domingo, 9 de noviembre de 2014

El primer tren en Mendoza

Eduardo Paganini (Baulero)

A casi tres cuarto de siglo del acontecimiento del arribo del primer tren a la ciudad de Mendoza, esta nota evoca las noticias de aquella época. El artículo porta interés no solo por su contenido histórico, sino además por la cantidad y variedad de tics regionales que contiene y expresan la propia cultura. También es preciso destacar el manejo de protagonismo —al mejor estilo de las sección Sociales de hoy— que se le otorga a los personajes célebres, recortados sobre un telón de fondo integrando por “gente”. Agradecemos a la sra. Olga Contreras, narradora y poetisa mendocina, su acceso al material.

El primer tren llegó a la ciudad de Mendoza en mayo de 1884 pero se dispuso inaugurar oficialmente el Andino cuando llegara a San Juan lo que calculaba el ingeniero Guillermo Villanueva, director de las obras, ocurriría en abril de 1885. El gobierno decidió hacer coincidir la gran fiesta con una exposición de la industria nacional y a tal fin designó una comisión organizadora y comprometió al propio presidente de la Nación, general Julio A. Roca, para la inauguración. Nunca ha vivido Mendoza días de tanto trajín y alborozo como entonces. Ahora, sí, empieza a realizarse la civilización y Mendoza se incorpora a la vida moderna. El jueves 26 de marzo a las 9 de la noche se hace el primer ensayo de alumbrado eléctrico en una ceremonia inolvidable que atestiguan el gobernador Ortega, don Tiburcio Benegas, el ministro de Hacienda Héctor Quesada, el cónsul de España don Remigio Acevedo y el de Chile don Rufino Cubillos, el presidente de la Municipalidad doctor Luis Carlos Lagomaggiore, el doctor José Néstor Lencinas, y las señoras Elvira Ozamis de Ortega, Catalina Meabe de Lagomaggiore, Hortensia Puebla de Serú, Pepa Echenique de Palma, Angelina Puebla de Day, Matilde Peter de Puebla y miles y miles de mendocinos que festejan con una ovación de alegría y estupefacción la luz que repentinamente ilumina el boulevard San Martin cuando el gobernador mueve una palanca. ¡Adiós calles oscuras! ¡Adiós velones y quinqués de las veladas sombrías hediondos a sebo, y aceite rancio! ¡Adiós luces pálidas, humeantes, temblorosas, que durante siglos alumbraron con sus penumbras las noches interminables! ¡Bendito sea Dios y alabado sea el padre Edison por la eternidad!

Mendoza ya tiene ferrocarril, tranvía a caballo, luz eléctrica y teléfono. Los primeros aparatos Breguet para comunicarse se instalan en las casas del gobernador Ortega y de don Tiburcio Benegas. Pronto tendrá aguas corrientes filtradas, limpias y tan sanas que harán desaparecer los cotos. Continuamente llega gente para las grandes fiestas. Las calles están repletas de desconocidos y en las posadas “no cabe un alfiler”. No faltan advenedizos impertinentes y LOS ANDES denuncia que algunos de estos, llegados de Buenos Aires “dirigen palabras deshonestas y han pretendido tocar a señoras que encuentran en la calle”. El 7 de abril llega el presidente Roca con una comitiva de 300 personas, muchas venidas desde Córdoba y San Luis. Están don Bernardo de Irigoyen, amigo de Adolfo Calle y candidato de LOS ANDES a la presidencia de la República; Luis y Roque Sáenz Peña, Norberto Quirno Costa, Torcuato y Diego de Alvear, Miguel Juárez Celman, candidato a la presidencia por el “roquismo”; los generales Viejo Bueno Levalle y Bustillo, Tomás R. Cullen, Juan Agustín García, los embajadores de los Estados Unidos de América y de Chile, senadores, diputados. Lo más granado de Buenos Aires. ¡Qué jornada aquella! Brilla el sol y luce el cielo su azul más puro recortado por el vuelo gracioso de las golondrinas abrileñas o por el volantín de algún arrapiezo. El gentío se apretuja en el Boulevard San Martín donde están las tropas de línea, marinería y guardias nacionales. Todos quieren ver al presidente, el famoso “Zorro”, favorecido por la fortuna y el talento, el héroe del Paraguay, de las fronteras y de Santa Rosa. Es el primer presidente que llega a Mendoza. Las flores cubren su paso, se agitan banderas entre vivas y algazaras y bandas militares. Roca saluda ceremonioso y sus ojos sonríen.

Fuente: El primer tren en Los Andes. Suplemento 75º aniversario, Mendoza, 1957

La Quinta Pata

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