domingo, 22 de febrero de 2015

El terremoto del caso Greco II

Eduardo Paganini (Baulero)

En la entrega anterior de EL BAUL hemos publicado la primera de las notas vinculadas con el vaciamiento de empresas conocido para nuestra historia como “el caso de los hermanos Greco”. Continuamos en esta oportunidad con el dossier presentado por la misma fuente de información en el que se dedica a describir las características de la prisión que sufrieron —a causa del delito económico— el empresario Héctor Osvaldo Greco y el banquero Jorge Bassil. El encabezado de la nota reza a modo de anticipación: “La vida del empresario Greco en el penal de Mendoza • La comida que se le llevaba de un restaurante • Las conversaciones en el pabellón con los otros Internados • Historias y consejos • La admiración de los otros por un «grande». El guiso de la Penitenciaria • Las visitas que se le hicieran y algunos nombres que resultan muy sugestivos”.

Para quien desee profundizar en el tema, con un panorama histórico, puede acudir al blog del escritor Eduardo Gregorio, autor del libro El caso Greco: Crónica de un disparate argentino

El bodeguero Héctor Osvaldo Greco y el vicepresidente del Banco de los Andes, Jorge Bassil, fueron alojados, durante su permanencia en la provincia de Mendoza, en la Penitenciaría Provincial de calle Boulogne Sur Mer.

Elegantemente vestido Greco, mucho menos elegante Bassil, a quien le decían “Juan Mondiola”, por su tendencia a las camisas de nylon transparente, los trajes rayados, las corbatas detonantes, ambos cumplieron con los trámites de rigor, y fueron llevados ante la presencia del director del penal, comisario general (R) José Naman García. Lo habitual no es que cada procesado que ingresa a la Penitenciaría hable con el director, pero en esta ocasión había un especial pedido de que se les explicara la forma en que tenían que vivir, ya que se deseaba tranquilizarlos en razón de que en Buenos Aires pareciera que José Greco, el otro hermano del bodeguero, quien estaba también detenido, había intentado quitarse la vida. Se deseaba evitar toda posibilidad de que ocurriera un hecho anormal mientras estuviesen alojados en Mendoza.

El más sorprendido por el hecho de que fueran, a ser enviados a una celda, fue Jorge Bassil, quien al parecer no se daba cuenta exacta de la situación. Como un gesto amable, se les puso unos cajones junto a las camas, a fin de que tuvieran “mesita de luz”, y quedaron alojados en un pabellón que no es especial, sino al cual van profesionales, empresarios, y otras personas que han delinquido, pero cuyo nivel no es el de delincuente común, a fin de que se adapten mejor a la vida carcelaria.

Grande fue la sorpresa, por ejemplo, de algunos ex gerentes de FICSA, la compañía financiera, cuando observaron como nuevos huéspedes a los dos directivos del Banco de los Andes. Hubo un intercambio amable de saludos, y la clásica pregunta:

¿Y qué está pasando afuera, don Héctor?

Las comidas le eran llevadas a Greco y Bassil desde el restaurante Eduardo VII, que está en calle Juan B. Justo poco antes de llegar a Boulogne Sur Mer, y efectuaban la tarea personas de una agencia de investigaciones privadas. Al tercer día de cumplirse esta tarea, algunos parroquianos se percataron para quién eran esas comidas y comenzaron las bromas hacia los encargados de llevarlas al penal.

Los primeros momentos de permanencia en la cárcel, estuvieron destinados a los arreglos que un detenido hace en su celda. Por la noche, los ocupantes del pabellón, entre los cuales estaban Greco y Bassil, contemplaban tranquilamente la televisión en el comedor. Y como es natural, el tiempo sobra, tanto de día como de noche, y las pláticas comenzaron a prolongarse. Greco explicaba los vaivenes de sus empresas, las circunstancias que se fueron encadenando para llevar su fortuna personal, aunque adeudada, a niveles principescos. De vez en cuando algún gerente de FICSA intercalaba algunos comentarios técnicos y comparaban situaciones. Otras veces un abogado que se encuentra alojado allí por un homicidio daba su punto de vista legal y sabios consejos jurídicos sobre los pasos a seguir. El resto, lego en materia económica o ciencias jurídicas, seguía atentamente los detalles que iban saliendo de la boca Greco, matizados con anécdotas, lluvia de millones de dólares, nombres de grandes personajes de la actualidad que le fueron a proponer negocios, con los cuales compartió la mesa, o que recibieron regalos los fastuosos. Algo así como Aladino contando cómo encontró la lámpara, le pasó los deditos por encima, y comenzaron cumplirse todos sus deseos.

Víctima del entusiasmo, en cierto momento el abogado le dijo a Greco:

¡Qué lástima no habernos conocido antes! ¡Lo que podríamos haber hecho juntos...!

Los demás asintieron, convencidos imaginando lo que podría haber sido sociedad de tal naturaleza. Procesados comunes, que cayeran por no poseer sumas irrisorias, se escondían un poco detrás los más notables para seguir el curso de la conversación, temerosos hasta de acercarse demasiado a personalidad de tal envergadura.

Luego, en medio de murmullos de admiración, Greco se retiraba a su celda para descansar. A la mañana, un preso común, al que Greco le pagaba, le ayudaba en su arreglo personal y de su celda. Si bien el penal es un mundo aparte, no se aleja demasiado del mundo exterior: quien tiene dinero es servido por aquellos que no lo poseen.

Una de las veces, ciertas palabras y un gesto de Greco causaron inmensa satisfacción en un sector del penal. Se había preparado como menú cierto día un guiso de porotos, garbanzos y lentejas con chorizos. El magnate desechó ese día la comida que le llevaban del restaurante, y comió con mucho gusto el plato del penal, elogiando la habilidad del cocinero. Le ha hecho recordar aquellos platos que comiera en su niñez, cuando la familia había llegado recién de Italia. La noticia salió del pabellón, recorrió el patio, los pasillos, llegó hasta la cocina, donde el cocinero en jefe se llenó de orgullo ante la gran marmita, entre las miradas admirativas de sus ayudantes. Esa noche, hubo otra noticia para el comentario en el recinto de la penitenciaría.

Las visitas fueron muchas para Greco, y algunas pareciera que muy notables. Incluso, se mencionó que en un viaje particular que hizo a Mendoza, habría concurrido el secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales, Licenciado Alejando Manuel Estrada[i].
Mucho no podría haber llamado la atención en caso de haberse confirmado, por cuanto el licenciado Estrada fue huésped de Greco durante la última Fiesta Nacional de la Vendimia y el orador del almuerzo, realizado en la bodega Arizu. Pero también otras visitas importantes...

Fuente: s/d, Los días de Greco en la penitenciaría en 5ª edición, Mendoza, mayo de 1980, Director propietario: Guillermo Martínez Anzorena. Año I, Nº 8

[i] “El presidente y principal accionista del Banco Privado de Inversiones es Alejandro Manuel Estrada, funcionario de las dos últimas dictaduras que, como secretario de Comercio de José Martínez de Hoz, dijo que al país le daba lo mismo producir acero que caramelos” en Página/12, 12/08/2010, con más información se puede consultar en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-150935-2010-08-08.html

La Quinta Pata

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