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sábado, 20 de diciembre de 2008

Yo Cumbio, un libro sobre el mundo adolescente con fotolog

el mundo adolescente con fotolog

Dolores Pruneda Paz

En este trabajo, Agustina Vivero -famosa a partir de la multitudinaria adhesión que generó desde un fotolog- narra en primera persona parte del fenómeno comunicacional que tiene como expresión la reunión de centenares de jóvenes en las escalinatas del Abasto, así como iniciativas de corte laboral y social.

"Yo, cumbio" reúne el ideario que esta joven de 17 años no pudo plasmar en los fotologs que la convirtieron en referente de miles de jóvenes por una cuestión de dinámica, puesto que son páginas diseñadas para subir imágenes.

Cumbio -sobrenombre ganado durante los años que cursó en el colegio de música Palermo Sounder porque lo "único" que escuchaba era cumbia- cuestiona los medios tradicionales de comunicación y vierte sus opiniones sobre sexo, educación, crianza, amistad y la web vista como herramienta social y de aprendizaje en este libro editado por Planeta, que le llevó tres meses de trabajo.

Entre los proyectos que tiene pensados para el año próximo se encuentra la página yocumbio.com "para poder poner lo que se me cante y opinar más, de la misma manera que lo hice en este libro", asegura Agustina, sentada en un bar que queda a pocas cuadras de su casa, en el barrio porteño de San Cristóbal.

"Internet me da como beneficio la interacción con el otro y su opinión, todo el tiempo es un ida y vuelta, no como la tele que es sentarse a mirar y nada más", explica.

"La diferencia con lo que llaman la vida real es que yo estoy sentada acá hablando con vos y llego sólo a vos, en cambio estoy sentada frente a la compu y estoy hablando con un chico de Chile, otro de Uruguay, otro de Israel y otro de Tucumán", sintetiza esta joven nacida en Corrientes capital el 6 de mayo de 1991.

Si bien asegura que lo "inabarcable" de internet permite "mucho contenido basura", de esto mismo señala como positivo "que cada uno puede poner lo que se le canta, la regalada gana, y dar la opinión que sea sin tener cuidado de la censura de los otros. Algo que pasa en muchos medios".
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"Lo malo es que a veces se lastima un poco a las personas con lo que se le dice y no todos usan la red de la mejor manera", sostiene esta adolescente que debió dejar de asistir al último año de secundaria a pedido de la dirección, que hallaba dificultades para tratar la reacción de los compañeros ante una alumna mediáticamente tan expuesta.

"Yo tengo mucha gente que visita mi blog y estoy tratando de hacer algo bueno con esa convocatoria: una campaña contra el Sida, ayudo con un comedor y ahora quiero armar un hogar para recibir a adolescentes que los echan de sus casas cuando dan a conocer su condición sexual", cuenta Agustina.

"Ahora hay unos 20 chicos viviendo en casa que los echaron de las suyas porque blanquearon que eran gay y hablé con mucha gente grande que me dice lo mismo siempre ’por qué no exististe años atrás!’", agrega al respecto.

En la casa de San Cristóbal, donde Cumbio vive con su padres Fanny y Rubén, es habitual tanto movimiento de adolescentes, ya que "prefieren que nos quedemos acá a que andemos por cualquier lado" y a veces "no puedo creer que (los amigos) pasen 15 días viviendo conmigo y no mantengan contacto con sus papás", explica en el libro.

"Otra gente también tiene páginas muy visitadas en internet y usa ese espacio para insultar a otros sitios y podrían hacer cosas más productivas", asegura esta flogger que abrió su primer fotolog a los 13 años intercambiando imágenes con una sola amiga y hoy recibe cerca de 200 mil "amigos" contando a los usuarios que la suman como favorita en su fotologs.

El origen de todo esto "es tan simple como querer tener amigos, relacionarte y divertirte con ellos, yo conocí a muchos chicos que antes me cruzaba todo el tiempo por el barrio y ni me daba cuenta", explica al iniciar el libro en el que presenta a su familia y dedica un capítulo especial a contar su historia de amor con Marulina.

Se trata de dos puntos en los que siempre se negó a profundizar durante las numerosas entrevistas concedidas en programas de televisión y distintos medios gráficos que la convocaban para hablar "del fenómeno flogger" que, aclara, "lo constituyen todos aquellos que tienen un fotolog", más allá de que se identifiquen o no con alguna de las denominadas tribus urbanas.

Esta adolescente que ahora va a las matineés de boliches de todo el país pero a trabajar (desfilar ropa de algunas marcas que la registraron a partir de la convocatoria generada en la red), destacó la importancia de la gratuidad de internet ya que funciona "como puerta de acceso a posibilidades" no existentes desde estructuras tradicionales.

Télam, 20 – 12 – 08

La Quinta Pata

sábado, 13 de diciembre de 2008

La realidad irrumpe en la nueva novela de Sara Rosenberg

Contraluz, Sara Rosenberg

Jorge Boccanera

La nueva obra de la escritora tucumana, "Contraluz", que acaba de ser publicada en España, oscila entre el policial y la intriga política. La trama se superpone a la realidad acerca de los juicios realizados en ese país a represores argentinos.

Rosenberg, narradora y pintora, que vivió en Canadá y México hasta 1982, cuando pasó a residir en Madrid, es autora además de las novelas "Un hilo rojo", "Cuaderno de invierno" y "La edad del barro", todas ellas con buena repercusión de la crítica.

Su nueva novela gira alrededor de la desaparición de un ex desterrado de la última dictadura argentina que vive en España, y las fuerzas oscuras que aún hoy se mueven entre bambalinas para obstaculizar investigaciones sobre ese cruento período.

"La historia – señala Rosenberg – sucede durante el juicio a un represor argentino en Madrid; pero más que el espectáculo jurídico, me interesa el poder que mueve eso que se llama justicia internacional".

El personaje central, Griselda – la mujer de la víctima, actriz y fervorosa lectora – conduce las riendas de la historia mediante un monólogo paralelo a la acción. Esa voz ficcional, de gran altura, sitúa la historia por sobre lo lineal y el mero testimonio.

"La acción se desarrolla en este mundo, y la corrupción es inherente al sistema político en el que vivimos. Pero no es policial en el sentido clásico, no hay enigma, y el lector siempre sabe más que los personajes. El monólogo que Griselda ensaya y escribe, habla de ella misma y también del amor o de la imposibilidad del amor".

Todo autor se identifica con sus personajes. ¿Se da entre Rosenberg y esta Griselda al borde de caer en las garras de quienes la acechan, y de cuya fragilidad emerge su fuerza y su lucidez? "Cuando escribo estoy en todos los personajes, los quiero, los odio, discuto, duermo y me despierto con ellos, pero ellos son los dueños de su historia. Por suerte, el libro les da otra casa. Es una larga mudanza".
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Un dicho popular otorga la verdad sólo a borrachos y locos; pero el pensamiento de esa Griselda es relativizado por quienes la ubican como paranoica entre el alcohol y delirio.

Rosenberg retruca con otro dicho: "’Todo por ganar (o hacer) y nada por perder, salvo las cadenas’, es la condición de Griselda a pesar de su delirio. No es una heroína, es débil, errática, sólo la ayuda haber perdido el miedo, que es un tema central, paralizante, de nuestro tiempo".

Es la misma Griselda quien habla de una luz intensa de vigilancia (¿de interrogatorio?) – mientras el título de "Contraluz" remite a observar desde otro ángulo y sobre todo a "ver", a horadar con la mirada.

"Aprender a ver es querer ver – expresa la autora. Sin elección no hay mirada. Dudar de la luz de las vidrieras, de las pantallas de televisión y de la luz de vigilancia que sólo alumbra y protege a los grandes bancos. Hollywood es sólo un tornillo de la gran máquina de luz falsa".

El "supuesto" suicidio de Jerónimo y el discurso nihilista de Checo (el traidor), traen al diálogo una mirada sobre la muerte bastante extendida, que ve a la militancia de los años 70 como una secta que, como tal, va voluntariamente al sacrificio.

Rosenberg descarta esa versión de plano; es rotunda al decir que no creer en sacrificios ni en sectas: "Jerónimo no quiere morir, lo matan porque va a testificar. La postura ’holocáustica’ también se usó en Alemania para justificar los crímenes. Es como si los palestinos de Gaza arrojaran piedras a los tanques que arrasan sus casas porque tienen ’una tendencia tanática’".

Y agrega: "Es un enfoque criminal que oculta y justifica la infamia de todas las guerras imperiales, que se cebaron siempre en la población civil. Criminalizar la resistencia es ser cómplice del genocidio".

Otro de los personajes (Checo) encarna al soplón; un traidor que da línea ("hubo mucha basura en nuestra generación") y justifica su vileza con el argumento de que nada vale la pena.

Para Rosenberg: "El Checo es una víctima de la adaptación a lo que hay, o él supone que hay: dinero, poderoso caballero".

Y recurre a una cita (aunque no recuerda su autor): "Nihilismo es no creer en nada y tener el deseo de convertirse en nada: el olvido es la pasión que impera", para explicar al Checo: "Un escéptico que compró todos los tópicos que le ayudan a sobrevivir.

Y es el cazador cazado, no puede ser de otra manera".

Sobre esta figura – por momentos el perseguidor perseguido – concluye: "No lo juzgo. Es un personaje muy común, ve el árbol pero no puede ver el bosque y apuesta sólo por "es lo que hay", como dicen aquí cuando una empieza a hablar de cualquier posibilidad de cambio".

Si "Contraluz" es una historia de vilezas, corrupción, traición y crimen, lo es también de esperanza en esa Griselda que no acepta el papel de víctima y resiste desde su verdad: aquello que visto a contraluz devela el sentido profundo de la vida.

Dicha posición está en el imaginario de Sara Rosenberg -ex presa política y exiliada durante la dictadura militar- quien durante una entrevista anterior afirmaba: "Seguimos teniendo el registro de la utopía" en el intento de: "convertir el dolor en acción, en literatura, en vida".

Télam, 13 – 12 – 08

La Quinta Pata

De la teología a la política

El Reino y la Gloria, Giorgio Agamben

Cecilia Macón

En El Reino y la Gloria, uno de los volúmenes de Homo Sacer, la imponente trilogía en que busca establecer una genealogía del poder en Occidente, el filósofo italiano Giorgio Agamben aborda la relación entre la gestión de gobierno y su liturgia.

¿Qué tienen en común la sociedad del espectáculo, los debates en torno a la Santa Trinidad y el consenso democrático? ¿Cuáles son los cimientos de la lógica del poder en Occidente que acercan una respuesta común para el modo en que se constituyen -y se reproducen- estos tres conceptos? La respuesta que da el filósofo italiano Giorgio Agamben en las últimas páginas de El Reino y la Gloria definen sólo uno de los ejes de interés de un trabajo que, seguramente, generará fuertes debates en el ámbito de la filosofía política. Esos párrafos finales constituyen una coda del libro, que hace brillar el análisis minucioso que lo antecede. También, los que lo vuelven más controvertido.

Discípulo de Martin Heiggeder, editor de Walter Benjamin, lector de Carl Schmitt e interlocutor de Jacques Derrida, Agamben ya había mostrado su vocación por adentrarse en la tradición teológica para rendir cuenta del despliegue de lo político. Mientras que en El tiempo que resta el análisis estaba centrado en San Pablo, en Lo abierto el lugar central lo ocupaba Santo Tomás de Aquino. Aquí, su erudición teológica se transforma en fuente privilegiada para establecer el origen de la gubernamentalidad occidental. Se trata de reconstruir genealógicamente el modo en que el poder aúna, como dos caras distintas pero inseparables, la oikonomia -lo político entendido en términos de gestión ordenada sobre el modelo familiar- y la gloria, ese espacio donde la liturgia muestra toda su potencia real para reproducir poder.

