domingo, 25 de marzo de 2012

Derechos humanos: “los grandes culpables”

Évelin Torre

El 36 aniversario del golpe de Estado, encuentra a la sociedad mendocina convulsionada por una ola de crímenes con víctimas fatales, todos ellos jóvenes con toda una vida por delante.

Frente a estos hechos, legítimamente, un grupo de ciudadanos salió a la calle a protestar y exigir cambios, pero esos cambios nada tienen de legítimos: pena de muerte, el fin de los derechos humanos y el regreso de los militares al poder.

Basta con leer los comentarios en cualquier diario on line para advertir las duras críticas que reciben los abogados y organismos de derechos humanos.

Y resulta paradójico, pues se pide respeto a la vida, que es justamente el derecho más elemental, bajo amenazas de venganza y exigiendo pena de muerte.

A mi entender, hay que partir del concepto básico de derechos humanos, entendidos como las facultades, libertades y reivindicaciones inherentes a cada persona por el solo hecho de su condición humana.

Es decir, lejos de ser los “derechos de los delincuentes”, los derechos humanos abarcan un amplio catálogo que incluye el derecho a la vida, a la integridad personal, a la libertad, a la honra y la dignidad, la libertad de conciencia y de expresión, las garantías procesales, el derecho a un medio ambiente sano, derechos de la niñez y de la ancianidad, derecho a la igualdad, a la propiedad privada, a la protección judicial, entre otros.
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De manera que sostener que los abogados de derechos humanos solo defienden a los delincuentes es una falacia absoluta que solo se puede justificar desde la ignorancia.

¿Qué diría uno de esos padres que dicen “basta de derechos humanos”, si uno de sus hijos atropella y mata a alguien? ¿Se seguiría pronunciando en contra de las garantías del debido proceso cuando los padres de la víctima exijan pena de muerte?

Todos gozamos de los derechos humanos, y es el estado el responsable de que ello se cumpla, no los abogados y organismos de derechos humanos, que siempre se han pronunciado a favor de la vida, rechazando cualquier acto de violencia que atente contra la pacífica convivencia en sociedad.

A propósito del 24 de marzo
El 24 de marzo de 1976 se instaló en el país la última y más sangrienta dictadura, que avasalló con los derechos de todo aquel que levantara su voz en contra, e incluso también, de personas que nada tenían que ver con la política. El objetivo fue la implementación de una política económica excluyente, beneficiando solo a un grupo selecto y dejando a toda la población expuesta a la miseria planificada.

Secuestros, violaciones, torturas, muertes, desapariciones, apropiaciones de niños, fueron los medios que utilizaron los genocidas para amedrentar a sus opositores.

Y aún hoy, 36 años después, se escucha la voz de quienes sostienen que “algo habrán hecho” o “por algo habrá sido”, alimentando de esa manera la malnacida “teoría de los dos demonios”.

Y es que esta teoría, no es más que uno de los artilugios de los militares e ideólogos de derecha, para justificar el accionar castrense durante la dictadura que, lisa y llanamente, asesinó a 30.000 seres humanos, los “subversivos” como ellos los llaman.

Pero no hubo una guerra, hubo un genocidio . El estado es la institución que posee el monopolio de los medios de coerción, y a partir del 24 de marzo de 1976 esos medios fueron utilizados de manera sistemática para identificar, torturar, asesinar y hacer desaparecer a miles de mujeres, hombres y niños. No hubo errores ni excesos. Todo fue sistemáticamente planificado y ejecutado.

Y los hechos también demuestran que esta teoría no tiene ningún asidero, pues según un estudio del coronel Florencio García, del ejército, había a lo sumo 1.500 guerrilleros, en todo el país. De manera que suponiendo que todos esos guerrilleros hubieran sido aniquilados por las fuerzas armadas, todavía cabe preguntar qué pasó con los 28 mil quinientos que no eran guerrilleros, y que incluso, muchos de ellos, no estaban a favor sino en contra de la lucha armada.

La mayoría eran estudiantes y trabajadores. Había intelectuales, periodistas, hombres de teatro, de letras, había sacerdotes incluso.

Esta situación parece no ser comprendida por parte de la sociedad, la misma que pide que “se dé vuelta la página”, que nos ocupemos “de los muertos de ahora”.

¿Acaso las víctimas de la inseguridad valen más que las víctimas del terrorismo de estado? ¿Acaso el dolor de una madre que pierde a su hijo por culpa de la inseguridad es más fuerte que el de las Madres de Plaza de Mayo?

Esas Madres que son ejemplo de lucha, que durante años estuvieron solas, que nadie las escuchó y que no fueron recibidas por ningún funcionario a quien pudieran pedir explicaciones y exigir justicia.

Esas Madres que nunca exigieron venganza ni pena de muerte, sino que durante más de 30 años se movilizaron para pedir juicio y castigo a los genocidas, pero con todas las garantías constitucionales que brinda el estado de derecho, y que recién tres décadas después han comenzado a tener respuesta, ¿por qué esas madres deberían dar vuelta la página y olvidar lo sucedido, resignándose a exigir justicia para sus hijos?

Es hora de comprender que toda la sociedad fue víctima de la dictadura, que fueron los mismos genocidas que asesinaron a 30.000 compañeros, los que instalaron las bases para la implementación del régimen neoliberal, que sumergió al país en los más bajos niveles de pobreza y exclusión social.

Esos chicos que hoy salen a robar y matan sin razón, siguen excluidos y ello es responsabilidad de todos. Es deber del estado, pero también de la sociedad, implementar políticas de resocialización, para que comprendan que el delito no es la única opción con la que cuentan.

No hay chicos “que sirvan a la sociedad”, como dicen algunos, y otro que no. Todos los chicos sirven, solo que algunos han tenido las posibilidades de estudio y trabajo al alcance de la mano, otros no las tienen ni las han tenido y es deber de toda la sociedad acercárselas, para que realmente puedan elegir. Dadas esas condiciones, seguramente ningún chico optará por el delito.

La Quinta Pata, 25 – 03 – 12

La Quinta Pata

2 comentarios :

Rolando Lazarte dijo...

Tu artícilo me alivia. Hay que seguir adelante, sin dejar de mirar hacia atrás, para que caigan las mentiras con que la delincuencia militar y sus cómplices trataron de justificar la masacre de tantos inocentes..

Hasta la victoria siempre dijo...

Me alegra que mi artículo te haya aliviado Rolando. Seguiremos adelante en esta lucha por la memoria. Muchas gracias por tus palabras.
Évelin Torre

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