
Lisandro De Marinis
¿Qué pasa con la hinchada de Argentina? ¿Por qué las tribunas no cantan ni alientan a la selección nacional? ¿Por qué el estadio de River Plate es el más frío de estas eliminatorias sudamericanas para el Mundial de Sudáfrica? La prensa deportiva ya captó este fenómeno, aunque vacila a la hora de explicar lo que sucede. Se preguntan por ejemplo si el público que va a ver a la selección es aquel que se da cita los domingos en las diferentes canchas de la geografía argentina. ¿Cómo saberlo?, aunque algo rasposo indicaría que no.
Es que, en los últimos años, el hincha que llega al Monumental para ver a la selección se sienta confortablemente en su butaca tal como lo haría en el teatro o en el cine. Hasta acá nada grave, si no fuera por ese desapasionado “murmullo incesante”, típico de una multitud fragmentada en partículas individuales que hablan por celular, mientras Messi, por ejemplo, se dedica a llenar el cráter que dejó Maradona en la cancha y da motivos suficientes como para festejar un poco, mientras la tabla de posiciones alerta nuestra delicada posición en ella, o mientras los miles de paraguayos que coparon su tribuna detrás del arco, alentaban y cantaban reunidos en una asombrosa unidad homogénea que vaya si se hacía oír.
Leer todo el artículoComo se sabe, la gente que sigue a cualquier equipo, se organiza bajo códigos muy específicos. Las plateas y las populares (con sus respectivas subdivisiones) contienen y dividen a la hinchada que se da cita. En las populares se encuentran las famosas barras bravas, siempre ocupando la
centralidad del acontecimiento, siempre portando banderas, paraguas, papelitos, pirotecnia, bombos, trompetas, globos, y cualquier insumo que pueda servir para colorear la escena. Aquí tenemos entonces un grupo radical e infaltable que caracteriza el fondo de todo contexto futbolero, pero que evidentemente está cada vez mas ausente cuando se presenta la selección.
El asunto de estas barras es complejo y ha suscitado desde siempre las más encarnizadas polémicas en los especialistas. No es la intención aquí analizar este fenómeno social en rigor; basta decir que hay quienes opinan que son el cáncer de nuestro fútbol y deberían sin más ser eliminados de las canchas, y hay también quienes los consideran como un aspecto folclórico y cultural por excelencia. Se habla de su relación política con las dirigencias. Se habla de sus intereses económicos. Se habla de la violencia con que se manejan. Y se habla también de la necesidad de su existencia en el paisaje futbolístico, en tanto que garantizan rentables operativos policiales, siempre dispuestos a garantizar la seguridad del partido de hoy, y también la inseguridad de los que vendrán mañana.
En fin. Las políticas llevadas a cabo para erradicar lo indeseable de las tribunas parecen tener mayor aceptación y eficacia a nivel selección (aunque en los clubes “grandes” son cada vez más notorias las políticas selectivas y de exclusión). Por citar un ejemplo, las entradas (de elevado costo para un sueldo promedio) se adquieren solo por vía telefónica o bien
online. Luego, grandes corporaciones adquieren tickets por montones, y vaya uno a saber qué diablos hacen con ellos, cómo los distribuyen. Acaso hay también una selección de hinchas convocados por su poder adquisitivo para consumir el fútbol de elite.
Juan Pablo Barski es un periodista deportivo de enorme capacidad y originalidad, es conductor (junto a Macaya Márquez) de
“Fútbol de primera”, programa televisivo de mayor audiencia en este campo. El periodista ha propuesto (un poco en broma) una campaña para terminar con esa maldita canción patriótica, que además nos retrotrae al nefasto
Mundial 78, y dice:
“Vamo’ vamo’, la Argentina, vamo’ vamo’, a ganar, que esta banda, quilombera, no te deja, no te deja de alentar…” Afirma Basrki que este canto es una porquería espantosa y debería ser renovado urgentemente. ¿Quién sabe?, quizá tenga algo de razón.
Ante el silencio insoldable de los argentinos, los paraguayos cantaron, acaso insolentemente:
“y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez…”, peligrosa arenga que un paraguayo habitualmente se cuidaría de decirla en el ceno de una sociedad xenófoba como hoy es Argentina respecto a sus rivales de eliminatorias:
bolitas, paraguas, chilotes, yoruguas, perucas y brasucas. El fútbol suele espejar las peores miserias de una sociedad cuando la hinchada intenta agredir, o cuando se naturaliza un contenido discriminador en el canto. Pero la respuesta argentina en las tribunas siguió siendo un murmullo incesante: el “paraguayo de mierda”, el “volvete a tu país”, el “dejá de robar el pan a los argentinos”, etc., del sujeto xenófobo, que por fortuna, no encontró consenso popular. Tan solo un elemental
“vamo vamo…”. Por eso los paraguayos remataron con un
“ayayay, ayayay, no tengás miedo, podés cantar”.
Redacción
La Quinta Pata
La Quinta Pata
1 comentario :
EL estadio de river es el mas grande!!!!!!!!!!!!
la de boca es la mas fria!!!!!!
y simpre q se va a alentar a la seleccion se alienta!! ustedes estuvieron ahi parec q no ...
besos..
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