domingo, 24 de febrero de 2013

Violaciones en familia: hablar el horror

Penélope Moro

Liliana Mizrahi es psicóloga, ensayista y poeta. En sus escritos desnuda al poder patriarcal de la sociedad que arremete contra el cuerpo, los deseos y la dignidad de las mujeres. Su último libro, “Mujeres libres y crímenes sociales”, dedica un espacio a analizar las “violaciones en familia” a través de su experiencia como terapeuta, lo que se transforma en un aporte fundamental al momento de promover el crecimiento de seres humanos más libres y plenos.

La inexorable repulsión que provoca el abuso de niños y niñas por parte de sus adultos no debe servir de excusa para mantener la clandestinidad de esta realidad alojada en el seno familiar. Aprender a hablar del tema y a escuchar el dolor es, para Mizrahi, la manera de comenzar a romper el pacto de silencio que solventa este horror. Pero además, deja abierta la puerta a la reparación de los daños sufridos y de las marcas acarreadas durante años para las personas adultas que en su infancia o adolescencia fueron víctimas de la mayor perversión.

- En el libro sostenés que las personas que han sido abusadas en la infancia son muchas más de las que imaginamos ¿Qué habilita esta realidad?
En la realidad lo comencé a descubrir en mi consultorio, comencé a preguntar como rutina si habían vivido toqueteos o manoseos cuando eran niños. Y me sorprendió la cantidad de personas que hablaron por primera vez de esas experiencias. Niñas con sus padres o tíos, con algún hermano varón, con un vecino. Y cada uno lo relataba en su estilo, con o sin pudor, todos con esfuerzo, otros banalizaban la situación. También escuché relatos de varones abusados por sus propios sacerdotes y niñas muy pobres violadas por su sacerdote de confianza.

- ¿Qué lleva a un ser humano a violar a un niño/a?
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Los niños se convierten en objetos sexuales atractivos para estos pedófilos, que son seres muy enfermos. Es una perversión, un desvío emocional y moral. Se dicen amantes de los niños, sin embargo parece que algunos no son conscientes del daño que hacen. Y si saben el daño, lo niegan. No les interesa el/la niño/a como otro/a. Esos abusos son una marca, un tatuaje que no podrán borrar y que incide en su vida de adultos, en su sexualidad, en su sumisión y obediencia al maltrato; en sus bloqueos intelectuales y emocionales; en su confusión con respecto a sí mismos/as y a los otros. Es un daño profundo.

- ¿Qué efectos trae en la vida de una persona el hecho de haber sufrido abusos sexuales durante su infancia o adolescencia? ¿Cuáles son las consecuencias de reprimir esos recuerdos dolorosos?
Reprimir una situación traumática de la infancia y la adolescencia tiene un costo en vida. Aparecen, como dije antes, bloqueos, que pueden ser emocionales, sexuales, la tendencia a vincularse con maltratadores, como una repetición compulsiva de conductas autodestructivas que no asocian al abuso y no entienden por qué repiten. Lo reprimido retorna y se expresa por donde puede. A veces no es fácil de leer o comprender, pero el retorno de lo reprimido se cumple inexorablemente.
Repiten como un modo de recordar y elaborar, fracasan. Solos no pueden soportar ese drama personal de niños. Algunos creen que no les dejó ninguna marca y no quieren hablar del abuso, y aparecen como un poco congelados. Se trata de profundizar en el significado de ese abuso en la vida y poder convivir con el hecho de un modo maduro.

- ¿Qué diferencias hay entre una persona que ha podido exteriorizar esos sentimientos provocados por el abuso y las que los mantienen reprimidos?
Alguien que puede exteriorizar, expresar lo que siente, es alguien más libre que quien reprime. Reprimir es destinar un caudal de fuerza, inteligencia, sensibilidad para que algo no aparezca y no se sepa: esa persona se empobrece, dispone menos de sí misma. La represión implica perder grados de libertad en la vida y la necesidad de control permanente para que no retorne lo reprimido.

- Hablás de distintos tipos de abusos en familia, no solo del sexual. ¿Cuáles son los otros? ¿Qué efectos deparan?
El abuso emocional, el ataque constante a la autoestima o a la identidad. El ninguneo: “Vos no existís”. El abuso del otro como chivo expiatorio, como tacho de basura, como felpudo. El abuso doloroso que es la exclusión dentro de la familia. Si esa persona está sometida a ese tipo de maltrato, humillación, burla, desprecio, exclusión dentro del grupo, esa situación puede llevarla a una pérdida del sentido de su vida, sentimientos dolorosos de no pertenencia, el deseo de un intento de suicidio o un accidente. El abuso emocional puede ser enloquecedor. Una forma del abuso emocional es el silencio, no hablarle a la otra persona, no contestarle.

