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lunes, 29 de diciembre de 2008

Niños mendigos, pizza y pelucas empolvadas

Niños mendigos

Alberto Atienza

Pizza. A la antigua, alta, con muzarella que desborda por su circunferencia que pronto se abre en porciones celebradas con fría cerveza. En algunos negocios de calle Las Heras se puede comer esa pizza con reminiscencias de los años 50, bocado que aún mantiene cultores, no obstante la invasión de las variedades “a la piedra” a la que los puristas consideran poco menos que tartas.

Cuando está por llegar el manjar a la boca, la birra en espera, empañando la copa, aparece frente a uno, con sus manitas tímidamente apoyadas en la mesa, situada bajo los árboles de la vereda, una nena de seis o siete años a lo sumo. Bonita. No muy aseada. Un tanto opaca su ropita. Pide una moneda, pero los ojitos se le vuelan en torno a la redonda que posa sobre una circunferencia de madera. Alguien pasa unas monedas. Otro prepara una porción con servilletas de papel y se la ofrece a la pequeña que la disfruta. Es muy hermoso ver comer a un niño. Es la continuidad de la vida. La alegría de ingerir algo rico. Energía que ingresa de a poco en un cuerpo pequeño. Lástima que esa chiquita coma algo en la calle, a las 11 de la noche, cuando debería estar durmiendo. Arranca la mocosita hacia otra mesa, se va al negocio situado metros más allá y aparece en rol de patrullera, de capataza, una gorda adulta que es quien regentea o mejor dicho explota a un grupo de niños. Se reúnen todos en una parte sombría de la acera y ahí los chicos le entregan sus níqueles que van sumando y sumando, que se transforman en panchos, hamburguesas que la obesa gerente ingiere al paso. Para ellas no hay pretextos, como que no come nada y es víctima de un metabolismo traidor, como confiesan, sin excepción, las dos o tres gordas amigas que uno tiene. No. Engulle. Mastica de todo la casi redonda mujer. Acaso algunos pocos pesitos queden para los niños, si es que no deben pasar antes por el filtro de otro intermediario.

Minutos después aparece otra nena, bien vestida, de unos 11 años, una mujercita diminuta. Porta una caja de cartón con baratijas que oferta por un billete. Alguno compra esas porqueriitas de goma eva y plástico de un micrón, para luego tirarlas. Detrás de esa pequeña ya hay algo más que una adiposa poseída por la gula. Existe un capitalista que provee a los que regentean a la menor del stock de artículos con que se enmascara la mendicidad.
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Al rato, nunca se superponen, aparece un adolescente que parece venir del fondo del infierno, cara de fracaso, ropa estragada, con el hambre reflejada en su cara. Más temprano, han hecho el periplo niños con la bolsita de adhesivo de la que inhalan sin ninguna vergüenza. Esos no aceptan alimentos. Flaquísimos, piden únicamente monedas para comprar más de esa basura que algunos comerciantes venden a los pequeños en conocimiento de que es un veneno que les causa pérdida de audición, neuropatías periféricas, daño en el sistema nervioso central, daño al hígado y riñones (Fuente: NIDA, National Institute on Drug Abuse) Jóvenes madres con sus bebés dormidos en brazos, deambulan de mesa en mesa de los negocios que atienden en veredas. Piden leche para sus hijos. Como nadie anda con una caja de leche en polvo a cuestas se conforman con algunas monedas.

La pregunta que todos se formulan: ¿Cuál es la política del gobierno de Jaque acerca de la niñez desprotegida? ¿Existe esa política? ¿Sabe el gobernador el espectáculo de miseria que se representa en las calles mendocinas? ¿Puede garantizar el destino de esas niñas cuando ya la infancia no sea un capital para pedir? ¿Qué será de ellas? ¿Pasarán a formar parte de las huestes de la prostitución?

Por regla general nuestros gobernantes ascienden al poder, comienzan a percibir importantes sueldos, más adicionales, viáticos. Auto con chofer. Casa custodiada o se cambian a un barrio privado con vigilancia propia. Almuerzan en lugares exclusivos a los que no acceden los asaltantes que les amargan la cena a todos los demás que no son políticos. Y comienzan, cual globos rellenos de helio, a despegarse del suelo y de la realidad. Les ocurre lo mismo que a los nobles y chupamedias cortesanos que la Revolución Francesa abolió vía guillotina. Iban con sus pelucas empolvadas y tapados sus malos olores con perfumes varios. Veían a las turbas famélicas y se preguntaban entre sí: ¿Y estos quiénes son? ¿Qué quieren? ¿Qué les pasa? Nuestro bienamado gobernador con seguridad debe ignorar lo que ocurre en las calles, de noche y de día. El asedio que sufren turistas y lugareños por parte de los niños que piden. La lástima que inspiran, especialmente de noche donde están fuera de lugar. Las ganas de comer que demuestran. La indignante presencia de quienes administran a esos niños sacados del contexto de la infancia y de alguna forma sacrificados (el tiempo perdido no vuelve. Los días de educación, sueño en horas normales, alegría y juegos son preceptos sagrados y nadie debe vulnerarlos)

Claro. La agenda de Jaque está llena de proyectos mineros. De cómo frenar a tal o cual gremio que pide mejoras de sueldos. De la llegada de su nieto, que con seguridad, apenas camine, no deambulará por la Peatonal o calle Las Heras buscando comida o monedas.

El sentido de lo que se escribe periodísticamente es el mismo de tanta gente que se preocupa por estas cosas pero que no tienen cómo expresarlo, cómo hacerlo saber a quienes manejan el timón del poder. Es de esperar que nuestro gobernador tome conciencia de lo que está sucediendo. Él, en persona, no los funcionarios que llenan las dependencias de Minoridad porque, hasta ahora, hacen poco más que nada, debe enterarse de lo que está pasando.

Si no acusa recibo es hora de que vaya eligiendo una peluca empolvada.

La Quinta Pata, 29 – 12 – 08

La Quinta Pata

miércoles, 17 de diciembre de 2008

La inseguridad y un peligroso pacifismo

Víctimas fatales

Alberto Atienza

Y siguen sumando las víctimas fatales, con secuela de dolor, producidas por un hampa desmadrada. La policía, ahora cobijada su ineficiencia (con algunos aciertos parciales) por un ampuloso ministerio de seguridad (así no más, en minúsculas). Una repartición que dispone de un enorme edificio repleto de civiles que juegan a ser investigadores, lanzan planes de prevención que no funcionan, toman café y los sacan a los piques cuando intentan dar la cara luego de un crimen o asalto. Sería más útil a la comunidad, ese inmueble, en función de escuela. O de centro de contención para los niños que devienen inexorablemente en delincuentes (cuenta hasta con una piscina, salón de actos y terrenos).

Pero, así son las cosas. La burocracia pesa más que el bien común. Un ministerio es un botín electoral muy preciado. ¿Quién les dice a los ahí albergados, que perciben sueldazos, que tienen que irse a la casa? ¿Quién se decide a reorganizar de una vez por todas a la policía y tornarla operativa en su máxima capacidad? El gobernador, evidentemente, no funciona en tal sentido. Siempre está en otra cosa. Sospechado de ser un adicto a la minería, igual que su mentor don Gioja, no se anima, no quiere o no puede poner sobre su mesa de trabajo el tema de la inseguridad. Acaso haga falta que una noche de estas encuentre a un chorro parado sobre su mesa de luz (necesariamente el ladrón debe ser de baja alzada, colega del gobernador, para situarse al lado del velador) y recién ahí, acaso, recién tome a su cargo el asunto.

O acaso, lo peor, que perpetren un asesinato (otro más) que la sociedad considere como muy grave (todo homicidio es un delito cometido contra la humanidad entera) pero algunos casos repercuten más que otros, para que se le caiga parte del gabinete, vuelvan los cacerolazos y las explicaciones que nada dicen.

Luego del estruendo de prensa y de situar a un nuevo ministro en el tembladeral del anterior, todo seguirá igual.
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La lista de atrocidades cometidas por los delincuentes aumenta en número de hechos y crueldad. Difícilmente pueda olvidarse la imagen de un anciano carpintero, que clamaba desesperado ante las cámaras de TV, despojado de todos sus ahorros. Segundo robo del que fue víctima. Poco tiempo atrás ladrones le quitaron otros bienes y asesinaron a golpes a su esposa. ¿Qué le quedaba? La triste soledad del viudo a quien le arrebataron cruelmente a su compañera. La pobreza. La impotencia. Y llorar como un niño, sin vergüenza, sin consuelo, como un niño.

Una señora mayor fue atada y amordazada ante su hijo cuadripléjico. Murió la octogenaria, acaso por un paro cardíaco, asfixia (hay personas que tienen dificultades serias para respirar por la nariz) o falleció por otra causa implementada por los delincuentes que ingresaron a su casa.

Una mujer atacada en el Cerro de la Gloria (¿y la vigilancia?) por un violador. Brava la fémina, cuando era arrastrada por el malviviente hacia un sitio oculto le dio un piedrazo en la cabeza.

A una jovencita la asaltaron con un arma de fuego en Perú al 2800. Bajó del micro y detrás de ella, el ladrón que ya la había marcado. La amenazó con un arma de fuego que llevaba en la parte de atrás de la cintura, como hacen los chorros, tapada por una larga remera suelta. Alguien dijo una vez que los micros van siempre llenos de gente buena. Eso era antes. Ahora, junto a las personas buenas como a esa linda vecinita de calle Perú, llamada Celeste, viajan los chorros. A nadie se le ocurre (de la policía se trata) chequear a los ómnibus que cubren el servicio de las zonas, conocidas por todos, donde los ladrones toman cerveza, se emborrachan, largan tiros, se drogan y orinan en las esquinas. Los operativos en esos lugares, donde también habita gente trabajadora, honesta, generalmente sojuzgada por el hampa imperante, deberían ser constantes.

Quienes deben vivir intranquilos, a la espera de un allanamiento, de que les incauten cosas robadas, que los alberguen en la casa de piedra, tienen que ser los que eligieron vivir violentamente del prójimo y no la ciudadanía. Eso se sabe. Ningún funcionario, al parecer, tiene las agallas (en realidad la palabra es otra) para emprender una dura política de prevención.

Mientras tanto, nuestro gobernador (algo de posesión existe, lo votamos, lo pusimos en ese lugar) está siempre en otra. Algunos de sus coqueteos son altamente peligrosos para Mendoza, como su actitud no definida acerca de la minería contaminante. Hay que tener mucho cuidado con eso. El castigo que conlleva abrir la compuerta de una actividad perjudicial para los humanos, puede ser muy grande. A algunos los alcanza en vida, a otros en la muerte.

Otra vez en la inseguridad. Se alzan a cada rato voces que pregonan el desarme de la población. Ahora bien ¿Qué defensa tiene un hombre grande que cruza el barrio cívico y le rompen la cabeza a garrotazos, no murió de pura suerte, pero quedó afectado físicamente de por vida? Ninguna. Los policías, en la invisibilidad absoluta. Si ese señor hubiera portado un arma, ahora tal vez estaría sano y con algunos pesos más. A ese mismo hombre lo asaltaron, poco antes, en la puerta de su casa en el Barrio Bombal y le sustrajeron una cantidad importante de dinero que había recibido de Buenos Aires por la venta de unos cuadros. También lo dañaron físicamente. En esa ocasión tampoco pudo defenderse.

