A esta altura, son pocos los argentinos informados que no intuyen, al menos, que por cada punto de inflación se generan más pobres en el país. Para muchos, tampoco es novedad que los sectores rurales suelen ser los más castigados por la pobreza. No obstante, el aún fresco conflicto agrario -que sacó a la luz sólo a los grandes pooles sojeros- y las muy cuestionadas mediciones sociales y económicas del Indec, inciden en algunos "olvidos", valga la redundancia, de los más olvidados.
Es que en Mendoza, por un lado, los departamentos que poseen zonas rurales se presentan -desde hace años- como los más pobres.
Por el otro, las cifras que muestra el organismo oficial de estadísticas es considerablemente menor a las que ofrecen los estudios privados.
En este sentido, mientras la consultora Evaluecon -que viene evaluando pobreza e inflación desde fines de 2007- estima para la provincia entre 22% y 27% de pobres, el Indec asegura que esa cifra es de poco más de 15%.
Así, al desagregar los números, se observa que sólo en Lavalle 35% de la población es pobre, 4% más que hace siete años. Es decir que más de 11.000 personas no acceden a la Canasta Básica Total (que incluye bienes y servicios).
"Se trata de un porcentaje alto debido a que estamos hablando de una población pequeña", explicó José Vargas, economista al frente de la consultora.
Agregó que tanto en Lavalle como en zonas similares trabajan los dos miembros de la familia y, a veces, al menos uno de los hijos.
En la lista de los más pobres sigue La Paz, Tupungato, Malargüe, Santa Rosa, General Alvear y Las Heras. Todas zonas, con excepción de la última, que tienen altas proporciones de población rural y, algunas, en donde las cifras sorprenden; teniendo en cuenta la riqueza del lugar ya sea por la presencia de bodegas y viñas de alta gama ya sea por el cobro de regalías petroleras.
Son estas regiones, además, las que el Censo 2001 también marcó como sitios con mayor porcentaje de Necesidades Básicas Insatisfechas; un indicador de pobreza estructural que mide hacinamiento, vivienda, condiciones sanitarias, asistencia escolar y capacidad de subsistencia.
El análisis de Evaluecon aclara que los mayores niveles de pobreza se siguen centrando en los departamentos más alejados del Gran Mendoza y donde, además, es más difícil el relevamiento por parte de los encuestadores oficiales para poder llevar una estadística más "real "de lo que ocurre en la provincia.
"El campo es el gran olvidado porque, además, casi ninguna estadística lo representa", asegura el licenciado Sergio Papi, economista y asesor de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme).
RetrocesosOtro estudio de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas de Mendoza (DEIE) realizado en octubre de 2006 acerca de las condiciones de vida en las áreas rurales y urbanas señala que 23% de los hogares rurales de la provincia se encontraba bajo estas condiciones mientras que en las ciudades ese número bajaba a la mitad.
Algo similar sucedió con las cifras de la pobreza que prácticamente se duplicaban en el campo mendocino.
"Las mejoras de los índices macroeconómicos que existieron entre 2003 y 2006 corren el riesgo de desaparecer por el proceso inflacionario que borra de un plumazo todo lo logrado y lleva gente de vuelta a la pobreza; más allá de que estén empleadas o no", explica Papi.
No hay que perder de vista que 75% de los peones rurales del país trabaja en condiciones de precariedad laboral con sueldos no mayores a $700, por no mencionar el trabajo temporal.
Al respecto, Vargas coincidió en que la población del campo se encuentra en condiciones grandes de informalidad. En especial debido a que priman los trabajos temporales al mismo tiempo que se encarecen los productos alimenticios.
Por su parte, Guillermo Ander Egg -al frente del Programa Social Agropecuario dependiente de la Secretaría de Agricultura de la Nación- declaró que, en términos relativos, es mayor la pobreza rural que la urbana, en especial teniendo en cuenta las condiciones laborales y de acceso a servicios públicos.
Hay que tener en cuenta, además, que Mendoza es segunda en lo que a producción caprina respecta y que quienes viven de esta actividad, por lo general, son puesteros históricamente postergados e invisibles en términos de incidencia de políticas públicas.
"La mayoría vive en condiciones precarias de vida en las que se conjugan distancias excesivas, difícil acceso a los lugares, alta dispersión de los productores, tenencia precaria de la tierra e infraestructura deficitaria o inexistente", explicó el funcionario, cuya área de influencia intenta trabajar con pequeños productores familiares para fortalecer actividades productivas y organizativas.
Así, el campo mendocino contrasta con el de las rentas extraordinarias de otras regiones. En tanto, el gobierno debería planificar mejor para que no sean unos pocos los que pueden vivir del agro.
Riqueza para pocos
En las zonas rurales existe una contradicción entre el campo pujante y tecnológico con la realidad de miles de pequeños productores y ni que hablar de los peones y trabajadores temporales que no poseen continuidad laboral.
"La bonanza de ciertos sectores rurales no tendió al efecto derrame del que se hablaba en los 90. Por el contrario, las porciones más ricas acumulan cada vez más riqueza mientras que los pobres tienen cada vez menos", explicó el economista Sergio Papi.
Esta realidad se observa, por ejemplo, en Tupungato y Malargüe donde la distribución inequitativa de los ingresos se percibe de manera cotidiana y se agrava con el proceso inflacionario; más allá de cualquier número macroeconómico positivo. En Santa Rosa, en cambio, los contrastes son menores.
Pero el proceso inflacionario y la creación de nuevos pobres también afectó a departamentos populosos y con grandes centros urbanos como Las Heras y Guaymallén.
Estos, en 2001, tenían a 16,2% y 13,5% de la población debajo de la línea de pobreza mientras que esos índices aumentaron a 25 y 17 respectivamente.
"La disminución del salario en términos reales es lo que ha provocado el cambio y la problemática se nota más al estar en zonas muy pobladas", advirtió el responsable de Evaluecon, José Vargas.
Las bases del análisis
El trabajo realizado por Evaluecon no mide la pobreza como insuficiencia del ingreso para satisfacer ciertas necesidades, sino que utiliza una definición de pobreza en términos de la privación de capacidades y, en este sentido, se sondea a las familias para determinar cuánto dinero necesitan para no considerarse o sentirse pobres.
Este informe es el complemento de uno anterior que arrojó que, por cada punto de inflación, unas 5.500 personas pasan a ser o sentirse pobres en la provincia.
El presente estudio "desagrega" la pobreza por el lugar geográfico donde reside la familia en el momento de la encuesta o relevamiento en particular.
Para evaluar el impacto de la pobreza, la consultora trabajó con sus propios datos de inflación y costos de la Canasta Básica Total a los que sumó información de la base usuario ampliada de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec.
Sergio Papi insiste en la necesidad de que las mediciones oficiales vuelvan a ser creíbles para el correcto desarrollo de políticas públicas.
Números
N.B.I. En 2006, 23,1% de hogares rurales y 11,5% en urbanos. El 32,1% de las familias era pobre en el campo mientras que en las ciudades la cifra era de 20,7% ; según el Estudio de Condiciones de Vida de Hogares Rurales y Urbanos de la DEIE que no incluyó Godoy Cruz ni Capital.
Involución. En 2001, Lavalle tenía 31,5% de pobreza; Tupungato, 26,3%; La Paz, 21,1% y Malargüe 22,7%.
Los Andes, 03 – 08 – 08
1 comentario :
esto es una cagada..
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