particular las cadenas agroalimentarias a las que, en definitiva, las dichosas retenciones no les producen más que la molestia de trasladarlas a los precios. Quienes sí resultan afectados son los pequeños productores. El Gobierno es ingenioso y es peronista, nada menos. Articula con la burocracia sindical, ejerce liderazgo y muestra gestos y actitudes que cooptan por izquierda. ¿Le alcanzará eso para terminar controlando a estos perros rabiosos que no se sacian nunca? Uno de los órganos periodísticos del establishment, frente a los presuntos superpoderes conferidos por ley (¿otra más?) al Estado para intervenir en las cadenas de comercialización, se permitió decir en portada que esto recuerda al Perón de los ’50. Habría que verlo, a ese apunte, desde una óptica que contemplara la “realidad realmente existente”. Los grandes grupos de la burguesía fueron principales beneficiarios del populismo peronista al que denostaron. El peronismo les cuidó sus intereses, aunque no tanto como ellos querían porque, repitamos, el capital no se satisface nunca y suele no entender de necesidades políticas (sí en los países “centrales”, que descargan sus dientes en los subdesarrollados). Vamos: Perón representaba los intereses del capitalismo, era un conservador, pero aún así terminaron volteándolo por derecha.

Guardando distancias de todo tipo, el kirchnerismo se enfrenta hoy con los mismos contendientes, reales y simbólicos, que enfrentaron los peronistas cada vez que se corrieron hacia izquierda. Entendámonos: hacia la izquierda quiere decir, apenas o nada menos, tener alguna intención distributiva de la riqueza y ejecutarla módicamente. Si los K quieren agudizar o afectar algunas de las contradicciones de los intereses de clase que representan, en aras de su declamado “capitalismo nacional”, deberían ir a fondo contra los adversarios “internos”. Pero la garantía de eso es la confianza popular y la incorporación al proceso productivo de muchos y nuevos actores, y no sólo pegar cuatro gritos a ver quién la tiene más larga.

Hay el riesgo de que se queden sin el pan y sin la torta: ni afirmados como conservadores, ni afirmados hacia la izquierda. Ese fue el dato que tumbó a Perón. Los tiempos cambiaron, naturalmente. Los insaciables, no.

(Transcripto de Página/12)

La Quinta Pata

Los huevos de la serpiente

La muerte de un obrero

Fue prácticamente un asesinato la reciente muerte del obrero ajero Carlos Erazo, quien junto a la mayoría de los trabajadores de la empresa Campo Grande, de Rodeo del Medio, se movilizaron por el aumento de salarios, el reconocimiento por la patronal de sus compañeros delegados, contra el trabajo en negro y, fundamentalmente, contra el trabajo de menores. La movilización molestó a la patronal que comunicó a la justicia lo que estaba pasando. Los oídos de la fiscal Liliana Giner estaban atentos a ese clamor, pero el de la molestia patronal y no el de la exigencia de sus derechos de los obreros. Sin más ni más, mandó a la policía a despejar la molestia, o sea reprimir a los que pedían por sus derechos como laburantes y como seres humanos.

La represión dejó el tendal de heridos, cabezas y huesos rotos, tanto de hombres como de mujeres y niños, los explotados por una patronal insaciable e insensible. Pero la Justicia (la fiscal Giner) cumplió con su deber. Y de los heridos y magullados, estaba Carlos Erazo, que fue a parar al hospital a consecuencia de la golpiza recibida. Fue dado de alta, pero Erazo poco después falleció a consecuencia de que había recibido serias lesiones al interior de su cuerpo. Pero esa misma justicia que mandó a que lo golpearan, ahora estudia si Erazo merece una reparación. Esa misma justicia que tres meses después de fallar a favor de dos despedidos, cuando fueron a entrar a cumplir con sus tareas, fueron impedidos de hacerlo. A sabiendas de que esto ocurriría, el abogado defensor de los trabajadores, Alexis Barraza, pidió al juez que si eso ocurría le facilitara la fuerza pública, o sea la policía para hacer cumplir su propia decisión. La respuesta fue negativa, aduciendo algo así que “para qué echar más leña al fuego”. ¿Justicia? ¿Qué Justicia?

La Quinta Pata

Jaque jaqueado

Tuvo que deshacerse de rico. Los organismos humanitarios ganaron una durísima pulseada.

A 120 días de haber asumido la gobernación, Celso Jaque no tuvo más remedio que echar a Carlos Rico, el comisario retirado, cuestionado con elementos concretos por haber sido un teórico de la “lucha antisubversiva” durante la dictadura, dictando cursos especiales al respecto. Para los organismos de derechos humanos de Mendoza, e incluso para la Casa Rosada por intermedio de la Secretaría de DDHH de la Nación y otros estamentos, qué podría haber dictado Rico –se preguntaban- sino clases sobre picana, “submarino” y otras prácticas similares. Desde el mismo momento de su nombramiento, comenzó el duro cuestionamiento, hasta que alcanzó al ministro Carlos Alberto Aguinaga, y empezó a rozar al mismo Jaque. Era una lógica de fierro.