El Reino y la Gloria. Homo Sacer II, 2 forma parte de una trilogía en la que el pensador intenta hurgar en el funcionamiento de las sociedades modernas tomando como punto de partida ciertos desarrollos de la obra de Foucault. Continuación del Homo Sacer II, 1 desplegado en Estado de excepción (2003) y de Homo Sacer I. El poder soberano y la vida desnuda (1995), antecede conceptualmente al ya publicado Homo Sacer III presentado con el título Lo que queda de Auschwitz (1998). Así como cada una de las entregas de la trilogía se ocupa de establecer una genealogía del poder en Occidente, este volumen despliega un eje centrado en el análisis de la relación entre el poder "como gobierno y como gestión eficaz" y como "majestuosidad ceremonial y litúrgica".
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De acuerdo con Agamben, es a partir de la teología cristiana que se establecen dos paradigmas antagónicos pero conectados: "La teología política, que funda en el único Dios la trascendencia del poder soberano, y la teología económica, que sustituye a ésta por la idea de una oikonomia , concebida como un orden inmanente -doméstico y no político en sentido estricto- tanto en la vida divina como en la humana". Para llevar a cabo su reconstrucción, Agamben parte de una polémica entre Carl Schmitt y Erik Peterson y recorre debates donde se involucran Tertuliano, Orígenes, San Agustín, Alejandro de Afrodisia, Guillermo de Ockham, y San Pablo, entre muchos otros.

La teología cristiana, intenta demostrar Agamben, es económico-gestional más que político-estatal. Pero esta suerte de fractura entre ser y acción busca simultáneamente ser recompuesta. Se trata de una distinción necesaria para poder gobernar, pero, a la vez, el gobierno sólo es posible si ambas instancias están correlacionadas en una máquina bipolar.

¿Por qué el poder necesita de la gloria?, se pregunta Agamben. Sucede que -responde el filósofo- la relación entre oikonomia , que no es otra cosa que el gobierno de los hombres, y gloria conforma la estructura fundamental de la máquina de gobierno de Occidente. La gloria no es más que el centro secreto del poder.

Los debates en torno a la Providencia y la Trinidad -donde se discute la relación entre Dios y el mundo, es decir, la gubernamentalidad misma- son un foco privilegiado para la mirada de Agamben, destinada a reconstruir la matriz conceptual sobre la que se erige la distinción en juego. De hecho, el filósofo evoca los primeros intentos de formular la teoría de la Trinidad en términos de una economía divina y muestra cómo el aparato de oikonomia trinitaria puede ser un lugar privilegiado para observar el funcionamiento y la articulación de la máquina de gobierno.

La presentación de Agamben tiene un objetivo crítico sobre el modo en que el presente encarna esta doble cara del poder. Es aquel orden doméstico -frecuentemente soslayado- el que establece el triunfo de la economía en todos los aspectos de la vida social. Una de las metas es dar con el modo en que la potencia de la democracia contemporánea resulta debilitada. De acuerdo con la argumentación centrada en las últimas páginas, los medios masivos devienen capitales en las democracias occidentales no sólo por el control que ejercen sobre la opinión pública, sino centralmente porque "administran y otorgan gloria". La democracia moderna indirecta ha despojado al pueblo de la liturgia de la aclamación al impulsar un desplazamiento de la esfera de la gloria hacia la opinión pública. La gloria está ahora enteramente diseminada en medios que, con el poder irrefrenable de su liturgia, absorben una de las caras del poder. Y es allí donde el contraste con la complejidad del análisis anterior obliga a abrir la discusión a través de algunos interrogantes: ¿realmente el desplazamiento de la gloria representa una pérdida para lo político?, ¿la sociedad del espectáculo, enfrenta, se superpone o reemplaza a la política?, ¿es aún posible pensar en una fuente privilegiada para la legitimidad? Presentadas casi al azar, éstas son sólo algunas de las muchas preguntas que el libro de Agamben es capaz de disparar en cada uno de los minutos que insume su lectura.

La Nación, 13 – 12 – 08

La Quinta Pata

sábado, 22 de noviembre de 2008

Diez años turbulentos de la política mendocina

Política mendocina

Este libro aborda en profundidad los complejos procesos ocurridos en Mendoza durante los '60 y '70.

Este trabajo de reciente publicación, realizado en el marco de un proyecto de investigación subsidiado por la Secretaría de Ciencia, Técnica y Posgrado de la UNC, titulado "La radicalización de la juventud en Mendoza: su origen y evolución", abarca un período poco abordado por la historiografía local.

Partiendo de la Revolución Argentina (1966), el libro dirigido por la doctora Yamile Álvarez, caracteriza a la conflictividad social de este período como producto de una serie de factores tales como las transformaciones ocurridas en la estructura socioeconómica, el cierre de todos los canales de participación política, la censura, la represión violenta, la política económica de postergación de los sectores medios y populares, y la crisis del sistema político y su dirigencia.

La conflictividad social, señala Álvarez, que generó nuevas formas de politización y de lucha, y que tuvo como punto de inflexión el Cordobazo (1969), abrió paso a la salida electoral de marzo de 1973, que llevó nuevamente, tras 18 años de proscripción, al peronismo al poder.

Sin embargo, el retorno a la democracia y el triunfo del peronismo, lejos de asegurar la tan ansiada estabilidad política, dejaron al descubierto un cúmulo de tensiones y contradicciones, que marcarían a fuego los tres años de gobierno peronista.

La Mendoza de los '60 y '70 no fue ajena a este proceso, sin embargo, las investigaciones sobre la inestabilidad política, social y económica del período 1966-1976 en nuestra provincia, son incipientes y es escasa la recopilación de fuentes documentales y orales.

La doctora Yamile Álvarez, a través de sus artículos "Gobiernos nacionales y provinciales en el marco de la alternancia cívico-militar (1966-1976)", "La juventud mendocina y los inicios de la radicalización (1966-1973)" y "Crisis política en Mendoza: el enfrentamiento del gobernador Martínez Baca con la burocracia sindical (1973-1974)", realiza una caracterización de los principales procesos políticos nacionales y provinciales, analiza la radicalización de la juventud en Mendoza, prestando especial atención a la Juventud Peronista y al surgimiento del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en nuestra provincia y por último desarrolla el proceso de ascenso y caída del gobernador Alberto Martínez Baca.

Marcelo Moyano y Marcelo Rivarola, en el artículo "Malargüinazo. Protesta social en un contexto de dictadura militar", investigan el Malargüinazo o Malarguazo ocurrido en julio de 1972. Marcelo Stern en su trabajo "Historias de la J.P. Entrevista a Carlos y Waldo, militantes de la J.P.", recrea la experiencia de la militancia de base peronista en Villa Marini y el Campo Papa durante los '70, a través del testimonio de dos militantes.

Por último, Laura Rodríguez Agüero, en su artículo "El movimiento obrero frente al desmoronamiento del Pacto Social. Mendoza 1974-1976", analiza las luchas protagonizadas por el movimiento obrero mendocino en dicho período, prestando particular atención a las huelgas generales de junio y julio de 1975.

Este libro, al abordar en profundidad los complejos procesos sociales, políticos y económicos ocurridos en Mendoza durante los '60 y '70, no sólo constituye un valioso aporte a la historiografía tanto provincial como nacional, sino que además brinda nuevos elementos para una mejor comprensión de un pasado cercano que, sin lugar a dudas, ha sido -y es- objeto de fuertes disputas.

Los Andes, 22 – 11 – 08

La Quinta Pata

martes, 11 de noviembre de 2008

La pasión de un revolucionario que se inmoló por la liberación

Aleida March y el Che

Los héroes, más allá de su eventual aureola mítica, son seres humanos entrañables que sienten y sufren como nosotros, cuyo inexorable destino es luchar por la causa superior de los pueblos, la libertad, la justicia social y la dignidad y perdurar en el tiempo y el espacio.

En "Evocación: mi vida al lado del Che", la cubana Aleida March, viuda del guerrillero argentino, construye una conmovedora novela histórica que recupera al Ernesto Guevara más humano y entrañable.

En los últimos cuarenta años, la figura del emblemático combatiente se ha transformado en una suerte de leyenda, que iluminó el horizonte de los movimientos revolucionarios y organizaciones que lucharon y aún luchan por radicales transformaciones sociales, políticas y económicas.

No es extraño que la imagen de su rostro esté impresa en carteles y banderas que encabezan manifestaciones populares, en prendas de ropa, artículos de consumo masivo y hasta sea visualizada en las tribunas de los escenarios deportivos.

La mera lógica de la historia impone la simbólica presencia del Che, toda vez que una causa digna hace carne en un colectivo que lucha por una sociedad más justa y solidaria.

Esta perdurable tendencia, que no siempre tiene un sustento de adhesión ideológica, responde casi siempre a la admiración y al intrínseco respeto por el inconmensurable legado ético de este paradigmático personaje de la historia contemporánea.

La literatura testimonial se ha ocupado abundantemente de la vida, epopeya y martirologio del guerrillero argentino, abordando su efímero pero glorioso periplo combativo.

Sin embargo, raramente se asumen miradas que trasciendan a la aureola mítica que rodea su figura, para ingresar en los territorios más entrañables de su existencia.
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Aleida March y el CheEn "Evocación: mi vida al lado del Che", la viuda del héroe, Aleida March, apunta claramente a la recuperación del hombre detrás de la leyenda.

Como no podía ser de otro modo, la autora reconstruye al ser amado y admirado, a quien recuerda casi como si aún estuviera entre nosotros.

Esta es una historia compartida de amor y estoicismo, de pasiones, ideales, inexorables pérdidas y sacrificios, que transcurre desde antes del triunfo de la revolución cubana hasta luego del asesinato del Che, durante su frustrada campaña militar en Bolivia.

Sin embargo, es también un relato autobiográfico que evoca la infancia y la adolescencia de una maestra, quien nació en el seno de un humilde hogar de campesinos y creció en la pobreza de una sociedad sojuzgada y humillada por una oligarquía inmoral y prepotente.

Aleida March inicia su relato en un tiempo que aún no conocía a Ernesto Guevara y era apenas una adolescente que soñaba con un futuro mejor, que trascendiera a las penurias de la casa paterna.

La autora describe todo su periplo de aprendizaje de la vida y su carrera magisterial, aunque admite que su proceso de interpretación y comprensión de la realidad fue tan prolongado como complejo.

La narración abunda en detalles en torno a la desgarradora escenografía histórica de su Cuba natal, la miseria, las privaciones, el atraso y la postración ante el poder hegemónico del capital trasnacional y sus lacayos vernáculos.

Aleida March y el CheEl relato condensa la maduración de esta joven maestra, que, contra la voluntad de su familia, emprendió el camino de la emancipación personal.

Sí, la vinculación a los movimientos de resistencia a la dictadura de Fulgencio Batista marcó un punto de inflexión en su existencia, que, desde entonces, se transformó en una auténtica aventura.

Mixturando la historia contemporánea con su propia experiencia individual, Aleida March describe su incorporación a la guerrilla y el momento que cambió para siempre su vida: el primer encuentro con el Che, que lideraba una de las columnas combatientes que participaba en la insurrección contra la tiranía.

