Frei Betto*, Paréntesis, Mendoza, Nº 2 verano de 1999.
La Biblia, en la sabiduría del Libro de Eclesiastés, dice que “debajo del firmamento hay momento para todo, el tiempo justo para cada cosa. Tiempo para nacer y tiempo para morir. Tiempo para plantar y tiempo para cosechar. Tiempo para amar y tiempo para odiar. Tiempo para la guerra y tiempo para la paz”
(3, 1-8).
Este es un tiempo para apreciar el esfuerzo por la liberación de América Latina y al mismo tiempo, asumir nuevos paradigmas, nuevos criterios éticos, nuevos métodos y estrategias que nos permitan vencer el sistema de opresión consustanciado con el capitalismo neoliberal.
Época de liberación
En el umbral del tercer milenio y del siglo XXI, podemos considerar que el siglo XX fue, sin duda, un tiempo de cambios.
Muchos eventos nos permiten caracterizar al siglo —que terminará en el año 2000, y no en diciembre de 1999, como quieren las agencias de turismo— como un período de avance rumbo a la emancipación del ser humano: las revoluciones rusa, china, cubana y sandinista; la descolonización de África y de Asia; la victoria de la Segunda Guerra contra el nazifascismo; el movimiento estudiantil y la revolución cultural de los años 60; la derrota impuesta a los Estados Unidos por el heroico pueblo vietnamita, la liberación de la mujer, la lucha contra la discriminación racial; la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, el fin del apartheid en África del Sur y la ascensión de Nelson Mandela, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Ghandi y la independencia de la India, la Teología de la Liberación y la participación de los cristianos en las luchas por la justicia, etc.
Tantos sucesos no nos impiden reconocer equívocos y derrotas.
Es tiempo de la crítica de la razón dialéctica. Si la modernidad exaltó las posibilidades de la razón y descolocó la cosmovisión teocéntrica para la antropocéntrica, ahora la crisis del racionalismo —que nos permite vislumbrar la “pos-modernidad”— exige que evaluemos los desaciertos del proceso emancipatorio.
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La Biblia, en la sabiduría del Libro de Eclesiastés, dice que “debajo del firmamento hay momento para todo, el tiempo justo para cada cosa. Tiempo para nacer y tiempo para morir. Tiempo para plantar y tiempo para cosechar. Tiempo para amar y tiempo para odiar. Tiempo para la guerra y tiempo para la paz”
(3, 1-8).
Este es un tiempo para apreciar el esfuerzo por la liberación de América Latina y al mismo tiempo, asumir nuevos paradigmas, nuevos criterios éticos, nuevos métodos y estrategias que nos permitan vencer el sistema de opresión consustanciado con el capitalismo neoliberal.
Época de liberación
En el umbral del tercer milenio y del siglo XXI, podemos considerar que el siglo XX fue, sin duda, un tiempo de cambios.
Muchos eventos nos permiten caracterizar al siglo —que terminará en el año 2000, y no en diciembre de 1999, como quieren las agencias de turismo— como un período de avance rumbo a la emancipación del ser humano: las revoluciones rusa, china, cubana y sandinista; la descolonización de África y de Asia; la victoria de la Segunda Guerra contra el nazifascismo; el movimiento estudiantil y la revolución cultural de los años 60; la derrota impuesta a los Estados Unidos por el heroico pueblo vietnamita, la liberación de la mujer, la lucha contra la discriminación racial; la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, el fin del apartheid en África del Sur y la ascensión de Nelson Mandela, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Ghandi y la independencia de la India, la Teología de la Liberación y la participación de los cristianos en las luchas por la justicia, etc.
Tantos sucesos no nos impiden reconocer equívocos y derrotas.
Es tiempo de la crítica de la razón dialéctica. Si la modernidad exaltó las posibilidades de la razón y descolocó la cosmovisión teocéntrica para la antropocéntrica, ahora la crisis del racionalismo —que nos permite vislumbrar la “pos-modernidad”— exige que evaluemos los desaciertos del proceso emancipatorio.
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