
Ramzy Baroud
(Traducido por Hugo De Marinis)
El fin de la era Bush en la Casa Blanca ya se anticipa con alivio en la región árabe. Pero ¿qué se puede esperar del próximo presidente de los Estados Unidos? ¿Más de lo mismo, no importa quién gane, o algunos cambios?
En verdad, Obama ha prometido alguna forma de retirada de Iraq y cierto nivel de comunicación con Irán. Pero estas promesas son ambiguas y pueden ser fácilmente modificadas para acomodar intereses políticos y presiones del “lobby” en cualquier momento. Una reorganización militar en Iraq podría – se nos dice – ser confrontada con una escalada del involucramiento en Afganistán, una señal de que la mentalidad militante que motivó a los halcones de la guerra de la administración Bush todavía no ha cambiado y que la valiosa lección de que las bombas no traen la paz, todavía sigue sin que se le preste debida atención.
Aun dialogar con Irán es una promesa imprecisa. Para empezar, varios funcionarios de la administración de Bush ya han estado negociando con Irán – en reuniones no tan promocionadas, pero hay discusiones con Teherán de todos modos – en cuestiones muy pertinentes a los Estados Unidos y no a intereses israelíes (ej.: la guerra de Iraq). Además, en lo que se ve en general como un “cambio de políticas”, un diplomático estadounidense de jerarquía, William Burns, se unió a enviados de China, Rusia, Francia, Gran Bretaña, Alemania y la Unión Europea en las discusiones con Teherán el pasado 19 de julio. El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad elogió la participación de Estados Unidos y el “respeto” que el enviado estadounidense mostró durante el encuentro.
Pero la declaración de Obama de velar por la seguridad de Israel en sus diálogos con Irán, son alarmantes. Ha repetido incansablemente que la “opción militar” continúa en pie para defender a Israel. ¿No es esta la misma clase de política de la administración de Bush que eventualmente condujo a hacerle la guerra a Iraq? Los Estados Unidos agotarán todos los canales democráticos, pero la “opción militar” se mantiene en el menú. Esta fue la esencia del mensaje repetida por los apologetas de la guerra de la Casa Blanca a través de las dos presidencias de Bush. ¿Alguien necesita una prueba de por qué tal postura no refleja del todo bien una diplomacia bien intencionada?
Leer todo el artículoLo que es igualmente peligroso en el pronunciamiento de Obama es que debe estarse sintiendo presionado por equilibrar su aparentemente suave actitud hacia Iraq e Irán y por lo tanto exagera la posición pro-Israel de su país. Esto podría descarrilar cualquier posibilidad de una solución pacífica al conflicto palestino – israelí, al menos durante su administración. De hecho, hay abundantes indicaciones ominosas de esta presión y de cómo el candidato sucumbe ante ellas. La última fue su afirmación, antes de la visita, que Jerusalén debe mantenerse sin divisiones, una posición que niega las leyes internacionales y la tradición sólida de varias administraciones estadounidenses, incluida la de Bush.
Uno no necesita repetir lo que Obama dijo en su visita a Israel, porque esa retórica se está convirtiendo en algo de lo más predecible. Su “compromiso” con este país y la siempre “especial relación” que une a las dos naciones fueron generosamente invocadas. Obama prometió hacer lo imposible para mantener la seguridad de Israel y no permitir que Irán desarrolle sus capacidades nucleares. Con los palestinos, en tanto, parece verdaderamente interesado en entablar relación con sus fuerzas no-democráticas y evitar a aquellos que se animan a desafiar la línea oficial y sesgada del país del norte que ha contribuido de mil maneras al conflicto en pleno curso.
Obama insiste en no prestar atención al punto ciego que ha venido desestabilizando el Oriente Medio por generaciones. Si está realmente interesado en enderezar el curso distorsionado de la política exterior de su país en la región, hay que concluir que lo está viendo desde una perspectiva israelí, la misma que la usada por la camarilla neoconservadora de Bush que llevó a los Estados Unidos a una ruina sin paralelos en la Mesopotamia.
