domingo, 22 de junio de 2014

Juicios: Dos niñas como botín de guerra

Ivonne Larrieu abraza a su hija María Antonia,
bajo la mirada de Alberto Muñoz
El secuestro de dos bebas, ocurrido en Mendoza en el marco del operativo de febrero de 1976, fue prácticamente un ensayo de lo que acontecería en el país con el robo y apropiación de niños y niñas durante la Dictadura. Declararon el matrimonio Ivonne Larrieu – Alberto Muñoz y Stella Maris Ferrón, secuestradas junto a sus hijitas en el mencionado operativo contra sindicalistas y militantes cercanos a Montoneros.

“No nos han vencido”

Ivonne Larrieu tenía 18 años, el 9 de febrero de 1976, cuando un grupo de tareas se la llevó de su casa junto con su hija María Antonia, quien había nacido el 25 de enero de ese mismo año. La mujer y la beba fueron trasladadas al D2 e idéntica suerte corrió el marido de ella y padre de la niña, Alberto Muñoz. Los tres fueron arrebatados de una vivienda del barrio SOEVA que les había prestado Miguel Ángel Gil, amigo y compañero de militancia.

Ivonne y Alberto, oriundos de Mar del Plata, eran militantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), organización ligada a Montoneros. Al detectar que eran vigilados y perseguidos, decidieron venir a vivir a Mendoza.

En el D2, a Larrieu y su bebita las dejaron en una habitación vacía, sin muebles ni colchones. Durante por lo menos 4 días, a la joven madre no le dieron comida ni agua pero aun así pudo amamantar a Antonia. Tampoco le dieron pañales por lo que para higienizar a la nena utilizaba pedacitos de la funda de almohada con que tenía vendada la cabeza.

Con entereza y valentía, Ivonne, contó las torturas y vejámenes sexuales sufridos por las detenidas. Después de 17 días de padecimientos fue llevada a una comisaría en la que le tomaría declaración el ex juez Rolando Carrizo a quien, si bien no identificó de manera fehaciente, muchos testigos coinciden en ubicarlo en una Comisaría, en la que interrogó a quienes venían del D2, para luego enviarlos a la Penitenciaría.

Ya en la cárcel mendocina, cuando tenía 5 meses, a Antonia debieron llevarla de urgencia al hospital Militar para operarla por una obstrucción intestinal. En esa intervención le provocaron quemaduras en la cola, aparentemente con agua caliente. “Ella también estaba presa. ¡Tenía 15 días y era una víctima más! Nos les importó nada, qué animales, si se moría, se moría”, dijo conmovida la mujer.

“Sin embargo, no nos han vencido…”, agregó la testigo en un emocionado tramo de su declaración.

“Rehén, no preso”

Alberto Mario Muñoz, esposo de Ivonne Larrieu, tenía 18 años al momento de su secuestro; fue trasladado al D2, pateado, golpeado y picaneado en sus calabozos. Pudo saber que su mujer y su hija estaban vivas recién cuando fue llevado ante el juez Carrizo, junto con sus compañeros de cautiverio. “Sin camisa, descalzo, flaco y con mi cuerpo que parecía un mapa de borceguíes, Carrizo me dijo que yo era un comunista. Estaba enfurecido y me exigía que me declarara culpable”, contó Muñoz.

Nunca tuvo contacto con sus defensores oficiales, aunque en los papeles están consignados los nombres de Guillermo Petra y Garguir para ejercer esa función.

“Yo no fui preso, fui rehén”, reflexionó el testigo y añadió que “los hombres la pasamos muy mal, pero las compañeras la pasaron peor”- dijo- “No existe ninguna doctrina que diga que las guerras se ganan violando mujeres, si es que insisten con que hubo una guerra… Nuestras mujeres eran hermosas y valientes y hoy, aún las que no están, son más hermosas y valientes”.

María Antonia Muñoz Larrieu, aquella niña de 15 días secuestrada junto a su madre, ya mujer, estuvo en primera fila acompañando los duros testimonios de su madre y su padre.

