lunes, 29 de septiembre de 2014

Cura, mendocino, pedófilo, cuestionado por Francisco

Ramón Ábalo

El papa Francisco, argentino para más datos, tiene mano firme y dura para limpiar debajo de las alfombras del Vaticano y de la Iglesia Católica en general. Hace un par de días separó al obispo de la localidad paraguaya de Ciudad del Este, Rogelio Ricardo Livieres, tras la defensa pública que hizo del sacerdote argentino Carlos Urrutigoity, a quien nombró vicario a pesar de estar acusado por pederasta en Estados Unidos. Livieres protagonizó un enfrentamiento público con el arzobispo de Asunción, Pastor Cuquejo, que se mostró partidario de abrir una investigación a Urrutigoity, y el por entonces obispo de Ciudad del Este salió en su defensa alegando sentir "dolor" ante las acusaciones y, a su vez acusó a Cuquejo de ser "homosexual". Los tonos de la disputa hicieron que en julio pasado el cardenal español Santos Abril y Castelló, prefecto de la Congregación para los Obispos, se desplazara a Paraguay para mediar en el conflicto, recabar información e informar al papa a su regreso.

El Vaticano informó de la sustitución mediante un comunicado en el que añadió que el pontífice argentino designó como comisario provisional -administrador pontificio en sede vacante- a Ricardo Jorge Valenzuela. La sustitución de Livieres Plano se produce tras un "cuidadoso examen" apostólico, según se informó en fuentes oficiales del Vaticano. Para muchos analistas políticos en la Ciudad Eterna (Roma), este episodio destaca la firmeza institucional que adquiere el papado a tono con un momento en que el planeta se estremece por las exigencias de un mundo en plena mutación hacia un futuro de transformaciones profundas para el logro de una humanidad a pleno goce de sus derechos. O el Apocalipsis.

Mendocino de pura cepa: Contagio con el genocidio

El sacerdote mendocino implicado en esta disputa vaticana por su pedofilia activa en Estados Unidos, donde radica su sacerdocio, pertenece a una conocida familia mendocina, con fuerte arraigo en los más tradicionales círculos de la sociedad mendocina, con tufillo a oligarquía y conservadora. Carlos Urrutigoity fue ordenado por el movimiento lefebvrista, el más retrógrado de la iglesia actual.

El dicho movimiento fue creado por Marcel Lefebvre, el cardenal francés que optó por quedar fuera de la iglesia antes que ceder sus posiciones ultras conservadoras, por las reformas que promovió Juan XXIII desde el Concilio Vaticano II. Eligió a nuestro país como reservorio de sus postulados para toda América del Sur. Las misas que celebran sus seguidores lo son con el rito tridentino, o sea en latín, y tiene presencia en 9 provincias, entre ellas Mendoza. Las mujeres de todas las edades, por ejemplo, se presentan con polleras por debajo de las rodillas y la cabeza cubierta con mantillas y los hombres estrictamente con pantalones largos, incluso en verano. De no ser así son invitados a retirarse. "Lefebvre pidió que viviéramos en comunidad para reducir los daños de la sociedad", dicen los militantes. Como no podía ser de otra forma, la congregación, que se denomina Hermandad Sacerdotal, es sostenida por poderosos grupos económicos.

Marcel Lefebvre había nacido en Francia en 1901 y murió en el 1991, y al ser considerado un cismático fue excomulgado en 1998 (postmortum) por el Papa alemán, el predecesor de Francisco.

Carlos Urrutigoity, de acuerdo a su prosapia de clase, manifestó su vocación sacerdotal en el lefebvrismo oscurantista contagiado, en la Argentina de los 70, con el genocidio cívico-militar. Fue en el 2008 que gran parte de la Hermandad se manifestó frente a la Catedral de Buenos Aires para repudiar que un año antes las Madres de Plaza de Mayo habían ingresado al templo y allí permanecieron, como un acto más de reclamo por sus hijos desaparecido por la dictadura. Más aún, Carlos es descendiente, como sobrino-nieto, del comodoro Teófilo Ramírez Dolan, que fue Ministro de Gobierno de la dictadura desde 1976, y como tal responsable de los centros clandestinos de detención y muerte en los ámbitos provinciales.

Cuando Bergoglio estuvo al frente de la Iglesia en la Argentina, no tuvo buenas relaciones con los seguidores de Lefebvre. El pecado capital de Carlos Urrutigoity no es el único que el ahora Francisco papa tiene que barrer debajo de las alfombras vaticanas. Y la pedofilia de los varios sacerdotes que impacta universalmente, es una pesada tarea que está dispuesto a erradicar. Siendo que la solución de fondo de estas prácticas escandalosas y antihumanas es consecuencia del precepto antinatural del celibato, el argentino está haciendo punta en esa solución. Hasta nos atrevemos a afirmar que está a tono con los derechos del pueblo argentino, del que es originario, al ser expresivo también en las apoyaturas a las políticas soberanas del Estado argentino que se lleva adelante desde el cristinismo. El Vaticano tiene quien ordena limpiar los pecados propios.

La Quinta Pata

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