lunes, 24 de noviembre de 2014

El transporte en Mendoza antes de 1810

Eduardo Paganini (Baulero)

Las incomodidades del presente para los viajes y desplazamientos no tienen parangón cuando leemos aquellos relatos del pasado que nos muestran los riesgos y dificultades del menester. En este breve esquema histórico, el Dr. Raúl Slukich narra rápidamente cómo era esa tarea desde los inicios de la memoria hasta la época de la Revolución de Mayo. El informe toma valor no solo por su contenido, sino además por el tono teórico propio de la época, que seguramente hoy generaría algunas polémicas. Agradecemos nuevamente a la Sra. Olga Contreras por su generosidad para poder presentar este material.

Especial para El Tiempo de Cuyo por el doctor Raúl R. Slukich Daniele profesor titular de la cátedra de Economía y organización de los transportes de la Facultad de Economía de la U. N. C.

Este oasis económico que es la región de Cuyo en la actualidad, en particular la provincia de Mendoza, ha sido una cosa muy distinta en mayo de 1810. En los albores de nuestra independencia se habían producido grandes transformaciones, si comparáramos esta época con las primeras noticias que tenemos de nuestra región a fines del siglo XIV [sic][i] . Naturalmente muchos factores han incidido para que Cuyo nos muestre la realidad actual. Hay elementos por demás elocuentes que nos señalan la magnitud alcanzada, solamente Mendoza alberga una población que hace diez años atrás ya superaba los 600.000 habitantes. Pero lo realmente extraordinario es que casi la totalidad de sus habitantes viven en una superficie no mayor de 4000 kilómetros cuadrados, que por otra parte es la zona irrigada. Obtenemos así una densidad de alrededor de 150 habitantes por km2 que podemos colocar entre las más importantes del mundo[ii].

Aquí nos vamos a ocupar brevemente de cómo los transportes y las comunicaciones han contribuido a la consecución de tan magnífica realidad. Claro está que no se podrá tener un panorama de conjunto si no nos referimos a los otros dos grandes factores del proceso económico, constituidos por la producción y el consumo. Dicen los prestigiosos autores, Federico Von Klinwachter y James T. Roger, que “es imprescindible hacer jugar en el proceso del hecho económico, el antecedente histórico y no podemos olvidar por supuesto el hecho geográfico. Estos elementas son básicos para conjugar el verdadero hecho humano”.

Siguiendo estos principios, nos debemos referir a Cuyo desde sus orígenes conocidos. La determinación geográfica de la región, dada por el recordado profesor doctor Alejandro Mathus Hoyos[iii] en su monografía La transformación económica de Cuyo nos parece la más ilustrativa. Nos dice: “Por el oeste, la gran codillera nevada. De sus faldas 150 leguas hacia el este, caminos de pajonales, región de la «travesía», hasta encontrar el río Conlara en la provincia de San Luis, en las estribaciones de las serranías de Comechingones. Hacia el norte, lo más significativo, el espejo que forman las lagunas de Guanacache y Los Marayes[iv], en los llanos llamados de Diaguitas. Hacia el sur, el «gran río», distante donde comienza la Patagonia. Dentro de estos confines geográficos se encerraba un gran valle arenoso y seco. En el verano batido por los vientos calientes que bajan de las quebradas norteñas y en el invierno, las fuertes heladas, acompañadas por el frígido «Xaurua»”[v].

En lo que podríamos llamar la primera época es decir mientras vivieron solamente los aborígenes, Cuyo era, habitada por indios, entre los que predominaban los huarpes o «indios algarroberos». En un medio tan hostil como el que les ofrecía la naturaleza, no pudieron o no supieron luchar, solamente supervivían miserablemente en forma por demás primitiva Casi siempre hambrientos se alimentaban de las vainas del algarrobo y de alguno que otro guanaco; o choique, o escarbaban las barrancas en busca de algunas papas diminutas y agrias. Ni siquiera hay asomo de actividad civilizada. No existen desde luego rudimentos de comunicaciones o transportes y así probablemente vivieron durante siglos.

