domingo, 30 de noviembre de 2014

Vientos de guerra en la estepa

Enrique Lacolla

La tensión en el mundo no decrece. La situación en el este de Europa cada vez pinta peor. Kiev ha cortado los servicios sociales básicos a la región del Donbas y la OTAN aumenta la presión contra Rusia a través de ejercicios y despliegues militares.

En política –como en todos los campos de la vida- conviene siempre no confundir los propios deseos con realidades. La crisis evidente del sistema-mundo manipulado por las grandes potencias de occidente que dan curso a las formas más depredadoras del capitalismo salvaje y el hecho de que se esté configurando una alternativa a esa constelación de fuerzas a través del desplazamiento del poder económico hacia la “región cardial” -esto es, hacia el eje Rusia-China-, no debe hacernos presumir que la partida está sellada y que es sólo cuestión de tiempo para que se implante un reordenamiento más equilibrado y más sensato del mapa mundial.

Como se sabe, cuánto más amenazada se siente una bestia de presa, más peligrosa se torna. La dinámica imperialista se ha inflamado en estos años en una agresividad sin pausa. Lejos de ponderar los riesgos los ha aumentado lanzándose a potenciar el terrorismo en todas sus formas, promoviendo una serie de “revoluciones de color” y distorsionando una presunta “primavera árabe” hasta convertirla en el exacto opuesto de lo que pretendían las masas que habían copado la plaza Tahrir, en El Cairo. La vigorización del wahabismo y de las corrientes más fundamentalistas y cerriles del Islam para formar regimientos de degolladores y de fanáticos con el cerebro lavado no cae del cielo, es el resultado de políticas bien maduradas por las agencias de inteligencia y las estructuras logísticas de un entramado conspirativo que existe en todo el mundo y que dispone de múltiples recursos provistos por los servicios y deducidos del dinero negro que circula a través de múltiples enjuagues y manejos, entre los cuales el tráfico de drogas tiene un papel fundamental. ¿O podemos suponer que la implantación del Califato Islámico en el norte de Irak y parte de Siria es fruto de la casualidad o el resultado de la improvisación de unos cuantos fanáticos? Tiene que haber habido involucramiento del estado turco y de los servicios de inteligencia británicos, norteamericanos y probablemente israelíes para que una ingente cantidad de combatientes bien equipados haya podido transitar hacia los lugares desde donde lanzaron su ofensiva.

Los sitios que albergan reservan estratégicas –el petróleo, en primer término, pero también el gas, los minerales, el agua y los bosques, esto es los elementos que hacen a la estabilidad del ecosistema- son objeto de codicia y, por consiguiente, lugares atacados o pasibles de recibir la atención imperialista. Cualquier similitud con Suramérica no es ninguna casualidad.

Pero los lugares potencialmente más peligrosos no siempre son necesariamente los que atesoran grandes riquezas. Cuando está en marcha un programa que apunta a la neutralización de un gran estado, los referentes geopolíticos cobran una importancia capital. El proyecto de reducir a Rusia a su mínima expresión, de quitarle toda posibilidad de volver a constituirse en una potencia mundial y de subordinarla a un proyecto que atiende a la hegemonía de Estados Unidos y sus socios de la Unión Europea, supone un empeño peligroso de veras. El ingreso de Ucrania a la UE y todo el proceso que llevó al desgajamiento de esa porción de tierra y cultura del hinterland ruso constituyen una provocación monumental y una amenaza directa a la existencia de Rusia, en tanto y en cuanto un eventual desembarco de la OTAN en Ucrania la implica la práctica inutilización del arsenal misilístico ruso.

Todos los movimientos en curso en los últimos meses apuntan a eso, y la temperatura sigue en aumento a pesar de la frágil tregua establecida en Minsk entre el gobierno ucraniano y la población pro rusa del este del país, tregua violada repetidamente desde el momento en que se implantó. Hasta el punto de que desde entonces se han registrado más de 900 muertes en el conflicto de Donetsk, gran parte de ellas civiles y debidas al fuego de la artillería ucraniana. Los síntomas de la proximidad de un asalto mayor orquestado por occidente contra los bastiones pro rusos de Donetsk y Lugansk, operada a través del ejército ucraniano rearmado y vertebrado por las unidades de contrainsurgencia que están siendo formadas por la OTAN, están dados por el envío masivo de pertrechos bélicos al gobierno de Kiev, por la instalación de unidades militares occidentales en los estados bálticos, por las provocativas ejercicios maniobras conjuntas efectuados por la OTAN y sus estados clientes en las fronteras de Rusia con Polonia, Rumania y Ucrania, y por la campaña mediática que describe a Vladimir Putin como una especie de tortuoso Gengis Kan. En estas semanas se han multiplicado, hasta el nivel de la histeria, las denuncias sobre los vuelos de aviones rusos en el Báltico, la búsqueda de presuntos submarinos de ese origen en ese mismo mar y las amenazas de reforzar el bloqueo económico a Moscú. La cumbre del G 20 en Australia fue alejada del tratamiento de sus verdaderos objetivos para dedicarla a atacar a Putin y a formularle reproches que se constituyeron en una grave violación de las normas diplomáticas corrientes, hasta el punto de que el presidente ruso decidió hacer mutis por el foro y retirarse de la conferencia antes de que esta terminara.

