José Castillo
*
Los vencimientos de deuda pública empiezan a acumularse generando peligrosos nubarrones. Hoy, se mezclan con la ya difícil situación de los índices estadísticos.
No se trata de un mero debate académico. Uno de los pilares del discurso, primero de Néstor Kirchner y posteriormente de la presidente Cristina Fernández, es que, cuando nuestro país pagó 11.000 millones de dólares al FMI, para cancelar por adelantado su deuda con ese organismo, empezó a terminarse con nuestra sujeción a los mercados financieros internacionales. Y que esto se cimentó posteriormente con el canje de bonos de ese año. Ahí, se nos dijo, ahora sí, el viejo y remanido tema de la deuda externa estaba terminado. Ya nunca más íbamos a depender de los vaivenes de los mercados internacionales. Y nuestra política económica se independizaba "definitivamente" de los dictados del FMI.
De poco sirvió que muchos advirtiéramos que, cual bola de nieve, nuestro endeudamiento comenzaba otra vez su senda de crecimiento hacia el infinito. Ni, menos aún, explicar que, cuando nos prestaba Chávez, no era por bondad o "solidaridad latinoamericana", sino por el excelente negocio de hacerlo a una tasa que era el doble que la internacional. Durante un par de años predominó en amplios sectores la confianza en que, esta vez sí, el tema de la deuda externa pertenecía al pasado.
Pero no se puede tapar el cielo con las manos. Así seguimos tirando divisas. Desaforadamente. Hace quince días se pagaron 2.346 millones de dólares por los vencimientos de capital e intereses del Boden 2012. La inmensa mayoría de ese dinero no se reinvirtió, sino que se fugó del país. Recordemos que ese bono, que originalmente se había entregado a ahorristas que habían quedado atrapados en el corralito y a bancos para "compensarlos" por la pesificación de deudas, hoy está mayoritariamente en manos de fondos de inversión y bancos, y en una gran parte en el exterior del país.
El Indec y la deudaAhora se incorporó un nuevo eje al debate. El gobierno ha dicho que defender el sinceramiento de los índices inflacionarios es hacerle el juego a los acreedores externos. Incluso hubo funcionarios que acusaron a los propios técnicos hoy desplazados del INDEC de tener intereses comunes con los titulares de bonos de la deuda externa que se ajustan por inflación. Con esto se quiere esconder el motivo real por el que destruyó el INDEC: evitar que se conozca cual es la verdadera inflación, para impedir que los trabajadores, en sus negociaciones paritarias, exigieran aumentos acordes a la pérdida de su poder adquisitivo. Que hoy nadie le crea a los números del INDEC, y que incluso los sindicalistas más oficialistas tengan que reconocer cálculos alternativos, no nos debe hacer olvidar que ese fue el objetivo inaugural de la intervención al Instituto, allá por marzo del 2007.
Leer todo el artículoHoy los funcionarios oficiales dicen por lo bajo que, si se reconocen índices mayores, aumentará la deuda externa porque hay más de 60.000 millones de dólares en bonos que ajustan por el CER (índice de inflación). Así, el "dibujo" del Indec nos habría "ahorrado" 600 millones de dólares por cada punto menos de inflación reconocido. La cuenta es burda: hay otros bonos que ajustan por crecimiento del PBI, y, al subvalorar la inflación, se termina inflando el aumento del PBI.
Haciendo cuentas: ¿Cuánto se ahorró el gobierno? Se dice que 12.000 millones de dólares, por los 18 puntos de diferencia entre la inflación oficial y la real. Pero el país la paga con la mayor tasa de interés. Y también por lo que paga de más con los otros bonos, los que ajustan por el incremento del PBI. La sobreestimación del PBI se calcula en dos puntos (se dice que la economía creció al 8% y lo hizo en realidad al 6%). Esto implica que por cada punto que se agranda el PBI, la deuda crece entre 200 y 300 millones de dólares.
O sea, lo que se gana por un lado, se pierde por el otro. Y además, la falsificación de los índices ha generado que la tasa de interés a la que se nos preste sea un 10% superior a la de los otros países de la región. El balance es claro: pese al "maquillaje del Indec", el primer semestre del 2008 la deuda externa creció 2.800 millones de dólares.