- ¿Qué buscan los padres o madres abusadores? ¿Qué los motiva a provocar ese daño sobre un hijo o una hija?
Esos padres están repitiendo, pero no lo saben, actúan su violencia reprimida. Habría que indagar sus propias infancias. Usan al niño como depositario de sus frustraciones, limitaciones, carencias, violencia infantil reprimida. El niño no tiene capacidad de defenderse, teme denunciar, no está educado. No tiene a quién recurrir, no sabe decirlo, tiene miedo. No entiende.
Esos padres buscan una descarga, y encuentran en el/la niño/a una víctima propiciatoria y sin defensa.

- ¿Se puede, de alguna manera, tipificar el tipo de familia donde se cometen abusos sobre hijos e hijas?
Son familias disfuncionales, muy complejas y problemáticas, con serias perturbaciones en la comunicación, con una enorme cantidad de conflictos que están sin resolver y eso genera tensión, violencia, silencio, insultos sin límites, golpes. Son vínculos muy enfermos y enfermantes. En la microcultura familiar el abuso está permitido implícitamente.

- ¿Cómo es que se mantiene en el tiempo un abuso intrafamiliar? ¿Qué es lo que hace funcionar la clandestinidad de esos hechos?
Puede durar décadas o una sola vez. Yo he tratado mujeres que tenían relaciones con sus padres varones durante 30 años y cuando una de ellas puso un límite, el padre se suicidó. La clandestinidad implica el secreto y la represión de lo que está sucediendo. Lo que sucede, el abuso, tiene que quedar fuera de lo social, lo público. Es un tabú. Lo que permite la clandestinidad es el consenso, es un sistema de complicidades. Es un pacto de silencio. El abuso forma parte de la violencia de una sociedad patriarcal que se cree con derechos sobre el cuerpo y la voluntad del otro. El otro ha sido cosificado, es una cosa que los excita y necesitan compulsivamente poseer para su goce, y creen que eso es amor. Los excita la disponibilidad y vulnerabilidad del niño del cual pueden disponer.

- En los casos en que los abusadores son los padres o padrastros, ¿cuál es el rol que cumple la madre?
La madre puede ser la entregadora, como una manera de mantener a su hombre cerca. La madre puede ser una gran negadora y no darse cuenta de nada, no registrar señales, indicios. No se entera porque no está entera, está disociada, sabe pero no sabe. Una mujer me comentaba que ella escuchaba cuando su madre cerraba la puerta de calle y se iba mientras su padrastro abusaba de ella y de sus hermanas.
La madre es parte del sistema. En general, cuando se encuentran con su propio saber escindido se horrorizan de sí mismas. Cuando retorna lo reprimido la vivencia puede ser de contacto con lo siniestro de sí mismas.

- ¿Por qué sostenés que la sociedad también es cómplice?
Porque todavía no se entendió que existe la prevención a través de la educación. Es mejor que un niño sepa que esta realidad existe y, si le toca, sepa de qué se trata, a dónde ir, a quién recurrir. Debe saber lo que le están haciendo, debe saber que no tiene que tener miedo porque cuenta con otros recursos humanos que lo defenderán. Esto sería dejarlo menos vulnerable, menos cándido y disponible y darle instrumentos. La información, la educación, enseñarles a defenderse o enseñarles que siempre es mejor hablar que no hablar. En ese sentido, nuestros niños y adolescentes no reciben educación sexual ni información sobre abuso, violación, maltrato emocional. Es mejor saber que no saber. Sin embargo todavía prevalece el: “Es mejor no hablar”. De eso no se habla.

- ¿Cómo recuerda o siente su infancia o adolescencia una persona adulta que ha sido abusada en su pasado?
Depende del trabajo, elaboración, reflexión que haya realizado con ese trauma. Lo importante es, qué es capaz de hacer cada uno con lo que le hicieron.
Hay gente que accede a una transformación y otra que no. Algunos pueden hacer compromisos orgánicos o mentales, o bien una disminución en su afectividad. Otros pueden desarrollar una adultez saludable y convivir con lo que vivieron sin que los empobrezca tanto.

