domingo, 6 de marzo de 2011

Gerónimo: el lobo del desierto (I)

Mary Ruiz de Zárate

Maco, importante y temible jefe, era también el más fiero entre todos los guerreros de las nueve tribus apaches. Sus dominios se extendían desde Arizona hasta muy al sur del territorio que forma hoy Nuevo México.

Uno de los hijos de Maco buscó mujer entre la tribu del gran jefe Juan José – los chiricahuas - que se hallaban asentados en Arizona perteneciente entonces a México. En 1829, le nacía un hijo al joven Maco. Su madre lo llamó Gokliya – el que bosteza – porque era un niño tranquilo, que dormía mucho.

A los dos años de edad el pequeño Gokliya, siguiendo la tradición apache, acompañaba a su padre en grandes caminatas por el desierto para comenzar el endurecimiento de sus tiernos músculos.

A los cinco años, Gokliya caminaba cinco o seis millas en el desierto y a los ocho años cobraba su primera pieza de caza.

Siendo un adolescente Gokliya, los cuatreros mexicanos, enemigos antiguos de los apaches, efectuaron una razzia sobre el principal poblado de la tribu del jefe Juan José. Perecieron muchos guerreros, entre ellos el joven Maco. El muchacho y su madre se salvaron de pura casualidad.

Alope
Cuando un joven alcanza la categoría de guerrero y es admitido en el consejo de la tribu, se encuentra en aptitud de contraer matrimonio y de levantar su propia wikiup – tienda de pieles.

El precio a pagar al padre de una muchacha apache oscilaba entre uno o dos caballos, según la hermosura de la elegida. En este caso, Alope, la mujer elegida por Gokliya, era la más bella de la tribu.

Decidido y audaz en todos los momentos de su vida, el luego terrible Gerónimo se dirigió a hablar con el viejo No-Po-So, padre de Alope, sin contar con el aval de guerrero de fama o prestigioso cazador, dada su juventud.
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No-Po-So escuchó la larga alocución del joven, que hizo un recuento de la historia familiar, este relato era de obligada tradición, y cuando Gokliya ofreció un hermoso potro de guerra por la bella Alope, solo obtuvo como respuesta el gesto negativo de cabeza del anciano. El joven siguió ofreciendo, hasta llegar a cinco caballos que eran todos los que poseía, mientras No-Po-So, invariablemente, repetía elgesto negativo.

Finalmente, Gokliya exclamó:
- ¿Cuántos caballos quieres por tu hija?

La simbólica respuesta de No-Po-So resultaba sensacional. Nada más que señalar sus manos abiertas y mostrar sus desnudos pies, que movían lentamente los dedos. ¡Tantos caballos de guerra como dedos tuviese en manos y pies!: ¡Veinte caballos!, que resultaban un precio jamás pagado por una mujer en la tribu. No-Po-So había valorado a su hija tan alto porque en realidad no quería darla a Gokliya, al que encontraba de poco mérito y aptitudes.

Gokliya le respondió que aceptaba el precio, y tras ese compromiso se ausentó de la tribu durante varios meses. Cruzó el Dipper River y se encaminó, a través de las áridas montañas, hacia los grandes potreros de las haciendas mexicanas que guardaban los mejores y más indómitos caballos de Nuevo México. Después de arriesgar la vida numerosas veces, pues los vaqueros mexicanos no tenían titubeos en disparar a cualquier indio que viesen merodeando, Gokliya regresó al poblado de su tribu arreando cincuenta caballos de guerra. Entregó a No-Po-So cuarenta, el doble de lo exigido, y guardó diez para él.

Continuará…

Juventud Rebelde, 15 – 03 – 11

La Quinta Pata

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