lunes, 29 de septiembre de 2014

El espacio soberano

Ricardo Nasif*

2011, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anuncia el lanzamiento desde la NASA –EEUU- de un satélite argentino. “Hace apenas diez años lanzábamos piedras y hoy estamos lanzando cohetes y satélites al espacio”, dijo entonces Cristina.

En los noventa, el presidente Carlos Menem, en un acto de inicio del ciclo escolar, les prometió a cientos de alumnos y docentes que en poco tiempo se iba instalar una base en Córdoba, de la cual iban a partir naves espaciales que atravesarían la atmósfera y la estratósfera y que en una hora y media llegarían a Japón, a Corea o a cualquier parte del mundo. (sí: sic)

1950, Juan Domingo Perón observa al avión Pulqui surcar el cielo de Buenos Aires a más de 900 kms. por hora. En la crónica del noticiero oficial Sucesos Argentinos, el locutor -de la inmortal voz proto-CrónicaTV- se entusiasma: “El presidente de la República Gral. Perón se hace presente para asistir a la última prueba de esta moderna máquina. Cabal expresión del esfuerzo, la capacidad y el éxito de nuestra técnica. ¡Extraordinario triunfo de la aviación argentina!”.

Tres momentos del siempre surrealista hecho del vuelo. Una cronología inversa desde los satélites orbitales concretos, pasando por la nube gaseosa menemista, hasta la frustración aeronáutica del primer peronismo.

En este último momento nos vamos a detener, en el Pulqui, en ese “instante en la patria de la felicidad”, como tituló Alejandro Fernández Mouján a la película en la que el artista plástico Daniel Santoro y el ingeniero y metalúrgico Miguel Biancusso intentaron reconstruir y hacer volar una réplica del avión –y el sueño- peronista.

Javier Fernández, ingeniero electrónico y magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la Universidad de Quilmes, en un artículo publicado en octubre de 2012 en el diario Página/12, nos relata:

“La producción de aviones en la Argentina se remonta a finales de la década del ’20, cuando la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba comenzó a producir aeronaves y motores extranjeros bajo licencia. La sustitución de importaciones de la década del ’30 acompañó el diseño de los primeros modelos endógenos. Más tarde, el gobierno que acabó con la Década Infame, conocido como la revolución del ’43 e integrado por Juan Domingo Perón, impulsó la producción de modelos autóctonos que favorecieran la utilización de materias primas e insumos locales, especialmente madera.”

Desde el Primer Plan Quinquenal, Perón ya electo presidente, planificó una política aeronáutica que contemplaba desde la promoción del aeromodelismo en las escuelas, el servicio meteorológico, hasta la construcción de aviones de guerra.

“En mayo de 1946 –se construyó- el primer caza a reacción de Suramérica: IAe-27 Pulqui, que en araucano significa “flecha””, nos cuenta Fernández y agrega: “El primer vuelo exitoso del Pulqui se produjo el 9 de agosto de 1947. A partir de los primeros vuelos, se consideró que el avión sufría una marcada falta de potencia, baja autonomía (800km) y baja estabilidad en velocidades mayores a 600km/h. No obstante, la Argentina era el segundo país del mundo –excluidos los que participaron de la Segunda Guerra– que había diseñado y construido un avión de esas características.”

Y se redobló la apuesta con el nuevo proyecto del IAe-27 Pulqui II, una nueva máquina, un nuevo diseño para resolver las imperfecciones del primer intento. El Pulqui II realizó su vuelo de bautismo en junio de 1950, en el Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires. Pero poco tiempo más duraría el proyecto. Dos accidentes fatales que destruyeron prototipos, las grandes dificultades para desarrollar un proceso independiente de fabricación en serie, y las presiones internacionales que nunca faltan, hicieron reorientar las potencialidades industriales logradas hasta ese momento a la constitución de las Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME).

El proyecto IAME se concentró en la fabricación de motos, lanchas, tractores, motores, aviones y autos para sustituir importaciones de bienes de capital y así equilibrar la balanza comercial.

El sueño del Pulqui II quedó frustrado, pero, como dice el investigador Alejandro Artopoulos “Este avión representó uno de los mejores momentos de la industria nacional, porque, aunque el país no pudo crear una industria aeronáutica como Brasil, el proyecto fue el catalizador de energías industrializadoras que lo convirtieron en uno de los 30 países productores de automóviles. Sobre la base de la Fábrica Militar de Aviones, el gobierno peronista en 1951 inteligentemente fundó la industria automotriz en la provincia de Córdoba. El Pulqui tuvo que morir para que naciera el Torino, y con él se desencadenó la segunda ola de industrialización de la Argentina.”

Hoy con los carroñeros yanquis volando sobre el país, el satélite ARSAT-1, el primero construido íntegramente en la Argentina, espera en la Guayana Francesa su lanzamiento al espacio real. Aguarda una concreción tangible de autodeterminación satelital, que no es más ni menos que una forma de esperanza de sostener vivo el sueño de volar independientes, de otro instante en el espacio soberano.

*Facebook del autor

La Quinta Pata

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