
Alberto Atienza
Una misión para el vicepresidente Cobos
Todo el mundo, casi sin excepción, salvo los integrantes de las tribus Tobas afincadas en el corazón del casi impenetrable Chaco salteño, vio la caída de las torres gemelas en ese fatídico día once. Hecho brutal cometido en nombre de dios. Algún dios de quien el verdadero Dios se avergüenza. Esas personas no “gozan” de nuestra tv. Acaso los únicos que no sintieron ese terror de ver como la eternidad con la que nos amenazan las ciudades, con sus monumentos y sus historias, es algo también efímero. Aunque ellos, para nada urbanos, viven a diario ese pánico cuando avanzan sin freno los gobiernos los destructores de bosques, exterminando la fauna, implacables en la cancelación de alimentos, en instalar el desierto en el ámbito de la flora y empujando a famélicas ancianas Tobas a morir de hambre en las iglesias.

La hecatombe de las torres. Miles de muertos en poco tiempo y la tv testigo de estos días conmoviendo al mundo con ese duelo emergente de una insania. Dicen que es una respuesta a otras formas de locura nacientes del afán desmedido de poder y dominio. Dos holocaustos contemporáneos, uno globalizado y el otro silencioso, con el único despliegue de prensa de una viejita aborigen, piel y huesos, clamando por comida para ella, sus hijos y nietos y para otras, muchas, familias iguales de hambreadas. El pueblo Toba reside en un monte que a diario deja de serlo, arrasado por los comerciantes en madera con el visto bueno de gobernantes. El pánico de los Tobas, al ver que su “ciudad” de verde, de cantos de pájaros, su hogar ancestral, tampoco es algo eterno como contaban los antepasados.
El calvario de los originarios habitantes del Chaco sigue su doloroso derrotero. Es como si las torres gemelas no terminaran de caer. Muertes silenciosas sin estrépito de cámaras. Agonías lentas, peores que un súbito fin. Hambre a cambio de bolsillos llenos de insensibles industriales y la inacción de no menos duros políticos argentinos que conceden los permisos de explotación o no intervienen en la venta de tierras cuyos nuevos dueños generan el desmonte.
Leer todo el artículoNo se le puede pedir peras al olmo, decían los antiguos. Expresaban con esa suerte de perogrullada que es en vano percutir con la verdad en la cabeza de alguien dominado por la codicia o la soberbia. Ese es el caso de quienes permiten el genocidio que se está cometiendo con tribus originarias del Norte argentino. Ahí vivían sus ancestros antes de que llegaran los conquistadores con sus armas, cruces y pestes ¿A quién le importa la desnutrición de niños de la selva cuando el periodismo se regodea con los millones de dólares que el traspaso de las AFJP le dejarán al gobierno central? ¿O el casamiento de dos homosexuales de la farándula?
Sin dudas los acontecimientos mandan. El periodismo actual funciona, salvo excepciones, como un simple repetidor de una realidad avasalladora a un ritmo tinellinesco.
¿Por qué la prensa de Buenos Aires, que puede modificar positivamente algunas cosas no aterrizó en el sitio donde los indios ayunan para luego morir? ¿Cuál es la razón que inhibe a periodistas de fuste a exigirle respuestas al gobernador de esa provincia, escenario de los abandonos de personas? ¿Y los políticos opositores del lugar? ¿Y los otros, que habitan en la bella Cabeza de Goliat? ¿Qué hicieron los que viven de la gente? Nada. La prensa reflejó pálidamente los hechos como un espejo de anciano azogue, salvo honrosas excepciones.
DatosEn 2007 murieron 14 miembros de esa comunidad debido a dolencias emergentes de la pobreza. Del 2008 no hay cifras.
El gobierno (Chaco) sostiene que la difusión de esos fallecimientos es parte de una campaña de desprestigio “que dejará secuelas en la imagen de la provincia no sólo a nivel nacional sino internacional”
“La relación de la comunidad aborigen con la tierra es indivisible y el vínculo con el monte es total. Cuando se les quita el monte se les quita todo” ” (Rolando Núñez del Centro Mandela)
Los Tobas son la tercera etnia en la Argentina. De los 70.000 existentes, 60.000 viven en el Chaco.
Mabel Pino Fernández, de 45 años y 26 kilos de peso, falleció. Padecía diabetes, emergente de la desnutrición. “Algo que sólo se ve en pueblos de Asia y África” (Núñez)
“No nos atienden en los centros de salud porque somos indígenas” (Bashe Nuhem, vocera de las Comunidades Indígenas)
“Advertimos que la mayoría de las muertes son de niños” (Núñez)
El gobierno provincial (Chaco) no informa sobre cuántos son los afectados por la hambruna. El Centro Mandela evaluó 170 casos de enfermos de Chagas y Tuberculosis.
Algunos tiros para el lado de la justiciaRadio Mitre y Radio Netherland llegaron al lugar donde los aborígenes languidecen. Instalaron el problema, de nuevo, a nivel nacional. Ocurrió hace un año. Las soluciones de fondo no llegan.
Antes la cantante Patricia Sosa reunió seis camiones con alimentos para los Tobas.
Veteranos de Malvinas también concurrieron a la zona con ayuda.
El defensor del pueblo de la Nación presentó una demanda ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que se detenga “el exterminio silencioso, progresivo, sistemático e inexorable de los Tobas”
Un pedidoA todos los habitantes del país nos alegraría infinitamente más que un triunfo del tenista Del Potro o los goles del seleccionado nacional, que nuestra elegante presidenta, que tan bien habla, llegara al Chaco con un paquete de soluciones y que no delegue más funciones en la bella Patricia Sosa o en veteranos de Malvinas. Es uno de los roles que le toca.
Y si está muy ocupada, bueno, es el momento para que el vicepresidente Cobos se haga cargo de este necesario e impostergable salvataje. ¿Exhibirá de nuevo su valentía el mendocino?
Se lo preguntamos Don Cleto ¿Es capaz de darle una buena mano al pueblo Toba tan argentino como usted?
Lo saludamos muy atentamente y quedamos a la espera de su respuesta.
Redacción
La Quinta Pata, 03 – 11 – 08
La Quinta Pata
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