lunes, 29 de septiembre de 2014

... Y un día habló el Gato

Carlos Almenara

Nos lo debía. En lo personal era una espina que tenía clavada.

En 2011 se fue; ya no más “A dos voces”, ahora “Con voz propia”. Estaba claro pero nunca lo había dicho.

El miércoles 17 de setiembre el programa televisivo “Duro de domar”, conducido por Daniel Tognetti, entrevistó a Gustavo, el Gato, Sylvestre. En el reportaje el periodista contó por qué se fue del grupo Clarín, del que era una de sus figuras principales. Sostuvo que a partir de 2008 el grupo cambió su línea editorial y que ya no tenía libertad para hacer el programa, que “no se podía invitar a todo el mundo” como él quería.

Gustavo Sylvestre es un periodista con modos muy amables, medido en sus apreciaciones, sin tonos altisonantes. Para Sylvestre desde 2008 el grupo Clarín no da libertad de expresión a sus periodistas. “Con todo derecho”, sostiene, tiene y defiende su línea editorial.

Una cosa es que lo diga yo o alguien que hace tiempo lo viene diciendo y otra es un testimonio directo, de un “empleado” del grupo.

El relato pone de manifiesto la grave restricción de la libertad de expresión en Argentina. Lo que la reduce no es el Estado sino la concentración mediática del grupo Clarín, grupo que acumula más del 60% de las audiencias mediáticas y no deja que sus periodistas se expresen.

Esto es lo que confiesa Sylvestre.

Yo creo que es peor. Que Clarín no sólo censura. Manipula, deforma y miente descaradamente. Todo según un guión que apunta a horadar la democracia argentina y desestabilizar un gobierno.

No es una línea editorial que, como dice Sylvestre, tienen todo el derecho de tener. Es una mentira tras otra, un ocultamiento tras otro, una exageración tras otra, una deformación tras otra. Todos los días. Por todos los medios. Según el guión Magnetto.

El testimonio de Sylvestre es sumamente útil, es una corroboración de primera mano.

Nos pone nuevamente frente a debates que de ningún modo están agotados con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

¿Qué tiene prioridad para nuestra sociedad, la “libertad de prensa” del Sr. Magnetto o el derecho a una comunicación honesta por parte de la población? ¿Tiene prioridad el derecho a la línea editorial del Sr. Magnetto o que a los trabajadores de ese grupo no los obliguen a mentir? ¿Tiene derecho el propietario de un medio a hostigar sistemáticamente a una persona, a revelar su domicilio y a instigar a la agresión contra esa persona como hicieron con Víctor Hugo Morales?

El sonsonete de que estos son medios privados no tiene ningún sentido. Estos son medios que utilizan bienes públicos: el espectro radioeléctrico en caso de televisión y radio o el espacio público para el cableado. En el caso de los diarios no hace falta recordar cómo se quedaron con Papel Prensa (inversión estatal) en una mesa de torturas. Ercolini, rápido para procesar militantes sociales, cajonea esta causa.

Por otro lado el carácter privado del medio de ningún modo puede afectar otros derechos, derechos de personas agraviadas y hasta derechos de consumidores (de información) estafados.

Estas cosas las venimos diciendo hace tiempo, el testimonio de Sylvestre es una pieza más del rompecabezas que confirma que el grupo Clarín es el principal problema actual para la democracia argentina.

Esa misma semana le quemaron la camioneta a Sylvestre en un claro amedrentamiento mafioso. Lo ví en muchos medios, no en los del grupo Clarín.

La Quinta Pata

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