domingo, 2 de noviembre de 2014

Nicolás Del Caño: Hablemos en serio

Carlos Almenara

Estimado Nicolás Del Caño:

Hace unos días ud. escribió una “carta abierta” con destino a “las organizaciones de la izquierda K”.

En general, y algo las conozco, las organizaciones que ud. menciona y las que podrían imaginarse como izquierda K no gustan definirse de ese modo. Ocurre que, a diferencia, por ejemplo, de los setenta, es difícil hablar de una “tendencia”, por lo menos de una tendencia de izquierda. Quizá pueda pensarse una tendencia de derecha. Es que la vanguardia progresista es la misma Cristina Kirchner. Las organizaciones, en consecuencia, buscan identificarse como el corazón del proceso de transformación, no como el ala izquierda.

Lo cierto es que ud., Del Caño, recibió siete perdigones de goma por parte de la gendarmería y al día siguiente escribió la carta.

Repudiamos, y uso el plural porque estoy seguro que esta posición representa a muchos compañeros, que la gendarmería u otras fuerzas repriman con violencia las manifestaciones. En ese sentido le envío mi solidaridad por la agresión recibida. El kirchnerismo ha sido el movimiento político más cuidadoso, respetuoso y solidario con quienes protestan. Hizo un culto de la no represión de la protesta social.

No quiero que la Gendarmería dé marcha atrás con esa política.

Ahora, debo decir, diputado Del Caño, que ud. y sus compañeros siempre dijeron que este gobierno era represor. No lo dijo con Berni, lo dijo con todos los anteriores. Si ud. fuera consecuente con sus dichos no sería más que una continuidad. ¿Cuál sería su sorpresa? Se sorprende porque ha hecho de la simulación un hábito.

Le reitero, quiero que las fuerzas represivas se apeguen absolutamente a los protocolos de intervención, que por cierto son una novedad de estos años.

Entiendo y comparto la preocupación de muchos compañeros. Porque no sé si ha notado, Sr. Del Caño, que por el vecindario andan haciendo lo que llaman “golpes blandos”. Mire, el mecanismo es el siguiente: la embajada de Estados Unidos y sectores corporativos y mediáticos concentrados buscan un carilindo, así como ud., lo invisten como líder de resistencia opositor y lo sacan a cortar calles. El reclamo puede ser por cualquier cosa. Puede ser por libertad de prensa o por la reincorporación de trabajadores. Le ponen las cámaras todo el día, parten la pantalla, le dan plata y fogonean la multiplicación de cortes, paros, reclamos. Intentan “ocupar la calle”.

Seguramente ud. vio cómo armaron las guarimbas en Venezuela. Ah, no... es que Ud. no apoya la revolución bolivariana... bueno habrá visto cómo intentaron derrocar a Correa en Ecuador, ah, no, ud. tampoco apoya a Correa. ¿A Evo? ¿Tampoco? Bueno a Cuba ni hablar, se sabe que ud. no apoya a Cuba. Se me hace difícil transmitirle cómo el imperialismo intenta derrocar los gobiernos populares porque cada ejemplo que se me ocurre encuentro a sus compañeros ¿del lado del imperialismo?

Entonces, como esto pasa en el barrio latinoamericano, entiendo que hay compañeros que dicen –Bueno, no jodamos, si nos montan una maniobra golpista sobre “una protesta de un Centro de Estudiantes”, nos pueden generar caos y violencia.

Pienso que hay que mantener la política de respeto a la protesta. Lo invito a mencionar en la historia argentina un gobierno menos represivo que el kirchnerismo. No va a responder el convite porque no lo va a encontrar.

Por si no lo ha notado, las sociedades no solo se rigen por la voluntad sino también por las correlaciones de fuerza, por la resistencia que imponen los factores de poder, por las historias, por la cultura, los intereses de clase.

Compañeros kirchneristas son pioneros en plantear la preocupación por la violencia institucional. El gobierno nacional ha amparado e impulsado esta línea de trabajo. Recuerdo ahora un caso que trató la APDH San Rafael, el de un pibe pobre que cada vez que salía de su casa era detenido por la policía. Un caso que podría parecerse al de Luciano Arruga si no intervenieran los organismos. ¡Qué importantes los organismos de Derechos Humanos en Argentina! ¿Por qué votó, Nicolás, en contra de la estatización de la Universidad de Madres de Plaza de Mayo, que era lo que Madres quería?

Esta problemática de violencia institucional es gravísima. Las cámaras de televisión no le dan tanta atención como a Ud. pero la merecería. No se haga problema, todas las cámaras de televisión revelaron muy bien su caso, ud. no tendrá problema en cumplir el deseo que manifiesta en su carta: movera cielo y tierra para que esto se sepa en cada rincón de la Argentina, no será nada difícil, ya vio cómo ayuda la tele.