Al joven que en la cuarta sección le sustrajeron la bicicleta, arma de fuego en mano y luego lo balearon, no le dieron chance de sobrevida.

Los casos de personas golpeadas salvajemente o asesinadas luego de que entregaron sus pertenencias son casi innumerables en lo que va del año. Y los pacifistas trasnochados insisten en que la ciudadanía se entregue mansa a la delincuencia. ¿Por qué no ejercer el derecho de defensa? Más claro ¿Por qué tiene que seguir vivo, tomando cerveza, inhalando coca, meándose encima, el asesino y su elegido, pase a lo bajo de la tierra o al nicho? ¿Qué lógica absurda, estúpida, ordena los pensamientos de esos propagandistas del desarme ciudadano? Si el destino no hubiera puesto una piedra cerca de la mano de la señorita que un violador atacó en el Cerro de la Gloria, acaso la estarían velando ¿Hay que marchar como borregos, resignadamente, al encuentro de la muerte? ¿Por qué? Toda persona mayor puede poseer un arma de fuego. Es imprescindible que reciba instrucción profesional para manejarla. También, que la guarde en un lugar inaccesible para los jovencitos y niños de la casa. Y luego, se sabe que es duro, disponerse a usarla en defensa de su vida y la de su familia. ¿Por qué, ante un sistema de seguridad que hace agua, el gobierno no propone, contratando a buenos especialistas con los que se cuenta, la implementación de cursos de tiro defensivo?

Interrogantes que no tienen respuesta. Queda lo que decida cada uno. Y como están dadas las cosas, con una delincuencia descontrolada, restan pocas opciones entre la vida y la muerte ante un asalto.

Redacción La Quinta Pata, 17 – 12 – 08

La Quinta Pata

jueves, 4 de diciembre de 2008

Policías, presencia exótica en las calles de Mendoza

Brad Pit Bull

Alberto Atienza

Un paquete de leyes, son 23, fueron promulgadas durante 2008, relativas al mejoramiento de la seguridad, acaso la peor de las crisis que vive Mendoza. Son muchas. Sin embargo continúa el campo orégano para los delincuentes que actúan con un salvajismo e impunidad que asombra. Ocurre que ninguno de los textos legales se ocupa de lo principal y esto es que la policía trabaje como tal y no como empleados públicos, con sus horarios fijos, el yerbiado (o la pizza, alimento predilecto de los guardianes del orden) A las 13 en punto, invariablemente, los policías desaparecen del centro. Y los chorros surgen como por arte de encantamiento. Bandas organizadas se despliegan desde la primera cuadra de la peatonal, en Patricias Mendocinas, hasta Garibaldi y Salta. También frecuentan la Arístides Villanueva. A la hora señalada, sin el justiciero Gary Cooper, lamentablemente, algunos policías se quedan un rato más. Eso ocurre cuando algún hecho de resonancia, con características de escándalo, sacude la carrera política de los funcionarios. De otra manera el cronograma de ausencia del color azul en las calles se cumple inexorablemente.

Las víctimas principales son los turistas. Confiados, creen que el aspecto europeo de la ciudad, con sus cafés tan parisinos, cierta higiene, personas bien vestidas, tiene su correlato en la seguridad, Y no es así. Los chorros mandan. Actúan cuando y donde quieren. Y casi nunca la policía está en el lugar. Tampoco estuvo antes, en rol de prevención, salvo en casos muy especiales. Ejemplo, un policía de franco usó su “ojo clínico”, su experiencia. Vio a tres jóvenes que le llamaron la atención, los interceptó, los sometió a requisa y le encontró a uno de ellos un arma de fuego. Sin dudas evitó la comisión de un delito. Hombre importante ese agente que cumplió con su función en horas de descanso.
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No ocurrió lo mismo con la turista alemana que se le ocurrió salir de su hotel a las seis de la mañana, cuando la ciudad despierta y aun muchos ladrones no se han acostado y varios policías todavía no se levantan. Fue asaltada y violada. Tampoco tuvo suerte el turista francés Arnaut Gautier apuñalado frente a un club en calle Boulogne Sur Mer en horas de la siesta. Tampoco la fortuna acompañó a tres muchachos asaltados en los caracoles de Chacras, a quienes despojaron de todo, hasta de las ropas.

En el balance de impunidad se destacan ese policía a quien deberían emular los otros miles de colegas que componen la repartición y un perro pitbull (una tía les decía bradpit) que atacó a ladrones justo cuando saltaban la medianera de la casa donde vive en Guaymallén. Los tarasconeó por todas partes al punto que los delincuentes, a los tiros, cubrieron su huída.

¿Cuál es la solución, una de entre tantas? Ocupar las calles, tal como ahora lo hacen los malvivientes. Se dirá que es imposible controlar todo, pero, tal como los graves hechos se vienen sucediendo, existe la impresión que no se controla nada. Los cacos golpean cuando y donde quieren. Atacan principalmente a turistas ya que saben de un botín asegurado. Pero no desdeñan a un anciano que cruza el parque cívico o la cartera de una señora en calle San Martín por parte de un niño de ocho años (hace una semana) lo que originó un desorden de proporciones.

No hay que olvidar los establecimientos saqueados por completo, los asaltos domiciliarios, los atracos a empresas justo en día de pago al personal, las salideras bancarias, los jóvenes asesinados en los fines de semanas. En fin, la lista es muy larga.

Hace unos días la policía, dirigida por no profesionales, pareció despertar del letargo. Fueron a los nidales de los chorros a buscarlos. Secuestraron armas, capturaron a sujetos con pedido de captura. En fin, muy positivo. Al poco tiempo los uniformados se durmieron de nuevo, todos juntos, en un cuartito azul.

La Quinta Pata, 04 – 12 – 08

La Quinta Pata

miércoles, 19 de noviembre de 2008

“El tango en Mendoza”, valioso libro de Ana y Jaime Gelfman

Alberto Atienza
“El tango no es un meteorito caído en la calle Corrientes, cerca del obelisco. Es un proceso creativo que debe convertirse en patrimonio de la humanidad”. Esta frase contiene sin dudas el fenómeno nacional del tango, presente desde hace muchos años no sólo en Buenos Aires y Uruguay sino también en todas las provincias. Y no hay que olvidar el auge mundial de esa música tan nuestra. Esa lúcida definición pertenece a Ana y Jaime Gelfman.

Y no son palabras lanzadas al viento ni surgentes del entusiasmo de una charla de café. Forman parte del libro “El Tango en Mendoza” volumen I, escrito por estos artistas y estudiosos del “dos por cuatro”. Conforman la obra biografías de los músicos de la provincia, tanto los del pasado como los de hoy, que se consagraron al “gotán” No falta el enfoque social y el hallazgo de la primera orquesta organizada que hizo oír sus acordes cuando despuntaba el siglo XX.

Se descubre al hojear las páginas de este trabajo de largo aliento, impecablemente impreso por Corsino Ediciones, en un fuerte blanco y negro (acaso los verdaderos tonos del tango) que la actividad, los niveles de creación, las formaciones que se prolongaron en el tiempo, fueron y son parte un mundo de gran intensidad. No les hizo falta a los tangueros mendocinos el riachuelo y su niebla, el empedrado ni el suburbio con sus paicas de percal y organitos. Acá esa música evolucionó por carriles propios a más de mil kilómetros de la Capital.

Lo que caracteriza a la obra de este matrimonio de artistas, dedicados a la poesía y a la música, es la pasión. Definen la rica permanencia del tango en Mendoza, un habitante más, con carta de ciudadanía en la Cuarta de Fierro, en Villa Hipódromo, en los bailes de Andes Talleres, en el patio-auditorio de la vieja LV6, en los departamentos lejanos a la capital. La pasión que mantiene vivo a ese ritmo en origen rioplatense es la misma que anima a Jaime y Ana. Cuando en medio de una charla cae la palabra “tango” se transforman. Surge el fuego que alimentó al libro. El que les ilumina los recitales que cada tanto ofrecen.

Y una vez más se descubre que la tarea de rescate de nuestra memoria, en gran medida, está a cargo de artistas, de investigadores, que no pertenecen a la elite de funcionarios que son quienes deberían encargarse de esos temas. No. Los burócratas, algunos de jean y notebook, están en lo puntual. En lo político, lo que les brinda un efímero rédito de prensa prepaga. Se demuestra en esta ocasión con la falta de apoyo oficial a la iniciativa del matrimonio Gelfman. Todo lo hicieron ellos con su esfuerzo, su dinero y su tiempo. Y lo más importante, con la pasión, esa llama que no les prende a los adocenados gestores de la cultura.

Un libro importante para la historia de Mendoza. Revela facetas desconocidas, sorprende. Obra de gran valor para quienes deseen profundizar en el tema, un punto ligado indisolublemente a la rica trayectoria cultural y artística de Mendoza.

Redacción La Quinta Pata, 19 – 11 – 08

La Quinta Pata

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Doña Pancha, ovnis, un crimen, ruidos y ahora, ¿quién podrá ayudarnos?

Y ahora ¿quién podrá ayudarnos?

Alberto Atienza

Doña Pancha Alfaro, sentada bajo el parral, el sitio más fresquito de la casa, hojeaba el diario “comunitario” que comparten varias vecinas y que invariablemente termina en la despensa de Don Omar como envoltorio de huevos. Y de pronto sonrió: “por fin un tiro para el lado de la justicia”, se dijo. Leyó que la municipalidad de la Capital de Mendoza inició con mucho ímpetu una campaña para terminar con los ruidos molestos. Trazó una imaginaria lista: las motitos estruendosas de los repartidores de pizza y otras iguales, de pibes. Los autos nuevos con “silenciadores deportivos”. Los temblorosos coches del pasado, verdaderos bolones de óxido, con sus antiguos motores y su permanente olor a gas, también inscriptos en el atronador parque automotor mendocino. “Por fin alguien que piensa en la gente” Y se propuso rezar para que la iniciativa no perdiera fuerza. “No vaya a ser cosa que aparezca algún abogado por ahí planteando un recurso de amparo en defensa de los escapes libres”.

