Todos tenemos derecho a tener un sueño, a imaginarnos una utopía y a luchar por ella. Hay quienes han pretendido que, estigmatizándonos es el camino más fácil para silenciarnos. Somos parte de esa Colombia olvidada por las instituciones, olvidada por la democracia, pero sobre todo, somos parte de esa Colombia maltratada y herida, masacrada por el terrorismo de Estado, sólo por pensar distinto.
Ante esta evidencia, no empeñamos nuestra palabra, no somos periodistas pre-pagados, no somos camaleones políticos, o áulicos de nadie. Y si no nos ha silenciado el Terrorismo de Estado muchos menos nos va silenciar la seudo izquierda, la oportunista, aquella que agazapada en su ego divide y siembra cizaña para evitar la construcción de un proyecto unitario que sea alternativa de poder para realizar los cambios que Colombia necesita.
Hay una izquierda en Colombia que ha renunciado a la construcción de una sociedad democrática, con justicia social, donde cada ciudadano pueda vivir dignamente. Esa supuesta izquierda le apuesta al continuismo, al capitalismo con rostro humano, al maquillaje de la lucha de clases, a la ciudadanía de papel y a la democracia de opereta y oropel. Esa izquierda mimada por Semana, por Cambio y por todos los medios oficiales, que sin ninguna perspectiva político-ideológica permite que la oligarquía colombiana y sus medios masivos le impongan la agenda política y sobre todo su pánfilo discurso. Esta izquierda ignora que su ego, comienza a tener forma corpórea en el discurso de la oligarquía colombiana, finalizando por utilizar los medios oficiales de la oligarquía para dar una discusión que puede darse en las instancias democráticas definidas por el polo.
La bajeza de esta seudo izquierda se nota en la dinámica optada, no va a discutir a las instancias que el POLO ha definido democráticamente, pero abre la discusión desde las trincheras del Tiempo, Semana y otros. Esta seudo izquierda hipotecó su pensamiento y vendió su alma al diablo. Quién explica, por ejemplo que un hombre como Argelino Garzón – representante de esta seudo izquierda – termine siendo embajador de la seguridad democrática en la misión permanente de Naciones Unidas en Ginebra. Su rol, invitar a comer y tomar vino a cuanto sindicalista colombiano viene a denunciar los atropellos del gobierno colombiano. Así terminan, comiendo las migajas del poder e hipotecando su conciencia.
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