La primera modificación de importancia dentro de la zona la provocan los indios diaguitas que vienen del norte y no tienen ningún inconveniente en someter a los escuálidos huarpes. Los invasores son más evolucionados, saben ubicar la minas, conocen los rudimentos del riego, e industrializan aunque torpemente, la lana del guanaco y la vicuña. Saben modelar también algunas arcillas, sin embargo en materia de transportes y comunicaciones el avance es mínimo. Hay que tener presente que los indígenas, no conocieron la rueda ni el caballo.

Camino del indio

La primera vía de comunicación con que cuenta Cuyo es obra de los incas. Uno de ellos, Huayna Capac, dispone la conquista del territorio de Chile. Las tropas del inca se desplazan por las estribaciones del Pacífico y vencen a los araucanos en el valle de Coquimbo. Sin embargo solo pueden llegar hasta las márgenes del río Mapocho y no pueden seguir el avance hacia, el sur. De ahí entonces que se dirigen hacia el este, siguiendo el curso de los ríos, hasta alcanzar la zona del Aconcagua. De allí irrumpen por Uspallata y se establecen en el Valle del «Guentota» [sic][vi]. En poco tiempo queda librada en la zona de Cuyo, la primera manifestación ordenada de una vía de comunicación. Es un camino recto que une Uspallata, con Pucará de los Sauces en el Velazco[vii].


Los incas no se limitaron a abrir el camino. Junto con ellos marcharon los mitimaes, que conocen el riego y el laboreo de las tierras. Comienza a teñirse de verde este arenoso valle de la región de Cuyo. Así, prósperos agricultores indígenas cultivan el maíz, la papa, el ají y otras especies. Se recuerdan como las más importantes, los sembradíos de la región de Guaymaré y la del Valle de Calingasta, en donde se afincan más de 20.000 indígenas.

Es de hacer notar que lo incas al construir sus caminos, lo hacían con un sentido político y económico. Les servían, al igual que los romano como arterias por donde se transmitían y recibían las órdenes que mantenían la unidad de su gran imperio. Eran superiores, por su grandeza y esmerada construcción, a todo lo conocido en la antigüedad. Estas vías de comunicación abiertas por los une incas, eran aprovechadas fundamentalmente de dos maneras: 1) como vía para el transporte, utilizando la llama como animal de carga, pues, como dijimos, no conocían el caballo ni la rueda; 2) como medio de comunicación, quizás la función más importante, era el servicio de correos por medio de chasquis. Este sistema estaba perfectamente ordenado, utilizándose hombres especialmente entrenados conjuntamente con señales de humo que permitían realizar un eficaz y rápido servicio A lo largo del camino los incas lo habían previsto todo, desde las casas para alojamiento, hasta el agua para los viajeros. Túneles y puentes son hoy en día, vívido testimonio en el camino internacional a Chile, de lo que pudieron la sabiduría y voluntad del imperio incaico.

De la Conquista a 1810

En 1551 se ha de producir en Cuyo un hecho de importancia, definitivo para su evolución posterior. Uno de los lugartenientes de Valdivia, el conquistador de Chile, llamado Villagran, atraído por el oro y la plata llega a los llanos de Córdoba y allí conoce la leyenda de la fabulosa Ciudad de los Césares, que según los indígenas se ubicaba en los confines sur de Cuyo[viii]. Atraído por estas quimeras, llega Villagran a estas zonas. Posteriormente don García Hurtado de Mendoza, que sucede a Valdivia en el gobierno de Chile, envía a Pedro del Castillo a fines de 1560[ix], quien funda Mendoza en 1561.

Se inicia así una segunda etapa en la vida de esta región, que podemos llamar la época hispánica. Después de la llegada de los españoles, Cuyo pierde su ritmo de crecimiento por más de un siglo. Los conquistadores buscaban afanosamente los metales preciosos y comienzan con los indígenas un intenso laboreo de las minas.