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Ariel del Curto, un joven a quien le endilgaron un asesinato cometido en la puerta de un local de la Alameda (“Banzai”) manifestó que piensa demandar al Estado mendocino por daños y perjuicios. El estaba en otro punto de Mendoza, bastante alejado, cuando ocurrió el hecho. Alguien dejó caer en los oídos de la prensa su nombre como responsable del crimen y su vida se transformó en un infierno. De actor de trayectoria pasó a ser de pronto el enemigo público número uno. Toda la ciudad hablaba de la saña con que ultimó a un muchacho luego de una intrascendente discusión por un envase de cerveza. Ahora se sabe que el autor es otro. Sería, nadie se anima a decirlo después del papelón, el dueño del negocio. Que se llamaría, según las mentas, también Ariel. Y, tal como cuentan los indignados grafitis de las paredes de “Banzai”, Sebastianelli, de apellido. Doña Pancha pensó algo para lo que tiene tiempo pensar: “menos mal que no le dijeron a la prensa que quien tiró los tiros fue el presidente Obama. Le hubieran arruinado el triunfo a ese muchacho”. “Y ahora ---cerró su razonamiento la vecina de la Cuarta Este--- el Estado mendocino tendrá que pagarle un montón de plata a Del Curto, que la merece, sin dudas. El Estado somos nosotros, el dinero es nuestro. ¿Y el que habló de más, el responsable de la metida de pata? Bien, gracias.” Leer todo el artículo

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Un plato volador sobrevoló el sitio donde se encontraban unos obreros de Vialidad Provincial, en Malargüe. Le sacaron unas fotos al supuesto aparato. Doña Pancha, que no cree en luces malas ni apariciones, duda de la renguera del perro, desconfía de lágrimas cocodrilescas y ni tan siquiera escucha las promesas de los políticos, sacó una conclusión de ese encuentro cercano: “No fue un objeto volador no identificado lo que vieron esos muchachos. No miraron bien. Era Jaque que retornaba de visita a su departamento”

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El Grupo de Resolución de Incidentes y Secuestros de la Policía de Mendoza, dependiente del Ministerio de Justicia (todos los ampulosos títulos para que no se molesten los burócratas) llamado simplemente GRIS estaba en una situación difícil: igual que hombre mirando al sudeste (con el trasero al norte) Un aspirante a suicida, con un arma de fuego calibre 22 amenazaba con quitarse la vida en su casa del barrio UJEMVI, de las Heras. En estado de excitación psicomotriz, con el thanatos al mango, quería, no más, descerrajarse un balazo. Algo le había ocurrido en su vida. Las primeras crónicas no lo consignan, como tampoco su nombre y apellido, menos, el escenario del hecho (domicilio), clásicas notas hechas vía celular, sin cobertura en el lugar. El hombre llamó la atención del marco de sus afectos (primera posta de los suicidas, aunque también marcan a veces con sus muertes a personas a las que odian o que no los tuvieron en cuenta) Y, en el introito de su partida de este mundo, le cayó el GRIS. Acto seguido, cosa de no creer, cosa de volverse loco, Celso Jaque (¿Por qué nos tocan gobernadores con nombres tan raros, Celso, Cleto, acaso nos está faltando un Sofronisco, un Belerofonte?) Celso, el primer mandatario, se le apareció en persona al aspirante a suicida, con una comitiva de segundones y entenados. Andaba de recorrida por seccionales junto al ministro de Seguridad y entorchados varios. Entró a la vivienda en la que el aspirante al velorio revoleaba el arma y dialogó con él. No trascendieron detalles de lo hablado. Pasará todo esto a la historia acaso con el sello del misterio, como el diálogo de Atila con el papa León I a orillas del río Po que produjo la retirada del “Azote de Dios” Síntesis: el suicida depuso su actitud. Tal vez Celso (¿Significará excelso?) le prometió un carguito en la comuna de Santa Rosa donde los funcionarios renunciaron en patota. O tal vez un puesto de personajón en la inocua Secretaría de Cultura. Lo definitivo es que el postulante al campo santo, a la parcela, al nicho, depuso su actitud. A Doña Pancha Alfaro, enterada del suceso, le surgió una reflexión: “Y ahora ¿Quién podrá ayudarnos?”

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Redacción La Quinta Pata, 12 – 11 – 08

La Quinta Pata

lunes, 3 de noviembre de 2008

El genocidio de los Tobas

El genocidio de los Tobas

Alberto Atienza

Una misión para el vicepresidente Cobos

Todo el mundo, casi sin excepción, salvo los integrantes de las tribus Tobas afincadas en el corazón del casi impenetrable Chaco salteño, vio la caída de las torres gemelas en ese fatídico día once. Hecho brutal cometido en nombre de dios. Algún dios de quien el verdadero Dios se avergüenza. Esas personas no “gozan” de nuestra tv. Acaso los únicos que no sintieron ese terror de ver como la eternidad con la que nos amenazan las ciudades, con sus monumentos y sus historias, es algo también efímero. Aunque ellos, para nada urbanos, viven a diario ese pánico cuando avanzan sin freno los gobiernos los destructores de bosques, exterminando la fauna, implacables en la cancelación de alimentos, en instalar el desierto en el ámbito de la flora y empujando a famélicas ancianas Tobas a morir de hambre en las iglesias.

El genocidio de los TobasLa hecatombe de las torres. Miles de muertos en poco tiempo y la tv testigo de estos días conmoviendo al mundo con ese duelo emergente de una insania. Dicen que es una respuesta a otras formas de locura nacientes del afán desmedido de poder y dominio. Dos holocaustos contemporáneos, uno globalizado y el otro silencioso, con el único despliegue de prensa de una viejita aborigen, piel y huesos, clamando por comida para ella, sus hijos y nietos y para otras, muchas, familias iguales de hambreadas. El pueblo Toba reside en un monte que a diario deja de serlo, arrasado por los comerciantes en madera con el visto bueno de gobernantes. El pánico de los Tobas, al ver que su “ciudad” de verde, de cantos de pájaros, su hogar ancestral, tampoco es algo eterno como contaban los antepasados.

El calvario de los originarios habitantes del Chaco sigue su doloroso derrotero. Es como si las torres gemelas no terminaran de caer. Muertes silenciosas sin estrépito de cámaras. Agonías lentas, peores que un súbito fin. Hambre a cambio de bolsillos llenos de insensibles industriales y la inacción de no menos duros políticos argentinos que conceden los permisos de explotación o no intervienen en la venta de tierras cuyos nuevos dueños generan el desmonte.
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No se le puede pedir peras al olmo, decían los antiguos. Expresaban con esa suerte de perogrullada que es en vano percutir con la verdad en la cabeza de alguien dominado por la codicia o la soberbia. Ese es el caso de quienes permiten el genocidio que se está cometiendo con tribus originarias del Norte argentino. Ahí vivían sus ancestros antes de que llegaran los conquistadores con sus armas, cruces y pestes ¿A quién le importa la desnutrición de niños de la selva cuando el periodismo se regodea con los millones de dólares que el traspaso de las AFJP le dejarán al gobierno central? ¿O el casamiento de dos homosexuales de la farándula?

Sin dudas los acontecimientos mandan. El periodismo actual funciona, salvo excepciones, como un simple repetidor de una realidad avasalladora a un ritmo tinellinesco.

¿Por qué la prensa de Buenos Aires, que puede modificar positivamente algunas cosas no aterrizó en el sitio donde los indios ayunan para luego morir? ¿Cuál es la razón que inhibe a periodistas de fuste a exigirle respuestas al gobernador de esa provincia, escenario de los abandonos de personas? ¿Y los políticos opositores del lugar? ¿Y los otros, que habitan en la bella Cabeza de Goliat? ¿Qué hicieron los que viven de la gente? Nada. La prensa reflejó pálidamente los hechos como un espejo de anciano azogue, salvo honrosas excepciones.

Datos
En 2007 murieron 14 miembros de esa comunidad debido a dolencias emergentes de la pobreza. Del 2008 no hay cifras.
El gobierno (Chaco) sostiene que la difusión de esos fallecimientos es parte de una campaña de desprestigio “que dejará secuelas en la imagen de la provincia no sólo a nivel nacional sino internacional”
“La relación de la comunidad aborigen con la tierra es indivisible y el vínculo con el monte es total. Cuando se les quita el monte se les quita todo” ” (Rolando Núñez del Centro Mandela)
Los Tobas son la tercera etnia en la Argentina. De los 70.000 existentes, 60.000 viven en el Chaco.
Mabel Pino Fernández, de 45 años y 26 kilos de peso, falleció. Padecía diabetes, emergente de la desnutrición. “Algo que sólo se ve en pueblos de Asia y África” (Núñez)
“No nos atienden en los centros de salud porque somos indígenas” (Bashe Nuhem, vocera de las Comunidades Indígenas)
“Advertimos que la mayoría de las muertes son de niños” (Núñez)
El gobierno provincial (Chaco) no informa sobre cuántos son los afectados por la hambruna. El Centro Mandela evaluó 170 casos de enfermos de Chagas y Tuberculosis.

Algunos tiros para el lado de la justicia
Radio Mitre y Radio Netherland llegaron al lugar donde los aborígenes languidecen. Instalaron el problema, de nuevo, a nivel nacional. Ocurrió hace un año. Las soluciones de fondo no llegan.
Antes la cantante Patricia Sosa reunió seis camiones con alimentos para los Tobas.
Veteranos de Malvinas también concurrieron a la zona con ayuda.
El defensor del pueblo de la Nación presentó una demanda ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que se detenga “el exterminio silencioso, progresivo, sistemático e inexorable de los Tobas”

Un pedido
A todos los habitantes del país nos alegraría infinitamente más que un triunfo del tenista Del Potro o los goles del seleccionado nacional, que nuestra elegante presidenta, que tan bien habla, llegara al Chaco con un paquete de soluciones y que no delegue más funciones en la bella Patricia Sosa o en veteranos de Malvinas. Es uno de los roles que le toca.
Y si está muy ocupada, bueno, es el momento para que el vicepresidente Cobos se haga cargo de este necesario e impostergable salvataje. ¿Exhibirá de nuevo su valentía el mendocino?
Se lo preguntamos Don Cleto ¿Es capaz de darle una buena mano al pueblo Toba tan argentino como usted?
Lo saludamos muy atentamente y quedamos a la espera de su respuesta.

Redacción La Quinta Pata, 03 – 11 – 08

La Quinta Pata

lunes, 20 de octubre de 2008

Mantis religiosa y pueblos fantasmas

El mamboretá, un insecto que pierde la cabeza por amor

Alberto Atienza

Doña Pancha Alfaro sentada en el patio de su casa, rodeada de malvones, un aloe vera, algunos autóctonos cactus conversaba con su amiga, Tía Pepa, que siempre la visita y, a esa hora de la "oración", raramente despierta.
- ¿Qué pasa con la educación en Mendoza Pepa?
- Y no sé – no encontró respuesta la vecina
- Fíjese, 23.000 jóvenes mendocinos, en diez años, no terminaron la escuela secundaria ¿Por qué?
- Y... – contestó Pepa
- Dicen los diarios que los chicos nunca rindieron materias pendientes y por eso no cuentan con el título correspondiente lo que les impide seguir estudiando o conseguir trabajo.
- No es tan así. Una sobrina mía rindió tres veces en una escuela Tomba o algo así, había estudiado mucho, pero la profesora que le tomó la prueba, siempre la misma, la recontra aplazó, la ponía nerviosa al anunciarle que sería difícil que aprobara. Y luego la mataba con el lápiz rojo. Es la tercera vez que mi sobrina debe abandonar la universidad.
- Claro – se dio cuenta Doña Pancha – no se menciona a los docentes con poca capacitación o con resentimientos. Deberían las autoridades escolares ocuparse de esos casos y averiguar qué está ocurriendo.
- Pero ha sonado un tiro para el lado de la justicia – estaba más despierta que nunca Pepa – La Dirección General de Escuelas implementará un plan para que esos 23.000 pibes, más otros 10.000 de los Centros Educativos de Nivel Secundario completen sus estudios.
- Algo está fallando y de modo muy grave para que 33.000 pibes y pibas queden fuera del sistema educativo – pensó en voz alta doña Pepa.
- Por eso el salvataje – le apuntó la Tía Pepa, optimista al creer que por fin su sobrina eludiría un destino de mesera.
- Dios la oiga – rogó Doña Pancha
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Sobre llovidos, mojados. Unos cuantos jubilados mendocinos son estafados por mutuales. Se trata de organizaciones que les cobran por préstamos que nunca sacaron. En otros casos los jubilados renuncian a ser "socios" de la "mutual" y los siguen exprimiendo indefinidamente con cuotas societarias. Se aprovechan de la escasa o nula capacidad de reacción de algunos ancianos. La justicia que debería intervenir de oficio no acusa recibo. Y un ente que supuestamente rige la actividad de mutuales, también está, pero como dibujado con témpera sobre un vidrio bajo un aguacero estival. Doña Pancha leyó la noticia.
- Encima que cobramos chauchas y palitos, nos hacen esto – comentó con tristeza
- Se olvidó de los aumentos cada seis meses – le refrescó la memoria la Tía Pepa
- Sí – dijo Doña Pancha nos llegará algo más: un puñado de hojas secas

