domingo, 9 de noviembre de 2014

Audiencia 50: Duras ilustraciones de la época

El médico que realizó la necropsia de Osvaldo Sabino Rosales, Dr. Francisco Marotta, confirmó ante el Tribunal, que el joven murió baleado por la espalda. Además, en el marco de una causa por privación ilegítima de la libertad, testimoniaron Daniel Ponce y Saúl Eduardo Hanono, detenidos en el ’77 mientras volanteaban. Se escuchó también a Matilde Duek, madre de éste último, quien pintó con fidelidad los avatares vividos por los familiares de los detenidos.

Daniel Ponce y Saúl Eduardo Hanono fueron detenidos, casualmente, por un policía cuando se encontraban repartiendo panfletos desde una moto, en Chacras de Coria. Ambos quedaron retenidos en un domicilio particular hasta la llegada de un vehículo que los transportó a la comisaría local y de allí fueron trasladados al D2. En esta dependencia recibieron golpizas mientras los interrogaban; días después recalaron, brevemente, en la penitenciaría provincial. Junto a detenidos de otras provincias compartieron un traslado colectivo a la Unidad 9 de La Plata. En ambos casos la Justicia Federal de Mendoza había dispuesto su libertad en septiembre del ‘77 pero fueron retenidos en virtud de un decreto del Poder Ejecutivo Nacional y liberados en julio del año siguiente.
Ponce, en pareja en ese momento con la hermana de Hanono, pertenecía como su amigo, al Partido Comunista Revolucionario (PCR). Ambos compartieron cautiverio en el D2 con Roberto Azcárate.

Daniel Benito Ponce declaró por videoconferencia desde el Consejo de la Magistratura en Buenos Aires. Al relatar su detención desdramatizó lo acontecido al decir que recibió “el trato normal de un preso” aunque admitió ante el fiscal que en el D2 fue sometido a una golpiza, vendado y atado, pero indicó que él no fue picaneado. Agregó que en la cárcel de La Plata “el juego era tratar de esquivar los golpes”. Su madre presentó un Habeas Corpus y rodó por todas las dependencias conocidas durante su detención clandestina, sin mayores resultados.

Por otro lado, Ponce, decepcionado, recordó que el juez Gabriel Guzzo fue su profesor de Educación Democrática en el Colegio Martín Zapata e hizo hincapié en que se sintió “ultrajado” al verificar el rol que cumplió en aquellos años.

Saúl Eduardo Hanono, con gran lucidez, prestó declaración en la sala de audiencias y ofreció un relato de los hechos coincidente con el de su compañero y cuñado, Daniel Ponce. Sin embargo, las sensaciones vividas durante su cautiverio fueron evocadas por el testigo como situaciones agraviantes. Destacó que en el D2 permaneció alrededor de 20 días y fue obligado a firmar una declaración que desconocía.

Hanono inició su militancia muy tempranamente. Relató que a los 15 años, a raíz de una pegatina, fue detenido por la policía en la Escuela Normal Tomás Godoy Cruz. Por entonces, 1972, gobernaba el país el dictador Lanusse.

Previamente, su madre había narrado en detalle, las gestiones realizadas en torno a su detención.

Una pintura de la época

Por videoconferencia, desde Buenos Aires, declaró Matilde Duek, madre de Saúl Eduardo Hanono, quien recorrió todos los ámbitos a los que apelaban los familiares de los/as detenidos/as hasta que consiguió verlo en la cárcel de La Plata, seis meses después de su detención.

La señora Duek hizo un relato pormenorizado de la búsqueda de su hijo desde que él y Ponce salieron a panfletear en departamento de Luján. Esa misma noche lo buscó por los lugares posibles, luego visitó hospitales, comisarías, la dependencia de la Policía Federal, fue al D2, recurrió al Comando del Ejército, al Juzgado Federal y hasta llegó a entrevistarse, tiempo después, con Monseñor Rey interesándose por su hijo.