Demostrando poseer una prodigiosa memoria y sin omitir ningún detalle relevante, la autora se interna en el tumultuoso paisaje de la guerra de liberación, encabezada por Fidel Castro, Ernesto Guevara y otros heroicos soldados de la revolución.

El relato, que está resuelto con una construcción narrativa ágil y elocuente, abunda en escenas de enfrentamientos armados, tomas de pueblos y ciudades y admirables actos de heroísmo.

La historia corrobora que las grandes transformaciones siempre requieren una actitud de generosidad, sacrificio y renunciamiento, sin reparar en los costos por más altos que estos sean.

Mientras marca el itinerario del alzamiento armado rumbo al ansiado triunfo y la toma del poder, Aleida March reflexiona en torno a la inconmensurable figura del Che, de quien se enamoró en forma casi inadvertida. Para ella, el guerrillero era un líder emblemático, a quien admiraba particularmente por su valentía y su sentido de la ética.

Sin embargo, detrás de esa apariencia exterior de hombre duro, disciplinado, riguroso, inconmovible y hasta intransigente, March descubrió a un ser sensible, humano y entrañablemente cariñoso.

La autora construye una historia de amor y de pasión, una pasión que trasciende a lo meramente afectivo y se erige en una inclaudicable postura ética y en un motor del proceso transformador.

Aleida March, que se casó con el Che poco después del triunfo de la insurrección armada, confirma que la gran epopeya revolucionaria recién comenzó cuando se tomó el control del territorio y del gobierno.

Transformada en secretaria del líder guerrillero y luego Ministro de Industria, la autora compartió la intensa actividad de su marido, que casi no le dejaba tiempo para la vida privada.

Aleida March evoca a una Cuba en plena ebullición, que por entonces se abocaba a la recuperación de su soberanía nacional, mediante la nacionalización de la banca, la estatización de los medios de producción y la reforma agraria, entre otras medidas.

Sin embargo, uno de los mayores e impostergables desafíos era educar a un pueblo mayoritariamente sumido en la ignorancia, mediante un ambicioso programa de alfabetización que le permitiera tomar el timón de su destino.

Mixturando la historia con la vida familiar y el romance con el guerrillero, Aleida March recuerda episodios cruciales del amanecer de la Cuba revolucionaria, como la invasión mercenaria perpetrada por el imperialismo y abortada por el pueblo y la crisis de los misiles, que enfrentó a Estados Unidos y la Unión Soviética y puso en vilo a todo el planeta.

El libro, que reproduce abundantes fotos, reveladoras cartas y hasta poemas del Che, reconstruye el itinerario del combatiente y su esposa, quien, con la responsabilidad de criar y educar a cuatro hijos, debió resignarse a compartir a su amado con la revolución.

Esta es una historia de pasión y de heroísmo, pero también de ausencias y tristeza, como la experimentada por la autora cuando Ernesto Guevara se marchó al Congo al frente de una expedición revolucionaria, que terminó en un amargo fracaso.

Obviamente, el peor momento de dolor fue la muerte del combatiente, en el transcurso de su traumática y fracasada campaña militar en Bolivia.

"Evocación" es un libro conmovedor, que está narrado naturalmente desde el amor y la incondicional admiración que profesa la autora por la monumental figura de un ser humano realmente singular.

Esta valiosa obra, que está construida en clave testimonial, recupera el costado más entrañable de Ernesto Che Guevara, que, más allá de su coraje, su idealismo y su ética, fue un hombre que amó intensamente a su familia.

La República, 09 – 11 – 08

La Quinta Pata

sábado, 8 de noviembre de 2008

Experiencias chamánicas, en el libro “Amphu”

Amphu. Historia de una salvación.

Héctor Balcarce recrea, desde la ficción, una experiencia límite que transformó su vida a partir de haber sido desahuciado por la medicina tradicional y experimentar en la selva del noroeste de Brasil la milenaria sanación de los chamanes, dueños de una ciencia enigmática y ancestral.

Héctor Balcarce en su libro "Amphu" recrea, desde la ficción, una experiencia límite que transformó su vida a partir de haber sido desahuciado por la medicina tradicional y experimentar en la selva del noroeste de Brasil la milenaria sanación de los chamanes, dueños de una ciencia enigmática y ancestral.

De origen sanjuanino, Balcarce se dedica hace treinta y cinco años al estudio y práctica de las Ciencias Chamánicas y Aborígenes y da charlas en distintos países de América Latina como México, Chile, Ecuador y Colombia.

El libro, recién publicado por Planeta, recrea desde la ficción lo esencial de ese proceso a través de un personaje, Gabriel quien sufre un accidente en la calle que lo lleva hasta el borde de la muerte, de la que será rescatado para cumplir una misión en la Tierra relacionada con profecías mayas.

Antes deberá sortear varias pruebas en la selva que lo llevarán a convertirse en un verdadero chamán con la ayuda de un ser excepcional que lo guía en ese nuevo camino. Su nombre es Amphu, un anciano, viejo y vital que posee una sabiduría nada convencional.

"Cuando era chico sufrí un accidente y estuve en coma durante 18 meses y mi familia buscó algún tipo de alternativa. Fuimos a Manaos, al noroeste del Brasil, en el estado del Amazonas, donde me llevaron a ver a un hombrecito (Amphu) que venía cada tanto del interior de la selva, a más de 1.100 kilómetros de allí", recuerda el autor dejando entrever el cruce de la ficción con la realidad.
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Balcarce relata el comienzo de su curación chamánica: "de un casi cuadrapléjico disociado me devuelve a la vida como un muchacho sano, con mis facultades recuperadas. Y yo decido quedarme un tiempo en esa selva para interiorizarme acerca de lo que me pasó allí".

"En el coma yo sí recuerdo las apariciones de ese hombrecito anciano que me sacó adelante", evoca el autor de las prácticas chamánicas experimentadas por él en ese remoto lugar y que le permitieron una recuperación asombrosa.

Para Balcarce, "internarse en la selva en aquel momento tuvo una serie de connotaciones simbólicas, fue una apertura, morir a una vida y nacer en otra, con un estado de conciencia que se aceleró con el accidente en sí. Con ese bombardeo neuronal que sucede cuando uno está casi muerto".

"Amphu estuvo siempre imbuido de esa sabiduría, las pocas veces que tuve acceso a la parte tribal de la selva, los ancianos que superaban los 100 años me comentaban que Amphu ya era viejo, cuando ellos eran jóvenes. Algo difícil de entender para quien no es un chamán", cuenta Balcarce.

¿Qué adquirió en la selva y qué dejó atrás? "No se produjo un quiebre, siento que antes del accidente yo estaba capacitado para poder abrirme a las enseñanzas del viejo hombrecito de la selva.

Allí tuve un aprendizaje que luego se ensambló con los conocimientos tradicionales de la medicina, ya que estudié en España y después en Inglaterra y seguí varias carreras vinculadas con las medicinas alternativas".

Mezcla de leyendas, rituales ancestrales y demostración científica, las enseñanzas de Balcarce han sido comparadas con las de Carlos Castañeda, aunque el autor remarca que difiere en las formas de obtener esos conocimientos alternativos.

Según Balcarce, "la mente del individuo es dispersa, laberíntica, te hace sufrir, equivocar, amar y es la que te mata.

El alma en sí es el lugar donde habita Dios, y la mente el lugar donde puso el demonio para que uno tenga la posibilidad de elegir".

"Como civilización seguimos siendo un excelente proyecto, pero, si nos fijamos, los estados involutivos del hombre han podido mucho más que la evolución científica: es muy difícil volver a una senda espiritual. Hablar hoy de Dios", considera.

Esa sabiduría ancestral, que es vivida en el interior de la selva amazónica, "tiene mucho que ver con el alto grado de oxigenación que permite entrar en los estados alterados de la conciencia aunque en los últimos años el tema de la contaminación del medio ambiente ha causado estragos y una disminución de las prácticas chamánicas", agregó.

Télam, 08 – 11 – 08

La Quinta Pata

sábado, 1 de noviembre de 2008

Nuevo libro sobre la guerra civil en Catalunya

Guerra civil en Catalunya

Xavi Montanyá

Mientras el debate político en sobre la memoria histórica en España sigue su curso, la historiografía continúa alumbrando el pasado: se publica por primera vez una crónica de la Guerra Civil en Catalunya.

Setenta años después de su redacción, sale a la luz un documento inédito de primera magnitud histórica. La Crònica de la Guerra Civil a Catalunya es el relato oficial que, día a día, el Departament de Presidència de la Generalitat, fiel a la tradición de las crónicas medievales, elaboró narrando las actividades del gobierno y del presidente Lluís Companys, los hechos más significativos, la complejidad y gravedad de los conflictos políticos del momento y el pulso de la vida cotidiana durante la guerra.

El diario abarca desde el 18 de julio de 1936 hasta el 28 de febrero de 1938, fecha en que se interrumpe de golpe sin que, de momento, se sepa si existe continuación. Josep Tarradellas, conseller primer y de Finances, presidente de la Comissió d´Indústries de Guerra y coordinador del Comitè de Milícies Antifeixistes, debió ser uno de los principales artífices del proyecto, tal como señala Jordi Casassas, doctor en Historia Contemporánea, en su estudio introductorio. Hay correcciones manuscritas del propio Tarradellas y fue él quien salvó el documento llevándoselo al exilio y preservándolo durante décadas, junto con la variada y valiosa documentación que constituye hoy el Arxiu Montserrat Tarradellas i Macià, en el monasterio de Poblet. En el segundo volumen, de futura publicación, se incluirán tres textos inéditos de Tarradellas redactados entonces: su análisis personal de la crisis que provocó los Fets de Maig de 1937, una carta a Juan Negrín, en la que constata todas las aportaciones de la Generalitat a la causa republicana, y su dietario personal sobre el final de la guerra.
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Hasta su publicación, la Crònica ha tenido una vida azarosa. Según explica Montserrat Catalán, directora del Arxiu, cuando Tarradellas, encarcelado en Aix-en-Provence, tuvo conocimiento del fusilamiento de Companys, pidió a su padre, Salvador, que quemara todos los documentos que conservaba en el Clos Mosny de Saint Martin-le-Beau, para evitar comprometerles. No obstante, su padre los ocultó en bidones de gasolina y los enterró en las viñas de la propiedad. Los nazis registraron la casa tres veces, sin éxito, y él los recuperó en 1945, a su retorno de Suiza. "Tarradellas siempre repetía que la única manera de evitar los errores que se habían cometido era a través de la constancia escrita. Tenía una verdadera obsesión por dejar constancia escrita de todos sus actos y reflexiones para las generaciones futuras", señala Catalán, que estuvo muchos años al servicio del President antes de dirigir el Arxiu.

Extraña mucho que un documento de tal valor haya permanecido ignorado hasta ahora. Según Catalán, si bien ha sido consultado por diversos investigadores, nadie ha hecho referencia explícita a que se trata de una crónica diaria de la Generalitat. Una prueba de su valor es que un fragmento original, de agosto de 1936, figura en el sumario del consejo de guerra a Lluís Companys, y fue utilizado como prueba inculpatoria contra él, según constata Josep Maria Solé Sabaté en Consell de guerra i condemna a mort de Lluís Companys. President de la Generalitat de Catalunya. Octubre de 1940.El médico Joaquim M. Balcells i Serch, tes tigo de la acusación, hizo entrega de los papeles al tribunal alegando que "fueron encontrados en el cajón de la mesa de su despacho de la Diputación y que creyéndolo de interés hace su inmediata entrega". Jordi Casassas, en el prólogo a la Crònica,escribe: "No deja de sorprender el rastro tan débil que ha dejado un texto que, por sus características, podía ser un referente en la explicación sistemática de los sucesos de la guerra vistos desde Barcelona: como mínimo, los franquistas sí que lo consideraron importante y probatorio".

