domingo, 21 de abril de 2013

Por donde va la gente. Por donde voy yo. Mi camino

Rolando Lazarte

El título podría parecer (o de hecho es) pretencioso. Pero creo que a esta altura de la vida, a esta altura de mí mismo, puedo permitirme decir lo que pienso sin tener que darle explicaciones a nadie, y sin creer por ello que estoy cometiendo algún tipo de pecado, sea lo que sea lo que uno pueda creer que esto es.

Me refiero al hecho de que hay una especie de fijación, en los medios de comunicación tanto como en los comportamientos de mucha gente bien intencionada que quiere cambiar al mundo (pero no sé si también a sí misma), en lo que no anda bien, en lo que debería cambiar, en la denuncia.

No creo que haya nada de malo en sí mismo en esta actitud. Pero ciertamente es insuficiente. Cada vez me convenzo más de que solamente los cambios que me incluyen, pueden de hecho ser una semilla de algo nuevo. Cada vez más me convenzo de que solamente cuando la revolución empieza en mí y se dirige a la totalidad de la vida, mi familia, el mundo alrededor, algo de hecho puede llegar a ser como debería ser.

Mientras se siga centrando el fuego en lo que el gobierno y las clases dominantes, el gran capital, las multinacionales, deberían cambiar y no lo hacen, se sigue en el círculo vicioso de quien se cree al margen de lo que está, y en una posición privilegiada de crítica que dispensaría la acción.

No puedo dejar de recordar las palabras de Karl Marx a respecto de que era necesario cambiar el mundo, y no solamente interpretarlo. Karl Marx fue erróneamente interpretado como habiendo sido un mero crítico, cuando de hecho fue un constructor.
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Un verdadero revolucionario no solamente rompe con las estructuras del pensamiento y la relación, sino que las substituye por algo nuevo, por nuevas formas de acción y de comprensión, más libres, más abiertas a la autonomía de las personas y de los grupos sociales, no importa si son familias, comunidades, o redes.

Quien haya llegado hasta aquí, podrá con justicia preguntarse y preguntarme adónde quiero llegar. Quiero llegar hasta aquí mismo, hasta este lugar donde me encuentro y te encuentras, esta hoja que a esta hora está siendo leída y pensada. Un lugar desde el cual todo es posible. Los pequeños cambios que a uno lo van trayendo de vuelta a ser la persona que es.

Creo que un sistema de pensamiento puede ser una prisión, a menos que uno lo habite desde su libertad. Estos últimos años, vengo teniendo algunas experiencias de verdadero reencuentro conmigo mismo, en el seno de dos sistemas de creencias y de práctica personal y social entrelazados: la Terapia Comunitaria Integrativa, y la Teología de la Liberación.

En ambos, la verdad es el centro. Y la verdad es y puede ser el camino hacia la libertad. Creo que ambos sistemas crean un espacio para que la persona se libere de las falsas nociones que tenía sobre sí misma, sobre su ser interno, sobre quién es y qué puede. En esa unidad de percepción y de una práctica redimida, he encontrado una superación de la muerte en vida que siempre me atormentó, y para la cual no había encontrado antídotos eficaces.

Es obvio que nada es válido sin el esfuerzo personal y de pequeños grupos o redes. No hay recetas, sino vislumbres, y es esto es lo que he tratado de compartir aquí. No podría dejar de decir algo acerca de otro recurso precioso en la búsqueda de la verdad, que son la literatura y la poesía, el arte, la atención a lo nuevo, a lo irrepetible, a lo que está aquí, a lo presente, esta dádiva de Dios, de la vida. Sin esta actitud hacia lo bello, lo cotidiano se vuelve insoportable, una repetición vacía y desencantada.

La Quinta Pata

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