Mire qué gran tema. Hay ahí una gran oportunidad de exigir voluntad política, pero se debe reconocer que se trata, en gran medida, nada menos que de cambiar las culturas y las prácticas de la policía, y eso no es sólo voluntad, también es menester apoyo para los procesos de cambio (porque si no se caen).

Mire, le cuento por si no lo sabe, hace cinco años el gobierno nacional venciendo una presión inmensa juntó poder político (y votos en el Congreso) para sancionar una Ley de Medios, todavía está en veremos la adecuación de grupo más poderoso. Claro, ese grupo tiene políticos amigos, tiene jueces amigos, tiene empresarios amigos, tiene sindicalistas amigos. Y usa todos esos recursos. ¿Sabe quienes son? Sí, esos mismos que dieron cobertura especial a los hechos que ud. relata en su misiva. Cuando ud. los legitima en sus estudios, cuando no sólo no apoya la Ley de Medios, sino que milita en contra, ¿qué efecto cree que tiene su conducta?

Le digo esto a modo de ejemplo para señalarle un “error” que se repite en el debate nacional: el “idealismo platónico”. Me refiero a pensar que la verdad está en la idea. Lo “importante” es la idea de la Asignación Universal por Hijo. No es la plata que hace falta. Lo importante es la idea de recuperar YPF, no que para ello haya que enfrentar un ataque feroz. Lo importante es su idea de pagar un bono a fin de año, no definir con qué recursos se hace y cómo impacta en la economía (que, por otro lado, ojalá se pague).

Es que esa manera de pensar no reconoce que hacer política es algo más que tener voluntad de que las cosas vayan en algún sentido. Te enfrenta a la resistencia de lo real, a la cruda extorsión de los factores de poder, a los límites de recursos escasos, a tener que priorizar, a limitaciones sistémicas y limitaciones propias.

Y de esas cosas sus planteos no toman nota.

Si ud. es marxista consecuente no esquivará seguramente el desafío de historizar y contextualizar sus planteos. Aquí vuelve a tener relevancia el convite que le hice de que mencione un gobierno argentino menos represivo que los kirchneristas. Le pido que diga qué tipo de alianzas internacionales ud. pretende, porque utiliza en su carta un despectivo “multinacional yanky” pero cada vez que buscamos qué defiende “la embajada” y qué defiende ud. resulta que coinciden.

Su actitud de simulación no impide que quienes somos la izquierda real del país, la que se define no por mirarse al espejo y decir que lo es, sino por actuar concretamente por la transformación más extraordinaria en los últimos cincuenta años, que nos enorgullecemos de logros como haber disminuido la desigualdad en más de 10 puntos del coeficiente de Gini, de haber creado más de cinco millones de puestos de trabajo, de ampliar derechos, de garantizar la AUH, en fin, de todo eso de lo que ud. estuvo en contra; esa, la izquierda real se preocupa por que las fuerzas “de seguridad” no se autorregulen y no repriman las protestas violentamente.

Hay un enorme consenso del poder real para dar palos y fomentar la mano dura. Ud. disfrutaría eso como nadie, sentiría que el devenir de los acontecimientos le da la razón. No la tiene. Como no la tiene cuando hace esta pantomima con las heridas. Sabemos que no contamos con ud. para impedir que esa derecha imponga su lógica represiva.

Cuando le hablo del “idealismo platónico” pretendo sugerirle que revise su relación con los hechos. Si ud. se reivindica de izquierda, debo suponer que ud. quiere un mundo más igualitario. Si hay más igualdad, aún cuando no se haya producido según el camino que predecía su teoría, ¿negará ud. ese hecho? Pues eso está haciendo en nombre de una teoría que no puede encontrar un nombre, una geografía, a la cual remitirse para verla en acción.

Peirce, el semiótico norteamericano, hablaba de aquellos para quienes “las teorías son más fuertes que los hechos”. Cuando eso pasa no hay refutación posible. Es el dogma, la religión, la esfera en que el diálogo no encuentra un espacio común al que remitirse.

Lo invito a que revise su método y deje entrar a los hechos. La izquierda misma es producto de este paradigma de la modernidad.

Ojalá pudiéramos coincidir en algunas cuestiones y dotar de mayor fuerza a algunas causas nobles, le mencioné la lucha contra la violencia institucional, hay muchas más. Sería bueno porque, para nosotros al menos, no se trata de obcecarnos con que ud. es tal o cual cosa, sino de cómo hacer un país más justo, más igual, más libre, en beneficio sobre todo de los que más padecen.

La Quinta Pata

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