"Las aportaciones históricas más relevantes de la Crònica - comenta Casassas- son, como mínimo, dos. La revelación del importante carácter político, en el sentido más profundo del término, del president Companys. El documento describe su gran intuición y su capacidad para dar ánimo y esperanza a la población. En segundo lugar, constituye la narración de las circunstancias desfavorables que se viven en Catalunya desde el 19 de julio y, a su vez, del gran esfuerzo que hace el Govern de aportación a la guerra y a la gobernabilidad de la República, a pesar de las dificultades de entendimiento con el gobierno central, que se mostró siempre muy receloso con la autonomía catalana, hasta el punto de irle restando atribuciones".

Una de las aportaciones destacadas que apunta la Crònica es que el gobierno central ordenó cancelar la operación de la toma de las Baleares, puesta en marcha por la Generalitat y comandada por el capitán Alberto Bayo, con la excusa de que había que reforzar el frente de Madrid, maniobra de la que Catalunya se enteró a posteriori.

En la Crònica se observa el día a día y cómo se reacciona ante los principales problemas, como el de la violencia incontrolada y los asesinatos de burgueses y religiosos, un tema clave en el trabajo historiográfico de hoy. El documento constata la preocupación del Govern por erradicarla. Hay contundentes llamamientos públicos de Companys, Tarradellas, Ventura Gassol o Joan Casanelles, entre otros, y del Comitè Central de Milícies Antifeixistes, y medidas como la creación de los Tribunales Populares. "La Generalitat, desde el 19 de julio, ha de nadar y guardar la ropa. Se adoptó la fórmula de legislar la revolución. Esa era la fachada, pero en el fondo, estaban hartos de arribistas, incontrolados y falsos idealismos", considera Jordi Casassas. "La voluntad del Govern de erradicar la violencia es muy clara. No obstante, hay dos tendencias. Companys opta por decir que sí a todo e irse acercando a los comunistas para contrarrestar y frenar los desmanes. Tarradellas, en cambio, opta por el diálogo con los anarcosindicalistas, con la CNT, no con la FAI, para atraerlos hacia la Generalitat y dar cuerpo a la revolución. Se propone así eliminar la violencia, y legislar para crear una economía, una justicia y una producción cultural revolucionaria. Estas dos tendencias, la representada por CNT/ POUM, de un lado, y parte de ERC con el PSUC, del otro, chocan en mayo de 1937. Y aquí se acabó todo, no sólo el POUM y la revolución anarcosindicalista, sino también buena parte de la autonomía catalana".

Uno de los episodios desconocidos hasta hoy que ofrece este documento es el viaje de pacificación que realiza Tarradellas, a finales de septiembre de 1936, a Lleida y Tarragona, para frenar la violencia e imponer el poder de la Generalitat. Según Casassas, "es un relato ejemplar del gran valor que tuvo Tarradellas, pues se jugó la vida para restablecer el orden. Hay que ser muy valiente para sentarse a negociar en una mesa con alguien que hace ostentación de su pistola. No obstante, lo hizo. Luego, Companys se sumó a la labor."

La Crònica también es importante por lo que no dice. Uno de los temas que ignora es la represión sufrida por poumistas y anarquistas tras los hechos de mayo de 1937. También se relata, día a día, cómo se afronta el problema de la inmensa masa de refugiados, se registran incautaciones, detenciones, requisación de propiedades religiosas, la puesta en marcha de las industrias de guerra, las colectivizaciones, la actividad del Comitè de Milícies... Es admirable cómo en una situación límite y trágica se dio un papel preponderante a la cultura, con la labor del Comissariat de Propaganda y la Institució de les Lletres Catalanes, la Universitat Autònoma, la enseñanza primaria, con la creación del Consell de l´Escola Nova Unificada (CENU). Esta crónica, en definitiva, narra cómo los hombres que en Catalunya asumieron cargos de máxima responsabilidad durante la guerra, pese a las dificultades y los recelos del gobierno central, pusieron toda su inteligencia y energía en vencer al fascismo y crear un país fuerte, avanzado y moderno, hasta el último momento.

Revista Ñ y La Vanguardia, 31 – 10 – 08

La Quinta Pata

domingo, 5 de octubre de 2008

Pensaba que Cortázar era un escapista de la fantástica

Juan Manuel Schulz

A propósito de “Escucha amor, escucha el rumor de la calle” de Nilda Susana Redondo.
Como muchos con formación de izquierda ligada a la tradición nacional, Paty tenía un concepto diferente del genial escritor argentino que, por entonces, no le llamaba la atención. Pero descubrió sus aspectos revolucionarios y así nació Escucha amor, escucha el rumor de la calle...

El otro Cortázar. El comprometido con los Derechos Humanos. El que desde el género fantástico denunciaba con una altura sin límites, desde Francia o donde fuere. Desde sus letras o su voz, mientras encendía un cigarro tras otro como si cualquiera de nosotros comiera caramelos sugus.

El otro Cortázar. El que se aparta de su fanatismo jazzístico que se refleja en este fabuloso relato que es "El Perseguidor"; el que deja a un costado su pasión por el boxeo, un deporte con el que construyó una filosofía propia pues admiraba a aquel hombre que siempre iba para adelante y que, a fuerza, voluntad y coraje, lograba imponerse. Es tal vez esa la marca que tomó del arte de pegar y no dejarse pegar, la que lo llevó a elevar su compromiso social como valiente decidor de cosas sin importarle recibir palos y castigos de la izquierda y derecha al mismo tiempo cuando escribió Libro de Manuel. No quisieron entender que su instrumento de denuncia en una obra que el propio Cortázar consideró como "mala", perseguía un único fin con los derechos de la publicación: ayudar a las madres y familiares de los desaparecidos por el terrorismo de Estado.

"Escucha amor, escucha el rumor de la calle" es el verso del texto "Noticias del mes de mayo" que da título al libro de Nilda Susana Redondo, una nueva gema en esta persecución de investigaciones referidas a intelectuales como Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, Paco Urondo y sus entramados complejos entre literatura, política, revolución, vida y muerte.
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Es ese otro Cortázar sobre el que la docente explora, con la propuesta de indagar su pensamiento respecto del sadismo y el genocidio en cruce con las diversas teorías relativas a la sexualidad, la vida y la muerte, que pudieran haber estado dialogando en sus escritos.
En Noticias... hay un cambio en la perspectiva de Cortázar, a quien comencé a leer intensamente hace cinco o seis años", le cuenta Paty a Kresta en una especie de monólogo pasional que se detiene sólo para respirar.
Hay, entonces, una línea de investigación bien marcada en este nuevo trabajo publicado por editorial De la Campana...

"Pensaba que Cortázar era un escritor escapista de la fantástica y no me llamaba la atención, y no le había descubierto sus aspectos revolucionarios. Pero cuando comencé a leerlo intensamente, en los últimos años, encontré a otro Cortázar", agrega. "Yo tenía la formación de la izquierda más ligada a la tradición nacional y pensaba lo que pensó esa tradición".

- ¿Escucha... es la continuidad de tus trabajos con argentinos comprometidos en la causa revolucionaria?
-Sí. El primero, El compromiso y la literatura, se centra en Rodolfo Walsh, pero ya había líneas de trabajos tiradas con Francisco Urondo, Haroldo Conti y Juan Gelman. Después publiqué Haroldo Conti y el PRT: Arte y subversión” y el inmediato anterior Si ustedes lo permiten prefiero seguir viviendo: Francisco Urondo de la guerra y el amor. Con el trabajo de Conti establecí vínculos con Julio Cortázar. Ambos tienen un origen en su formación estética marcada por el surrealismo y, desde un punto de vista político, nunca creyeron en la posibilidad del peronismo como una salida revolucionaria, a diferencia de la tradición en la que se inscriben Rodolfo Walsh y Urondo, que formaron parte de la izquierda peronista y organizaciones guerrilleras peronistas. También me parecía interesante un vínculo que está bastante extendido en este libro que es la presencia de la filosofía existencialista, fundamentalmente de marca sartreana, en la formación ideológica, algo que no es particular en estos escritores, sino que tiene mucho peso en la formación de los intelectuales del '40 y los '50 en la Argentina, y también en la opción revolucionaria. Esta visión tiene mucho peso en la década del '60, seguro, en la Argentina. Entonces comencé a mirar a Cortázar.

-En general se habla del Cortázar y el costado fantástico de su literatura. ¿Cómo llegás a encontrarte con el otro Cortázar?
-Cuando comencé a escribir referido a Rodolfo Walsh, decía que había una lectura cegada, una fragmentación, porque de Walsh se conoció Operación Masacre. Es el día de hoy que Haroldo Conti -a pesar de que está traducido en tantos países- no es muy leído, está muy tapado por las secuelas de las censuras y la represión. Ni hablar de Urondo, de quien se reeditó su obra poética el año pasado. Se conoce La patria fusilada que tuvo una reedición hace dos años, después de aquella primera de editorial Crisis. A mí me interesa la perspectiva de ver qué significa el genocidio en la Argentina, significa la desaparición de los cuerpos, pero significa la intencionalidad clara de la destrucción de toda una cultura y una forma de vida, que tiene un plazo largo de incidencia. Desde esa perspectiva estudio a estos intelectuales.

-¿Qué viste en el caso puntual de Cortázar?
-Vi que había una construcción falsa. La derecha se permitía reivindicar el Cortázar fantástico de los '50 ferozmente antiperonista, pero nada más. Después, de todo lo que hace fascinado por la revolución cubana, asume un compromiso político al más puro estilo sartreano y dice que optará por la política desde una perspectiva ética, y es la opción a favor de la causa de la justicia entre los pueblos, a favor de los procesos revolucionarios. Ese Cortázar también participa de manera vivencial en el mayo del '68, y que por lo tanto va a tener la capacidad de vincular la revuelta del Mayo Francés con las revueltas estudiantiles que se producen en Praga, México, o las revueltas obrero/estudiantiles en la Argentina (en el '69 el Cordobazo). Ese Cortázar es el que va a donar el premio Médicis que obtiene por Libro de Manuel a la resistencia antipinochetista y va a apoyar activamente la revolución nicaragüense.
-Con Libro de Manuel Cortázar recibió palos de la derecha y la izquierda. Y dijo que mucho no le importó porque tenía una causa bien establecida que era apoyar, con los derechos conseguidos por la venta, a las madres o familiares de los desaparecidos. ¿Por qué se sintieron defraudados tanto unos como otros?
-Es un libro excelente. Los de derecha estaban acostumbrados al Cortázar fantástico y los que estaban acostumbrados a su juego con el sadismo como Modelo para armar, cuando se encuentran con Libro de Manuel -que concluye con el recorte para ese chico que crece en el seno del grupo guerrillero que se llama La joda-, se sorprenden. Es que habla de dos puntos centrales y escalofriantes: por un lado, las denuncias de los presos políticos de la Argentina, que entre el '71 y '72 marcan ya el nivel de tortura que ejerce el aparato del Estado sobre la contestación política revolucionaria; por otro, las confesiones de los militares norteamericanos respecto de los crímenes cometidos por ellos en Vietnam. Eso perturba a aquellos que estaban acostumbrados cómodamente a disfrutar de una literatura fantástica que consideraban que escapaba al compromiso político.