Luego de dos días del secuestro de su hijo decidió deshacerse de libros y discos que empacó en dos valijas. Ante un ofrecimiento del portero de su edificio de apellido Zapata, accedió a entregarle los materiales. Tiempo después advirtió que el hombre era hermano de un policía del D2.

Con gran frescura, la testigo describió la prepotencia de la que hacían gala los uniformados: desde el allanamiento a su domicilio por parte de gendarmería, hasta una entrevista que mantuvo con el imputado Paulino Furió, en el edificio del Comando del Ejército. En esa ocasión precisó que el militar la recibió con fotos, recortes de diarios y panfletos vinculados a su hijo, desparramados en su escritorio. En medio de un cruce de opiniones con Furió, pudo advertir que los volantes exhortaban a la “liberación de la compañera Isabel” (en referencia a Estela Martínez de Perón).

En otro momento de su declaración, Matilde Duek, afirmó que en búsqueda de respuesta por la detención de su hijo se había entrevistado con Miret y Romano, en el Juzgado Federal. Al concluir el testimonio, Juan Day, defensor de Miret, pidió dejar constancia de los nombres del juez y fiscal intervinientes para evidenciar que no era ninguno de los arriba mencionados. Por su lado, la señora Duek insistió en que habló con ellos aunque aclaró que no podría precisar qué función cumplían en el juzgado por aquellos días.

Finalmente, después de varios intentos para hacerse entender, el defensor de Romano, Ariel Civit, asistido por dos micrófonos, preguntó a la testigo si “alguien le pidió que mencionara a Miret y Romano”. “Soy una persona independiente”, contestó Matilde Duek.

Cobarde asesinato

El Dr. Francisco Marotta se desempeñaba en el cuerpo médico forense cuando debió periciar el cadáver de un hombre joven de entre 24 y 27 años que llegó a la morgue en condición de NN. En la presente audiencia el médico fue invitado a releer el informe de la necropsia de su autoría y luego explicar, oralmente, lo redactado el 17 de enero de 1977.

El perito manifestó que el cuerpo tenía varios orificios de bala disparados desde atrás que impactaron en las costillas, el omóplato, el brazo y dos tiros en la cabeza que le produjeron la muerte.

A pesar de que la víctima no fue mencionada, por la fecha del informe y el lugar de donde se recogió el cuerpo (Ceballos y Álvarez, de Guaymallén), no hay duda de que se trata de Osvaldo Sabino Rosales, militante de la JP-Montoneros quien fuera objeto de un procedimiento ilegal junto al desaparecido Ricardo González.

Según el informe, el cuerpo de Rosales llegó a la morgue a la mañana siguiente del operativo realizado en Dorrego, precisamente a las 12.20 hs. del día 17. Según el Dr. Marotta, la muerte se produjo no más de dos horas antes y fue remitido por el D2 con la firma de Juan Oyarzabal. De las respuestas ofrecidas al interrogatorio del fiscal Daniel Rodríguez Alcalde, se infiere que los pedidos de necropsias al cuerpo médico forense partían de quienes tuvieron intervención en los casos requeridos.

Con este testimonio resulta indubitable que Sabino Rosales murió acribillado por la espalda. Presumiblemente trataba de escapar de la encerrona montada desde la noche del 16 de enero, en la vivienda que compartían con González.

El Dr. Marotta, quien se incorporó a la dependencia en los años 60, y actualmente está jubilado, dijo no recordar pedidos de necropsias con similares características. Cabe destacar que en el período en que el profesional se desempeñó como forense varios cuerpos de asesinados por la represión pasaron por la morgue, tal el caso de Miguel Ángel Gil, mencionado en esta audiencia por el Dr. Varela.

La próxima audiencia será el lunes 10 de noviembre en el horario habitual.

Fuente: https://juiciosmendoza.wordpress.com/

La Quinta Pata

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