Y hay otro hecho que se debe destacar. Los bonos que se ajustan por inflación no fueron una "herencia" que recibió el kirchnerismo: fueron inventados en el canje del 2005, que en su momento fue presentado como la gran proeza que nos había "liberado definitivamente" del fantasma de la deuda.
La hora de pagar "cash"
El nuevo problema del gobierno es que empiezan a caer los vencimientos "fuertes" de ese canje. Y esto sucede justo ahora que, crisis económica mundial mediante, se han cerrado todas las fuentes externas de financiamiento. El gobierno viene maniobrando, usando para pagar los superávits fiscal récord de los últimos años, el superávit del Anses o renegociando cada vencimiento tirando bonos al mercado y exigiendo su compra a las AFJP. Pero frente a la ola de grandes vencimientos no hay maniobra que valga. Para eso le queda una sola ventanilla exterior: los préstamos de Venezuela. Chávez ya lleva comprados 7.416 millones de dólares en Boden 2015. Claro que ya no los tiene, sino que se los ha vendido a los bancos comerciales venezolanos que a su vez los han colocado en Estados Unidos, en una compleja operación financiera que les permite a estos banqueros evadir el valor oficial del dólar y quedarse con la diferencia entre este valor y el del mercado paralelo venezolano.
El escándalo estalló hace diez días, cuando el gobierno venezolano le prestó a la Argentina 1.000 millones de dólares a una tasa del 15,6%. Para comparar: en junio de 2001, Cavallo realizó la operación conocida como "megacanje", y pagó una tasa, en ese momento considerada usuraria, del 15,29%. Perú acaba de pagar una tasa por un bono emitido por un plazo similar (con vencimiento en el 2015) una tasa del 5,6%. ¡Se estaba aceptando una tasa igual a la de los momentos anteriores a la cesación de pagos del 2001, un 10% por encima de la del mercado! Encima Chávez inmediatamente vendió los bonos a los bancos venezolanos, que se desprendieron inmediatamente de ellos, para hacer el negocio que mencionamos más arriba.
Ahí estalló todo. Los operadores de Wall Street encendieron sus luces rojas, recomendaron "vender" todos los bonos argentinos que estuvieran dando vueltas por el mercado, haciéndolos caer un 13%. E incluso reapareció un viejo indicador, "el riesgo país", muy de moda en los meses previos a diciembre del 2001. Llegó a 727 puntos en la medición que lleva el JP Morgan (que sólo mide la deuda emitida en dólares y bajo legislación extranjera) y a 1.000 puntos para Ecolatina, que mide la totalidad de la deuda, el riesgo país está ya en los 1.000 puntos. El gobierno quiso dar marcha atrás, y ordenó... volver a comprar los mismos bonos que había vendido, ya que ahora estaban baratos. Así logró que estos volvieran a subir su cotización. En el medio, el gobierno había despilfarrado varios millones de dólares más, mientras los buitres hacían ganancias fabulosas "comprando cuando bajaba" y "vendiendo cuando subía".
Lo que se viene
En diciembre hay que abonar otros 1.500 millones de dólares por un bono que surgió del canje del 2005. Y para el 2009 vencen casi 20.000 millones de dólares (11.000 millones de capital y el resto de intereses) ¿Cómo se va a hacer para pagar?
El "plan" presupone que el año que viene se va a obtener 11.000 millones de superávit fiscal (suponiendo 3% del PBI de superávit fiscal primario). Pero todavía va a faltar conseguir los 9.000 restantes. Se habla de que entre el superávit de la Anses, un préstamo del BID y bonos de corto plazo colocados en bancos locales podría lograrse 4.500 millones. Pero todavía faltarían otros 4.500 que, o bien los presta Chávez, o habrá que afrontarlos con las reservas del Banco Central. En síntesis: estamos, de nuevo, ante un serio problema financiero. Discutiendo ante cada vencimiento de dónde sale la plata para pagarlo. Tema que estará omnipresente tanto este año como el que viene. Llegó el momento de volver a discutir seriamente si tiene sentido seguir pagando ad infinitum una deuda en cuyo origen último campea la ilegalidad y la ilegitimidad que viene desde la dictadura militar, y que fue pagada ya varias veces durante los últimos 25 años.
*Economista. Profesor de Economía Política y Sociología Política en la UBA. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).
La Arena, 22 - 08 – 08
La Quinta Pata
No hay comentarios :
Publicar un comentario