lunes, 13 de octubre de 2014

Periodismo, laburo, conciencia proletaria

Ramón Ábalo

Hay profesiones que son pasibles de catalogarlas como sospechosas y perversas. Es el caso del periodismo, que para nada es un ejercicio ingenuo y objetivo. Lo afirmo desde el mismo espacio que aparentemente vituperio, es decir, ese periodismo que ejerzo en estas páginas de la 5ta.Pata. Otras profesiones, como la política, se expresan con ese margen crítico. He inventado -es una forma de decir- algunos conceptos que me permiten, como con estas líneas, intentar reflexiones sobre aspectos sustanciales de la vida desde la medianía de lo inmediato y rupestre. Así, me he apoderado de un término como FILOSOFADAS Y SOCIOLOGÍA EN CAMISETA, para opinar de todo con un tinte que me puede aproximar a lo académico. Pero, sinceramente, este no es mi propósito. Menos cuando mi capital intelectual es producto de la acumulación del saber llano, directo y real del pobrerío, de los laburantes, empírico, como también algo de los intelectuales, los políticos, los sociólogos y los filósofos que tratan de descifrar parte de la condición humana desde sus dolencias físicas, espirituales, morales, y existenciales. De sus miserias y sus honorabilidades.

Al respecto, recuerdo cuando aún púberes, con Armando Tejada Gómez, en las tenidas de cafetines y boliches de la Calle Larga entonces (hoy Pedro Molina), nos introducíamos en deshilvanadas discusiones sobre la realidad que nos rodeaba, de la poesía y la literatura en general, de la segunda guerra mundial, la década infame, del fraude patriótico, de los gansos, el radicalismo y el socialismo, del peronismo recién llegado, y abjurábamos de la academia, (alpargatas sí, libros no!!!) es decir, de la Universidad, de lo universitario, de lo que oliera a estructura mental desde las aulas. No era el saber lo que descartábamos, sino dónde adquirirlo. Cuando los libros que caían en nuestras manos, no muchos y los adecuados, paulatinamente nos iban abriendo la croqueta a un saber más estilizado, y nuestro afán de ese saber descubrió que sus laberintos son posibles recorrerlos también estructuralmente. Rompimos con nuestros prejuicios y caímos en que la universidad, el aula, eran espacios valederos para beber conocimiento, pero reafirmando que era parte de nuestra identidad, ya bastante afirmada en una alta autoestima, tenía sustento en esa sabiduría llana, medio desprolija, rasgos esenciales de la condición humana "en camiseta", que se refleja en los actos cotidianos con un dejo de auténtica sabiduría. Y entonces fue que nos lanzamos a la búsqueda del laburo asalariado. Me acuerdo cuando mi tía Eulalia, de profunda sabiduría suburbana, como esta de la Calle Larga y la Media Luna, solía decirme cuando se enteró de que había conseguido mi primer conchabo: "...muchacho, va a llegar el momento que vas a descubrir que te explotan... que el patrón se enriquece porque lo que te paga no tiene nada que ver con lo que te cuesta sudar la camiseta... cuídate de no ser vasallo ni de patrón ni de mujer..."

Y esto viene a cuento con esto del oficio con lo que uno se las arregla para ganar el mazapán de cada día, lo que se dice periodismo, ese que se ejerce en los cubiles de los oligopolios mediáticos con la fruición de lo ponderable, de lo trascendente. Palabra santa para alimentar la desculturización colectiva, apañar el oscurantismo de las ideas, la falacia del discurso opositor, el alimento dolarizado de los fondos buitres, la afirmación cipaya de la desestabilización.

Ser periodista puede ser un acto culposo, pero podemos salvarnos y en vez del infierno ganar, al menos, recalar contritos en uno de los círculos expiatorios que construyó el Dante en su Divina Comedia.

La Quinta Pata

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