Ferrón: cuando me devolvieron a Yanina, tenía el enterito del día del
secuestro (hacía un más de un mes), olor a amoníaco, estrabismo en
los ojos e infecciones varias.
Ensayo de apropiación

Stella Maris Ferrón, licenciada en Ciencias de la Educación, oriunda de Santa Fe, fue secuestrada el 9 de febrero de 1976 y trasladada al D2. Recibió un trato similar al de las otras mujeres detenidas, con el agravante que los ataques sexuales y la picana le provocaron un aborto.

La aprehendieron junto a su hija Yanina, de 10 meses; increíblemente, también a la beba la golpearon y hasta le aplicaron corriente en su cuerpo con un cable conectado a un auto. Luego se la quitaron.

Como a los demás integrantes de la denominada Causa Rabanal, a Stella Maris, luego de unos 18 días, la llevaron ante el juez Carrizo. “Yo sólo le pedía que me devolvieran a mi hija y Carrizo me dijo que no sabía que yo iba a declarar y que por eso no había averiguado nada de la nena. Y me interrogaba dónde estaba mi esposo”, narró la testigo. Su marido, José Antonio Rossi, en ese momento se encontraba en la clandestinidad; posteriormente, fue secuestrado en un café céntrico mendocino, el 27 de mayo de 1976, y aún está desaparecido.

Desde el momento de la detención de ambas, la familia de Ferrón se abocó a la búsqueda de la pequeña. Sin resultados positivos decidió regresar a Santa Fe. En esa ciudad, la madre de Stella, solicitó la mediación del entonces obispo, Monseñor Zaspe, quien, presume la testigo, se comunicó con la curia mendocina hasta que finalmente dieron con el paradero de la criatura.

La hija de Ferrón había quedado en poder del comisario Juan Félix Amaya, de la seccional 25°. En la actuación policial consta que el funcionario “por peligro moral y material se hace cargo de la niña”. Sin embargo, cuando la entregó a los padres de la detenida, el 12 de marzo, Yanina tenía el mismo enterito que el día del secuestro -había pasado más de un mes- olor a amoníaco, estrabismo en los ojos e infecciones varias. Ya con Stella, en la cárcel, debió soportar un simulacro de fusilamiento estando en brazos de su mamá; a raíz de clima de inseguridad y agresión que vivían, Ferrón decidió entregársela a sus padres.

“Las consecuencias psíquicas han sido severas”, dice parte de un informe médico con el que Stella Maris Ferrón cerró su testimonio.

¿Abogadillo empático? ¿Coincidente con el imaginario de los acusados?
¿Lucimiento personal?
La Parafernalia del Abogadillo

¿Abogadillo empático? ¿Coincidente con el imaginario de los acusados? ¿Lucimiento personal?

En medio de estos desgarradores relatos, el defensor oficial suplente, Sebastián Bahamonde, secundado por algunos abogados particulares, insistió en planteos formales para obstaculizar las tarea de la Fiscalía, desgastar al Tribunal y perturbar a quienes declararon, en este caso, testigos-víctimas Sin inmutarse frente a los horribles crímenes escuchados, el ignoto abogado, siguió centrado en la trivialidad, pero con actitud de sabelotodo.

Es esperable que los defensores particulares, que deben justificar los honorarios que cobrarán a sus clientes, intenten arrestos de apasionada defensa y chicanas para mostrar empeño y dilatar, pero no es deseable que un Defensor oficial, que pagamos todos, se desubique tan groseramente.

Todavía no está claro si tanto celo en los procedimientos, expresado por el novel abogado, se debe a empatía o coincidencia con el imaginario de los acusados o, simplemente, a un intento de lucimiento personal. En cualquier caso, para que se ubique sería conveniente que repase los nuevos paradigmas de la filosofía del Derecho, aplicables a escenarios donde se debaten Delitos que ofenden a la Humanidad, porque de eso se trata este IV juicio que lo ocupa.

La próxima audiencia será el lunes 23, con los testimonios de Guido Actis y Oscar Guidone.

Fuente: http://juiciosmendoza.wordpress.com/

La Quinta Pata

1 comentario :

Rolando Lazarte dijo...

Es inaudito que todos estos crímenes aberrantes hayan sido cometidos por "argentinos", y las comillas son obligatorias. Habrán sido de hecho argentinos estos criminales? Y contra la población desarmada! Es una verguenza. Es asqueante y vergonzoso

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