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La película "La próxima estación" del director Pino Solanas, el realizador del inolvidable film "El exilio de Gardel" fue estrenada en todo el país. Es un documental vibrante que trae a la memoria cifras que los argentinos hemos olvidado. Por ejemplo, refleja el desguace y privatización parcial de los trenes, luego de la tiránica frase "ramal que para ramal que cierra". Una gran mentira ya que fueron abolidas todas las centrales que adhirieron a las medidas de fuerza y las que no, también. Esa decisión gubernamental dejó a 80.000 trabajadores en la calle. Pasaron a la calidad de fantasmas 800 pueblos en todo el país, entre ellos Palmira de Mendoza, donde funcionaba un taller de locomotoras. Un millón de desocupados emigró hacia las ciudades. Las economías regionales recibieron un durísimo impacto. Instalaciones ferroviarias, valiosas, fueron abandonadas, saqueadas e incendiadas, como la estación nuestra de calle Villalonga. Antes desaparecieron los muebles y los teléfonos antiguos de curiosos diseños y de múltiples funciones, que fueron a parar a manos de coleccionistas. La falta de trenes incrementó el uso de camiones y micros de larga distancia multiplicándose los accidentes viales, la mayoría de ellos con víctimas fatales. Enterada de esas cifras que la película instala de nuevo Doña Pancha sólo atinó a decir: "Menem, Menem, que grande sos"

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"El mamboretá, un insecto que pierde la cabeza por amor" leyó Doña Pancha en la hoja de un diario de Buenos Aires en el que le envolvieron los huevos que compró en el almacén de Don Omar. Llegó a su casa guardó los "productos de gallina", alisó la hoja y leyó sobre ese bicho con fama de piadoso porque cuando le preguntan ¿Dónde está Tata Dios?, junta sus manitas y mira hacia el cielo. Llamado también "mantis religiosa" parece que la aureola mística que lo rodea involucra sólo a los machos de la especie mántida. La hembra, durante la cópula, le corta la cabeza al varón y luego lo merenda feliz y fecundada. Una especialista, Lorena Pompillo, de la UBA trata de develar el martirologio de los mamboretás: "El conflicto entre sexos no es exclusivo entre los mántidos, sino que existe cuando machos y hembras maximizan su éxito reproductivo de manera diferente. Por ejemplo, en mamíferos, las hembras lo hacen si eligen un macho que provea buenos genes y cuidado a las crías. Pero el macho maximiza su éxito al aparearse con la mayor cantidad posible de hembras. Machos y hembras buscan cosas diferentes y allí surge el conflicto"
Se quedó pensando Doña Pancha en el triste destino del mamboretá argentino. "En eso de visitar, por decirlo de algún modo, a la mayor cantidad de hembras que le dé el cuero, se parece a mi finadito Francisco, que Dios lo tenga en la gloria. Pero yo no le iba a arrancar la cabeza por eso. Y menos, comérmelo. Aunque debería haberle roto la sesera de un adobazo cuando le quizo arrastrar el ala a la Tía Pepa " Esa tarde la Tía Pepa, vecina de Doña Pancha y otrora en la mira de Francisco (medio siglo atrás) no llegó a saludar a Doña Pancha. Tal vez por intuición.

La Quinta Pata, 21 – 10 – 08

La Quinta Pata

lunes, 13 de octubre de 2008

Doña Pancha Alfaro, plantitas y muñecos

Alberto Atienza

Doña Pancha Alfaro bajó para el centro, como se dice allá por su barrio. En realidad subió ya que donde vive, la Cuarta Este, es una zona deprimida en altura con relación al KM 0. Bajó o subió es lo mismo. Se sentó a tomar un cafecito bajo los árboles, en un bar con mesas en la vereda (ese aire tan parisino de nuestra ciudad y que les encanta a los turistas) Y se le arrimó un mendigo, hombre de mediana edad, delgado, quien antes de pedirle unos cobres le recitó, muy bien dicho, el poema sobre la fundación de Buenos Aires de Borges. Luego le habló de la tumba de Don Jorge Luis en el cementerio Plain Palais, el único que data de la Edad Media en Ginebra. Y le refirió una de las leyendas de la lápida: "...and ne forhtedon na" que significa en inglés antiguo "las puertas del cielo se abrieron hacia él" Maravillada, Doña Pancha, quiso saber por qué alguien que sabía tanto (le habló también del triste y romántico sino de Don Quijote y de su frustrado romance con Dulcinea del Toboso) anda por la calle pidiendo monedas. "Porque esta sociedad para mí no tiene un lugar" le respondió el hombre ilustrado, le brindó a Doña Pancha una cortés reverencia y se fue.

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Arturo de Córdoba encarna a un desposeído de doble vida en el antiguo film "Que Dios se lo pague", frase con la que él agradecía las limosnas. Doble vida porque era, a la vez, un millonario que se caracterizaba como un mendicante y depositaba su raído sombrero dado vuelta a sus pies para recibir las dádivas en las inmediaciones de una catedral. Zully Moreno, acaso una de las actrices más hermosas del cine argentino de todos los tiempos, se enamora de él. Una bella historia, de los días de infancia de Doña Pancha. "Son parecidos el de la película y éste que acaba de irse" ---pensó--- uno poderoso en oro y el otro, mi nuevo amigo, rico en sensibilidad"

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Después se entretuvo Doña Pancha al mirar a una señora ya mayor que llevaba delante de sí, correa mediante, una perra de gran porte. Gorda la canina (no se le puede decir "cana" que sería el femenino de can) Se enojaba con otros 4 patas, especialmente con los vagabundos o mejor dicho, vagamundos, que le ladraban tal vez diciéndole "Miren a la pituca, bañada y peinada en la peluquería. Va con su mamá. Atada. Vendió el alma por un puñado de alimento balanceado por día" Enfurecida tomó impulso la regalona para salir corriendo a tarasconear a los callejeros por derecho propio. Contuvo la respiración Doña Pancha. Si salía de estampida su anciana dueña flamearía unos metros en pos de su mascota y luego dejaría una marca en las baldosas por media cuadra o más. No ocurrió nada de eso. La perra, indignada por la afrenta se desplazaba sí, pero en círculos, delante de su dueña, sin dejar de mirar a los provocadores que continuaban con sus estentóreos sarcasmos. "¡Que viva la bicha!" pensó con admiración Doña Pancha "sabe que si corre lastimará a su ama. Se nota que la quiere. ¡Que hermosos y llenos de afecto son los animales! Y pensar que en Malargüe quieren exterminar a los perros.

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"Si quiere leer, señora" le dijo el mozo a Doña Pancha y le pasó un diario. Lo abrió en sentido inverso, desde atrás, para ver primero la sección Policiales "así me asusto un poco", pensó. Y ocurrió. Más que susto, espanto. El juicio a un policía (Juan Carlos Oruza) que mató de un balazo a un jovencito indefenso (Jonathan Chandía) Salieron a la luz varias atrocidades más cometidas por los servidores públicos que participaron en el procedimiento y detención, y el término cabe, de los sobrevivientes: el hermano del pibe muerto y un amigo. Contó el primero de ellos que en la seccional adonde lo llevaron detenido (encima eso) se burlaban de él y del fallecido policías merecedores de sueldos que paga la comunidad. En el escenario del homicidio apareció un arma de fuego atribuida su posesión en la instrucción policial a Jonathan. O sea, un enfrentamiento entre valerosos agentes del orden y delincuentes con un revólver. Mentira. Un oficial declaró que el arma la "clavaron" (jerga policial) en el lugar. La puso un uniformado para trucar la comisión de un delito por parte de los jóvenes. Doña Pancha meditó: "No sé que les conviene más a los pibes de hoy, si encontrarse con asaltantes o con una patrulla de estas. Ojalá no sean todos iguales los policías mendocinos" El actual vicepresidente de la Nación , Julio Cobos, gobernador de la provincia cuando fue ultimado el pibe Chandía, convocado como testigo al juicio que se desarrolla en la Séptima Cámara del Crimen declaró, por escrito. Aseguró que la cúpula policial estaba al tanto de que lo ocurrido fue un enfrentamiento entre policías y malvivientes. Así se lo informaron en su despacho, contó a los jueces Cleto, los funcionarios policiales al mando de la repartición "¿Y ahora?" se preguntó Doña Pancha "¿Los altos jefes actuaron en rol de cómplices, de encubridores? ¿Sabían del arma puesta en el lugar donde murió Chandía? ¿O fueron engañados arteramente por sus subordinados? ¿Y ahora? ¿Este porrón quién lo paga?"

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Leía y pensaba Doña Pancha Alfaro. Pensaba y volvía a leer. Una buena memoria, activa, permite retroceder en el tiempo. Y se acordó de un ex gobernador que fue asesinado de un balazo frente a la Plaza San Martín, joven, pintón, idealista, allá por los años 30: Carlos Washington Lencinas. Le vino otro a la memoria, un hombre recto, que terminó sus días en una finquita que le cedió un amigo porque salió del gobierno más pobre que cuando entró: Don Blas Brisoli. De un mandatario más reciente, recordado por su probidad y defensa del federalismo: Don Felipe Llaver. Y repasó acto seguido las iniciativas del vicegobernador actual, Cristian Raconto. Todas las semanas este político regala a los legisladores una frase impresa que él elige, junto con una golosina (chocolate de buena calidad, etc.) A un costo de 16.000 por año ha alquilado (por contratación directa) 35 macetas con plantas (Resolución 684 por él firmada) cancos que situó en el salón de los retratos de los ex gobernadores. Y la última, aunque tal vez no sea la última, el Senado, con Racconto a la cabeza, votó una distinción a un muñeco. Se trata de una suerte de maniquí medio desproporcionado (un tanto cabezoncito) que se luce (partenaire mediante) en un programa de radio de Alvear. "Regalar un cartoncito con la frase de la semana y un dulce" pensó Doña Pancha "¿No sería mejor instalar un tema por semana? Por ejemplo, los pibes que se intoxican con inhalante en pleno centro, flaquitos, sucios, con ropas que les quedan grandes, que no aceptan un bocado que les ofrece la gente por seguir aspirando de la bolsita. Las plantas, ¿Por qué no las aportan los senadores de los viveros de sus respectivos departamentos y nos ahorramos nosotros esos 16.000 pesos por año? Y premiar a un monigote (y le salió la mendocinada a Doña Pancha Alfaro) ¡Dios! ¡Qué montón de huevadas!"

La Quinta Pata, 13 – 10 – 08

La Quinta Pata

lunes, 6 de octubre de 2008

Mendoza en cifras: leones, ansiolíticos, chorros, etc.

