domingo, 19 de octubre de 2014

Para todas las madres, para las madres universales

Ramón Ábalo

Para mi madre Amalia, que descansa en paz, para mi esposa madre, también de dulce nombre como mi madre, Amalia. Para mis hijas madres Marcela y Mariana, para mis sobrinas madres. Para la Isabel madre y compañera. Para las madres universales de Plaza de Mayo, que reiteran jueves a jueves, el rito de las rondas, ahondando en nuestras conciencias los actos irrenunciables que nos marcan la sangre y el entendimiento. Cada jueves, allá y acá nos revitaliza un hálito especial, sin impurezas, irrepetible. La constancia de una inalterable ética revolucionaria, más allá del pensamiento exiguo para convertirse en un tiempo moral, de transparencia, como lo proclama nuestro poeta Armando Tejada Gómez:

Mirar y ver / transparente, transparente /
El corazón transparente / por si te busca la vida
Por si te encuentra la muerte / la cosa es ir y venir
Transparente, transparente.

La poesía es memoria que hace del pasado presente y aquello que fue destino de no volver, vuelve a ser. Y entonces la memoria se hace vida sin olvido. Memoria de las Madres que conmemora la luminosidad de la vida. Un presente de memoria que inspira la verdad de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que seremos.

Las Madres de la Plaza, como todas las madres universales, rompieron -y rompen- los impedimentos para apostar por la verdad y la justicia, mientras otros la niegan. Pero esa madre universal - y la de todos- se nutrió de un aire que les oxigenó la nervadura de una pasión sin orillas, porque así son las pasiones que se escriben con sangre y alma.

Si la memoria es esencia de la vida, entonces la muerte es apenas ausencia. Por eso mi madre y todas las madres universales, hoy son presencia Más que nunca.

La Quinta Pata

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