-¿Y la izquierda?
-Fue muy cuestionado por la izquierda, en particular la izquierda nacional y popular, y dentro de las corrientes revolucionarias, por la izquierda maoísta, porque le cuestionaban que estaba en París, que no había entendido el peronismo, un movimiento popular en donde estaban los trabajadores y donde había que estar ya que esa era la línea de la izquierda peronista y, en general, del nacionalismo popular de la época. Ese es el tipo de polémica con el nacionalismo popular. Hay un reportaje que sale en La Opinión Cultural en donde este tipo de crítica -a la que hago referencia- sale de boca de Aníbal Ford, Ernesto Goldar y Jorge Abelardo Ramos, mientras que de parte de la izquierda maoísta está la crítica de Ricardo Piglia, en ese entonces militante del maoísmo. El debate con el maoísmo Cortázar lo llevó adelante activamente también en París con un maoísmo hiperintelectualizado. Decía que los intelectuales tenían una tarea muy importante que cumplir en el proceso revolucionario, pero se mantenía lo que Sartre dice: "Para ser un intelectual, hay que ser de izquierda, pero también hay que ser crítico". Lo mejor que puede aportar un intelectual, a cualquier proceso, es siempre estar perturbado -y perturbar- por la crítica. También decía que la obra de creación tenía una parte individual. Creía que grandes poetas como Neruda, a quien admiraba tanto, no podía haber escrito su obra más comprometida políticamente, Residencia de la Tierra, si no hubiera buscando cuál es la mejor manera de expresión. Si no hubiese existido Residencia..., no podría haber existido Canto general. No estaba de acuerdo con la sujeción de los intelectuales a una masa indiferenciada de actividades. Polemiza mucho con eso.

-¿Qué diferencia podés trazar entre Cortázar y el resto de los intelectuales que formaron parte de tus trabajos anteriores?
-Cortázar se autoexilió en el '51, pero después fue exiliado forzoso durante el terrorismo de Estado, porque la dictadura le prohibió dos cuentos, en cuyos textos se da a entender de la existencia de la desaparición de personas. Cortázar no perteneció a una orgánica partidaria por esta idea de ser un intelectual crítico, y en esto se diferenció de Walsh, Urondo, Conti, incorporados a diferentes movimientos. Como dijo Conti, en ese reportaje que hacen en La Opinión Cultural, "es la voz que, cuando todas quedan apagadas y acalladas por el terrorismo de Estado, denuncia y congrega a la distancia". Ya venía comprometido con la causa de los pueblos y la defensa de los DD.HH. porque había participado en el Tribunal Russell II que había denunciado las dictaduras latinoamericanas ya desde el '74. Publica las conclusiones en una historieta que se llama "Fantomas" y denuncia las masacres cometidas por las Tres A más las pinochetistas. En todos los foros de los que participa como intelectual o el Tribunal de los Pueblos, va a denunciar la práctica de la desaparición de personas llevada adelante por el terrorismo de Estado en la última dictadura, y va a tener una relación directa con las Madres de Plaza de Mayo. Escribió una nota llamada "Nuevo elogio de la locura", justo en un momento en donde los dictadores hablan de las "Locas". Reivindica la locura porque gracias a esa capacidad de denunciar en el aislamiento más grande, se puede tener una esperanza de que no triunfe el mal. Tuvo la valentía como intelectual de hacer esas denuncias de manera sistemática.

-Cortázar viaja en reiteradas ocasiones a Nicaragua. Y lo hace para contar, con su máquina de escribir y desde adentro, el proceso revolucionario. ¿Es una reivindicación a la revolución?
-Lo conmueve el proceso nicaragüense -más allá del posterior fracaso del proceso- porque ese proceso tuvo la originalidad de buscar la combinación de la revolución con la democracia, y la presentación pluripartidaria (probablemente eso haya sido una de las razones por las cuales la derecha ganó las elecciones, que es un tema de debate). Escribe una serie de crónicas en Nicaragua tan violentamente dulce. Es muy interesante porque en uno de esos escritos, que me llamaron la atención, habla del concepto del Hombre Nuevo. Julio Cortázar fue profundamente guevarista, admirador del Che Guevara, pero todo lo que es el guevarismo como expresión de voluntad en un proceso revolucionario.

-¿Reflexionás sobre la concepción del erotismo según Cortázar?
-El trabajo vinculado a las concepciones eróticas aparecen por un proyecto de investigación que vengo compartiendo en la Universidad con José Maristany, Marta Urtazum y Mariano Olivetto, en donde analizamos estas perspectivas en escritores en la década del '60 y '70 en Argentina. Lo miro desde el punto de vista de la violación a los DD.HH. y el genocidio en la Argentina. Investigo y exploro cómo en Julio Cortázar hay una convergencia y conflicto entre dos tendencias, en cuanto a la concepción de la sexualidad, el erotismo y el amor. Por un lado encontramos las vertientes que tienen que ver con considerar que la muerte forma parte de la vida, y que por lo tanto el placer sádico forma parte del erotismo que es la tradición de (George) Bataille; y las tendencias que plantean que la vida se expande solamente en el seno del amor y que en todo caso el odio o la muerte son enemigas de la vida, que es una tendencia de (Herbert) Marcuse y que se expresa en todo el Mayo Francés. Hay un cambio en la perspectiva de Cortázar, porque en sus primeras producciones lo que es como un juego de erotismo -o un cierto ensalzamiento con las prácticas sádicas que se puede ver en Rayuela-, aparece en conflicto en Libro de Manuel. Aparece ese vínculo sádico en la pareja que siempre termina amortiguado (porque la mujer rechaza cierto tipo de relación pero la acepta) y ya entra en conflicto con las denuncias por las torturas cometidas en Vietnam y Argentina en la dictadura de Onganía. Luego eso sigue conviviendo en Cortázar y en las declaraciones que están publicadas en Años de alambradas culturales llama a hablar de que el sadismo es el mal y que se ha corporizado como práctica sistemática estatal, por lo tanto no es posible considerar que dentro del amor, como práctica común, exista la muerte, lo sádico. Es aún mucho peor que el odio.

-¿Es una de las partes más fuertes del libro?
-Es una parte interesante para explorar. El estaría muy contento en ver que se exploran estos aspectos. Él le decía a la izquierda que era muy seria y pacata, que si no exploraba el valor de lo lúdico, del erotismo y si no se sonreía, no iba a poder realizar ningún tipo de revolución. Para Cortázar el erotismo es un tema muy importante respecto del tema del amor y del odio, porque no existen procesos revolucionarios que no prescindan del hombre. Esto era un planteo muy cortazariano que pertenece a las tradiciones humanistas enfrentadas con las antihumanistas en el campo revolucionario. Pero hay otros planteos interesantes que tienen que ver con que lo fantástico, desde mi punto de vista, pasa a ser un instrumento fenomenal de denuncia política. La revolución era construir una nueva realidad, la fantástica buscar otra realidad y tener la capacidad de percibirla por debajo de la costra apariencial, como la denomina en uno de los escritos en La vuelta al día en 80 mundos. Me parece interesante plantear también el tiempo y espacio desde una perspectiva no realista, que implica pensar el tiempo y espacio desde una perspectiva revolucionaria; tener la capacidad de centrar el tiempo en los que dominan y generar otros movimientos intensos y paralelos, que es la idea central del poema "Noticias del mes de mayo".

EXISTENCIA
Nilda Susana Redondo es oriunda de Santa Rosa y actualmente trabaja como docente universitaria. La dictadura le impidió ejercer la docencia "por difundir ideas antiargentinas y hacer conocer autores de ultraizquierda". Ha desarrollado una amplia militancia por los DD.HH. y en terrenos político y gremial. Es directora del Colegio República Argentina y en la UNLPam trabaja en las cátedras de Literatura Argentina II y en la extracurricular Ernesto Che Guevara. Participa en proyectos de investigación en la misma Universidad. Publicó Poemas de amor y rebeldía (1994); El compromiso político y la literatura: Rodolfo Walsh (2001); Haroldo Conti y el PRT: Arte y subversión (2004) y Si ustedes lo permiten prefiero seguir viviendo: Urondo, de la guerra y del amor (2005). Estos tres últimos trabajos de investigación conforman un cuerpo con el presente libro porque plantean continuar los debates político-ideológicos, éticos, estéticos y culturales de los '70.

El Diario de La Pampa, 02 – 10 – 08

La Quinta Pata

domingo, 28 de septiembre de 2008

El elemento mágico de las minas en la obra de Víctor Montoya

Valeria Murru
*
Las temáticas de la literatura minera son varias y han sido narradas por medio de distintos estilos. Ahí tenemos, por citar un caso, el compromiso social de César Vallejo, quien definió su novela “Tungsteno” como una obra de la literatura proletaria.
Augusto Céspedes, en su “Metal del diablo”, lanzó ataques furibundos contra la política boliviana, a tiempo de denunciar la opresión de los trabajadores y el rol predominante que las multinacionales mineras tenían sobre los gobiernos.
Los “Cuentos de la mina”, de Víctor Montoya, se alejan no sólo de las temáticas abordadas por los autores mencionados, sino también de su propia producción literaria. Si en sus obras anteriores analizó y criticó las difíciles condiciones de vida en los centros mineros, en “Cuentos de la mina” dirige su mirada hacia el ámbito de la mitología minera.

El libro, compuesto por 18 cuentos, recrea con un estilo personal las leyendas, los mitos y las tradiciones orales de los mineros bolivianos. El protagonista indiscutible es el Tío; deidad de la cosmovisión andina, ser mítico, sagrado y demoníaco, que decide la vida y la muerte de los mineros.
Así como ocurre en los relatos orales, Montoya describe al dueño de las tenebrosas galerías sentado en su trono, esperando la pleitesía de sus “súbditos”: los mineros. El centro neurálgico de la realidad de los trabajadores del subsuelo es el mismo diablo, que regula los sentimientos de los hombres. El Tío es, a su vez, demonio y energía reanimadora, que permite la realización de sueños y deseos. Él determina la producción de los minerales, él da y quita la vida.
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“Cuentos de la mina” es una colección de relatos, leyendas y mitos que, según se lee en la dedicatoria, han sido transmitidos por vía oral. No obstante, es importante destacar que el libro refleja también la memoria y los sentimientos del autor, que se convirtió en una suerte de depositario de los relatos referidos por las generaciones anteriores. De ahí que el autor revela al principio de su obra:
“Aún recuerdo el día en que mi abuelo me refirió por primera vez la leyenda del Tío: dicen que el diablo llegó a las minas una noche de tormenta.”

Un elemento fundamental en la obra de Montoya es, por otra parte, su experiencia personal. Sus orígenes, en el seno de una familia de mineros, permiten que los cuentos sean ricos en veracidad y tengan un intenso compromiso con el tema tratado. Montoya es testigo directo de la realidad minera, como él mismo declara:
“Conozco la miseria de sus hogares, el drama de sus luchas y la tragedia de sus vidas.”

