domingo, 16 de noviembre de 2014

Nación no es igual a nazi

Ricardo Nasif*

La pretendida verdad instalada por parte de los sectores dominantes de una Argentina aislada del mundo se enclava en una concepción de la nacionalidad -o, mejor dicho, de una idea de la desaparición de lo nacional- sobre la base del sometimiento de nuestros intereses a los de las naciones denominadas centrales, léase: Estados Unidos y Europa.

A lo largo del siglo XX podemos registras distintos momentos de nuestra historia en los cuales esta visión se ha expresado. Por ejemplo, sólo por ejemplo, en 1933 se firmó el conocido pacto Roca-Runciman entre nuestro país y el Reino Unido, un acuerdo sobre el comercio de carnes que benefició obscenamente al imperio británico. El legislador conservador Matías Sánchez Sorondo, dijo entonces a propósito del pacto: "Aunque esto moleste nuestro orgullo nacional, si queremos defender la vida del país tenemos que colocarnos en situación de colonia inglesa en materia de carnes".

A propósito de las carnes y de la penetración comercial británica, quizá el recuerdo más fresco que tenemos hoy sea el de las trémulas relaciones carnales llevadas a cabo por el gobierno de Carlos Menem en los años ´90, o la pose pasiva de los economistas y políticos del establishment que proponen el acatamiento liso y llano a un juez municipal yanqui para responder a los soberanos intereses de los más ásperos del capitalismo.

Resulta necesario entonces repensar y rediscutir qué entendemos por patria –o matria, o patri@-, nación y nacionalismo.

Hay símbolos y un lenguaje instalado en eso que acríticamente llamamos memoria histórica, conciencia colectiva o sentido común –muchas veces el más sectario y minoritario modo de pensar, del cual el común solemos hacernos cargo como si fuese un dogma irrefutable- en el que se asocia a la patria con la silueta del mapa del territorio continental, la bandera, el himno, algunos próceres, etc.

Ahora, pienso y me -les- pregunto: ¿qué es más patriótico, cantar en “posición de ¡fir-mé!” a desgano el Himno en la escuela o tararear eufórico la introducción en la cancha?; ¿quién es más nacionalista, el que ofrece su vida en una guerra para defender el territorio soberano o quién da clases todos los días a quince pibes en una escuela donde no llega la luz eléctrica ni el agua potable?

Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento y Julio Argentino Roca en el siglo XIX pensaron e hicieron una patria desde la mirada eurocéntrica. Con perdón de la Academia Nacional de la Historia, simplifico algunos ejemplos: Alberdi proponía una nación de inmigrantes anglosajones para suplantar lo indígena y lo criollo; Sarmiento trazó una línea tajante entre los civilizados (europeos y norteamericanos) y los bárbaros (originarios y gauchos); Roca concluyó la tarea de exterminio indígena y se encargó de reprimir a la clase obrera organizada expulsando a los inmigrantes considerados indeseables y, a la vez, materializó una ley de educación pretendidamente universal, laica y gratuita, para unificar a la patria blanca, capitalista y civilizada.

Alejandro Grimson es doctor en Antropología, autor del libro “Mitomanías argentinas” y uno de los realizadores del programa de TV homónimo que se emite en canal Encuentro. En su obra, con la colaboración del agudo sentido del humor de Pedro Saborido –el Peter de Capusotto-, analiza y cuestiona distintos mitos argentinos: somos los peores, somos los mejores, mitos racistas, mitos contra los inmigrantes, mitos antiperonistas, la culpa es siempre del otro, mitos sobre la unidad cultural, nación es igual a nazi.

Para Grimson la idea absurda de acuerdo con la cual lo nacional es sinónimo de nazi tiene una explicación histórica vinculada al rol de salvadores de la nación que se autoasignaron el tándem oligarquía-fuerzas armadas a lo largo de casi la mitad del siglo XX. Basta leer el imprescindible libro de Horacio Verbitsky “Medio siglo de proclamas militares” para constatar como en las expresiones discursivas del poder fáctico siempre la fuerza y no el derecho aparece como una respuesta inevitable a una necesidad de rescate de la patria. También alcanza y sobra con repasar la historia de esos mismos años para demostrar que cada “rescate” dejó al país en el naufragio.

Pero no caigamos en la tentación de la digresión y démosle la palabra a Grimson que este sí que se la sabe lunga. Para el doctor el último genocidio, que se hizo en nombre de la “reorganización nacional”, nos dejó como legado cultural la destrucción de la relación entre los argentinos y la Argentina. La última dictadura hizo tres manipulaciones: montó el dispositivo del terrorismo de Estado con un discurso nacionalista contra la subversión apátrida –los jue´putas sin padres- y el comunismo internacional; utilizó para sus intereses el mundial de fútbol del ´78, lo que fue un tremendo cachetazo al sentimiento de pertenencia nacional y, con la guerra de Malvinas, condensó finalmente el manoseo dictatorial.

Para Grimson de esas manipulaciones quedó el temor de la utilización de la nación o el nacionalismo asociado al autoritarismo, a lo dictatorial, a lo nazi. Aún hoy hay quienes creen que, como los militares siempre hablaban de nacionalismo, siempre éste es autoritario. Eso fue una carga en los ochenta, quienes se consideraban democráticos se apostaban en las antípodas del ser nacionalista. En los noventa primaron las ideas globalizadoras que supuestamente implicaban no sólo la desaparición de las ideologías sino también de las naciones, ahogadas en las supuestas ideas universalizantes postmodernas. Sin embargo, en nuestro país se retomó el crecimiento obturado hasta entonces de una idea de nación, gestada desde abajo a partir de las luchas populares de resistencia al neoliberalismo.

Creer que los nacionalismos van a desaparecer es una trampa, remarca Grimson. El problema no es el nacionalismo entonces sino el proyecto político que se sustenta. Es necesario construir una nueva idea de nación y soberanía democráticas que, lejos de pretender la homogeneidad, busque y consolide caminos comunes que integren la diversidad y, que más allá de los límites de la división política territorial que imponen los mapas, comprenda a nuestros pueblos hasta los márgenes sociales y culturales de la Patria Grande latinoamericana.

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Nación es igual a nazi
Mitomanías argentinas. Canal Encuentro




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La Quinta Pata

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