domingo, 19 de abril de 2015

Un panorama sobre nuestro Nuevo Cancionero IV

Eduardo Paganini (Baulero)

Llegamos hoy en EL BAÚL a la cuarta entrega de este pormenorizado estudio sobre el Nuevo Cancionero confeccionado hace ya más de veinte años atrás, distancia en el tiempo que en vez de debilitarlo lo enriquece por los testimonios directos que su autora ha sabido consignar en el mismo. Voces directas y opiniones vigentes sazonan el transcurso del proceso temporal que transitó este movimiento literario-musical.

La poesía

Muchos son los nombres que han engrosado las filas de la poesía de este movimiento. No obstante, el de Tejada Gómez es el que se alza sobre todos los demás, sin soberbia, pero ejerciendo un patriarcado natural, con el reconocimiento de sus pares y de las generaciones posteriores.

Acerca de las innovaciones en lo poético, dice Tito Francia: “Era la vanguardia. Se empezaron a utilizar figuras metafóricas que no se habían usado antes. La rima ya no era tan necesaria, porque Tejada Gómez en Zamba azul escribió: «La noche te vio bailar azul los ojos del rocío...» o figuras metafóricas como en Zamba de los adioses: «Nadie se va de Mendoza aunque piense que se va, madre, la tierra y el hombre, raíz, árbol que crece en la paz estival, quedó durando en tu sangre porque soy guitarra que volverá». Eso nunca había sido dicho de esa manera”



Juan Carlos Sedero añade que existía un desfasaje entre lo musical y lo poético: “Nosotros habíamos observado que había una desproporción entre esas letras que venían gestándose de la mano de un movimiento de renovación simultáneo en todo el país, antes de que lleváramos ese mismo impulso hacia la música. Por ejemplo, las letras de (Manuel) Castilla, ya tenían metáforas como las que usaba Tejada Gómez. Existía un desnivel. Por un lado, las letras, más que letras eran poemas adosados a músicas que dejaban mucho que desear por su simplicidad”.

Inmediatamente aclara: “No tengo nada en contra de la simplicidad, El folklore, en general, no debe ser una cosa muy complicada, porque es la música del pueblo. Pero aquellas músicas eran muy elementales”.

Francia concuerda con las opiniones de Sedero. >“Sí, ese cambio se venía gestando en todo el país. Por ejemplo, (Horacio) Ferrer componía letras para Piazzolla. Ferrer era un poeta más popular, Piazzolla era la vanguardia. Si Astor hubiera compuesto con Armando Tejada Gómez, allí la conjunción hubiera sido perfecta”.

Sobre el particular, Tito aporta una anécdota: “Cuando yo estaba con el Cuarteto Contemporáneo, le pedí a Armando que le pusiera letra a Lo que vendrá. ¡Qué letra maravillosa le puso! La grabarnos y se la hice escuchar a Piazzolla, que casi se cayó de espaldas”.

El adiós a Matus

Oscar Matus había pedido, antes de morir, que sus restos fueran enviados desde Francia, su último lugar de residencia, a Guaymallén, en la provincia de Mendoza. Era su voluntad, también, que sus cenizas fueran arrojadas al canal Cacique Guaymallén Sus deseos fueron cumplidos por los amigos que aquí quedaron, en el otoño de 1992.

Su hermano, Armando Tejada Gómez, se niega a hablar acerca de la muerte del Negro: “Me duele mucho hablar de él. Todavía no he podido escribirle nada, pero la metáfora final «de mi hermano es volver a ser agua»”.

Jorge Sosa recuerda la ceremonia que, si bien estuvo cargada de solemnidad y emoción, tuvo también una cuota de humor: “Por un lado, tuve una bronca muy grande, porque la organización fue espantosa. Eso pasó porque estaba a cargo de Armando quien, si bien es un gran poeta, no puede dirigir ni el tránsito. Pasaron cosas hasta risueñas, dentro de lo solemne y emotivo que debía ser la ceremonia. El canal apenas traía un hilito de agua. El lugar escogido estaba lleno de basura. A nadie se le había ocurrido abrir, antes, la urna con las cenizas. ¡Era hermética! Entonces, mientras todos cantábamos Zamba del riego, los tipos tironeaban la tripa de la urna, ¡que no se abría! Así teníamos que empezar reiteradamente con la zamba, hasta que por fin la abrieron con un destornillador. Cuando arrojaron el contenido, no tuvieron en cuenta que corría viento. ¡Terminamos todos cubiertos de cenizas!”.