León y leona

Alberto Atienza

4 descarrilamientos de trenes de carga (menos mal que no son de pasajeros) en poco más de 20 días. A los convoyes de la empresa ALL les cuesta mucho más, sin dudas, circular por el camino férreo que acostarse sobre la gramilla. Las vías antiquísimas, de trocha ancha, se ven finiiiitas. Los durmientes, podridos. All denuncia sabotaje. Se sospecha que Lawrence de Arabia, especialista en volcar trenes, anda por Mendoza.

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Diez mil dólares cuesta un cadáver en Mendoza. No el de algún prominente personajón aspirante al bronce y a nombre de calle. No. El de uno de esos a quienes el sistema marginó y murió de hipotermia o atropellado por un automovilista que se dio a la fuga. Se venden despostados a estudiantes de medicina. Laboratorios y universidades requieren de esos insumos (partes de cuerpos sin vida) y también los compran. La pregunta es ¿A quién? ¿Quién dispone de un muerto para hacerse de unos pesos y comprarse por ejemplo un lindo autito usado y una note-book? Un proyecto de ley le sale al cruce a ese comercio de las sombras. Bajará la cotización, obviamente, de occisos no reclamados. Chau autito, chau note-book...

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11.000 jóvenes de entre 14 y 24 años no estudian, ni trabajan ni asisten a un club o sitio que los contenga. Andan por ahí, como ceniceros de motos. Uno los imagina reunidos, hablando pacíficamente de sus inciertos futuros. Alguien los ve jugando a la pelota en un baldío. O buscando trabajo. Otros creen reconocerlos en los asaltantes que le desvalijaron la casa, le saquearon la heladera y los molieron a golpes. Son 11.000. Un ejército de sangre nueva en estado de abandono. En Francia pibes como ellos incendian autos para que los noten, les den trabajo, les abran las aulas. Acá ¿Qué hacen? ¿Se aburren? ¿Sufren? ¿O ya son parte, muchos, de la ola de delincuencia que nos está matando?

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17 por ciento subieron las muertes viales. En los primeros ocho meses del año fallecieron en calles y rutas 20 personas más que en idéntico período del 2007. Un año en el que se hizo poco o nada en materia de prevención. Pruebas al canto. 188 víctimas fatales así lo demuestran. Y lo que no se contabiliza: el número desconocido de gente con secuelas de daños físicos irreversibles. Endurecen leyes de tránsito pero no hay un sistema de concientización que les enseñe a los conductores a no invadir el carril contrario (41% de los casos fatales) Tampoco se educa o sanciona a quien se desconcentra ante el volante por la música, el celular o porque que cree que está en el sillón del living de su casa rodeado de amigos y no manejando un coche (distracción: 19%) No se reprime la alta velocidad, que configura conducción peligrosa, algo impune en zonas urbanas (16 %) y a los que realizan una maniobra abrupta (10%)

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1.500 pesos por mes cuesta solventar una carrera universitaria. Suma que en muchos casos no es el sueldo de un jefe de familia. Fotocopias, transporte, pago de alquiler para los que vienen de lejos, materiales. La UNCuyo distribuye 2.500 becas en auxilio de casos puntuales. Por sobre esa franja quedan muchos padres que por su perfil socioeconómico no pueden optar por ese beneficio. A ellos les cuesta muchísimo que sus hijos estudien una carrera superior. Y en muchos casos los pibes se resignan a una vida mediocre y olvidan sus vocaciones.

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13 milones de pesos del presupuesto 2008 se desaprovecharon en la OSEP según denunció su ex director Marcelino Iglesias. Esto se produjo por la acefalía de la obra social que cuenta con 350.000 afiliados, ya que ninguno de los subalternos a cargo se animaba a firmar los compromisos imprescindibles para la marcha del organismo. Ocho meses demoró el gobierno en designar a un nuevo directivo. Y la pregunta de rigor: ¿Por qué tiene que ser un delegado del gobierno quien conduzca a la OSEP? La obra social pertenece a los afiliados ¿De dónde emerge la facultad de los políticos para manejar un bien ajeno? ¿Por qué no se meten mañana en la obra social de la UOM, de los bancarios? Y no. Los sacarían a los bolsazos. Lo mismo que en la ANSES. Manejan los fondos de los jubilados a plena voluntad, en este caso en Buenos Aires, de los jubilados de todo el país. Le prestan plata al gobierno nacional y a los clase pasiva les tiran unos caramelos de cinco guitas, como ese aumento periódico que, según especialistas, será un moridero de hambre para esperanzados muchachos y chicas que peinan canas y caminan despacio.

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50% de los ADN que se analizan en Mendoza son por violaciones. Al parecer pronto habrá en la provincia más violadores que gente. Un fenómeno digno de estudio para los que se dedican (o deberían dedicarse) a conocer la problemática de la población y proponer soluciones.

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14 leones viven en nuestro zoo. Se comen todo. Salen carísimos. No valen nada, angelitos de Dios, no cotizan en el mercado internacional de animales ya que la "explosión demográfica" del otrora rey de la selva afecta a todos los zoológicos del mundo. La única solución: que no se apareen. Y eso hacen los veterinarios a cargo: machos por un lado, hembras, por otro, rejas mediante. Condenados al celibato, a la continencia y no por elección (no son leones curas o leonas monjas) sufren. Hay que imaginar lo que sería una verja infranqueable entre la propia esposa y uno. Tal vez alguien aplauda la medida. Pero en líneas generales eso de separar los sexos cae mal, aunque se ejerza con anima

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50.000 pesos gastó un puñado de legisladores mendocinos en un viaje de "intercambio" al exterior. Mucho ¿no? Y cuando se publicó la noticia, encima, se enojaron. Y otros que no integraron esa feliz comitiva salieron a defenderlos. Había que homologar los viáticos. Tal vez mañana puedan viajar ellos. Eso sí, siempre a costillas del pueblo.

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6.300 millones es el monto del presupuesto provincial para el 2009.

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2da. en el ranking nacional de consumo de tranquilizantes figura nuestra provincia. Leyendo las cifras que preceden a ésta última y si le agregamos una sobredosis de inseguridad, se entiende que así sea.

La Quinta Pata, 06 – 10 – 08

La Quinta Pata

lunes, 29 de septiembre de 2008

¿Maradona=Messi? ¿Y Sanfilippo?

Messi y Maradona

Lisandro De Marinis

Es cosa común en la Argentina vincular a Maradona con la genialidad y el talento. Se dice por ejemplo: “Cortazar es el Maradona de la literatura” cuando se quiere ser breve pero conciso respecto a la grandeza del escritor. Francamente sonaría raro la proposición inversa: ¿Maradona es el Cortazar del fútbol? También es usual verbalizar el apellido del “10” para explicar una maniobra sublime: “Agüero arrancó maradoniando desde mitad de cancha…” No es la intención abordar el fenómeno Maradona aquí; mas bien la idea es explorar una comparación, una igualdad que hoy está vigente en la opinión de los argentinos y puede expresarse en la siguiente fórmula: Maradona=Messi

Todo empieza en un compacto de imágenes televisivas. Aparece Diego en la TV haciendo sus goles, y acto seguido, aparece el insolente Messi haciendo francamente las mismas maniobras goleadoras. La pantalla se divide en dos como para que no queden dudas: entonces la definición de ambos jugadores sucede en simultáneo con una semejanza realmente asombrosa. Incluso los goles supremos de Maradona ante los ingleses están presentes en el repertorio de Messi. Sí, aquellos goles (pasados) del Mundial 86 que están tan presentes hoy en el mundo entero, y por tanto son “goles históricos”, Messi también los hizo. A saber: 1) aquel gol en el que Diego arranca desde la de mitad de cancha gambeteando probablemente a siete ingleses (incluido el arquero), y 2) la célebre maniobra impulsiva e inocentemente corrupta conocida como la “mano de Dios”.
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Enfoquemos la atención en el primer gol de Diego (esa conquista deliciosa que fue acompañada por el relato espectacular de Víctor Hugo) y la réplica interpretada por Messi jugando para el Barcelona. La primera evidencia que se impone en la comparación es la disposición de los rivales. Es decir, la semejanza de las escenas tiene lugar, en principio, porque los defensores, según se ve en las imágenes, reaccionan de la misma manera cuando intentan frustrar el avance de ambas acciones ofensivas.
El asunto del contexto también es importante. Para muchos (sobre todo para los que han hecho de Maradona un Dios) la diferencia contextual clausura toda comparación. Cierto es, no es lo mismo un campeonato mundial que un partido de la Liga española. Eso esta claro. No obstante, los parecidos están en pantalla para quien quiera verlos. Quizá dos hechos se parecen entre sí porque son capaces de sostener la semejanza a pesar de los contextos diferentes.

Ahora bien: “¿cuál es elemento esencial que convierte a estos goles casi en clones?” Ya se mencionaron algunos: la disposición espacial de los jugadores en la cancha; el tiempo y el espacio en que todo sucede; la estética de los movimientos corporales, la forma de festejar el gol; y todos los detalles técnicos que se quieran agregar, porque los hay. Sin embargo lo que fundamentalmente vincula estas dos maniobras y las anuda a una sorprendente “ilusión de igualdad” es la televisasión propiamente dicha. Es decir la intencionalidad de la edición, de la compaginación: los goles se parecen porque las cámaras hacen la misma secuencia de captación, están situadas exactamente en el mismo lugar y hacen un plano (foco) muy similar sobre la acción. Luego un editor muy atento (elemento clave) “produce” un informe unificador, lo musicaliza con el oportuno tema de “La argentinidad al palo” de La Bersuit, divide oportunamente la pantalla y para cerrar: “corta el relato de Víctor Hugo en el 86 y lo pega sobre el gol de pibe Messi”. El efecto está logrado: parece una demostración, como suele decirse, “científica”.

Cuantos jugadores ensombrecidos en el anonimato quisiéramos mostrar ese gol que alguna vez hicimos y que tanto se parece, según creemos (o fantaseamos), al de Diego: la similitud que alguna vez hemos logrado (en realidad respecto a cualquier gol) se desvanece y solo perdura a duras penas en nuestra poca confiable memoria constructiva y emotiva. O al revés: cuantas veces vemos ese gol y decimos “así definía yo…”
Recuérdese una publicidad de Coca Cola donde se capta exactamente la cuestión que estamos planteando: en un picadito callejero, un gordito, al enterarse que se jugaba por la refrescante gaseosa, arranca súbitamente desde mitad de cancha y ejecuta la famosa maniobra “maradoniana” en la canchita del potrero. La publicidad (muy original por cierto) alcanza el efecto que busca fundamentalmente porque se realiza el mismo plano televisivo, mas allá de los actores (que lejos están por supuesto de manejar la pelota como argentinos e ingleses en aquel memorable mundial de México 86, en especial el gordito que hizo de Maradona). Nadie cuestiona el tema del contexto en este caso, la semejanza más bien resulta aceptable y risible mas allá de la evidente distancia que separa al mundial de una publicidad comercial.

Lo que se está planteando no es un gran descubrimiento ni mucho menos. Más bien es algo tan cercano a nuestros ojos que de tan evidente acaso pasa desapercibido: son las imágenes televisivas las que se parecen y, en última instancia, son ellas las que determinan y legitiman la igualdad de ambos goles, y luego, en consecuencia, por decantación, la comparación de ambos jugadores.

