
Carlos Campana
La narración de una masacre poco conocida, sucedida el 25 de setiembre de 1917. Una protesta de ferroviarios, con mujeres y niños, y dos muertes inocentes.
Muy pocos conocen que a fines de setiembre de 1917, una parte del pueblo de Mendoza salió a la calle para participar de una manifestación realizada por los ferroviarios en reclamo de mejoras salariales y la conservación de sus puestos de trabajo, y que aquella pacífica protesta se transformó en una masacre.
Este hecho quedó prácticamente olvidado por la historia, algo difícil de entender ya que junto con el Mendozazo, ocurrido en 1972, fueron los dos hechos sociales más conmocionantes de la historia provincial y nacional.
La unión hace la fuerzaDesde varios días atrás los obreros de ferrocarriles, apoyados por la Fraternidad y la Federación Obrera convocaron a una huelga para el 25 de setiembre.
Al mediodía los huelguistas se congregaron para realizar una movilización por sus reclamos, estaban exultantes por el hecho de que se les había unido gran cantidad de público. Se congregaron en el local de “La Fraternidad” y se dirigieron hasta la Federación Obrera, en donde se hallaban los demás huelguistas. Los manifestantes marcharon pacíficamente hacia la calle Colón llevando insignias, banderas argentinas y una de color rojo.
La columna de obreros llegó a las cercanías de la estación del Trasandino -calle Belgrano y Sargento Cabral- en donde la esperaba un grupo de soldados del ejército argentino, que se encontraba allí para prevenir cualquier ataque a la estación...
Caballos salvajesLeer todo el artículoLos huelguistas y el público que lo acompañaba permanecieron estáticos frente a la estación, sin producir ningún disturbio, pero inexplicablemente el piquete del ejército comenzó a disparar contra la multitud, entre los que se encontraban mujeres y niños. Las descargas de fusil impactaron sobre varios manifestantes.
El pánico cundió sobre ellos tras los disparos. Hombres y mujeres con sus niños corrieron para salvar sus vidas. En esta refriega, una joven de 23 años, Josefina Biandini de Gómez, que llevaba entre sus manos una Bandera argentina, fue muerta al recibir dos balazos, uno en el pecho y otro en la boca. Su esposo fue herido de un disparo de fusil en el brazo izquierdo; unos segundos más tarde, otra mujer llamada Alicia Montaña, fue alcanzado por un tiro de carabina que le destrozó el cráneo.
Esta represión por parte de los militares allí apostados trajo la inmediata reacción de los huelguistas.
Indignación popular
Los disparos se intensificaron desde los techos de la estación y en zonas aledañas. Hubo corridas y algunos obreros que portaban armas, comenzaron a disparar contra los militares. Varios oficiales y soldados atacaron a un pequeño grupo de personas.
El tiroteo se intensificó y fueron heridos varios transeúntes que casualmente se encontraban en el lugar. Una mujer, fue golpeada por un soldado con la culata de su fusil en el parietal izquierdo, como también varios huelguistas.
Los primeros auxilios llegaron a pocos minutos. Las víctimas fueron trasladadas a la Asistencia Pública y al Hospital San Antonio.
Un panorama desolador
Habían pasado una hora de aquella marcha, y en la zona de la estación del trasandino, el caos era total. Por las calles, se encontraban heridos por todas partes, grupos de personas buscaban a sus familiares, se escuchaban llantos de mayores y de niños. Mucha gente, ante esta injusta situación, insultaba a los agresores.
Pero como una paradoja, la policía de la capital intervino en el lugar de los hechos, y detuvo a los cabecillas de la manifestación. Mientras tanto, los cuerpos de las dos víctimas fatales fueron trasladados a la morgue.
El silencio de los inocentes
Al otro día de la trágica huelga, se realizó un paro general de actividades en la que participaron varios gremios. Las muertes de las señoras Josefina Biandini de Gómez y Adela Montaña causaron en nuestra provincia y en el país un profundo dolor y consternación.
Las víctimas fueron veladas en la sede de la Federación Obrera y luego, miles de mendocinos acompañaron los restos al Cementerio de la Capital en donde fueron inhumadas.
El Gobierno nacional intervino y el gremio ferroviario obtuvo una importante victoria frente a los empresarios. Esta manifestación provocó la caída del gobernador Francisco “Pancho” Álvarez, que días después fue depuesto.
Los Andes, 28 – 09 – 08
La Quinta Pata
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