domingo, 16 de enero de 2011

Oscurantismo católico

Agustín Sur

Aguaitando de reojo
Escuchar a la curia de nuestro país, a algunos sectores laicos seguidores de la cruz y la espada, a cardenales y obispos - no todos, por supuesto - es como asistir a esas ceremonias de la inquisición hasta hace un siglo atrás. Ceremonias impregnadas de odio y rechazo al saber de la ciencia, de las artes, de la literatura, por ejemplo. Las hogueras para miles de pobres e ignorantes de las escrituras que no supieron responder a tiempo las letanías divinas. Y claro, hay una Iglesia moderna, actualizada, pero que en esencia es la misma de hace un par de milenios y por eso sigue siendo el ámbito del ejercicio de un oscurantismo siglo XXI.

Miremos ahí nomás, un poco al sur de esta Mendoza en plenitud: Malargüe, el departamento recostado en la montaña llena de nieve y petróleo, de un complejo científico de avanzada, como lo es un telescopio que escudriña el cielo en la búsqueda de señales de un universo todavía lleno de incógnitas; centros VIP para esquiar, un animalillo en cuyo honor - de su sabrosa carne a las llamas - se hace anualmente la Fiesta del Chivo, y que hace apenas unas horas se hizo la versión 2011. Y reapareció el oscurantismo en la ira divina del cura Jorge Gómez, más conocido como el Padre Pato, que interrumpió la madrugada del sábado, al grupo de música de cámara Coral Lutherieces, mendocino, devoto de los pueblos originales, que interpretaba en ese momento "Educación sexual moderna". El cura de marras se precipitó iracundo y a manotazos y gritos interrumpió la función. Ya, en tiempos anteriores, logró que se anulara la presencia de Víctor Heredia, que iba a poner en escena su cantata Taki Ongoy, referida al genocidio indígena bajo los auspicios de la cruz y la espada de los conquistadores cristianos. Tampoco pudieron presentarse las huestes de La Bersuit, acusados de pornográficos.

Es el mismo Malargüe, el oficial y oscurantista, que declaró huésped de honor al que fuera "gobernador" de las Malvinas en aquella frustrada y cuasi genocida, recuperación de ese territorio usurpado, el hijo del represor general Menéndez. Y aquella denuncia, reproducida en un número de La Quinta Pata, hace un par de años, del docente Benedetto, señalando la injerencia permanente de la iglesia en los ámbitos de la escuela pública de ese departamento, en una acción prepotente y discriminatoria para instalar en las aulas los preceptos de una religión que permanentemente, después de universalizarse mediante su alianza de poder político con el imperio romano (iglesia católica, apostólica y romana), socava los cimientos de los saberes que hacen del ser humano un animal racional.
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El Padre Pato ya es bien conocido por sus desplantes y sus iracundias divinas contra las expresiones de la cultura, por lo que también se lo denomina como el Pato Criollo, porque a cada paso que da va derramando las excrecencias de sus arrebatos antinatura.

Pero es peligroso, porque representa los intentos de reinstalar la cultura de la intolerancia. La cultura de la muerte.

Von Wernich, el cura genocida
El que fuera capellán de las FFAA, juzgado y condenado a prisión perpetua por ser uno de los tantos represores asesinos de la dictadura, mueve a una pregunta crucial: lo de Von Wernich, lo de monseñor Plaza, lo del Bergoglio actual, lo de Pío XII mirando para el costado ante la matanza de los judíos por el nazismo, lo de los papas guerreros, peleando por el poder terrenal; lo del Torquemada de la inquisición, lo de las santas cruzadas, arrasando Jerusalén, la Palestina de hoy, lo de Irak, Irán, Afganistán, ¿son productos del lado oscuro de los seres humanos, o es la esencialidad de una institución aferrada al poder temporal y divino a como sea? En la actitud permisiva de la iglesia católica para con sus representantes confesos y laicos en los genocidios de siempre, está la respuesta.

La Quinta Pata, 16 – 01 – 11

La Quinta Pata

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