Pienso en el pobre Sanfilippo (goleador de San Lorenzo ahora devenido en sujeto mediático), que recorre los programas deportivos mendigando y exigiendo reconocimiento porque dice tener en su historial más de 1.000 goles, dice ser el máximo goleador, el más talentoso. Afirma que las estadísticas se pueden buscar en tal lugar: “¡está asentado señores, busquen!” Que impotencia debe sentir: ¡1.000 goles dice tener!. La “revolución comunicacional” llegó tarde para desgracia de él. Los documentos que respaldan su desempeño en “el pasado” están efectivamente para quien quiera buscarlos y candidatearlos en el presente. Pero ese trabajo (propio del historiador) solo lo hace él mismo Sanfilippo. Grita su verdad, expone los documentos, nadie duda. No obstante, la verdad inanimada que presenta el ex jugador no logran gravitar en el presente, por lo tanto, su “hecho pasado” apenas si rasguña el status de “hecho histórico”.

Pero volvamos a la fórmula (enteramente discutible) que planteamos más arriba: Maradona=Messi. Vale preguntarse entonces “¿la televisasión ha captado una realidad, o más bien la ha construido y la ha puesto en circulación como una verdad que se explica por sí misma?” Las imágenes están y hoy parecen que hablan por sí mismas. Los documentos de Sanfilippo también están, pero necesitan de un especie de historiador deportivo (¡otro que no sea él!) capaz de hacerlos visibles (consumibles) en el presente. Cosa difícil.

La Quinta Pata, 29 – 09 – 08

La Quinta Pata

lunes, 22 de septiembre de 2008

La policía se despertó

Alberto Atienza

Por fin a la Policía de Mendoza le dio por trabajar. Basta de móviles inmóviles en el Parque Central con un policía petizo al volante burlándose de la gente que pasa, de puro aburrido, de puro poco policía. El reciclaje de cuerpos comando, entrenados para la acción y afectados a labores administrativas (falta completar ese proceso). Lo que se dijo en las páginas virtuales de la Quinta Pata Digital se está cumpliendo y no porque ahí se escribió sino porque se caía de maduro: había que ir a buscar a los chorros a sus aguantaderos. Y lo están haciendo. Allanamientos masivos en Villa Malargüe, en jurisdicción de la coqueta Quinta Sección, de donde secuestraron armas, objetos robados y marcharon presos algunos individuos con pedidos de captura.

Pero falta por hacer. En la peatonal opera una banda que todos los comerciantes y vecinos conocen. Atacan a turistas y a desprevenidas señoras. Más abajo, en Garibaldi y Salta, otra. Asaltan a quienes esperan micros. Les arrebatan sus celulares. Embisten y tiran al suelo a ancianos y los despojan, simulando que los asisten en una caída. Les fracturan la cabeza a otros señores mayores que no sueltan el bolsito con sus veinte pesos, documentos y el carnet del PAMI. Otra: hay que cerrar el cerco en torno a los motochorros que siguen haciendo su agosto. Obviamente cuentan con información proveniente del interior de los bancos.

Falta. Hay que restaurar la división Inteligencia de la Policía, plenamente. Que se olviden sus jefes de los que alientan ideas políticas distintas. Quienes nos privan de algunos bienes (magros o cuantiosos, según los casos) y de la vida en definitiva, no son los opositores políticos, sino los ladrones. Falta.

Hay que entender que están en el aire 10.000 jóvenes mendocinos, entre 14 y 22 años, sin trabajo, sin escuela y algún tipo de contención. Eso, según cifras oficiales, puede que sean más. Los interrogantes: si un pibe desertor escolar o fuera del sistema educativo por la mecánica expulsora que rige a la educación pública y parte de la privada, no encuentra horizonte, un club o playón que lo entretenga ¿Que puede hacer? No hay trabajo, por lo menos para alguien sin capacitación. ¿Qué le queda al joven? Y, robar. Drogarse para afrontar el asalto. Y drogarse después, alcohol mediante, para festejar.

Hasta que la policía decidió actuar (y digo policía y no funcionarios de turno que de Seguridad no entienden nada) moría a manos de una delincuencia desmadrada gente útil para la comunidad: jóvenes padres de familia, pibes enrolados en el esfuerzo y la honradez, madres, comerciantes, en fin una larga nómina de hogares quebrados porque les arrebataron a un ser querido.

Alguien dijo basta. Hay que sostener ahora esa palabra y todo lo que implica. Se debe lograr que quienes vivan intranquilos y con miedo sean los delincuentes y no la ciudadanía. No esperar a sus golpes y atraparlos luego con estruendo de prensa, cuando los muertos no regresan de sus tumbas y los bienes robados se transformaron en nubes de marihuana, vapores de cerveza y fernet, en narices hinchadas por la cocaína.

Quienes sostienen este cambio de actitud de la policía (descarto a la mayor parte de los políticos, siempre inmersos en la inacción, los cabildeos y en la mejora de su bienestar) deben ser conscientes de que están en buen camino. Hace falta que el Poder Judicial brinde más apoyo. Que las órdenes de allanamiento sean ágiles. Que los jueces de instrucción y fiscales pisen alguna vez la tierra de los barrios y no sólo las baldosas de los despachos. Que cuando firmen algo estén interiorizados de la situación y no limitarse solamente a darle crédito a un informe policial.

Falta.

Una provincia entera está a la espera de protección.

La Quinta Pata

lunes, 15 de septiembre de 2008

“Ayayay, ayayay, no tengás miedo, podés cantar”

La hinchada de Argentina

Lisandro De Marinis

¿Qué pasa con la hinchada de Argentina? ¿Por qué las tribunas no cantan ni alientan a la selección nacional? ¿Por qué el estadio de River Plate es el más frío de estas eliminatorias sudamericanas para el Mundial de Sudáfrica? La prensa deportiva ya captó este fenómeno, aunque vacila a la hora de explicar lo que sucede. Se preguntan por ejemplo si el público que va a ver a la selección es aquel que se da cita los domingos en las diferentes canchas de la geografía argentina. ¿Cómo saberlo?, aunque algo rasposo indicaría que no.

Es que, en los últimos años, el hincha que llega al Monumental para ver a la selección se sienta confortablemente en su butaca tal como lo haría en el teatro o en el cine. Hasta acá nada grave, si no fuera por ese desapasionado “murmullo incesante”, típico de una multitud fragmentada en partículas individuales que hablan por celular, mientras Messi, por ejemplo, se dedica a llenar el cráter que dejó Maradona en la cancha y da motivos suficientes como para festejar un poco, mientras la tabla de posiciones alerta nuestra delicada posición en ella, o mientras los miles de paraguayos que coparon su tribuna detrás del arco, alentaban y cantaban reunidos en una asombrosa unidad homogénea que vaya si se hacía oír.
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Como se sabe, la gente que sigue a cualquier equipo, se organiza bajo códigos muy específicos. Las plateas y las populares (con sus respectivas subdivisiones) contienen y dividen a la hinchada que se da cita. En las populares se encuentran las famosas barras bravas, siempre ocupando la centralidad del acontecimiento, siempre portando banderas, paraguas, papelitos, pirotecnia, bombos, trompetas, globos, y cualquier insumo que pueda servir para colorear la escena. Aquí tenemos entonces un grupo radical e infaltable que caracteriza el fondo de todo contexto futbolero, pero que evidentemente está cada vez mas ausente cuando se presenta la selección.

El asunto de estas barras es complejo y ha suscitado desde siempre las más encarnizadas polémicas en los especialistas. No es la intención aquí analizar este fenómeno social en rigor; basta decir que hay quienes opinan que son el cáncer de nuestro fútbol y deberían sin más ser eliminados de las canchas, y hay también quienes los consideran como un aspecto folclórico y cultural por excelencia. Se habla de su relación política con las dirigencias. Se habla de sus intereses económicos. Se habla de la violencia con que se manejan. Y se habla también de la necesidad de su existencia en el paisaje futbolístico, en tanto que garantizan rentables operativos policiales, siempre dispuestos a garantizar la seguridad del partido de hoy, y también la inseguridad de los que vendrán mañana.

En fin. Las políticas llevadas a cabo para erradicar lo indeseable de las tribunas parecen tener mayor aceptación y eficacia a nivel selección (aunque en los clubes “grandes” son cada vez más notorias las políticas selectivas y de exclusión). Por citar un ejemplo, las entradas (de elevado costo para un sueldo promedio) se adquieren solo por vía telefónica o bien online. Luego, grandes corporaciones adquieren tickets por montones, y vaya uno a saber qué diablos hacen con ellos, cómo los distribuyen. Acaso hay también una selección de hinchas convocados por su poder adquisitivo para consumir el fútbol de elite.

Juan Pablo Barski es un periodista deportivo de enorme capacidad y originalidad, es conductor (junto a Macaya Márquez) de “Fútbol de primera”, programa televisivo de mayor audiencia en este campo. El periodista ha propuesto (un poco en broma) una campaña para terminar con esa maldita canción patriótica, que además nos retrotrae al nefasto Mundial 78, y dice: “Vamo’ vamo’, la Argentina, vamo’ vamo’, a ganar, que esta banda, quilombera, no te deja, no te deja de alentar…” Afirma Basrki que este canto es una porquería espantosa y debería ser renovado urgentemente. ¿Quién sabe?, quizá tenga algo de razón.

Ante el silencio insoldable de los argentinos, los paraguayos cantaron, acaso insolentemente: “y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez…”, peligrosa arenga que un paraguayo habitualmente se cuidaría de decirla en el ceno de una sociedad xenófoba como hoy es Argentina respecto a sus rivales de eliminatorias: bolitas, paraguas, chilotes, yoruguas, perucas y brasucas. El fútbol suele espejar las peores miserias de una sociedad cuando la hinchada intenta agredir, o cuando se naturaliza un contenido discriminador en el canto. Pero la respuesta argentina en las tribunas siguió siendo un murmullo incesante: el “paraguayo de mierda”, el “volvete a tu país”, el “dejá de robar el pan a los argentinos”, etc., del sujeto xenófobo, que por fortuna, no encontró consenso popular. Tan solo un elemental “vamo vamo…”. Por eso los paraguayos remataron con un “ayayay, ayayay, no tengás miedo, podés cantar”.

Redacción La Quinta Pata

La Quinta Pata

lunes, 7 de julio de 2008

La nena

Alberto Atienza

Se le antojó al imbécil que la nena era para él. Su padre, en la cárcel, por elegir mal la forma de ganarse la vida, o por lo que fuere, no le dijo, no tuvo tiempo, no lo sabía porque no se lo dijeron a él o no quiso, finalmente, no le habló a su hijo del respeto.

La nena estaba cerca. Compartían todos un lote en una villa eufemísticamente llamada barrio. Tres familias con sus humildes casas en un predio suficiente para una. Con la promiscuidad que la falta de espacio implica. El imbécil, dieciséis años, edad en la que muchos pibes cursan el secundario, aspiran a entrar en la universidad. Vida suficiente para trabajar en una verdulería en el acomodar camotes, ayudando a vecinas a llevar tomates a los monoblocks o ser cadetes de farmacias que sufren frío, calor, cansancio y luego aportan el sueldito a la casa.

El imbécil, en vano en el mundo, como acto de contrición de político, decidió poseer a la nena de muñecas todavía. Ella, nada que ver con el morbo de la sexualidad temprana de ese vecino, que debería haberla mirado como parte de un hogar grande, prima, hermana y no convertirla en el primer hito de su cadena delictiva. El imbécil la encerró. Le pegó hasta quebrar su voluntad. Criado en la violencia ejerció su crianza. La despojó de ropas. La violó.

