domingo, 17 de agosto de 2008

Horacio González: “Cobos no debería prestarse a ningún oportunismo político”

Horacio González, director de la Biblioteca Nacional

Carlos Salvador La Rosa

Es un intelectual nacional de alto prestigio que apoyó fervientemente al gobierno de los Kirchner en su conflicto con el campo. Ahora hace un balance de esa lucha, de sus certezas y también de sus errores. Del vice dice que es un político de corte menor.

Nuestro entrevistado ocupa hoy el mismo alto sitial que alguna vez ocupó Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional. Se trata de Horacio González, un lúcido intelectual que apoya a los Kirchner pero con libertad de criterio.

Fue una de los impulsores de las “Cartas abiertas” donde varios centenares de pensadores -casi todos de facultades humanistas- libraron un combate conceptual contra la rebelión agraria acusándola de “destituyente” y “nueva derecha”.

González explica razones, admite fallas y dialoga mostrando gran honestidad intelectual. Caracteriza así al conflicto de cuatro meses:
“Es un conflicto de época porque representa una absoluta novedad. Muchos dicen que se avizoraba. Yo debo decir que no fui de los que lo avizoró. Vi por primera vez en la historia argentina un frente de las clases propietarias tradicionales con gran arraigo popular y en alianza con los pequeños propietarios”.

-Y clases medias urbanas apoyando...
-Sí, el vasto arraigo que adquiere en las capas medias urbanas también es novedad porque nunca habíamos visto antes miles de personas diciendo “si este no es el pueblo el pueblo donde está” y que al frente estuvieran Miguens, La Rural, Coninagro.... ese espectáculo yo no lo había visto. No se vio nunca.

-¿Era previsible o no era previsible? Leer todo el artículo
-Creo que el de los Kirchner es un gobierno transformador pero frágil que tomó decisiones sin conocer bien el cuadro de una nueva situación histórica como la que vive el campo después de los cambios tecnológicos.

-¿Y cómo queda ahora el Gobierno?
- Son faroles de alerta para el Gobierno, en el sentido de que si insiste -como creo que debe insistir- en desarrollar un proyecto progresista, debe contar con un aparato crítico de lectura de la situación nacional mucho más aguzado y sensible a las nuevas configuraciones de la sociedad.

-¿No cree que con sus falencias el kirchnerismo ayudó a generar su oposición, como contracara de sus propios defectos: o sea, un peronismo donde además de intelectuales progres está casi todo el plantel menemista y donde los dueños del poder no son ustedes sino los patrones del conurbano bonaerense y los señores feudales de las provincias? Está el símbolo de los derechos humanos, pero los dueños del poder no cambian....
-Bueno, discutiría una que otra cosa de esas falencias pero coincido en su idea de que el kirchnerismo le puso objetivos y compases nuevos a un conjunto de situaciones heredadas que en gran medida coinciden con las que usted describe. Pero aún aceptando lo suyo, yo lo interpretaría de otro modo: ¿no se podría decir que este conflicto surge porque se avizora que este gobierno busca avanzar hacia una democracia con más sensibilidad social y que por eso lo enfrentó un sector social tradicional -aliado a sectores comunicacionales también tradicionales- que podrían verse afectados con sus políticas?

-Pero a diferencia de otras épocas donde la sociedad estaba partida en dos, hoy muchos de los que apoyaron al campo, votaron a los Kirchner en octubre ¿No le parece que haberle dicho golpista a la clase media urbana y oligarca a la clase media rural hizo indignar a millones, incluyendo sus votantes? ¿No cree que la división la inició el Gobierno?
-Ningún gobierno, tampoco éste, se impone como programa dividir la opinión pública.

-¿En serio le parece eso?
-Ningún gobierno a priori se impone una escisión. Le insisto, en esta división late el hecho de que el Gobierno muchas veces es visualizado como con potencialidad de cambios democráticos y están apostadas contra él ciertas fuerzas de derecha, ¿no?

-Mire, a Mendoza se le dice conservadora, pero acá a Cristina la votó el 65%. Me parece que este gobierno armó una división antes que nadie quisiera dividirlo. Después, obvio, cada uno buscó llevar agua para su molino y todos hicieron lo suyo para aumentar la división...
-Entiendo lo que usted dice, es cierto que el Gobierno fue acompañado por muchos que ahora lo combaten. Pero pongamos a la cuenta la dificultad de hacer cambios en la Argentina. Yo pienso la política sobre la base de la sensatez, pero con sensibilidad social y transformación real. Aún haciéndole las restas que le hacemos -yo le hago pocas, usted le hace muchas- ojalá predomine la idea de que este gobierno tiene una relación positiva con los cambios que hay que hacer.