“Yo soy conservador”
Lo que pareció una modesta definición previa a las elecciones por aquello de
“que soy conservador, como todos los mendocinos”, fue, en los papeles y en la estructura gubernamental, una realidad sin tapujos. Solamente visualizar el Ministerio más sensible como el de Seguridad, en manos de un auténtico representante demócrata, tal Juan Carlos Aguinaga, para advertir que las convicciones ideológicas de Jaque no son simples lazos afectivos. Y esto se tradujo al interior del gobierno y del PJ en denuestos en voz alta contra Jaque. Muchos de los silbidos y abucheos en diferentes actos de la fiesta vendimial, partieron de la propia tropa, especialmente en el acto central.
Leer todo el artículo - CerrarAquellas afirmaciones preelectorales le sirvieron para ganar, molestos los mendocinos con la problemática de la persistencia de un alto grado delictivo, que provoca lógico temor y bronca, especialmente a la clase media, que vuelve a tener incidencia en nuestra sociedad. Pero no le sirvió para gobernar durante ese tramo y ahí están los tropezones que cotidianamente fue teniendo sin poderlos sortear. Por lo pronto, lo de la seguridad casi cero, fue una abstracción en el plano de lo concreto. Los últimos sondeos indicaban que se mantienen los índices como en meses anteriores, pero incluso en estos últimos tiempos, el índice marca una curva hacia arriba. Los docentes primarios le tuvieron que hacer un paro al mismo comienzo de las clases cuando se desdijo de una propuesta que había sido aceptada.

Todavía hay cargos claves en la estructura del Estado que no se cubren, con las consiguientes perturbaciones en la acción gubernamental y que se proyectan a la comunidad. Para colmo, Aguinaga salió con algunas bravuconadas como aquella que impulsaba a habitantes de un barrio del INV, amenazados por usurpadores a perder sus viviendas, a que las defendieran a tiro limpio, sin más ni más; aquello otro de “ocupar” las barriadas más humildes, es decir con un lenguaje militar, y detener a centenares de supuestos delincuentes, que finalmente no lo son. De esta forma puso en su balance, como positivo, rebasar de prisioneros la nueva cárcel de Cacheuta. Por supuesto, que no hubo ninguna “ocupación” de barrios privados, menos del Dalvian. Y claro que hubiera encontrado muchas más armas, y más sofisticadas, que en las Villas, lo que no quiere decir que sean para cometer delitos.

El temor a sufrir la violencia delictual, con toda lógica, la gente se arma. En las Villas es lo mismo. Por qué no? La cuestión es que los muchachos peronistas se quejaban porque aquello de que “para un peronista no hay n a d a me j o r q u e o t r o peronista”, venía medio entreverado con los “gansos” y para Jaque el apotegma sería más o menos así: “para un peronista no hay nada mejor que un Aguinaga”. A salvarse!!!

Los derechos humanos no encajaban
De una oficinita que el cobismo destinó para darse una pátina de comulgar con la problemática de los derechos humanos, el flamante gobernador le dió cierta categoría, como un organismo importante en la estructura gubernamental, dependiente del Ministerio de Gobierno. No trepidó en colocar en esa repartición a quienes son tenidos -que lo son-, como capos en las lides jurídicas por los derechos humanos, a los abogados Pablo Salinas y Diego Lavado, como también en la problemática de la cárcel a Alfredo Guevara, hijo del recordado Gordo Guevara.

Con cierto consentimiento de los organismos para que los abogados accedieran a los cargos, por aquello de que hay que ocupar todos los espacios susceptibles de facilitar la pelea. Es que el perfil conservador del gobernador se acentuaba en cuanto a su obcecación a mantener al Crio. Retirado Carlos Rico en funciones claves, no obstante que todos los elementos que se le aportaban, dicen claramente que estuvo vinculado profundamente a la represión de la dictadura, aún tomando las mismas declaraciones de Rico en cuanto fue “solamente un teórico” de la lucha contra los “delincuentes subversivos”.

Qué casualidad, sus alumnos fueron los encargados de ejecutar los planes más siniestros de los genocidas con las desapariciones, los asesinatos, los fusilamientos, las torturas, la apropiación de bebés y, como remate, el robo de los bienes de las víctimas como botín. De esta forma, la problemática de derechos humanos en un costado del Ejecutivo aparecía como una forma de distracción con el verdadero objetivo de promover con fuerza una política de seguridad en consonancia con los sectores hegemónicos de la economía local, que visualizan como un enemigo cierto a la delincuencia, a la orgánicamente constituida en banda, a cuyo interior se pueden visualizar grupos con similares apetencias.

La Quinta Pata