domingo, 25 de enero de 2015

Magnicidio, violencia y genocidio

Ramón Ábalo

Los magnicidios o asesinatos de líderes políticos, sociales, culturales, religiosos, intelectuales, son la continuidad de la política por otros medios: las guerras, las guerras civiles, los genocidios, los pogroms, las guerras étnicas y tribales. Unas y otras fueron una constante en la vieja Europa y también en las colonizadas tierras americanas, africanas y asiáticas. La lista es interminable, desde los asesinatos, por ejemplo, de Abraham Lincoln y John Kennedy, presidentes de EEUU, Mariano Moreno, de Argentina, Salvador Allende, de Chile, el ex vicepresidente de Paraguay José Luis Argaña; los candidatos presidenciales colombianos José Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán, el líder Sandino, de Nicaragua, Zapata y Vila, de México: el hindú Mahatma Gandhi. Los asesinatos de los archiduques de Austria, en 1918, los atentados y asesinatos de líderes en la Alemania pre hitleriana, de la Italia prefacista y de la España franquista. De líderes religiosos como Luther King, Mahatma Gandhi, monseñor Romero, de Guatemala, Angelelli, de Argentina. Intelectuales y artistas, significantes políticamente o que representaban un ícono de movimientos sociales, tales John Lennon, Theo Van Gogh, Pier Paolo Pasolini, García Lorca, Pablo Neruda. Los caudillos argentinos Chacho Peñaloza, Facundo Quiroga, Dorrego. Ernesto Che Guevara, y los intentos frustrados contra Fidel Castro, De Gaulle, Joao Goulart, Chávez, Evo Morales, Correas. Asesinatos y magnicidios que fueron prolegómenos de guerras mundiales, de guerras civiles, de genocidios, de progroms... Aniquilación y destrucción. Los pueblos en armas y la muerte fratricida.

Y ahora, en esta Argentina nacional y popular, una muerte para el sustento de un magnicidio. Aquella, la muerte, suicidio o asesinato, qué más da, porque lo que importa es la trama de lo oculto, lo de la o las manos invisibles, aunque la Lilita Carrió, vocera legítima de la contra deshilachada, ya lo vociferó: Ella, la Cristina, los muchachos y chicas de la Cámpora, los ministros, los secretarios, los jueces y fiscales afines, los peronistas cristinistas libertarios ya no sólo roban, ahora matan. Y la primera víctima, -si fuera la primera-, el ahora muerto ex fiscal Nisman marca el momento de tomar la iniciativa: "antes ella que nosotros”. Y el momento tiene un indicador en el almanaque: octubre. Y claro, no será para festejar la revolución bolchevique de 1917 o la épica popular, proletaria y nacional del 17 de ese octubre de 1945.

Es que los innumerables intentos desestabilizadores no se concretaron. Los no menos innumerables gestos de recuperación de la soberanía popular y nacional a partir de Néstor y el seguimiento con Cristina, que se expresan sin parate de continuidad, los pone frenéticos y les incrementa la adrenalina de una rabiosa oposición que ha llegado al paroxismo. Aunque el disloque no es tal, porque la respuesta que se esgrime la dirimen en el plano de los intereses crematísticos, incluso el del poder político Bienes concretos que constituyen el basamento ideológico, o sea el capitalismo en su fase imperialista y antidemocrática. Además, en plena decadencia. Se sienten heridos en sus vísceras más sensibles: el bolsillo, la caja registradora, los bonos buitres, las cédulas, las acciones, Wall Street y el Merval. Y como tales, heridos, más peligrosos.

No son niños de pecho, ni carmelitas descalzas, ni torpes ni ingenuos. En la agenda de Magneto lo único que resalta son los acordes de la marcha fúnebre de Mendelssohn con la escolta presidencial de los Granaderos a Caballo y las postales en los portales de Clarín y La Nación, de Los Andes y el Uno.

Debe ser también el tiempo de que en las agendas populares resalten los claveles rojos en la punta de los fusiles de nuestra subjetividad.

La Quinta Pata

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