El autor nos define al demonio en varios ámbitos: en su reino natural o durante las fiestas, describiendo sus caprichos y su relación con la población minera.
“Cuentos de la Mina”, sin dejar de ser fiel a las narraciones mineras, se distancia en cierta medida de la tradición oral y añade algunas variaciones: el diablo, que generalmente, en las leyendas, reside sólo en los socavones, en algunos cuentos de Montoya emerge de su reino y toma apariencia de hombre para hacer gala de sus trampas de seducción. Por ejemplo, en uno de los cuentos se afirma que el Tío entra por el ojo de la cerradura al cuarto oscuro de las mujeres, las seduce y las penetra sin que ellas se den cuenta.

En otro cuento, por una apuesta ganada, abandona su reino para acostarse con la mujer de un minero; en “El hijo del Tío” sale de las galerías “dispuesto a hacer germinar su semilla en el vientre de una de las mujeres más jóvenes y hermosas del campamento minero”, para así tener un legítimo heredero.
El Tío, aparte de su rol de seductor, es cruel y vengativo con los mineros que le faltan el respeto y no le rinden tributos. En algunos casos, el Tío se disfraza de mujer para atraer a los mineros ingenuos e infligirles castigos brutales.
En “El castigo del Tío”, Montoya nos cuenta la venganza que el Tío tenía reservada para su abuelo por no haberse despedido debidamente del diablo al salir de la galería: el Tío esperó a su víctima en la puerta de su casa, disfrazado de anciano, y lo castigó severamente, dejándolo paralítico en la cama hasta el día de su muerte.

La narración de los mitos, hechos en forma de los cuentos, nos permite también entender de qué modo las leyendas tomaron forma. En el cuento “El último pijcheo”, asistimos al diálogo entre el último minero y el Tío. El escenario es una mina abandonada, poco antes de su cierre definitivo. El último minero se para delante del Tío, depositando al pie de su trono, por última vez, un puñado de hojas de coca. Aquí comienza una larga conversación en la que el diablo le revela al minero el origen de su nombre y su genealogía. Así nos enteramos que, en principio, el Tío representaba a la divinidad Huari que, según cuenta la leyenda, era venerado por la antigua comunidad de los Urus, los mismos que vivían en la región situada entre el lago Titicaca y el lago Poopó, y cuyas tradiciones han sido heredadas por los quechuas y los aymaras.
Huari era una de las divinidades más veneradas, considerado el protector de los animales silvestres y los árboles. Un día Huari, al darse cuenta de que los humanos le habían vuelto las espaldas para adorar a otra divinidad, decidió vengarse desencadenando el fuego de los volcanes y lanzando a las bestias más feroces contra los Urus. Sin embargo, a pesar de su actitud implacable y vengativa, fue derrotado por la divinidad femenina ñusta Anti Wara, la cual neutralizó en un solo instante todos los castigos inflingidos a los hombres, obligándolo a esconderse en las entrañas de la tierra. Desde ese momento el dios Huari es conocido por los mineros como el Tío, deidad protectora de las riquezas del subsuelo. El cuento, además de revelar el verdadero origen del diablo, menciona algunos elementos históricos, como es el caso de la crisis de la minería.

De hecho, son varias las minas que en las últimas décadas han cerrado sus galerías, con el inevitable despido de los trabajadores y la dispersión de las tradiciones relativas al culto del Tío. Además, muchos indios prefieren dejar sus tierras y mudarse cerca de las ciudades, con el consiguiente decaimiento de la cultura andina.
“Cuentos de la mina”, aparte de abordar la temática del Tío, recoge también otras simbologías. Por ejemplo, es muy interesante la leyenda que nos cuenta sobre el origen de la planta de coca. Las hojas de coca representan, para los mineros y los campesinos de los Andes, un elemento esencial que está vinculado al trabajo. El líquido que extraen al masticarlas, aumenta la percepción de fuerza y resistencia, y mitiga la sensación de cansancio y de hambre. La leyenda cuenta que, en realidad, la planta de coca se originó de los restos de una mujer hermosa pero pretenciosa, que solía burlarse del sentimiento de los hombres que le declaraban su amor.
Entonces los yatiris y amautas de la comunidad, para evitar que los hombres perdiesen la razón por la mujer y se arrojasen a los precipicios, ordenaron su ejecución y dejaron que su cuerpo fuese decapitado. Poco tiempo después, en los mismos sitios donde los restos de su cuerpo fueron enterrados, crecieron unos arbustos verdes que tenían la facultad de dar fuerza a los cansados, mitigar el hambre de los hambrientos y hacer olvidar la miseria de los desgraciados.
Por otra parte, son muchas las narraciones relacionadas con el elemento femenino. Existe la creencia de que el Tío no soporta la presencia de las mujeres en las minas por dos razones: una, porque provoca los celos de su amante Chinasupay (diablesa) y, otra, porque existe la superstición de que el flujo menstrual hace desaparecer los filones de mineral en los socavones.

Otro elemento trascendental en los pueblos mineros bolivianos es, sin lugar a dudas, el Carnaval; Montoya describe esta festividad que se celebra en la ciudad de Oruro, una de las más importantes del país.
El Carnaval representa la perfecta fusión entre los rituales cristianos y paganos. Durante la fiesta se rinden culto a las dos imágenes que, más que ser antagónicas, se complementan en el Carnaval: la Virgen del Socavón y el Tío. En vísperas de la fiesta, hombres y mujeres entran a la mina, adornan la estatua del Tío y le dejan diversas ofrendas: comidas, alcohol, cigarrillos y coca. El Tío, de acuerdo a la creencia de los mineros, se disfraza de Lucifer para bailar en el Carnaval, por eso los hombres se disfrazan de Tío y las mujeres de Chinasupay. Se baila esta danza como una forma de homenaje al demonio. En la fraternidad de la diablada, junto al Lucifer y a otros personajes principales, aparecen también los diablos que representan los siete pecados capitales. Al final de la danza, se representa de manera teatral la lucha de Lucifer contra el arcángel San Miguel, quien, luego de salir victorioso en la batalla, procura la caída de Lucifer hacia las entrañas de la tierra o del infierno; éste es el momento en que la figura del Lucifer y la del Tío llegan a trocarse en una sola entidad.

El Tío, como dice Montoya en una crónica que escribió sobre el tema, es la expresión más alta de sincretismo cultural entre la religión católica y el paganismo ancestral, no sólo porque forma parte de una leyenda que gira en torno a la mina y sus asuntos, sino también porque es un ser mítico capaz de esclavizar y liberar a los hombres con sus poderes mágicos.

Otro aspecto interesante de la cultura minera de los Andes, que Montoya nos describe en sus cuentos, es el elemento lingüístico. El indio en la mina no olvida su idioma materno, el quechua o el aymara. De este modo, las herramientas, los minerales, los lugares de trabajo, así como las divinidades y los apodos de los mineros, están en las lenguas originarias de Bolivia.

Cuando los indios emigran a las ciudades en busca de trabajo, y se encuentran en un contexto donde el castellano es dominante, siguen utilizando su lengua materna. Añaden a las palabras españolas sufijos y prefijos típicos de sus idiomas, creando de este modo innumerables neologismos. En los cuentos Montoya se advierten interferencias idiomáticas tanto del quechua como del aymara, y de muchos otros términos propios del lenguaje minero. Es más, al final del libro existe un glosario de palabras, que ayuda al lector a comprender mejor las interferencias idiomáticas durante el proceso de la lectura.

“Cuentos de la mina” es un libro que, debido a sus descripciones fascinantes, en algunos momentos poéticos y en otros violentos y despiadados, nos da la posibilidad de conocer de manera más amplia no sólo los mitos y las leyendas que desde hace siglos pueblan el mundo de los mineros, sino también los ritos, las ceremonias y el rico lenguaje de la población minera de los Andes bolivianos: todos estos elementos que, con el tiempo y el cierre de las minas, probablemente desaparezcan de manera total o parcial. Por eso mismo, la obra de Víctor Montoya es de vital importancia, porque registra y mantiene viva una parte fundamental de la Cultura Minera Andina.

* La autora, de nacionalidad italiana y ex estudiante de la Facultad de Lenguas y Literaturas Extranjeras de la Universidad de Cagliari, escribió la tesis de licenciatura: “La letteratura nelle miniere: storie, voci e lotte dei minatori. I casi della Sardegna, della Bolivia e del Perú” (La literatura en las minas: historias, voces y luchas de los mineros. Los casos de Cerdeña, Bolivia y Perú).

Rebelión, 27 – 09 – 08

La Quinta Pata

sábado, 13 de septiembre de 2008

Deliberadamente cruel

The dark side - Jane Mayer

Mark Weisenmiller

TAMPA, Estados Unidos. Uno de los libros más vendidos de los últimos dos meses en Estados Unidos es quizá el más riguroso y el que tiene mayor información sobre las torturas y "entregas extraordinarias" de presuntos terroristas a terceros países perpetradas por el gobierno de George W. Bush.

"The Dark Side: The Inside Story of How the War on Terror Turned into a War on American Ideals" (El lado oscuro: cómo la guerra contra el terrorismo se volvió guerra contra los ideales estadounidenses), de Jane Mayer, fue publicado el 15 de julio por Doubleday Books.

Mayer sigue estando entre los 10 autores de libros de no ficción más vendidos este año, según el periódico The New York Times.

La periodista de la revista The New Yorker detalla cómo altos funcionarios del gobierno de Bush, en especial de la oficina del vicepresidente Dick Cheney, se aprovecharon del miedo y la paranoia que se apoderó del país tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington para lanzar una "guerra ideológica de trinchera" y "una política deliberadamente cruel, impensable el 10 de septiembre".

Bush respaldó la estrategia en general, pero no fue uno de los principales actores.

"El presidente Bush no se detiene en los detalles. Los deja para aquellas personas que integran comisiones castrenses y de otras áreas", dijo Mayer.

Podría decirse que Cheney y su jefe de gabinete, David Addington, son los funcionarios a cuyas decisiones vinculadas a los atentados de 2001 se pueden atribuir "haber hecho añicos la reputación de Estados Unidos como principal defensor de la democracia y los derechos humanos", en palabras de Mayer.
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Cheney depositó toda su confianza en el asesoramiento del abogado Addington en lo que a la conducción de su "guerra contra el terrorismo" respecta.

En junio, Addington fue citado a declarar a la Comisión de Justicia de la Cámara de Representantes, junto con el ex fiscal del Departamento (ministerio) de Justicia John Yoo, acerca del trato dispensado a los detenidos, los métodos de interrogación y los límites de la autoridad del Poder Ejecutivo.
"Me chocó su total desprecio hacia el panel del Congreso (legislativo) que le estaba haciendo preguntas y hacia la prensa presente", relató Mayer, quien estaba en la sala.
"Es evidente que pensó que la altivez era la forma de salvarse, otro ejemplo de su pasmosa y lamentable capacidad política. En ese momento se me ocurrió que era una pena pensar que había suficiente voluntad política para procesar a altos funcionarios como Addington, capaces de alegar que sólo hicieron lo que consideraron necesario para proteger al país", añadió.

Respecto de Cheney, Mayer señala en su libro que era tal el terror del vicepresidente tras los atentados de 2001, que "se desplazaba en una caravana de vehículos blindados que cambiaban de trayecto para evitar un posible ataque".
"En su asiento trasero, Cheney llevaba un bolso con una máscara de gas y un equipo para sobrevivir en caso de ataque bioquímico", añadió.
Mayer pidió varias entrevistas a Addington y Cheney, pero no le fueron concedidas.