-Nunca desde los ‘70 los intelectuales del ‘campo progresista’ estuvieron tan peleados como ahora. Muchos se quitaron el saludo ¿Cree que el Gobierno no tuvo nada que ver? Para mí no sólo dividió a la sociedad, sino también a ustedes, luego de años de sano debate en democracia.
-Yo diría que no sería bueno protagonizar un tipo de disputa que nos vea rodando por las barricadas, por una discusión de ideas. Creo que los que tenemos responsabilidad como profesores de la universidad estamos obligados a hacer una discusión adecuada manteniendo posiciones firmes y preservando el ámbito de la discusión al mismo tiempo. Porque sino volveríamos a etapas históricas y políticas que no vive hoy la Argentina.

-Está bien, ustedes libraron un debate que aunque duro es intelectual. Pero cuando Kirchner tomó sus ideas -en sus discursos- acusó de golpistas, comandos civiles y grupos de tareas a sus rivales. ¿El debate intelectual de ustedes y el uso de barricada de Kirchner es lo mismo?
-Yo estuve en ese acto donde se dijeron esas cosas y en ese momento uno -ante el evento y dentro de él- tiene una especie de suspensión de la crítica. Pero cuando salí y caminé dos cuadras, pensé que no habían sido convenientes esas palabras. Pero trato de entenderlas, así como trato de entender a De Angeli. Creo que Kirchner elaboró sus metáforas discursivas buscando sus motivos en el más añejo pasado y eso quizá no era conveniente.
Pero de todas maneras está inscripto en la idea de que había algo más en la movilización agropecuaria, y que ese algo más, ese excedente, ese agregado había que definirlo. Nosotros lo vimos como la aparición de una nueva derecha y en un clima destituyente, a falta de definiciones mejores.

-Pero… ¿no sería mejor esta cuestión con el campo entenderla como quizá lo habría hecho
Perón en el sentido de cabalgar la evolución y conducirla en vez de ideologizarla y ponerse en contra?


-Sí, quizá Perón hubiera hecho otra cosa, aunque no podamos estar seguros. Lo cierto es que Perón era un maestro en anunciar conflictos que después él sabía que tenía los instrumentos para conjurarlos. En cambio, creo que Kirchner en este conflicto no dominó el conjunto de las fuerzas heterogéneas que tiene el país. Por eso ahora deberá tener un nivel de escucha superior. Pero esa escucha no debe suponer licuar su programa, a lo Frondizi o Alfonsín. Si no será otro gobierno.

-No caiga en el estereotipo del traidor para hablarme de Cobos. Haga un análisis de esos inteligentes y originales que usted sabe hacer, coincida o no con él.
-No es una figura que me guste, pero sí puede alejarme del estereotipo del traidor. Primero habría que preguntarse si en su experiencia política, su responsabilidad cívica y su comprensión histórica, poseía los conocimientos necesarios como para sostener lo que sostuvo.
En principio, no se le puede reprochar un voto de conciencia, pero en el cuadro institucional del país no era admisible ese voto. Y genera una escisión en el gobierno que no se debería prestar a ningún oportunismo político.
Sin embargo, creo que está construyendo su ámbito propio. No es inhabitual en un político argentino de corte menor. Pero es poco recomendable para alguien que tiene su notoriedad… un toro que lleva su nombre.
Hoy, Cobos, puesto en la primera fila del sistema mediático, debería tener una reflexión más profunda sobre lo que le pasó a él y al país. Porque así como su voto confesional quizá tenía rebordes auténticos, lo que hizo después no parece tan interesante. ¿Ve que a diferencia de lo que usted insinuó tengo una opinión apacible, matizada, sobre Cobos?

-Para terminar, usted escribió un libro sobre los inicios del diario ‘Página 12’ donde alababa su espíritu crítico frente al poder político. Horacio Verbitsky decía en los '90 que el periodista siempre debe estar lejos del poder. ¿No cree que los intelectuales y periodistas deben ponerle límites al poder y que ustedes, en particular, están muy cerca del poder político actual y que deberían criticarlo más, aún con sus cercanías ideológicas?
-Sí, yo siento eso, sí, pero estoy dispuesto a asumirlo. Y le explico: me da la impresión de que en este momento muy complejo de la historia política argentina tengo una responsabilidad de la que no pienso omitirme. No quiere decir que no le vea sus riesgos, pero estoy dispuesto a sacrificar esos supuestos inconvenientes para mis hábitos intelectuales o culturales, en nombre de la urgencia que vive el país.

Los Andes 17 – 08 – 08

La Quinta Pata

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