La nena, once años de edad, no le contó a sus padres lo ocurrido, el infierno que le cayó encima. Amenazada de muerte, por el imbécil la nena guardó silencio.
Hasta que otro hecho irrumpió en ese desafinado concierto de pobreza: la nena quedó embarazada. Dio a luz un bebé de pocos gramos, por fortuna sano. Denuncia policial. El imbécil, maleducado o nunca educado por su padre convicto eludió la prisión, por ser menor de edad, un privilegio que favorece a los imbéciles por el único distingo de ser menores. Multiplicó sus amenazas desde la impunidad, desde su imbecilidad acaso congénita, tal vez lombrosiana. Su madre, la propia madre de un imbécil dañino, potenció las maldiciones proyectando la temible figura del preso padre ya van a ver los que les va a pasar cuando salga en libertad el moncho.

Ella, la nena, víctima de algo que nunca imaginó, trata a su bebé como si la criatura fuera una barbie. Lo acuesta con cariño, le habla con su voz más fina. El fruto de sus entrañas es mitad juguete mitad hijo y ella mitad niña mitad madre.
La sociedad pacata comedora de asados en fines de semana se horrorizó ante la difusión de la noticia. Ya tenían tema para hablar cuando amainaron las provocaciones de una presidenta sin cintex en la boca y la obsecación de productores que generan inflación y desabastecimiento en la comisión de un delito como es obstruir rutas.

Es que los reclamantes rurales se parecen mucho al imbécil: queremos esto y es nuestro y no importa quién pierda. Y el gobierno central, igual. Los anteriores gobiernos nacionales, lo mismo: enajenaron las empresas públicas, los bancos de la gente, destruyeron ferrocarriles, permitieron que ingleses, malayos, actores de cine, modistos, se convirtieran en dueños de latifundios a lo largo y ancho de la Argentina, cercando ríos, lugares de leyenda, construyendo aeropuertos en esos estados dentro de nuestro estado.

Nuestros políticos se comportaron de modo idéntico al del violador adolescente: yo quiero esto, me beneficia, me importa un bledo el perjuicio que a alguien le caiga. Yo soy feliz, pensó en algún momento el imbécil. No lo preocupó el llanto de la nena, su dolor, la destrucción de su mundo de inocencia. No le mueve un pelo ser padre de un bebé. A los gobernantes y a los productores no les interesa la gente. Se mueven impulsados por sus bolsillos, por su protagonismo, por ver sus carotas en la TV, en los diarios.

Están, de los dos lados, incapacitados para el diálogo, para el entendimiento. Como el imbécil, que nunca le dijo a la nena que ella le gustaba, si quería ser su novia y llevar la cosas por una vía normal. Propuestas coherentes, razonables, como seríamos capaces nosotros de instalar ahora si fuéramos gobierno o productores.

La Quinta Pata

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sábado, 28 de junio de 2008

Ecogas condena a familias mendocinas a sufrir frío

Alberto Atienza

Crueldad y falta de memoria. Todo eso reunido en un solo pack exhiben los altos funcionarios de la empresa de capitales italianos ECOGAS, con asiento en Mendoza. La moda que han adoptado para armarse de efectivo: le mandan a un usuario un aviso en el que le comunican que debe una boleta. Se presenta el cliente a pagarla y una chica que consulta una computadora informa que son 4 facturas antiguas. La persona dice que cree haberlas pagado y marcha a su casa a buscarlas. No las encuentra. En medio de eso le llega el corte de gas.

Contado. En la empresa exigen contado rabioso. No dan, como antes, cuando la firma era argentina, financiación. Hasta estos mismos empresarios de la patria del Dante proponían antes sistemas de crédito ¿Por qué? Porque tres, cuatro facturas a veces representan casi un sueldo.

Las grandes dudas no satisfechas por los empleados que atienden a los usuarios (o habría que decir perjudicatarios) ¿Por qué nunca hubo una conminación de cobro por parte de ECOGAS hacia esos clientes con atraso? ¿Cuál es la razón por la que no se les suspendió el servicio por alguna de esas facturas, una, cuando es más fácil cancelar? Es norma en la empresa de gas y en las otras similares el corte del suministro ante la demora en pagar una sola boleta ¿Cómo se les pueden pasar cuatro?

ENARGAS ente de control de ECOGAS es funcional al segundo. Cuando se le plantea a una joven empleada de ese agente fiscalizador la situación (pibas por todos lados, sin capacidad de resolución) responde que es privativo de ECOGAS conminar al pago o no, cortar el fluido o no. En ningún momento le causa extrañeza la pregunta: ¿Usted no cree que la firma manda al cobro facturas antiguas en la especulación de que muchos no conservan viejos comprobantes de pago?
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Dije crueldad al comienzo de esta denuncia. Y es así. Sólo alguien muy cruel puede privar a una familia de la calefacción y de preparar comida caliente en uno de los más crudos inviernos mendocinos. Y todo por una confusa danza de facturas sobre las que nunca existieron reclamos para avisar al cliente que quedaría aislado en el frío. Cruel decisión. Antihumanitaria. Y sospechosa.

El tema de la memoria es también muy grave. Desde 1875 aproximadamente, por situaciones difíciles que afectaban a Europa, comenzaron a llegar a la Argentina inmigrantes. Españoles, muchos italianos. Durante años se mantuvo el flujo. Venían, me consta, mi bisabuelo Santiago Repetto fue uno de ellos, famélicos, con poca ropa, solos, únicamente con un bagaje de ilusiones. Eran recibidos en Buenos Aires por una organización estatal, en el Hotel de los Inmigrantes, enormes instalaciones que aun se conservan. Allí se los identificaba, les proporcionaban alimento, higiene y eran derivados a destinos de trabajo La mayoría de ellos se quedó para siempre en nuestra tierra y fundaron familias de las que descendemos miles de mendocinos. Luego de las dos grandes guerras mundiales siguieron llegando en grandes oleadas empujados por el hambre que reinaba en la mayor parte de Europa.

Y ahora han vuelto los italianos a Mendoza. Ya no por necesidad, sino porque adquirieron las acciones de una empresa estratégica para el bienestar del pueblo (gas domiciliario) a argentinos vendepatrias (Menem y sus aliados de la oposición) Han retornado con sus trajes de llamativos paños, con ese refinamiento tan europeo que los caracteriza, pero sin memoria. Hacen como que no saben que en esta tierra la sangre italiana está presente con toda su fuerza y amor. O perdieron registro de quienes fueron, de lo que necesitaban para seguir vivos y se los dimos. O son unos crueles totales.

Repito. No se puede dejar sin calidez en un tremendo invierno a una familia con niños chicos, a una señora sola, a nadie. Ni un animal merece ser condenado al frío. En el caso del gas hay que buscar una solución antes de aplicar ese recurso duro, de sello fascista. Por ejemplo, la financiación. Es muy difícil que una familia que vive al día reúna, en mínimo plazo, antes de proceder a la suspensión del servicio el monto supuestamente adeudado, pero exigible en un todo. Entonces ¿Por qué no aplicar planes de pago a esas deudas de existencia casi virtual? “La empresa no tiene capacidad para hacer eso” responden las empleadas. Todos sabemos que ECOGAS gana dinero a carradas (nunca una auditoria del gobierno provincial para saber exactamente cuánto se llevan) Entonces no dar facilidades, como se hacía, constituye otro acto de crueldad para con la ciudadanía.

¿No quieren financiar? Muy simple. Tercericen el cobro por esa vía. La empresa percibiría un contado neto importante, un banco, intereses y las familias no caerían en el frío, en el sufrimiento y las enfermedades que las bajas temperaturas producen.

La historia de la Argentina y la de Mendoza en especial está muy ligada a Italia. Como se dijo, por las corrientes migratorias. Porque la cultura de la península pasó a formar parte de nuestra vida. Porque somos (y si no basta recorrer la guía de teléfonos) de origen italiano y también español. Nos sentimos orgullosos de nuestra sangre mendocina, de nuestro empuje progresista, de nuestro arte y de ser descendientes de idénticas familias a las de ustedes, gerentes y altos jerarcas de ECOGAS.

Venimos de un árbol común y nos hacen esto.

La Quinta Pata

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sábado, 21 de junio de 2008

De canas, motos quilomberas y flautistas

“No les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar”

Alberto Atienza

“No les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar” dijo Oliverio Girondo en su libro “Espantapájaros” refiriéndose a las mujeres a las que les disculpaba que “tengan los senos como magnolias o pasas de higo, un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida”. Duro Girondo con el bello sexo. Si no, volaban, chau. Blandos nosotros con los policías mendocinos (mujeres y hombres) no sólo no saben volar sino que a las 22 horas desaparecen de las calles como por arte de encantamiento. Cuando llueve, al parecer, el agua que cae los disuelve. Al oscurecer, las brumas los esfuman. “Es que a los policías mendocinos les gusta dormir de noche”, dijo un conocido opinólogo local. En cambio los chorros, como esos dinosaurios de sangre caliente, alteran su ciclo de sueño.
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Estudios suecos (que los hay los hay) determinaron (vaya a saber cómo) que los sujetos que se desplazan en automotores con escape libre o semi libre (directamente atronador) exhiben, denotan, con el ruido, un deseo insatisfecho de penetración (no es necesario decir dónde). O sea que arman barullo porque nadie les da bola en eso de. Así como las ratas una vez invadieron un poblado y tuvo que venir un hombre con una música subyugante y llevárselas a la Loma del Toor (El flautista de Hamelin) así, las scooters de 100 centímetros cúbicos enroladas en deliveries, otras particulares, a las que se suman perimidos bolones de óxidos (autos) de los 70 de los 80 y algunos más nuevos, económicos, comprados con planes de ahorro o prestados por la tía, surcan nuestras calles a mil. Cortan la charla. Nos roban la frase final de la película que vemos en la tele porque el ruido se superpone al parlamento (“Este es el comienzo de una hermosa...FRAGOR ... “Casablanca” Ingrid Bergman, Humprey Bogart) Salta en la blanca cama el internado en terapia intensiva. Se despierta el bebé. ¿Quién de nuestros (y de nadie más) funcionarios oficiará de flautista de Hamelin?
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El paisaje más bello del mundo (para algunos), El Arco del Triunfo en París, gigantesco, con las envolventes placas de las batallas ganadas por Napoleón. La llama votiva perenne, el ramo de flores frescas, todos los días, en la lápida del soldado desconocido de esas guerras. Otro. Un atardecer en la bahía de Luanda, Angola, África Occidental. El sol dorado feroz enorme, ahí, casi al alcance de la mano. Más cerca. Las 8 de mañana en el Parque Central de Mendoza. Los patos del lago saludando a quienes les llevarán más tarde el desayuno. Aire fresco. Puro. Algunos deportistas corren enbuzados. Pocas señoras con perros lentos, análogos a ellas en movimientos. Hermosas chicas ingresando a los saltitos a la vida. Ciclistas solitarios con brillantes rodados. Pájaros extraños, de colores subidos, que recalan por minutos en esa isla. Y de pronto el estruendo. Una moto. O casi moto. Una suerte de inodoro con ruedas irrumpe. Y por los oídos, que no tienen párpados, ni persianas, ingresa el estremecimiento. El fin de la paz. La alteración. La bronca. Flautista, ¿Dónde estás?