Pero Obama no está solo. Si llegara a ganar las elecciones se unirá a un grupo creciente de líderes occidentales que se rehúsan a apelar al sentido común y que se comportan de modo errático, aun contra los deseos de la gente que representan.
Empezando con la visita en marzo de la canciller alemana Angela Merkel a Israel, siguiendo con la del presidente francés Nicolas Sarkozy en junio y por último la del primer ministro británico Gordon Brown en julio, ninguno logró desviarse de la previsible idea: primero y principal, siempre Israel. En verdad, en algunos círculos gustó que Sarkozy se animara en cierta forma a criticar la política de asentamientos de Israel en Jerusalén – algo que Obama no osaría repetir ni siquiera en privado – pero lo trascendente es lo mismo: Israel, un país de unos pocos millones, se mantiene como la preocupación primaria de Occidente en una región de cientos de millones. El “compromiso” descarado de estos líderes con Israel, sin que importe la política consistentemente brutal implementada por este Estado, por lo menos podría decirse que es extraño; extraño y por cierto no-democrático.
Una encuesta internacional, conducida por WorldPublicOpinion.org examinó los puntos de vista de gente de 18 países, incluidos Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos. Los resultados de la encuesta se publicaron el 1ro de julio pasado y fueron por demás reveladores. En 14 países “la gente en su mayoría dice que sus gobiernos no deberían tomar partido en el conflicto palestino-israelí. Solo tres países se ponen del lado de los palestinos (Egipto, Irán y Turquía) y uno está dividido (India). Ningún país favorece a Israel, incluido Estados Unidos, donde el 71 por ciento se inclina por no tomar posición en el conflicto”. Todo lo dicho sobre la “causa común” y la “relación especial” y la “tierra prometida”, y aún así los traficantes del miedo de las bandas de Armagedón no lograron torcer la opinión de la gran mayoría de los estadounidenses.
¿Por qué entonces el “candidato del cambio”, Obama, no escucha a su propia gente y realmente desanda el camino destructivo seguido por su gobierno en lo que respecta a Palestina e Israel? ¿Por qué el británico Brown y el francés Sarkozy no escuchan a su gente, considerando que un igual porcentaje en ambos países – 79 por ciento – les está suplicando que lo hagan? Estos resultados por supuesto han venido repitiéndose de manera invariable en la opinión pública de los países de occidente por años. A estos líderes debería incumbirles respetar los criterios de la democracia en sus propios países antes de pretender dar clases a otros.
Luego de su viaje a Israel, Obama hizo un tour europeo que lo llevó por Alemania, Francia y el Reino Unido. Su recepción en esos países fue descrita como “cálida” y “alegre”, y las expectativas que generó fueron “altas” en todos los lugares que visitó, incluido Israel. En cambio para los palestinos, de nuevo más de lo mismo: las mismas exigencias arrogantes, las mismas políticas injustas y siempre cuando se lidia con ellos, el mismo sesgo históricamente inconmovible.
En la sureña ciudad israelí de Siderot, un Obama de sonrisa amplia recibió una remera con una leyenda que decía “Siderot ama a Obama”. Obama, por supuesto, no visitó el campo de concentración de Gaza para informarse qué pensaban los palestinos de él, teniendo en cuenta su encendida defensa de la política atroz de Israel en la Franja en años recientes. Uno no puede sino imaginarse qué diría una remera en Gaza de regalo para Obama.
Ramzy Baroud (
www.ramzybaroud.net) es autor y editor de Palestine-Chronicle.com. Sus trabajos han sido publicados en varios periódicos y publicaciones universitarias alrededor del mundo. Su último libro se titula The Second Palestinian Infitada: A Chronicle of a People’s Struggle (Pluto Press, London).
Z-net, 04 – 08 – 08
La Quinta Pata
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