Mercedes también tiene algo que decir, pero desde otra clase de dolor. “Matus fue una persona que murió lejos. No significó nada más que eso para mí. Lo nuestro había terminado hace mucho. Yo lo había visto ya muy enfermo en París. Me interesaba, sí, que mi hijo, Fabián, estuviera allí, en Mendoza, acompañando los restos de su papá. Me pareció una noble idea que quisiera ir. ¡Su papá nos había abandonado tanto, cuando Fabián tenía siete años! Fue un abandono muy grande de Matus hacia su hijo, cosa que Fabián no hizo con él, pues trató de ser su compañero en París, pero resultó imposible. Por otra parte, hacía mucho tiempo que Matus no escribía más. Cuando se fue a Francia, terminó su etapa como compositor, porque no estaba en su Patria, no pertenecía a ningún lugar, en fin, no pasó más nada. Murió lejos de su patria, pero él lo eligió”.

El Negro, un calavera

Tito Francia ilustra las circunstancias de la separación de Matus y Mercedes. Recordemos que ellos se habían conocido en Tucumán y después vivieron en Mendoza y en Buenos Aires.

“El Negro tenía cierto carisma con las mujeres -dice Tito-. ¡Era un calavera! Antes de casarse con Mercedes, había tenido otra mujer e hijas. Después se separó de Mercedes y se metió con una modelo. Un día, llegó Mercedes llorando a mi casa diciéndome entre lágrimas: «Una chiruza me ha robado al Negro!». Cuando yo vi la foto de la ‘chiruza’ casi me caí de espaldas. ¡Era una modelo que reventaba la tierra!».

Orígenes de Zamba azul

En el tren que los llevaba a Tucumán, Juan Carlos Sedero y Armando Tejada Gómez conversaban, para matar el tedio, acerca de la vida, la música y la literatura. Fue cuando Sedero le dijo a Tejada que determinado poema tenía la “nota azul”. Tejada Gómez solía llamar a ese momento en la música y en la poesía “el imponderable” pero decidió adoptar la terminología que proponía Sedero.

“Con el tiempo, a mi no me sorprende que Tito y Armando compusieran una Zamba que se llamara ‘azul’ ”,agrega Sedero.

Por su parte, Francia hace suyo el recuerdo: “Yo quería componer un cuarteto de cuerdas y se lo hice escuchar al ‘Chalo’. Él me dijo: «Che, está la nota azul allí». Pero a mí me sonaba más a zamba que a cuarteto de cuerdas. La hice zamba y se la di a Armando, que me dijo: «Te la voy a pintar toda de azul. Y así fue»”.


Una alumna muy particular

Ella se hacía llamar Isabel Gómez. Después, cuando se casó con el General fue Isabel Perón” De esta manera recuerda Tito Francia a la que muchos años después de haber sido su alumna sería la presidenta de nuestro país.

Yo la conocí porque ella bailaba en el Casino de Mendoza y yo actuaba allí. Me pidió que le enseñara guitarra. Era buena alumna. Después se hizo amiga de mi mujer. Su número en el ballet era muy lindo. Se vestía de gaucho y bailaba el malambo maravillosamente Estuvo alrededor de cinco meses en nuestra ciudad”.

Tito aún guarda una postal amarillenta, que recibió desde Bogotá, y que dice textualmente: “Bogotá, Colombia, enero de 1956. Señor Tito Francia, saludo a usted y familia desde este bonito país, esperando hayan pasado con felicidad las fiestas pasadas, esperando tener el placer de saludar a usted y su esposa, muy pronto personalmente, le saluda: Isabel Gómez

Fuente: Patricia Stilger, Nuevo Cancionero, Mendoza, 1992, Colección Primera Fila: Hechos y personajes del siglo XX, Nº 8, Diciembre de 1992. Dirección general: Orlando Terranova y Daniel Vila

La Quinta Pata

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