La Quinta Pata

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lunes, 16 de junio de 2008

Con su permiso excelencia

Alberto Atienza

Señor Gobernador:

Como la mecánica de las audiencias para con su persona es larga, críptica, la distancia que el poder impone a las bases de las que emana ese poder, es que opto por esta forma epistolar de comunicación, vía gráfica, internet, volantes, grafitis o lo que venga a mano. Una breve historia Gobernador (linda palabra: Gobernador. La enaltecieron San Martín, los Lencinas, Brisoli, Llaver, Evans) Hoy le toca usted portarla ante nosotros. Muy importante el término y lo que significa. La carga enorme de dignidad y democracia que conlleva, ajada por mandatarios entreguistas del patrimonio del pueblo, por viajeros impenitentes a los que les pagamos paseos por Europa y hasta el perfume de las hetairas que los visitaban en las suites de hoteles 5 estrellas. Hombres comunes que llegaron al gobierno a bordo de un Renault 12, sobre el que hicieron la campaña en ancas de la marchita y ahora son grandes financistas fundacionales. Gobernador, con todo respeto, recuerde que la gente (la evolución es innegable) cada vez es menos crédula, menos tonta. La gente lo mira Gobernador. Ausculta sus actos. Analiza sus muy humanas, contradicciones. Observa, más duramente, a quienes usted instauró en áreas de segunda línea, aparentemente intrascendentes, como Cultura. Y no, gobernador. Cada segmento, grande o chico del Estado tiene tras de sí a muchas personas llenas de sueños, hogares en marcha hacia otros futuros hogares, nuevas familias. Obras de arte. Proyectos de vida.

Usted es el merecedor del máximo de los respetos que la ciudadanía puede brindar a un hombre en una provincia. Fue ungido Gobernador. No se le exigirán milagros, prodigios financieros, obras megalómanas. Le pedirán solamente retribución de lo que le ofrendaron: respeto.

Por ejemplo, impulsar desde el Ejecutivo, gran propulsor de leyes, un texto legal que impida la enajenación de miles de hectáreas de nuestra tierra que pasa dólares o pesos malayos o lo que fuere a manos de extranjeras. No Gobernador. Que sea el Estado provincial con los superávits emergentes de Rentas, de las regalías, quien adquiera esos terrenos que pasan a ser de propiedad de desconocidos. De señores de ojos rasgados, muy pintorescos para un film de TV, pero insoportables como amos de cuencas acuíferas o de lagunas encantadas o pozos de ánimas. Forasteros, con sus cercos y alambradas en nuestra propia tierra. Extraños que de pronto en esas inmensas extensiones, en su terruño, gobernador, y también más allá en el gran sur, construyen aeropuertos, instalan aduanas, edifican estados alienígenas dentro de nuestra Patria. Gobernador, sentemos precedentes, acá en nuestra casa y que el ejemplo cunda. Si un inútil decide vender tierra argentina, mendocina, a poderes extranjeros, págueles usted Gobernador. Usted y nosotros. Ya se le ocurrirá qué hacer con esos grandes latifundios. Seguramente, más allá de aciertos y yerros, será mejor que convertirnos en vasallos, en servidores de asiáticos, yanquis, europeos que ya tienen sus lugares de pertenencia que es donde deben estar. Y no acá...

No es lo mismo comprar en tres millones de dólares la residencia que fue de Humprey Bogart y Laurent Bacall, en Malibú en Bel Air o donde fuere, que adquirir extensiones de acres de una tierra llena de sol, de agua, de vida. Que los amarillos coqueteen, oro mediante, con los inventores de esa liturgia de celuloide, en la que siempre triunfan los buenos, el amor, los boxeadores blancos, los héroes de una guerra perdida (Vietnam) Los perros lassie y los patos mc donalds.

Un tema. Uno solo. Hay más. ¿Se anima Gobernador a poner los productos de gallina arriba de la mesa?

La Quinta Pata

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lunes, 2 de junio de 2008

Cualquiera es un señor

Alberto Atienza

“Menem podría ir preso por...” uno de los títulos de diarios de la Argentina, y reproducidos en otros puntos del orbe, tanto o más reiteradamente que los devaneos y declaraciones altisonantes de la rubia Clinton o de su rival el morocho (y no del Abasto) Obama. Acumula Carlos Saúl acusaciones y papelones por toneladas. Y no marcha preso.
Su carota depresiva de destructor de ferrocarriles que alguna vez fueron orgullo del país sigue apareciendo con toda la carga de vejez que ni el oro de Fort Knox podría atenuar. Lo persigue una sombra: la agonía de pueblos que vivían por y para los trenes. El, impertérrito, sale a cada rato en los diarios. Goza de más prensa gratuita que el inefable Boca Juniors y sus proezas y caídas. Es un plomo reiterado. Una mezcla de minerales. Plomo y piedra. Esencia del gris metal y cara de roca.

Cada tanto hace declaraciones, como si nada hubiera pasado, como si nada hubiera hecho. Lo mismo que si ferroviarios a quienes les destruyó el mundo no se hubieran suicidado, fundidos de plata y embargados por la pena. Posa para las cámaras como si en la causa del atentado de la AMIA no estuviera pegado, más que eso, atornillado.
No se le movió ni un pelo cuando su última esposa, la chilena fulera pero producida, lo ornamentó con un play boy, fotografiados los dos ligeros de ropas. El latin lover y la trasandina, casi en bolas en las revistas del corazón (¿corazón?).
Y él seguía siendo el esposo. Creía que seguía. Como ahora que continúa sustentando ideas mesiánicas, promesas de retorno como las que formulaba Perón desde el exilio. Con la diferencia de que el mufón, versión actualizada del “Fúlmine” de la antigua revista “Rico Tipo”, no sólo prodigó mala suerte a su paso, sino que materializó negatividad. Pruebas al canto. En ancas de las banderas peronistas destruyó uno de los logros de Perón, como eran los ferrocarriles argentinos.
Leer todo el artículo - CerrarInauguró, en contra del precepto justicialista de soberanía, una cadena de privatizaciones de empresas públicas que pasaron a manos de extranjeros. Bancos provinciales entregados a aventureros de su propio e indefinible signo que los vaciaron. Y la muerte de trenes, tan queridos, como El Cuyano, en el que nadie dormía porque en su vagón-bar se producía el encuentro de amigos que no se veían desde hacía décadas. Y el Trasandino, que cruzaba la cordillera por recónditos desfiladeros brindando al pasaje la inmensidad cósmica de Los Andes.
En reemplazo del placer, de la practicidad de nuestros ferrocarriles, dejó líneas porteñas y bonaerenses a las que hay subsidiar, vía Estado Argentino, a más costo de lo que erogaban los entrañables trenes de un antaño reciente.
Nos legó una herencia de chicos desnutridos, secuela de sus gobiernos entreguistas y fotos de esos pequeños, que dieron la vuelta al mundo, sacadas en el país de las vacas, del dulce de leche, una nación que una vez consideró a los niños como los únicos privilegiados. Él hambreó a los pequeños. Aletargó a muchos pueblos. Potenció a la delincuencia común y a la otra, de raigambre política.

Y generó, incluyendo a su valetudinaria humanidad, una casta de nuevos ricos, algunos insertos en la política nacional actual, herederos de su angurria, ideólogos de proyectos delirantes, condenados al fracaso pero que en su gestión enriquecerán más, sin dudas, a sus impulsores. Tal vez, los seudopodios que dejó activados sean sus simples testaferros, como el delirante play boy vernáculo a cargo de Transportes, impulsor del Tren Bala, un sibarita exquisito, habitante de caros pisos, que se desplaza en lujosísimos coches y que gana un sueldo de planta que no le alcanzaría ni para dos días de gastos de la vida que lleva.
Y el hijito del mufeta, como él, enamorado del magnesio, vástago que sacó de la manga no hace mucho, llamado Carlos Nair Menem. El delfín del nonagenario siempre parlante, siempre queriendo volver al sillón de Rivadavia, se puso un tortazo, solo, por choto, con su Porsche Boxer de muchos miles de dólares de costo. ¿Con qué plata el Nair compró un auto digno de un banquero suizo, de los descendientes del barón Rothschild o de Bill Gates? ¿Haciendo de tonto sincero encerrado en Gran Hermano? ¿O papá le mandó unos billetes?

Lo que más incomoda de este país, nuestro país, es la impunidad. Cualquiera es un señor. Cualquiera es un ladrón. No debería ser así. Vivimos en una Argentina en estado de descomposición, donde los responsables de iniquidades están sueltos y hasta con fueros parlamentarios algunos. Y encima, sostienen discursos que los medios periodísticos, reproducen como si fuera algo valioso. Deberían ser sancionados con silencio de prensa, con la indiferencia y el olvido ya que están acorazados para las leyes penales que no los alcanzan.
En un lugar como éste es muy difícil criar hijos. Decirles que el ejemplo es el trabajo. No, te contestan, el ejemplo es choreo en el más alto nivel, adonde hay que llegar sí o sí aunque arranqués como concejal de las Casas Colectivas, del Tapón Moyano o del club Dock Sud. Tenés que meterte en política en alguno de los partidos mayoritarios. Luego, el cargo público. De ahí, a cambiar de auto y lograr el primer millón, de pesos o dólares, según la ocasión. Ahí no más te caen las minas, petisas, empulpadas, movedizas o flacas, altas, lánguidas, pero también empulpadas.

Y la guita que te viene, te llueve, por entregar un terreno fiscal a cambio de una prefabricada al acumulador de poder y dinero en turno. Pesos, dólares, euros que garúan por tantas otras trapisondas que la gente no se entera, salvo por alguna desprolijidad que estalla en escándalos que pronto todos olvidamos, excepto las víctimas: niñez y juventud en estado de abandono, futuro pasto de presidio, a quienes no les llegó ni un céntimo de lo que en barrios privados, lujosos despachos, sobra.
Suebra, dirían los viejos, para los autores de los pasamanos, manoteos, publicidades y para sus hijos o entenados. Ropas caras, vehículos de último modelo embellecen a sus secretarias. Consortes, sobrinas, amigas de la hija, son nombradas con sueldos superiores a los de un micrero, en el erario, en roles de ñoquis o, simplemente, dedicadas a obstaculizar con su poder a quienes trabajan.

A los políticos (asquea decir nuestros) nunca les falta dinero ni trabajo. Pierden en una elección y aparecen todos juntos en el último bastión partidario enquistado en el gobierno. O en algún puesto nacional. Revientan a las plantas de personal generando la no renovación de contratos. Producen, casi como siempre, prosperidad para ellos y necesidades para los demás. Los contratos, relaciones laborales en negro que permiten la prescindencia automática de los empleados. El mayor prestador de esa forma galeónica de trabajo es el Estado nacional, las provincias y sus comunas.
¿Cuándo llegará la sinceridad? ¿En qué momento se investigará la procedencia de las fortunas de los políticos y de sus ayudantes, algunos casi simples toalleros o portadores de vasenillas de los jerarcas, pero enriquecidos en la gestión de gobierno? ¿Llegará el día en que dejen de atosigarnos con sus discursos falaces? ¿Seguirán exhibiéndose con sus caros vehículos? ¿Hasta dónde continuaremos financiando los lujos de sus novias petisas o longuilíneas?
Dios lo sabrá, salvo que pertenezca y nosotros sin saberlo, a alguna de las agrupaciones partidarias que generan a la gran corte versallesca, perfumada patota que intenta desde hace años fundir a la Argentina y no lo consigue, por pura suerte.

La Quinta Pata

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