domingo, 5 de abril de 2015

Hay un lugar

Rolando Lazarte

¿Por qué poesía? ¿Cuál sería el título o cuáles podrían llegar a ser los títulos que encabezaran estas reflexiones? Sin darme cuenta, envejecí. Creo que no importa demasiado el título, sino lo que uno pueda poner en limpio a través de un diálogo. De algún modo, lo que me parece cierto, es que son concretas cosas que la poesía enuncia, y que la experiencia comprueba.

El oro del ocaso, el cielo aquí, lo que no muere, la inmortalidad de la belleza. Cito cosas concretas a las que me vengo agarrando desde hace años, y a las cuales debo agregar: los vínculos solidarios que se crean en la Terapia Comunitaria Integrativa y, en general, en las tareas de la salud mental comunitaria. Todo esto me ha ido y me sigue trayendo de vuelta.

Voy volviendo de la alienación intelectualista. Aquella “esquizofrenia universitaria” a que alude el Dr. Adalberto Barreto, creador de la Terapia Comunitaria Integrativa, que acostumbra ir acoplada al autismo institucional. No soy alguien que escriba desde un partido o una ideología, aunque es claro y perceptible que lo hago al servicio de objetivos definidos.

Escribo para ser más, para ser cada vez más humano, y contribuir en lo que pueda, para que este mundo sea un lugar más amoroso y justo. Esto me ha puesto en un lugar definido de la historia, o en lugares definidos a lo largo de una historia que ya tiene varias décadas. ¿Por qué entonces la poesía? ¿Por qué poesía? Porque ella nos reúne, nos unifica, nos revela como habitantes, en cuanto seres humanos, de un cosmos unificado obediente a leyes precisas y ajustadas.

No vivimos en un mundo arbitrario, sino en un mundo ordenado, en el cual debemos constantemente decir “esto sí” y “esto no”. Voy por aquí, y por allí no voy. Por eso la poesía, resumidamente. Creo que cuando descubrimos algo y lo compartimos, nos enriquecemos. Gana fuerza el proceso de crecimiento colectivo y personal. Por eso esta insistencia mía en seguir diciendo aparentemente lo mismo todos los días, como una gota que en algún momento horada la piedra.

La Quinta Pata

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