Cacheuta y Tupungato en Mendoza, La Carolina en San Luis. Como no encontraban oro y plata en abundancia, comienza un gran éxodo de indígenas para el trabajo de las minas en Chile. Miles de ellos mueren en la travesía de la cordillera por los caminos que habían abierto los incas y Cuyo queda despoblado y desorganizado.

Los españoles no pudieron ocuparse de caminos. Los territorios que conquistaban eran demasiado vastos para que, con las fuerzas que contaban pudieran ocuparse de cosas que no fuera la permanente lucha con los indígenas, Sin embargo, ellos trajeron dos elementos muy importantes para el futuro desarrollo de las comunicaciones: el caballo y los vehículos montados sobre ruedas. Después de un siglo de la llegada de los españoles, comienza Cuyo a retomar el incesante camino del progreso cada vez a ritmo más vertiginoso. Con la venida de los padres franciscanos y el incremento de las plantaciones de vid, Cuyo marcha, seguro en pos de su destino. Sin embargo en materia de comunicaciones es poco lo que se avanza.

La única comunicación ordenada era el camino a Chile abierta por los incas. Pero existe la necesidad de extenderse hacia el interior del virreynato [sic] del Río de La Plata, llegar a Córdoba, al norte y al Litoral. Poco a poco avanzan a fuerza de picana, bueyes y carretas, por los primeros y rudimentarios caminos. Cuando se llega a 1810, Cuyo está comunicada con el Pacífico, con el Atlántico y por el norte, con el Cuzco, en el Perú. Los transportes, tanto de carga como de personas, se realizan por tropa de carretas. Córdoba se había convertido en el centro de la comunicaciones, de allí las tropas se desviaban hacia el Tucumán o hacia el Litoral.

Así, en filas interminables las carretas cruzan los médanos de San José de Corocorto (hoy La Paz), continúan hasta el Desaguadero, la Punta de los Venados en San Luis, los caldenes del Río V y luego la pampa infinita. Las carretas cuyanas, más grandes que las tucumanas, cargaban cada una más o menos 228 arrobas y abarrotadas de vinos de Mendoza, licores de San Juan, pasas, miel y otros productos de la zona, llegan hasta el bajo de la Recoleta en Buenos Aires y vuelven cargadas de artículos de importación para el consumo hogareño. O van hacia el Tucumán, de donde traen maderas, o cruzan por el Sur hasta Chile.

Raúl R. Slukich, Los transportes hasta 1810, Mendoza, 26 de mayo de 1960, Diario El Tiempo de Cuyo. Suplemento especial por el Sesquicentenario de la Revolución de Mayo.

[i] Evidente errata tipográfica que debió aludir al siglo XVI (1500-1599).
[ii] No es una observación menor ya que en la actualidad la provincia de Mendoza posee una densidad de 11,7 habitantes por km2, ocupando el 9º sitio en un rango decreciente del país. O bien, hubo diferencias con los instrumentos de medición (quizá lo más probable) o bien la desertificación ganó terreno en el campo demográfico.
[iii] Abogado e historiador, docente universitario, que ocupó varios cargos políticos, entre ellos la senaduría por Mendoza en el Parlamento Nacional entre 1946 y 1952, por la UCR. Se especializó en geografía económica y regional.
[iv] Guanacache y Marayes son regiones de Lavalle (Mendoza) y Caucete (San Juan), respectivamente.
[v] “Históricamente se conoce a través de la documentación respectiva que las denominaciones indígenas del valle del actual río Tunuyán (Uco y Jaurúa) correspondían a las tierras de la margen norte
[vi] Hoy hay mayor acuerdo en denominarlo Huentota, o alternativamente Güentota.
[vii] Hace referencia a lo que hoy se considera uno de los sitios arqueológicos precolombinos, constituido por restos de un pucará incaico en la actual zona de Gualco (o Hualco) de la provincia de La Rioja, sobre la ladera oeste de la sierra de Velasco.
[viii] Se refiere al capitán Fermin Villagran quien en 1781 declara formalmente “lo que sabe” sobre este sitio legendario (Cf. Pedro De Angelis)
[ix] Una curiosidad paleográfica: en el original consta una obvia errata: 1960.

La Quinta Pata

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