domingo, 8 de marzo de 2015

En tren a un nuevo Estado

Carlos Almenara

El anuncio que realizó la presidenta el 1 de marzo en el Congreso Nacional en torno de la renacionalización de los ferrocarriles comenzó a materializarse en el transcurso de la semana en, al menos, tres hitos: la notificación de la rescisión de las concesiones, la recepción de 300 vagones nuevos para el Roca y el viaje “piloto” Buenos Aires - Rosario.

La reconstrucción del sistema ferroviario, además de un componente afectivo, de la evocación de millones de recuerdos, de trabajos, de sin-trabajos, de viajes y de no poder viajar, tiene importancia estratégica para el desarrollo nacional.

Los puntos hacia los que puede dispararse la mirada son muchos, quiero centrarme en uno: los desafíos a la gestión estatal.

Cristina algo mencionó cuando recibió los trenes del Roca: dirigiéndose a los trabajadores dijo: “hay que cuidarlos, hay que dar un buen servicio para que nunca más ningún gobernante pueda escudarse en la ineficiencia y en el mal servicio para sacar el patrimonio a los argentinos”.

Entre los muchos debates públicos pendientes, uno medular es el asunto de cómo pensar la gestión pública, máxime en empresas complejas como las que suponen los ferrocarriles.

Está sólidamente establecido, incluso a nivel del “sentido común” construido, el marco referencial para la administración privada. Una empresa con fines de lucro tiene una gestión eficiente si produce ganancias. Dejamos para otra ocasión la necesidad de discutir ideas ortodoxas tales como que la empresa busca la “maximización”, idea de imposible cumplimiento pero que trae consecuencias catastróficas para el planeta.

Una evaluación “privada” de un proyecto, consistente con el fin de lucro, dirá que es conveniente cuando es rentable económicamente, es decir cuando al dueño de la empresa le hace ganar plata, estrictamente hablando, es rentable cuando le hace ganar más plata que otras cosas que podría hacer. Medidas como la TIR (tasa interna de retorno), VAN (valor actual neto), período de recuperación, son algunos de los indicadores de eficiencia de un proyecto para un “privado”.

Pero ¿cómo definimos la eficiencia de los Nuevos Ferrocarriles Argentinos?

El ministro Randazzo afirma “la ecuación del ferrocarril es una ecuación social no económica”.

La reconstrucción de ferrocarriles aptos para el transporte de cargas de modo más barato que otras opciones y de pasajeros más rápido y/o más barato que el colectivo produce beneficios para la población que no figurarán en Estado de Resultados de los Nuevos Ferrocarriles Argentinos.

Esos beneficios a los usuarios son sólo un aspecto. El impacto en la disminución de accidentes viales, en las mejoras de productividad en términos comparativos con otros países, en las mejoras logísticas, en la generación de puestos de trabajo, en la generación de industrias ferroviarias y no ferroviarias, son cuestiones no se verán en los balances pero serán tan o más trascendentes que esos números.

Durante los noventa la lógica era clara: los mercados proveerán. Por supuesto que no fue así y ese sistema generó la hecatombe del 2001/2002. La salida del infierno y el paso al purgatorio para usar la figura retórica de Néstor Kirchner implicó, paulatinamente, recuperar servicios pero ellos fueron generalmente concesionados y gestionados por privados. Con Aerolíneas y ahora con los Nuevos Ferrocarriles Argentinos damos otro paso, la gestión estatal.

Evidentemente los parámetros de eficiencia del sector público no son los del sector privado, pero de ningún modo puede ser la ausencia de parámetros de eficiencia. La presidenta mencionó uno: la calidad del servicio.

Es sólo un inicio, un punto de partida para pensar en un cambio de paradigma para debatir la gestión. Un asunto propiamente político en un terreno y en un tiempo en que la relación de lo político con lo técnico aparece en discusión.

Hemos ganado una década a fuerza de voluntarismo y compromiso con un proyecto. Al modo sartreano, probablemente sea imposible vivir (comprometido) sin un proyecto, mucho menos gestionar el Estado. Es el momento de decirlo, ponerlo sobre la mesa, discutirlo, pero además dotar a ese proyecto, ahora en términos colectivos, de un andamiaje jurídico, doctrinario y cultural.

Hay muchísimo por hacer, por decir, por pensar para construir un nuevo “sentido común”, el de la reconstrucción del patrimonio público nacional.

La Quinta Pata

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