Rusia no da señales de sentirse intimidada, pero no sabemos si su gobierno está en disposición de sacar todas las conclusiones que cabría hacer frente a esta continua subida de la tensión. Los gobiernos de la era Putin se alejaron radicalmente del servilismo respecto a occidente que caracterizó a los del período Yeltsin y que llevó a ese país al borde del desastre, pero nunca abandonaron del todo la ilusión de que podían hacer buenas migas con los “socios” occidentales y que tal vez podrían atraer a Europa a una configuración de estados parecida a la imaginada por el general De Gaulle. Cualquier duda en este sentido tiene que haberse disipado después del fiasco de la conferencia de cuatro horas entre Putin y la canciller alemana Úrsula Merkel, en el cuadro de la reunión de Brisbane.

Todo induce a pensar que la alianza occidental está lista para respaldar un intento del gobierno de Kiev para eliminar los bastiones pro rusos en el Donbass y reincorporarlos al estado ucraniano. Esto puede rematar en una masacre, en una operación de limpieza étnica o en un conflicto mayor si Rusia decide intervenir directamente y repeler al ejército ucraniano, lo que derivaría en una situación de tensión internacional más grave que la mayor parte de las vividas durante la guerra fría, equiparable tal vez a la que se produjo durante la crisis de los misiles cubanos.

Rusia ha tomado contramedidas para compensar esta situación. La primera y más importante de todas ha sido la reorientación aparentemente definitiva de su geoestrategia, que ha basculado hacia China y que habría decidido a dejar la opción europea para tiempos mejores. Pero esta asociación entre la segunda potencia económica del globo yla segunda militar, no tiene por qué aportar frutos de inmediato. China tiene sus tiempos y su gobierno seguramente no desea verse arrastrado antes de tiempo a una confrontación con Estados Unidos, poniendo en entredicho su seguro ascenso hacia el primer puesto en el ranking de las economías mundiales. A pesar de esto, es un hecho que los chinos y los rusos ya están tomando contramedidas para acabar con la hegemonía del dólar.

Sin embargo la hora urge y Washington parece decidido a huir hacia adelante para terminar con Rusia como factor de poder, presionándola desde fuera e incentivando las contradicciones que en su seno existen entre un gobierno burgués, pero dotado de una fuerte concepción del estado, y una oligarquía capitalista entongada con el capitalismo especulativo y deseosa de mantener abiertos los vínculos con occidente, hacia el cual ha fugado buena parte de sus capitales.

Frente a esto el Kremlin no se ha dejado estar. Una información que los medios de prensa argentinos no se toman el trabajo de brindar y analizar, pero que está en las páginas del Times londinense y que un amigo hizo llegar a nuestras manos, revela que Putin modificó hace una semana la legislación impositiva de su país. A partir de ahora queda prohibido a los millonarios rusos sacar un centavo de Rusia para invertirlo en el exterior. El Times dice que esta "medida populista" “provocó profundo desagrado entre los oligarcas”. La legislación prevé que los rusos tengan que pagar impuestos en su país, sin que interese dónde obtienen sus ingresos. El propio Times admite que es una medida de defensa nacional, para cegar una fuga de capitales desastrosa producida por la recesión (la primera desde que llegó al poder), agravada por las sanciones occidentales.

Otra ley aprobada exige que los rusos informen a las autoridades si poseen pasaporte extranjero. Se trata de una forma de restringir las posibilidades de que los rusos más acaudalados escapen hacia occidente si deciden incumplir con el pago de impuestos o fugar la riqueza del país. Según un oligarca ruso al que entrevista el periódico británicoen su suntuosa residencia de Belgravia, en Londres, “se trata de una manera de quitarles la libertad que otorga el dinero”. Es una canción conocida esta, sólo que imbuida de una franqueza insólita: por una vez se admite que (cito a mi amigo) “la libertad, para algunos, no es un derecho igualitario sino algo que compra el dinero”.

Putin tal vez debería haber anexado el Donbas no bien se produjo la revuelta prorrusa tras la reincorporación de Crimea al territorio nacional, poniendo a la OTAN frente al hecho consumado y resolviendo en un solo y mismo acto los dos problemas. Su vacilación en hacerlo pudo haberse debido a una prudencia que es muy propia de un político “tiempista” como él, pero no parece haber dado resultado; el furor de los halcones de Washington se ha exacerbado y parecen estar especulando con que Rusia no se animará a actuar resueltamente en el caso de que Kiev proceda manu militari contra los rebeldes. No se lo puede saber, desde luego, pero hay datos que deberían obligar a pensar: los rusos han finalizado con los gestos de buena voluntad sobre el terreno y han expandido su preparación militar en el aire y en tierra hasta la frontera tras la cual se libra el conflicto.

En este escenario ha caído ayer la noticia del relevo, por el presidente Obama, de su secretario de Defensa, Chuck Hagel. ¿Qué sentido puede tener esta movida? Habrá que esperar para ver.

Fuente: www.enriquelacolla.com

La Quinta Pata

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