- ¿En qué medida un niño maltratado se transforma en el futuro en un adulto maltratador? ¿Por qué?
Esto se da en muchos casos, porque es lo que aprendió. Aprendió la vida así. Incorporó el maltrato como un estilo de vida. Pero también puede ser que haya hecho un trabajo reflexivo, crítico sobre ese hecho y sea una cuestión más elaborada. O que no lo haya hecho, y se trate de algo muy guardado que debe ser rescatado y traído a la superficie, hacer consciente lo inconsciente. Estas experiencias, siempre conviene hablarlas, balbucearlas, tartamudearlas, dibujarlas, pero decirlas de alguna manera.

- ¿Cuál es la terapia necesaria para sobrellevar los abusos sufridos en la infancia o adolescencia? ¿En qué medida se puede reparar ese daño?
Una terapia realmente reparadora son los grupos de pares, coordinados por uno o dos profesionales y con distintas técnicas como psicodrama, técnicas gestálticas u otras. Esto no excluye una terapia individual que permita una comprensión singular de lo vivido. En Estados Unidos, a los grupos de personas abusadas y violadas los llaman “grupos de sobrevivientes”.

- ¿Cómo es el proceso de recuperación?
El proceso de recuperación es para toda la vida. Salir de la marca más profunda puede llevar mucho tiempo o no, depende del compromiso del paciente, depende del daño sufrido. Lo que creo es que es indispensable estar en un grupo de autoayuda, con un plan de trabajo y coordinado por gente especializada. Nadie ayuda tanto como los pares.

- La verdad de los niños abusados ¿es realmente escuchada por los adultos que no forman parte del abuso?
Hay adultos que siguen creyendo que son fantasías de los niños y niñas. Los desmienten. Otros padres, maestros, terapeutas, escuchan, tratan de comprender y legitiman al niño.
En general, la gente se resiste a estos temas. Por un lado son tabú, o sea, son prohibidos y silenciados. Por otro lado, son realmente difíciles de hablar con fluidez, pero todo se aprende y cuanto más hablemos, será mejor para todos. Es una realidad muy perversa y, al contrario, conviene saberla. Conviene enterarse. Conviene más saber que no saber. No será un tema agradable o divertido, pero es un tema que hace a la condición humana y nos conviene investigarla.

¿Cuáles son los indicadores de que un niño o un adolescente están sufriendo abusos en el interior de su familia?
Puede hacer síntomas, el síntoma es siempre un grito, una señal de alarma. Puede estar más serio, dejar de jugar, llorar aparentemente inmotivado. Mayor agresión, problemas en la escuela, problemas en su socialización. Hay niñas que se convierten en seductoras “lolitas”, otras pueden padecer profundas depresiones y estados de angustia. Inhibiciones, bloqueos, dificultades para crecer, para hacer cambios, desconfianza profunda, miedos.

- ¿Por qué el tema de la violación en familia no forma parte del debate social todavía? Esto, pese a los avances que hemos tenido en materia de género y derechos humanos.
Porque son temas que tiene siglos de silencio arriba de ellos. Ahora están saliendo películas, testimonios, se empieza a balbucear el tema, a nombrar y nos animamos a ponerlo en palabras, a darle entidad como problemática humana. Es necesario hablar de la violación en familia como es necesario hablar de la trata de personas, del aborto legal, de los embarazos adolescentes, del aborto no punible, de la prostitución. Temas en los que el cuerpo del niño, de la niña, de la mujer, quedan a disposición del sistema patriarcal que cree que todo lo puede y le está permitido.

- ¿Cómo podemos los adultos disminuir los riesgos de abusos y violación sobre niños, niñas y adolescentes?
A través de la educación, la información, que el tema se nombre, se señale. Siempre es mejor estar preparados, saber. Que el tema esté en la casa, en la mesa de familia, en la escuela, en los grupos de padres, en los maestros. En todos y todas.
Educarse. Autoeducarse. Rehabilitarse. Aprender.

Edición Cuyo, 19 – 02 – 13

La Quinta Pata

1 comentario :

Rolando Lazarte dijo...

Es muy bueno que se denuncien estas aberraciones, y que personas competentes enseñen cómo prevenir estos abusos que dañan muchísmio a las personas que son violentadas. Me he tomado la libertad de reproducir este artículo en la revista Consciência. Aqui en Brasil también se está tratando de combatir esta plaga, y creo que en el mundo entero.

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