domingo, 29 de marzo de 2015

Las Madres de la Plaza y una fortaleza que conmueve

Gustavo De Marinis

La María, la Agustina y la Margarita son como la fe: mueven montañas. Las tres rondan los 90 años y las tres, como todos los 24 de marzo, estuvieron a la cabeza de la marcha del martes. Amplia y cariñosamente rodeadas de hijos, nietos, bisnietos, familiares, amigos, compañeros y compañeras de militancia, las Madres transitaron las 14 cuadras de la movilización que terminó en el Palacio Policial, allí donde funcionó el D2, espacio que los organismos de derechos humanos esperan y reclaman que sea convertido pronto en espacio de la memoria.

Ese casi kilómetro y medio de movilización en el marco del Día de la Memoria no fue nada fácil para ellas que ya no caminan como años atrás, que necesitan brazos fuertes para afirmarse y que por ahí precisan la ayuda de un bastón. Si, encima, llueve torrencialmente y sin cesar, las dificultades se agigantan, como ocurrió hace tres días.

Pero ellas tienen una fortaleza tan pero tan grande que nada las detiene. No las detuvieron hace más de tres décadas las fuerzas que respondían al terrorismo de Estado, no las iba a detener un temporal, por más cansadas y achacadas que estén. No les tuvieron miedo a los militares, policías y jueces que las maltrataban cuando iban a preguntar por sus hijos, no las iba a atemorizar el agua que caía sin contemplaciones la tarde/noche del 24.

María Asoff de Domínguez tiene desaparecidos desde el 9 de diciembre de 1976 a su hijo Walter y a su nuera Gladys Castro, ambos estudiantes y empleados. Ella estaba embarazada de 6 meses y en cautiverio dio a luz a un varón, que es uno de los casi 400 nietos que buscan las Abuelas.

Margarita Guerrero de Barrera Oro tiene a su hijo Jaime (médico) desaparecido en Buenos Aires desde el 12 de octubre del mismo año.

Y Agustina Elcira Corvalán de Vera es la mamá del mimbrero Rodolfo Osvaldo, desaparecido desde el 6 de diciembre de 1977.

Ellas tres representan a muchas Madres, sobre todo –como lo dijo María el mismo martes– a las que ya no están físicamente, pero cuyos recuerdo y memoria siguen contribuyendo para no bajar la guardia.

Ellas tres transmiten energía, templanza, amor, esperanza y hasta alegría cuando ven tanta juventud que las acompaña (y las admira, claro).

Quien las mira, obviamente, se contagia. Les pasó a quienes portaban pesadas pancartas el 24 como la que llevaba las imágenes de los desaparecidos mendocinos. Mantener alzado tremendo cartel y con esa lluvia torrencial, a los muchachos los hacía flaquear, pero levantaban la cabeza, veían a las viejitas de los pañuelos blancos en la cabeza seguir avanzando con su bandera azul que dice: “Ni un paso atrás”... y las fuerzas se renovaban de inmediato.

María, Margarita y Agustina bien merecido que tienen el clásico “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”.

Fuente: Diario Uno

La Quinta Pata

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