domingo, 7 de diciembre de 2014

Audiencia 56: De fusilamientos, persecución y solidaridad

Estela Alcaraz declarando
Dos testigos recrearon, ante el Tribunal, el último tramo de la vida de María del Carmen Laudani y Jorge Alberto José, muertos en un procedimiento conjunto en Guaymallén. Por otro lado, Arrigo Eduardo Bonino prestó declaración en torno a la persecución de la que fue objeto y destacó la figura de Billy Lee Hunt, a quien cobijó cuando era perseguido.
Las primas

Estela Alcaraz y María Alejandra Vitale son primas. Siendo adolescentes, desde el interior de un kiosco, percibieron el procedimiento que se realizó en las inmediaciones de Alberdi y Uruguay, en Guaymallén, cuando se produjo un intenso tiroteo contra dos jóvenes, que culminó con un hombre y una mujer alcanzados por los impactos. Ambas coincidieron en que se efectuó un gran despliegue a cargo de las fuerzas armadas y de seguridad.

Sin duda se trata de la persecución y asesinato del matrimonio formado por María del Carmen Laudani y Jorge José, oriundos de Mar del Plata, quienes se encontraban viviendo en la clandestinidad en nuestra provincia. La pareja forma parte del grupo de quince víctimas del operativo contra miembros cercanos a Montoneros, realizado en abril del ‘77.

Estela Alcaraz, interrogada por la Fiscalía sobre este episodio, evocó que estaba en una reunión familiar cuando, junto a su prima, salieron a comprar golosinas en un kiosco ubicado en la esquina de Alberdi y Uruguay, Guaymallén. En esas circunstancias se escucharon los primeros disparos, entonces, junto a otras personas, se refugiaron en el baño del local; desde allí pudo percibir gritos y un intenso tiroteo. Después de más de una hora, salió del lugar rumbo a la vivienda familiar y vio un charco de sangre frente al departamento de su tío, Marcos Vitale. A posteriori, supo que cayó una mujer, cuando dos jóvenes, perseguidos por el ejército, fueron cercados y abatidos en el lugar.

María Alejandra Vitale
María Alejandra Vitale, por su parte, ratificó el lugar desde donde percibió el procedimiento, junto a su prima, pero agregó precisiones. Dijo que cuando regresaba desde el kiosco a su casa, en la puerta del pasillo vio “una chica tirada, boca abajo” en medio de un charco de sangre.

Con los relatos de los vecinos, el de su padre y madre, la testigo pudo reconstruir los últimos momentos de la pareja. Jorge José se refugió en el hall de una casa de la vereda de enfrente. La dueña de la vivienda abrió la puerta al escuchar el alboroto, pero el perseguido no intentó ingresar, destacó Vitale, por el contrario, le indicó a la mujer que entrara y se encerrara con llave. Mientras tanto, María del Carmen, se parapetó detrás de un auto Renault. Cuando su esposo intentó cruzar para reunirse con ella, cayó baleado en medio de la calle. Por su parte, la joven fue alcanzada por los disparos y rematada por un militar que advirtió que aún se encontraba con vida, según pudo recapitular la testigo.

Los cuerpos fueron llevados a la morgue judicial. El informe forense expresa que “la prueba del guantelete dio negativa”, de modo que las victimas no cayeron en un enfrentamiento como se intentó difundir, sino que fueron, sin más, fusiladas.

Al cierre del testimonio, el querellante Carlos Varela, le preguntó a Alejandra Vitale si fueron citados por la Justicia para dar cuenta de lo sucedido en aquel operativo. La testigo respondió con un contundente: no.

Arrigo Enrique Eduardo Bonino
Malos tiempos

Arrigo Enrique Eduardo Bonino se presentó a declarar tratando de reconstruir los hechos que tuvo bloqueados: “todo [está] metido en una caja y no quiero saber más nada”, dijo. Sin embargo, reconstruyó con solvencia lo padecido durante los años de la dictadura.

Arrigo relató la persecución y discriminación de la que fue objeto. Quince días después del golpe del 24 de marzo fue detenido junto a un grupo de jóvenes amigos. Pasó brevemente por una comisaría, luego fue alojado por algunos días en el Palacio Policial y experimentó los rigores del D2.

Al regresar al cursado en la Facultad de Ciencias Agrarias, le comunicaron que estaba suspendido por 6 meses. Cuando retomó la carrera, el profesor Marone, que también se desempeñaba en el Liceo Gral. Espejo, se encargó de reprobarlo más de una vez. La discriminación y los obstáculos académicos truncaron su vocación porque, recordó con amargura, su anhelo de ser ingeniero agrónomo quedó frustrado.

Por otro lado, evocó que cuando circulaba con su auto, en varias ocasiones, fue parado por la policía, revisado y palpado de armas, tanto él como sus ocasionales acompañantes. Para más, en la puerta del departamento que habitaba solía apostarse un Unimog con soldados que le pedían documentos y le preguntaban de dónde venía.

Al ser interrogado por el fiscal Vega acerca de su posible militancia, afirmó solo haber simpatizado con las ideas de izquierda y haber conocido a Amadeo Sánchez Andía, amigo de su hermano Rafael, quien a veces se quedaba en la casa. También pudo evocar su asesinato en Canota, en 1975; hecho que fue de conocimiento público.

Por otro lado, ratificó que Billy Hunt estuvo por unos días alojado en su departamento, ubicado en la calle Arístides Villanueva, poco antes de que lo secuestraran. Recordó al desaparecido como una gran persona, un tipo alegre, cariñoso, que lo trataba como a un par, a pesar de ser mayor. La pérdida de Billy, tanto a su hermano como a él, les dejó sumidos en un gran dolor y desesperación.
Consultado por la Fiscalía acerca de si Hunt iba armado, Arrigo contestó negativamente, “armado de un corazón muy grande”, agregó.

Días después de la desaparición de Billy, concurrió con su padre al departamento y lo encontraron totalmente vacío, “se llevaron hasta las tapitas de la luz”, ejemplificó. La denuncia del robo fue asentada, sin resultados, en la comisaría 5ta. de Ciudad. Este hecho fue asociado a lo ocurrido con Billy Hunt.

La próxima audiencia fue citada para el próximo 9 de diciembre, a las 9.30 hs.

Fuente: https://juiciosmendoza.wordpress.com/

La Quinta Pata

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