En la última página del libro figura una declaración de un párrafo divulgada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) respecto del trabajo de sus agentes durante los interrogatorios a presuntos terroristas.
En cambio, la autora sí pudo consultar a cientos de fuentes cercanas a la Casa Blanca y a empleados del Comité Internacional de la Cruz Roja, que realizó un estudio acerca de los interrogatorios y abusos a presos en Guantánamo, el enclave estadounidense en Cuba, y de otros lados, vinculados a la guerra en Iraq.

El libro describe las torturas practicadas por miembros de un programa del ejército no muy conocido llamado SERE (acrónimo de Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape).
También relata que la CIA contrató psicólogos con credenciales técnicas y morales cuestionables que fomentaron el uso de métodos de interrogación creados hace décadas, irónicamente por la KGB, el servicio secreto de la disuelta Unión Soviética, que nunca lograron obtener ninguna información relevante.

Mayer también se concentra en las "entregas extraordinarias" ("extraordinary renditions"), mecanismo empleado por Washington para capturar a sospechosos de terrorismo y transferirlos, sin pasar por los tribunales, a terceros países en los que, por lo general, son torturados.

Al ser consultada acerca de si ella creía que la práctica seguía vigente, pese a haber sido denunciada por la prensa de todo el mundo, Mayer dijo que "después de la mala publicidad que la rodeó posiblemente haya un mayor esfuerzo por no ‘entregar’ sospechosos por error o torturarlos". "Pero el programa existe y se considera clasificado, por lo cual es difícil de determinar", apuntó.

Entre los numerosos episodios perturbadores que describe el libro está la última noche de Manadel al-Jamadi, un sospechoso iraquí detenido a las afueras de Bagdad a las cuatro de la madrugada del 4 de noviembre de 2003.
"Una hora después estaba muerto y la autopsia realizada por patólogos del ejército determinaron que la causa del fallecimiento fue homicidio", preció Mayer.
"Al-Jamadi fue primero conducido a una base del ejército para dar parte de la misión. Allí, los SEAL, oficiales de una unidad de las fuerzas especiales de la Armada, lo golpearon, patearon y le pegaron con sus fusiles durante unos 20 minutos", detalla.
Luego fue interrogado por oficiales de la CIA en la cárcel bagdadí de Abu Ghraib, dónde lo colgaron de las muñecas y posteriormente lo mataron.
Ocho integrantes del pelotón de los SEAL recibieron castigos administrativos por la violencia contra Al-Jamadi y otros prisioneros, no así el responsable de la CIA para los interrogatorios, Mark Swanner.

"Espero que los lectores adquieran la real dimensión de cuánto se apartó de las tradiciones estadounidenses el gobierno de Bush al optar por no respetar la ley en su guerra contra el terrorismo", señaló Mayer.
"Hubo otros errores en el pasado, pero tal como me dijo el fallecido historiador Arthur Schlesinger hijo (1917-2007), ‘nunca nada golpeó más a Estados Unidos que esto’", concluyó.

IPS, 12 – 09 – 08

La Quinta Pata

lunes, 1 de septiembre de 2008

"Ese sol del mundo moral" de Cintio Vitier

Ese sol del mundo moral, Cintio Vitier

Ricardo Alarcón de Quesada

A Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René

Concluyen las actividades del verano para promover el libro y la lectura que han juntado a los escritores con su pueblo repitiendo una práctica que felizmente forma parte ya de nuestras tradiciones culturales. Cerramos hoy apenas un capítulo pues este acercamiento y diálogo fecundo nunca terminará.

Lo hacemos ahora ante el recuerdo de quien consagró su vida a despertar conciencias y a iluminar, a forjar hombres y sembrar virtudes, a educar. En tiempos y lugar poco propicios para la espiritualidad, el pensamiento y la cultura José de la Luz y Caballero dieron testimonio de sabiduría y compromiso, en su apasionada búsqueda de la verdad y en el esfuerzo tenaz por transmitirla siguiendo la ruta escabrosa que habían abierto el Padre José Agustín Caballero y sobre todo el santo fundador Félix Varela.

El libro que se presenta en esta ocasión es, sencillamente, imprescindible, debería acompañarnos cada día a todos los cubanos y las cubanas. Merece ser amado porque fue escrito con mucho amor por un poeta enamorado de su Patria, el imprescindible Cintio Vitier.

Publicado originalmente en México "Ese sol del mundo moral" ha vivido una existencia sorprendente. Cuando acá muchos eran adictos a manuales estériles y a una escolástica insípida, apareció en el exterior este que debió ser libro de cabecera para nuestros jóvenes y haber colmado sus aulas y bibliotecas y sin embargo tuvimos que esperar más de veinte años por la primera edición cubana.

Pero sucede que un buen libro, vive, es un ser real y es el mejor amigo del hombre. Y como los verdaderos amigos acuden siempre en los momentos más difíciles el Sol de Cintio vino a alumbrarnos en 1996.
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Parecía que se cerraba el círculo, como después de la Guerra Grande, como en 1898 y 1933, otra vez el imposible alzaba su mueca terrible ante la Patria asediada, sola frente a un Imperio que se creía dueño del mundo. Fue en 1996 también que Washington promulgó la Ley Helms-Burton, insolente adefesio, aun vigente, con su siniestro plan de aniquilar a Cuba y a su pueblo.

El libro de Cintio llegó cuando más lo necesitábamos. Sus páginas descubren lo esencial cubano y nos ayudan a andar por los caminos singulares de un pueblo que se forjó a sí mismo laboriosamente, frente a obstáculos que otros no conocieron, con la lucha heroica y anónima de los esclavos que fueron los primeros cubanos porque se adelantaron a todos en dar la vida por la libertad, y el empeño noble y generoso de los maestros insignes que frente al autoritarismo mediocre trataron de crear un pensamiento propio y concibieron una Patria que sería encarnación de la justicia, de “toda la justicia” en la insuperable definición martiana. Unos y otros, casi siempre sin saberlo, enfrentaban la amenaza de anexión de quienes escudándose en el engaño y practicando los peores métodos de violencia y racismo se apoderaban de tierras ajenas, diezmaban sus poblaciones y extendían la servidumbre y la opresión en nombre de un Dios falaz y una modernidad que surgía empapada en sangre.

Nada hay más extraño al sentimiento cubano que cualquier manifestación de chovinismo. Pero nada tiene mayor importancia para nosotros que la conciencia de lo que somos y de dónde venimos. Es difícil, muy difícil, encontrar algo que nos ayude más a conocernos y a comprender el sentido de nuestra marcha como pueblo que este libro bello y breve. Su autor, lo sabemos, sólo peca de modestia incurable y no se cansa de decirnos que no se propuso un texto de empaque erudito ni que abordase a fondo los diversos factores que suelen atraer la atención de historiadores y científicos sociales. Él hizo mucho más. Este libro descubre, ilumina y sobre todo inspira.

La comprensión cabal de la naturaleza de lo cubano es punto de partida y sustento irremplazable para la salvaguarda de una identidad nacional y una cultura que han existido siempre bajo la amenaza y el peligro. Para ello debemos asumir lo que es radicalmente nuestro, lo que nos distingue y nos hace ser lo que somos. Podemos hacerlo sin cometer falta alguna porque lo esencial cubano es a la vez profundamente universal. ¿Quién sino José Martí afirmó que “Patria es Humanidad” y lo hizo cuando Cuba tras haber derramado ríos de sangre y sacrificios durante casi un siglo, pugnaba aun dolorosamente abandonada, por alcanzar su propio, pequeño espacio bajo el sol?

Permítanme repasar ciertos rasgos que hacen de nosotros quiénes somos.

Lo primero, si se le compara con el resto del Continente, es la demora en el surgimiento del movimiento nacional para la independencia política por causas que encontramos en las características de la sociedad colonial. Ante todo la esclavitud africana omnipresente en la economía y en toda la vida social (recordemos al Padre Caballero: “brazos que sostienen nuestros trenes, mueblan nuestras casas, cubren nuestras mesas, equipan nuestros roperos, mueven nuestros carruajes y nos hacen gozar los placeres de la abundancia”). El Siglo XIX había comenzado con la masiva introducción de esclavos que llegaron a constituir la mayoría de una población que se incrementaba también con la llegada de una numerosa inmigración europea libre. La Isla se poblaba y enriquecía al tiempo que se retardaba la integración de la sociedad colonial. El fundamento de todo era la esclavitud. En favor de perpetuar el infame sistema estaba no sólo el poder colonial sino también la sociedad en su conjunto. Tanto que Saco pudo decir que era más peligroso ser abolicionista que ser independentista.

La oligarquía criolla, que en la América española lideró el movimiento separatista, en Cuba sostuvo al dominio colonial o se agotó en reclamarle tímidas reformas mientras un sector –con el patrocinio de Washington- buscaba la incorporación a los Estados Unidos. Esa clase no adquirió nunca conciencia nacional, actuó siempre movida por la codicia y el interés material que requería ante todo mantener la infamia.

Hubo excepciones nobilísimas. Heredia nuestro primer poeta y Varela, el pensador y el político que diseñó la Patria antes que nadie. Fueron voces que todavía conmueven nuestros corazones pero en su tiempo quedaron como anticipaciones geniales del porvenir, no era posible que entonces encontraran eco en un movimiento nacional cuyo tiempo aun no llegaba. Influyeron ciertamente sobre otros que llegada la hora reconocerían en ellos a su más iluminados profetas.

Fueron las masas esclavas las iniciadoras de la rebeldía en aquella sociedad que aun no se transformaba en nación y la primera conspiración cubana la encabezaría un negro libre habanero, José Antonio Aponte. Nos acercamos al bicentenario de su ahorcamiento y quiero expresar la certeza de que le rendiremos el tributo que debemos.

Aislados en sus barracones, carentes de los medios para articular sus luchas, diseminar sus ideas, y crear un movimiento nacional, se alzaron una y otra vez como en las grandes sublevaciones de Matanzas que fueron literalmente ahogadas en sangre y condujeron a la pérfida represión de la Escalera y a sus infames torturas. Sus proezas dieron incontables héroes y mártires cuyos sacrificios fueron ignorados por la sociedad colonial y sepultados en el olvido por la historiografía burguesa. Pero la Historia tiene razones que suelen escapar al historiador. Esperan que las alumbre la visión del poeta.

Desconectada de la hazaña de los esclavos ocurría otra brega recluida ésta en los claustros y reflejada en publicaciones impresas que circulaban entre la minoría culta. A partir de la sólida refutación de la escolástica iniciada por Caballero y Varela brotó en nuestras aulas una corriente de pensamiento que aspiraba, nada menos, que a crear “una sophia cubana que fuera tan sophia y tan cubana como lo fue la griega para los griegos”. Ese pensamiento cubano en formación nació de una reflexión universal, humanista, que trascendía la isla como prueba la gran polémica filosófica de 1838-1839, cuyo eje central fue Luz, portador de las ideas de Varela, polémica que fue definida como el suceso más original en la historia del pensamiento latinoamericano.

Este pensamiento cubano surgido de hombres que eran beneficiarios del régimen esclavista tuvo sus cimientos en la ética y el ejercicio libre del criterio, el pensar con cabeza propia que permitió imaginar a Cuba “tan isla en lo político como lo es en la geografía” y una sociedad fundada en la justicia y la solidaridad humana. Lo plasmó Luz en sentencia memorable que honra este libro: “Antes quisiera, no digo yo que se desplomaran las instituciones de los hombres -reyes y emperadores-, los astros mismos del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de justicia, ese sol del mundo moral”.

