domingo, 3 de junio de 2012

Las culturas del Tahuantinsuyu: el antiguo Perú de los Incas (II)

Mary Ruiz de Zárate

Los Mochicas. En el Perú septentrional, 800 metros costa arriba, se desarrollaba una cultura paralela en edad a la de los nazcas; la de los mochicas, nombre derivado del río Moche, cerca de la actual ciudad de Trujillo.

Eran los mochicas un pueblo vigoroso y guerrero, que aparentemente se sintió obsesionado por la idea religiosa de dejar conservados para la posteridad todos los sucesos y detalles de su vida.

Las vasijas modeladas y hábilmente pintadas son delicadas esculturas de barro, y representan casi todo lo que podían ver o imaginar los hombres: aves, venados, ranas, monos, perros, lechuzas, y al ser humano en varias actitudes, que abarcan desde lo más sencillo, como los oficios y profesiones, hasta las más íntimas y conyugales.

A este respecto se han encontrado vasijas cuyas asas primorosas representan actitudes eróticas no igualadas por los frisos griegos.

Entre las obras maestras de la cerámica mochica se encuentran los vasorretratos, que representan personas con animado y sorprendente realismo.

Los templos y santuarios eran fabulosos, y para ellos los mochicas, no escatimaron ningún esfuerzo. Cerca del río Moche se levantan pirámides ceremoniales, las que se conocen como El Templo del Sol y El Templo de la Luna.
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La gran civilización del Tiahuanaco
Con 12.000 hombres cruzó el Inca Maita Cápac – cuarto Inca – el Desaguadero, utilizando balsas enormes, hasta llegar 70 kilómetros al sur del lago Titicaca, en la región que hoy es la frontera entre Perú y Bolivia.

Los soldados del Inca quedaron admirados de que hubiesen sido hombres normales los que movieron aquellas moles de piedra para tallarlas tan exquisitamente y más cuando por todo aquello no existían canteras ni peñascales, lo que suponía ingente esfuerzo para trasladarlas desde lejanas comarcas.

Aquellas ruinas enormes y majestuosas, con rocas que pesan algunas más de diez toneladas con exactitud y pulidas hasta darles un acabado muy liso, con palacios de fachadas adornadas por la cara de un dios antropomorfo, de cuyos grandes ojos caen lágrimas de piedra, dejaron marcada profundamente la imaginación de los ingenieros incas que luego trataron de imitar lo visto en las fortificaciones del Cuzco.

No se sabe quiénes fueron los habitantes de Tiahuanaco y es probable que no haya sido un solo pueblo sino varios, unidos religiosamente y gobernados por una casta de sacerdotes guerreros.

El imperio de Chimor
En la costa norte formaron los chimúes el imperio de Chimor que, probablemente, tuvo sus comienzos en el valle del Moche. Al momento en que son anexados al imperio inca, debido al empuje de los ejércitos del general inca Tcápac Yupanqui, hermano y brazo derecho del gran Pachacutec, su territorio se extendía más de 900 kilómetros, desde Tumbez hasta las proximidades de la actual Lima.

La capital del imperio era Chan-Chan, cuyas imponentes ruinas cubren hoy una superficie de unos 18 kilómetros cuadrados. El primer arqueólogo del Perú, Baltazar Jaime Martínez Compagnon, trazó en la década del 80 del siglo XVIII, valiosos planos, cuya confrontación con las modernas fotografías dan una idea bastante exacta de esta ciudad precolombina.

Otro ejemplo de estas construcciones de los chimúes es la fortaleza de Paramonga dispuesta en terrazas y edificada en adobes que debían proteger la frontera sur del imperio chimor.

Los incas aprendieron de ellos muchas cosas relativas a la artesanía, orfebrería y cerámica. Entre sus cerámicas sobresalen las famosas vasijas silbantes, en las que el aire que se escapa al vaciar el contenido produce un silbido.

El imperio chimor era un estado feudal, con tradición dinástica. Tacanaymo, el fundador del dominio, desembarcó en la costa en una balsa, según la leyenda. Desde su hijo y sucesor, conquistador de los valles costeros, desde Pacasmayo hasta Santa, se sucede una lista de 18 reyes que llega hasta Minchanzaman, que reinaba en tiempos del Inca Pachacutec y que perdió su independencia ante este. Pero debido a la política de los incas continuó gobernando como curaca – gobernador – y presenció, incluso, la llegada de los españoles, bajo cuyo dominio se sucedieron aún seis descendientes, en calidad de gobernadores de España.

El régimen chimú, de carácter despótico, cobraba tributo a sus súbditos en forma de comestibles y vestidos, estaba basado en una sociedad explotadora en la que una clase dominante explotaba a los campesinos y artesanos. Los incas sustituyeron todas las instituciones chimúes por las suyas y aplicaron sus leyes de tipo socialista y esencialmente comunitarias.

Una extraordinaria organización social
El aporte de los incas a las culturas básicas del Perú y a los pueblos que pertenecían alejados de todo tipo de civilización fue su extraordinaria organización social y la labor de unificación política y cultural de todos los pueblos, mejorando los elementos particulares de cada cultura y desarrollándolos aún más.

Conocieron el año al que llamaron Huata y distinguieron los solsticios de verano e invierno. Los equinoccios fueron solemnizados con grandes fiestas. Estudiaron los eclipses de sol y de luna y descubrieron las propiedades curativas de infinidad de yerbas medicinales, que conocieron los propios conquistadores españoles después.

Fueron excelentes matemáticos y geómetras, desarrollando la geografía y la cartografía, tan insuperablemente, que el Inca Garcilaso dice que “ningún cartógrafo europeo de su tiempo los hubiera superado”.

Todas estas notables civilizaciones que culminan en el imperio de los incas poseyeron escasos instrumentos mecánicos y carecieron de escritura (por lo menos que se haya descubierto hasta ahora), lo que prueba más aún su grandeza.

Juventud Rebelde, 22 – 10 – 70

La Quinta Pata

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