Por levantar ese sol se afanaban ya otros lejos de la capital. En sus logias conspiraban y juraban hacer guerra a muerte a la explotación y la discriminación del hombre por el hombre. Un abogado, escritor, poeta, animador cultural, prisionero y desterrado varias veces, perseguido siempre, se adelantó a todos. La voz de Carlos Manuel de Céspedes alumbró más que el sol la mañana del 10 de Octubre de 1868. Convocados por la misma campana que cada día les ordenaba trabajar en tierra ajena, arrancados de la suya y de sus familias y de su pasado, privados de su dignidad, reducidos a herramientas productoras de riquezas, aquello hombres encaraban por última vez al amo que ahora les hablaba un lenguaje extraño, incomprensible. “Ciudadanos” fue la primera palabra que escucharon. Después le oyeron decir que eran hombres libres y escucharon su invitación a unírsele, si querían libremente hacerlo, para luchar por la libertad de los demás y por la de la Patria que en ese instante comenzaba a nacer. Los tambores africanos, ya sin cadenas, retumbaron por primera vez en el territorio libre de Cuba.

Se había producido una ruptura histórica. La clase de los propietarios blancos se escindía, en ella había aparecido un sector que imbuido de las ideas más radicales del pensamiento cubano, proclamaba la fusión inseparable de la independencia política con la Revolución social. La tea incendiaria sería su símbolo más alto y la invasión al Occidente dominado por la sacarocracia para sublevar a los esclavos y destruir la base de sustentación de la colonia fue el fin estratégico que los patriotas no pudieron conseguir. La guerra más cruenta y prolongada, enfrentando un ejército superior al que España había desplegado medio siglo antes en todo el Continente, tuvo un escenario limitado a la parte más pobre y menos desarrollada de la isla. Durante los diez años que duró la contienda la producción azucarera continuó creciendo y con ella la riqueza de los amos. Contra los revolucionarios conspiraron los poderosos oligarcas que en concierto con Washington promovían la anexión a los Estados Unidos cuyos gobernantes a lo largo de la guerra apoyaron a España y persiguieron con saña a la emigración patriótica. Representantes de esa oligarquía enquistados en el movimiento independentista intrigaron para dividirlo y socavar las medidas revolucionarias. El doloroso resultado es bien conocido. Pero la terrible derrota ocultaba una victoria verdadera que Cintio sintetizó en palabras que no se pueden leer sin emoción.

“La fusión combativa de blancos y negros, de amos y esclavos que habían dejado de serlo, las cruentas campañas militares y las enconadas pugnas internas en que consistió la Guerra de los Diez Años, le enseñaron al cubano, por encima de todas las decepciones, el verdadero rostro de la Patria: ese rostro, surcado de lágrimas, salpicado de sangre, era el rostro de la justicia y de la libertad. Lo sabían los jefes y lo sabía la masa, lo sabían los héroes conocidos y los héroes anónimos, lo sabían también los tibios, los oportunistas y los traidores. A través del fragor de los combates, la patria se hizo visible para todos. Cada cual pudo escoger servirla o no. Nadie pudo, ya, desconocerla”.

Fue necesario el genio y el apostolado de José Martí para acercar a las fuerzas dispersas, ayudarlas a perdonar agravios y cicatrizar heridas y diseñar una estrategia para la victoria conducida por un Partido que uniese a todos. La guerra necesaria debería abarcar simultáneamente las diversas regiones del país y ser breve para impedir la intervención norteamericana que el Apóstol veía como el peligro mayor.

Ahí aparece otro rasgo fundamental que distingue de otras la historia cubana. Fuimos los últimos en desatar la lucha por la independencia y los únicos que debimos enfrentar no sólo al viejo poder colonial sino al mismo tiempo al imperialismo norteamericano que estrenó aquí sus armas. Fuimos los únicos también que concluimos nuestra guerra de independencia con el fracaso. Pero nuestra lucha estuvo animada por un pensamiento propio, raigalmente autóctono y a la vez universal, humanista y desde el comienzo asumió necesariamente un carácter de revolución social radical, portadora de futuridad, anunciadora del mundo por venir.

La abolición de la esclavitud, acción en sí misma de enorme significación que trascendía las zonas liberadas distinguió al cubano de todos los movimientos separatistas que, con excepción de la revolución haitiana, ocurrieron en el Continente Americano. Aquellos habían preservado intacta en lo fundamental la estructura de la sociedad colonial y en el caso de Norteamérica mantuvo la esclavitud, la consagró en su Constitución y la llevó a nuevos territorios sobre los que se expandió.

El proceso iniciado el 10 de Octubre iba mucho más allá del abolicionismo. Se trataba de restituir a los antiguos siervos en palabras de Céspedes “su natural calidad de hombres libres, ejercitando su personalidad con toda amplitud, gozando de los mismos derechos civiles y políticos que los demás ciudadanos con perfecta igualdad”. En ninguna otra parte del planeta se proclamaba entonces algo semejante. No era sólo una guerra por la independencia lo que habíamos iniciado. Era, en la definición de Antonio Maceo, “la guerra por la justicia”.

La utopía cespedista, por si fuera poco, fue llevada a la práctica, se hizo realidad en Bayamo y comarcas aledañas en una experiencia revolucionaria que duró tres meses y aun espera ser rescatada del olvido.

No pasó inadvertida, sin embargo, en su momento, a quienes trataban de frenar y desviar al movimiento patriótico. Los anexionistas infiltrados en él mostraron su alarma y uno de sus más ilustrados portavoces afirmó con sorprendente lucidez el 24 de octubre de 1868: “Nunca se ha encontrado Cuba más cerca de una verdadera revolución social y socialista”.

Treinta años después el ideal cubano se hundía en el abismo. Ya no teníamos a Martí ni a Maceo como no tuvimos a Agramonte ni a Céspedes para impedir la deshonra del Zanjón.

Lo que vino después lo caracterizó Cintio de este modo: “La colonia era una injusticia; no era un engaño. La neocolonia yanqui era ambas cosas. Al convertir en simulacro y farsa lo que había sido el ideal de varias generaciones de héroes y mártires, atentaba impunemente contra la raíz misma de la patria”. En la brutal represión contra los independientes de color “la conexión entre el anexionismo y el racismo se ponía trágicamente de manifiesto”. Con la neocolonia habíamos caído en un barranco que parecía imposible remontar. “sus métodos de envilecimiento”, recuerda Cintio, “eran mucho más profundos, complejos y sutiles, al extremo que, para que una minoría tomara plena conciencia de la nueva realidad, fue necesario llegar a puntos extremos en el proceso de descomposición del país, así como el surgimiento de una nueva hornada de jóvenes que, dejando atrás el liberalismo decimonónico, se pertrechara con nuevas armas ideológicas, a la vez que reanudaba el hilo de fuego de la tradición mambisa y martiana”.

Fue necesario el sacrificio de dos generaciones más para alcanzar el alba de 1959. De nuevo nos salvó la originalidad. Si bien fuimos últimos en iniciar la marcha alcanzamos primero la definitiva independencia a la que muy temprano convocara Martí.

Pudimos derrocar a la tiranía batistiana, armada hasta los dientes por el imperialismo del que era servil instrumento, precisamente porque una nueva hornada juvenil dirigida por Fidel Castro supo ignorar dogmas y quebrar esquemas, y elaboró por sí misma una estrategia revolucionaria hasta entonces inédita en América Latina y que no tiene otros referentes que la tradición mambisa y martiana.

Triunfaba al fin la Revolución de Céspedes y Agramonte, de Martí y Maceo.

No cabría aquí reseñar el último medio siglo de realizaciones y fracasos, de riesgos y alegrías, de amor y sacrificios. Sólo diré que nunca antes, en tiempo tan breve, se hizo tanto por la justicia, la libertad y la dignidad de tantos. Nunca antes pueblo alguno fue capaz de entregar tanto amor y solidaridad por todos los rincones de la tierra. El rostro de la Patria pudo al cabo sonreír entre las lágrimas y la sangre que no han dejado de fluir porque el Imperio no ha cesado un instante en sus torvos designios. Ese es otro rasgo distintivo, único, de la experiencia cubana. Nunca antes ningún otro pueblo ha debido resistir por un período de tiempo tan prolongado los intentos de extermino en los que persiste el imperio más poderoso, zafio y arrogante de la historia. Nadie ha encarado jamás desafío semejante.

En otro texto luminoso Cintio dejó advertencias que debemos recordar: “Lo que está en peligro, lo sabemos, es la nación misma. La nación ya es inseparable de la Revolución que desde el 10 de Octubre de 1868 la constituye, y no tiene otra alternativa: o es independiente o deja de ser en absoluto. Si la Revolución fuera derrotada caeríamos en el vacío histórico que el enemigo nos desea y nos prepara, que hasta lo más elemental del pueblo olfatea como abismo. A la derrota puede llegarse, lo sabemos, por la intervención del bloqueo, el desgaste interno, y las tentaciones impuestas por la nueva situación hegemónica del mundo”. Más adelante, después de afirmar que “estamos en el momento más difícil de nuestra historia” nuestro poeta sentenció: “obligada a batirse con la insensatez del mundo a que fatalmente pertenece, amenazada siempre por las secuelas de oscuras lacras seculares, implacablemente hostilizada por la nación más poderosa del planeta, víctima también de torpezas importadas o autóctonas que nunca en la historia se cometen impunemente, nuestra pequeña isla se aprieta y se dilata, sístole y diástole, como un destello de esperanza para sí y para todos”.

Lo anterior fue escrito hace quince años. La hostilidad contra Cuba no ha cesado. Nuestro enemigo sigue siendo el mayor poder de la Tierra pero son visibles los signos de su declinación inevitable. Nuestra América avanza hacia la independencia verdadera, crece una nueva solidaridad entre nuestros pueblos que se afanan, cada cual a su manera, por edificar un mundo nuevo, el del socialismo diverso, multicolor, que a todos llama y a nadie excluye. Hace falta, en esta hora crucial, retomar lo mejor de nuestra tradición intelectual poner en tensión nuestra capacidad de pensar y contribuir a la creación de la teoría necesaria para guiarnos en esta etapa histórica específica, la del llamado capitalismo neoliberal globalizado que puede y debe ser la del principio del fin del imperialismo.

Pero que nadie se haga ilusiones. En esta etapa los peligros que acechan a Cuba son aun mayores. No olvidemos la advertencia martiana: el tigre peleará hasta morir “con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos”.

El anexionismo es una amenaza real en leyes, planes y acciones que se manifiestan con impúdica procacidad. Los anexionista del siglo XIX incluían personas cultas y a algunos que sacrificaron sus vidas por conseguir sus propósitos; los de hoy forman un anexionismo parasitario, patética chusma de batistianos, terroristas y maleantes de toda laya pagados por el presupuesto yanqui. Contraste semejante se ha operado del lado del Imperio: de Jefferson a W. Bush, ambos anexionistas, pero el primero escribió la famosa Declaración que el segundo es incapaz de leer.

Esa gentuza jamás perdonará a Cuba su independencia y que hayamos alimentado la esperanza de millones incluso en los momentos más angustiosos. Pero no podrán derrotarnos jamás si somos capaces de luchar como nos ha enseñado Cintio Vitier. Lo dijo con precisión en otro texto memorable: “en la hora actual de Cuba sabemos que nuestra verdadera fortaleza está en asumir nuestra historia”.

Por haberla asumido cabalmente son fuertes, invulnerables, como lo será la Patria, los Cinco hermanos a quienes he dedicado estas palabras.

Rebelión, 31 – 08 – 08

La Quinta Pata